Etiqueta: Germán Castro

  • Las mentiras de la señora

    Las mentiras de la señora

    La conozco: sé que goza y nada en la mentira como un pez en el agua.
    Pero no le proporcionaré ese placer. Romperé la red de mentiras
    en que quieran envolverme… Todo antes que la mentira y el engaño.

    León Tolstói, Anna Karenina.

    Tal y como tuvo que incorporarse una sección en las mañaneras para desmontar las mentiras de la semana, ya va siendo hora de que, con cierta frecuencia, tengamos que hablar de las mentiras de la señora. Me refiero a las trolas que, persistente, entre vacuidades, metidas de pata, dislates y risotadas lelas profiere a la menor provocación, o sin provocación siquiera, la señora Bertha Xóchitl Gálvez Ruiz, la desinflada candidata del muégano prianista. 

    La abanderada del conservadurismo no se destaca por sus dotes creativos, así que no nos enfrentamos a una plétora de embustes variados, sino más bien a la reiteración machacona de una ristra de chapucerías más o menos fijas. La mitomanía de la panista se expresa ligada a un combito exiguo de obsesiones: una autoproclamada identidad indígena avalada a punta de huipiles de marca, su presunto izquierdismo de trotskista de Polanco arrepentida, una dizque excelencia ingenieril certificada vía copy-paste, el cuento de la mujer que viene desde lo más recóndito del mismísimo México profundo —no se rían, eso dijo—, la supuesta frescura reducida a echar chingaos y aceptar cotidianamente que la “pendejió”, su imposible no filiación a ningún partido y su consecuente adscripción a esa entelequia que la derecha llama “La sociedad civil”, su juventud de sexagenaria, la pretendida defensa apasionada por las energías limpias desde la trinchera de los negocios sucios, su aspiracionismo embozado de espíritu empresarial, y un no muy nutrido etcétera.

    Ahora, las faltas a la verdad de la señora no sólo no son ni muy creativas que digamos ni muy variadas, sino que también, en su enorme mayoría, tienen que clasificarse como intentos de engaño. Porque vale la pena recordarlo: hay de maneras a maneras de espetar afirmaciones que no corresponden a la verdad.

    Un engaño no es lo mismo que un error. Si alguien te dice algo que sinceramente piensa que es cierto, a pesar de que no lo sea, a pesar de que no sea verdad, no podríamos decir que esa persona esté mintiendo. Un ejemplo: si cualquiera de nosotros viajara en el tiempo y el espacio para darnos una vuelta por Tesalia a mediados del siglo V a. C., y pudiéramos preguntarle a Hipócrates de Cos qué provoca la gripe, el señor, a quien en Occidente consideramos padre de la medicina, respondería que la gripe la causa un desequilibrio entre los cuatro humores del cuerpo. Nosotros sabemos que eso no es verdad, sabemos que la gripe la produce el virus de la influenza. Con todo, ¿podríamos decir que Hipócrates miente? No, porque Hipócrates estaría contestando lo que él piensa que es verdad.

    La cosa cambia si una persona sabe que lo que está diciendo no es una verdad fáctica, es decir, si suelta una mentira a sabiendas de que lo está haciendo. Por ejemplo, si yo ahora mismo me pongo lúgubre y te digo que vengo del más allá ya que morí ayer, entonces hay de dos: si yo realmente pienso que es verdad que estoy muerto, pues seré un hombre afectado por el Síndrome de Cotard o Delirio Nihilista, un enfermo mental, pero no un mentiroso; sin embargo, si sé que estoy vivo, pues estaré queriendo pasarme de vivo, tratando de tomarles el pelo, de engañarlos. En este caso, decimos que la persona miente toda vez que expresa algo contrario a lo que sabe, piensa o siente. Y no agrego “o cree” porque eso es harina de otro costal: la sentencia “Dios existe” es una creencia, una fe, que no puede clasificarse como verdad o mentira.

    Las mentiras que dispara cual metralla bien aceitada la señora Gálvez no son creencias, tampoco errores, son embustes, trolas, intentos de engañar a la gente. Por ejemplo, el fin de semana, en su eventito en el Monumento a la Revolución, la candidata del PRIAN a la Presidencia de la República, entre olvidos, guasas y risitas nerviosas, afirmó que ella “apoyó” que los programas del bienestar de la 4T quedaran protegidos como un derecho constitucional, cuando es un hecho fáctico que el PAN en pleno votó en contra. Otro garbanzo de a libra: la señora Bertha Xóchitl gritoneó el domingo que su padre le enseñó el valor del trabajo…, el mismo padre que ella misma ha dicho que era un señor que, por borracho, no trabajaba y la mantenía a ella y a su familia en la pobreza…, hasta que ella comenzó, claro, a vender gelatinas. Una más: también el fin de semana, en el mismo discurso, la señora X sostuvo:

    • “Es el momento de honrar nuestra historia…”, y
    • “Basta ya de la obsesión por la historia, ahí no está lo que queremos”

    Como suele ocurrirle, la palmaria contradicción encuera sus mentiras. Lucha en contra de la corrupción y es la candidata del PRI. Dice que es feminista y es la candidata del PAN. En fin…

    Resulta muy fácil evidenciar las mentiras de la señora. Conforme avance el proceso, si la derecha se empecina en la estrategia de la autoflagelación y la deja como su candidata, las mentiras de la señora serán más y más descaradas. Hay muchos quienes juzgan que lo mejor es no hacerle caso, no prestarle atención… Discrepo. Me parece que hoy nos toca a nosotros enfrentar su mendacidad. Quiero decir a la ciudadanía responsable, entre otras cosas, porque parte del riesgo es que la única opción seria que se presentará a la contienda, la doctora Claudia Sheinbaum Pardo, tenga que perder tiempo en tonterías. Ojalá que no. Ojalá que la candidata de Morena no tenga que atender mentiras y guasas. Ojalá que el contrapeso ciudadano sea suficiente, como hasta ahora lo ha sido. 

    • @gcastroibarra
  • Prensa patológica y salud pública

    Prensa patológica y salud pública

    A inicios de esta semana, Expansión/política publicó en línea una nota ejemplar…, quiero decir, una nota que ejemplifica la deshonestidad y la chabacana malicia con la que la mayoría de los medios de comunicación tradicionales se desvive desde hace años por minar la credibilidad del primer gobierno federal de la 4T:

    “Con mal desempeño en índices de salud, México se aleja del objetivo Dinamarca”

    Tal es el encabezado, y ¡júrenlo!, con ese mensaje se quedará la mayoría de los ojos que a vuelo de pájaro lo vean pasar en un newsletter, lo lean en un post en redes sociales o incluso alcancen a topárselo en el sitio web de la revista. Como suele suceder, poca gente va a leerlo; como me temo, la mayoría de quienes lo lean únicamente lo hará para apuntalar sus prejuicios ideológicos y nutrir sus fobias.

    La nota, por supuesto, no pasa de ser otro pelo del mismo gato melenudo, feo, arisco y mañoso: un intento más de asestarle una puñalada trapera al presidente de la República. “Con mal desempeño en índices de salud, México se aleja del objetivo Dinamarca”. La interpretación predominante entre la comunidad de lectores de Expansión/política es fácil de prever: Claro, López está loco: México jamás alcanzará a ser como Dinamarca. De poco valdría contestarles —como ya me tocó explicarle a un compañero de trabajo— que el presidente jamás dijo que pretende que México sea como Dinamarca…

    • — ¡Es más, en un montón de renglones no nos convendría, sería un retroceso!
    • — Uy, no, ¡brincos diéramos!
    • — Por ejemplo, Dinamarca, oficialmente Kongeriget Danmark, es decir, Reino de Dinamarca, ¡es una monarquía! Y México, ¿no sé si te acuerdas?, una república democrática.
    • — Bueno…
    • — Otra: población. Dinamarca tiene menos de seis millones de habitantes y acá somos unos 130 millones. Y de territorio qué tal: en México caben 45.7 Dinamarcas.
    • — Bueno, pero estamos hablando del sistema de salud.

    Justo, y regreso a la nota de Expansión. La mención de Dinamarca como “objetivo” es un dardo con ponzoña dirigido al empeño de AMLO de construir para nuestro país un sistema de salud pública, “como el de Dinamarca”. ¡Ah, entonces, seguro los “índices de salud” a los que alude el título de la nota se referirán a los sistemas públicos de salud de ambos países! Pues qué cree, que no principalmente… Enseguida del título, se destaca: “De los países de América Latina miembros de la OCDE, México tiene los resultados más bajos en indicadores de salud, como mortalidad infantil, esperanza de vida y gasto público”.  En efecto, todo el texto está armado con base en datos tomados de un documento dado a conocer hace poco por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico​, organismo internacional paladín del pensamiento neoliberal, y el Banco Mundial: Health at a Glance: Latin America and the Caribbean 2023. Con información referida al año pasado, el análisis se enfoca a dar cuenta de cómo se encuentra la salud de la gente en los países de América Latina y el Caribe. Ojo, la salud de las personas, no los sistemas de salud pública de cada nación. ¿Ven el timo?

    • — ¿Y no es lo mismo? -preguntará algún asiduo lector de Expansión/política.
    • — Pues no, y si no le queda claro nada más imagine usted que mañana, por arte de magia, toda la población de Dinamarca padeciera los problemas de salud que enfrenta la población de México. ¿Podría el maravilloso sistema de salud pública danés sanar a todos en menos de seis años? Supongamos que atenderlos a todos sí —que lo dudo—, ¿pero curarlos? Antes de contestar, nada más recuerde qué es una enfermedad crónica.

    ¿Y con qué creen que arranca la nota? Nada menos que con una de las peores herencias estructurales que en buena medida debemos a más de tres décadas de neoliberalismo: “En el país, las enfermedades crónicas como la diabetes y la obesidad registran altos porcentajes…” Sin duda. Es más, México es el país de la OCDE con la tasa de prevalencia de diabetes más alta. Ahora, lo que no se explica es el contexto. Primero, el temporal: este azote no comenzó en 2018, sino que se aceleró claramente con los cambios de patrones alimenticios y en general de consumo aparejados a la globalización y particularmente a la invasión de alimentos ultraprocesados que trajo el tratado de libre comercio con Estados Unidos. Y segundo, el comparativo: la diabetes es un problema importante no sólo en América Latina: Estados Unidos ocupa el cuarto lugar en la tasa respectiva.

    Y así como apunta como “malos resultados” el problema de la diabetes y la obesidad, la nota subraya que “México tiene la segunda tasa de mortalidad infantil más elevada de los países de la región que son miembros [de la OCDE], con 13.8 por 1,000 nacidos vivos”. Es decir, de nuevo, un problema histórico, estructural… En el otro extremo de la vida, la muerte, la nota de Expansión señala: “México tiene 75 años de esperanza de vida, cinco menos que el promedio de la OCDE, de 80 años.” Lo cual es cierto, y ha sido cierto desde que se mide, simple y sencillamente porque es uno de los muchos rostros de la desigualdad global. Además, la nota de Expansión no reporta lo que sí acentúa la OCDE: “la esperanza de vida en los cuatro países latinoamericanos de la OCDE (Costa Rica, Chile, México y Perú) subió ligeramente en la pandemia”.

    Curiosamente, en un párrafo se respalda el diagnóstico certero que López Obrador ha hecho del sistema de salud pública maltrecho que dejó el prianismo: “México se ha rezagado también en el número de profesionales de la salud disponibles para cada 1,000 habitantes. El país tiene 2.4 médicos y la media de la OCDE es de 3.4. De enfermeras, cuenta con 2.8 mientras los países miembros tienen en promedio 10.3. Incluso, en América Latina y El Caribe hay una media de 3.6 enfermeras”. Claro, la jiribilla está en la conjugación del verbo: sí, “México se ha rezagado”, pero no de 2022 para acá ni de 2018 para acá, así que sería más correcto frasear “México está rezagado”. Si uno parte de este hecho, ¿alguien podría explicarme cómo una misma persona critica esto y al mismo tiempo sostiene que el dichoso Seguro Popular funcionaba? ¡Cómo, digo yo! ¿Sin médicos y enfermeras?

    La chapuza está firmada por la reportera Dulce Soto. En el propio medio puede encontrarse una semblanza profesional de la licenciada Soto: ha trabajado para Reforma y Aristegui, y fue formada académicamente en la UNAM (Ciencias de la Comunicación) y el CIDE (diplomado de Periodismo de Investigación), así que dudo que el desatino de su nota pueda explicarse por incapacidad profesional. 

    • @gcastroibarra
  • De huracanes y payasos inocuos

    De huracanes y payasos inocuos

    Luego de arrasar Acapulco y otras poblaciones de Guerrero, Otis se convirtió en un sistema de baja presión remanente. La tarde del 25 de octubre su centro se hallaba en Michoacán, lejos de la costa, 75 km al sureste de Morelia. Con todo, el fenómeno se desplazaba hacia el nor-noroeste a 17 km/h, con vientos y rachas de 55 a 75 km/h., provocando todavía lluvias intensas y muy fuertes en buena parte del centro del país. No deberíamos dejar que Otis desaparezca del todo de la atención pública sin reflexionar y tomar nota sobre algunas de las enseñanzas urgentes que dejó a su paso. Apunto dos perspectivas: 

    Sociopolítica

    Al cierre del penúltimo bimestre de 2023 se confirma: en los cerebros de la derecha conservadora y sus esbirros y matraqueros mediáticos el odio ha terminado por hacer metástasis. Depredadores oportunistas, saprófagos simbólicos, su bajeza carroñera cayó a niveles de inframundo. Más que informar, la prensa sicaria se ha dedicado a regodearse en la desgracia causada por Otis, a denostar a la gente desesperada poniendo el foco en el desvalijamiento de algunos comercios, a mentir y e intentar atizar el desánimo. Tratando de sacar raja política, los comenderos de la oposición se avorazaron sobre la catástrofe como zopilotes hambrientos. Las pruebas son contundentes. La miseria brincó al ágora, a la vista y a los oídos de todos, con una celeridad maniática… Porque si la derecha es esencial y paradójicamente de lenta reacción, para evidenciarse es rapidísima.

    Del otro lado, como ocurrió con la pandemia y otras desdichas, la inopinada adversidad más que sacar de balance al gobierno del presidente López Obrador ha sido ocasión para mostrar cómo se resuelven los problemas públicos. AMLO no sólo ha coordinado el plan de auxilio inmediato y de recuperación a corto plazo, incluso ya se valió del episodio para doblar en el asunto de los fideicomisos a quienes se creen dueños del Poder Judicial.

    Los conservas nomás no pasan de la payasez y la mezquindad. Del otro lado prudencia, fortaleza y estrategia.

    Socioterritorial

    El Centro Nacional de Huracanes de EU informó el 15 de octubre que esperaban que en los siguientes siete días se formara un área de baja presión a varios cientos de kilómetros al sur del Pacífico mexicano. Mucho antes, el 18 de octubre, terminó de desarrollarse una amplia depresión cientos de millas al sur del Golfo de Tehuantepec. Entonces los meteorólogos consideraron probable que se formara una tormenta tropical unos cinco días después. Antes, a las 10 de la mañana del día 22, el sistema fue clasificado como la Depresión Tropical 18-E. En ese momento, la depresión estaba situada a 850 km al sureste de Acapulco. Seis horas más tarde, el sistema se intensificó hasta convertirse en tormenta tropical, y ese fue el momento en el que se le asignó un nombre, Otis. Con 144 horas de antelación, todos los modelos estimaban que Otis no pasaría de ser una tormenta tropical. En la realidad, en las primeras 24 horas, alcanzó categoría 5, la máxima en la escala Saffir-Simpson.

    El martes 24 en la mañana, cuando llegué a mi oficina y chequé las noticias, Otis era una tormenta tropical, pero apenas pasado el mediodía, dejó de serlo para convertirse en un Huracán categoría 1. En cosa de nada, el meteoro se alebrestó más y a las cuatro de la tarde ya tenía categoría 3. Cuando comenzaba a oscurecer, Otis llegó al 4 de la escala. Ese día yo salí de clases a las nueve de la noche y ya nadie reportaba nada desde la costa de Guerrero. Están totalmente incomunicados, pensé. Otis alcanzó la categoría 5 a las 10 de la noche, mientras se encontraba a sólo 90 km de Acapulco. La mayor actividad comenzó 35 minutos antes de su llegada a tierra, lo cual ocurrió a la una de la madrugada del miércoles 25. Las consecuencias de lo que sucedió después todos las hemos visto y lamentado.

    El ritmo de intensificación de Otis se ubica entre los más rápidos observados en la era de los satélites. En tan sólo 24 horas, los vientos máximos sostenidos del huracán aumentaron a tal velocidad que lo ubican como el segundo más rápido del mundo. En el Pacífico, sólo el huracán Patricia (2015) se intensificó más aceleradamente. Otis se convirtió en el primer huracán del Pacífico en tocar tierra con categoría 5. El más fuerte había sido Paulina, que arribó al puerto hace 26 años con categoría 4. No es necesario abordar ninguna discusión teórica para concluir que lo más inteligente es enfrentar el futuro próximo inmediato asumiendo que es muy probable que fenómenos como Otis sean cada vez más frecuentes.

    Unos días antes del impacto de Otis, el 19 de octubre, SEDATU, Conapo e INEGI presentaron el documento Metrópolis de México 2020, en el cual se actualiza la clasificación de los grandes conglomerados urbanos de nuestro país —la anterior correspondía a 2015—. En suma, se determina que existen 92 metrópolis en México, de las cuales 48 son zonas metropolitanas; 22, metrópolis municipales, y 22, zonas conurbadas. En conjunto, en dichas metrópolis habitamos 82.5 millones de personas, el 66% de la población total de nuestro país.

    Otis golpeó a Acapulco, en donde residen poco menos de 800 mil seres humanos. Recordemos que también junto al mar, del otro océano, en la zona metropolitana de Veracruz viven casi 900 mil personas… Y no es la metrópolis costera más poblada de México: la superan Tampico y Cancún, con 927 mil y 934 mil habitantes, respectivamente, y Tijuana, con dos millones de residentes. 

    Queda un montón de trabajo: si las berrietas y desplantes ridículos del conservadurismo son totalmente previsibles, la dinámica climática cada día lo es menos. Nos convendría atender cada vez menos lo primero y prestar mucha más atención a lo segundo. Después de todo, ni el embuste organizado de los medios tradicionales, ni la insidia de los opinócratas, ni ningún llamado a no donar ni la metralla de mentiras de la prensa sicaria, tampoco ningún performance de las Téllez o las Rabadán, ni una ni muchas mentadas de madre del ex presidente Fox a Andrés Manuel, ningún trabalenguas de la licenciada Zavala de Calderón, ningún melodrama de Creel ni ninguna guasa sin gracia de la señora Gálvez resultan tan peligrosas para el bienestar de la gente como un huracán y otros posibles efectos de la emergencia climática.

  • ¡Oh, postración chilanga!

    ¡Oh, postración chilanga!

    Proveniente de un teléfono cuyo dueño, claro, no conozco, acabo de recibir en mi celular el siguiente mensaje de texto:

    Mx1Nf
    Es Margarita Zavala quien podría representar al Frente en la CDMX. Taboada y Cuevas muy lejos del nivel de conocimiento.

    Imposible enojarse… Más bien, tan pronto leí el mensaje, se me escapó una carcajada. Es una estampa fiel de la devastación en la que se retuerce la oposición moralmente derrotada.

    Además de hilarante y chafa, resulta palmariamente bobalicona la propaganda mal camuflajeada en favor de la expanista —y digo “expanista” porque según recuerdo la abogada del muy muy dificultoso hablar renunció al Partido Acción Nacional en octubre de 2017, y hasta donde sé no se ha vuelto a afiliar—.

    El espurio anuncio seguramente se concatena con los números que El Universal publicó apenas el lunes 16 de octubre. Según una encuesta realizada por Buendía & Márquez del 12 al 15 de octubre en la Ciudad de México, de la caterva de aspirantes a la candidatura del mal llamado Frente Amplio, es decir, el PRIAN, al que se suponía que era la carta fuerte de los panistas para competir por la jefatura de gobierno de la capital de la República, el hasta el sábado 21 alcalde de la Benito Juárez, Santiago Taboada Cortina, no le alcanza ni para ganarle a la señora Zavala. 

    Podemos sospechar que el pobre señor Taboada tuvo que pasar ya el trago amargo y aceptar su realidad, porque en el documento que presentó a la mesa directiva del Congreso local pidió licencia al cargo no definitiva, sino sólo por 41 días… Así que, si está previendo regresar, está previendo perder la candidatura. Y no es para menos, según la referida encuesta, mientras que el 67% de los encuestados conocen o han oído hablar de la exesposa, perdón, la que es esposa del expresidente Felipe de Jesús Calderón, el joven Santiago apenas llega al 36%, lo que lo ubica, y por favor no se rían, muy atrás de Sandra Cuevas, a quien, con todo y sus 59 puntotes porcentuales de reconocimiento, evidentemente todos los partidos del Frente preferirían mantener en el olvido. La alcaldesa con licencia de la demarcación territorial Cuauhtémoc no sólo se lleva al baile a su par de la Benito Juárez, también puede presumir más reconocimiento en la ciudad que el señor hijo del expresidente De la Madrid, Enrique Octavio, quien como recordarán hasta hace unas semanas se creía presidenciable…

    Ahora, no se vayan a quedar ustedes con la falsa idea de que el futuro pinta promisorio para la señora Margarita, porque si bien es ella quien muestra un mayor porcentaje en cuanto a intención de voto, este apenas es de 14%, mientras que un tal señor Ninguno tiene 35 por ciento. Para acabarla de amolar, resulta que en un rubro las señoras Cuevas y Zavala están prácticamente empatadas: nada más la mitad de los encuestados que sí las conocen, 47 y 50%, respectivamente, declararon que nunca de los nuncas votarían por ellas. Vistos de nuevo en conjunto, resulta que si bien —bueno, si mal— Margarita Zavala y Sandra Xantall Cuevas encabezan la lista en cuanto al peor balance de opinión, en realidad ninguno de los aspirantes del prianismo logra un balance de opinión pública positivo: a los tres que menos mal resultan evaluados —Taboada, Ruvalcaba y Cházaro— quedaron tablas con sendos ceros. 

    En suma, la oposición en la CDMX no es oposición. Los partidos que se amazacotan en el Frente Amplio más que preocuparse por ganar las próximas elecciones deberían apurarse, y mucho, por no perder el registro.

    Todo hace pensar que en 2024 la derecha mexicana saldrá peor parada de lo que está… Si es que le alcanza para salir de pie. La situación se explica no sólo por la fortaleza ideológica y política del movimiento progresista agrupado en torno a Morena. La otra parte de la explicación está de su lado.  Sucede que entre las filas del combo reaccionario, en el PRIANISMO en pleno, pues, se propaga un brote endémico del síndrome Dunning-Kruger. Pobres. Se trata de un sesgo cognitivo que lleva a las personas a sobreestimar sus habilidades o conocimientos en relación con un tema o campo específico, considerándose expertos o especialmente dotados en áreas en las que, en realidad, son sólo moderadamente competentes, por no decir mediocres o de plano incompetentes.

    El síndrome también conocido como efecto Dunning-Kruger describe a gente incompetente en un área determinada que ignoran su incompetencia, es decir, incapaz de percatarse de su propia incapacidad. La condición ‘dual-burden’ aqueja a quienes padecen dicho síndrome: los menos capacitados no sólo se desempeñan peor, sino que tienen menos el conocimiento metacognitivo que les permita autoevaluarse. Las hipótesis en que soportan Dunning y Kruger son las siguientes:

    • La ignorancia genera confianza más frecuentemente que el conocimiento.
    • Los individuos incompetentes tienden a sobrestimar su propia habilidad.
    • Los individuos incompetentes son incapaces de reconocer la habilidad de otros.
    • Los individuos incompetentes son incapaces de reconocer su extrema insuficiencia.

    Ahora díganme a quiénes recordaron y por qué a los señores X, Alito, Markito y Zambrano.

    • @gcastroibarra
  • PANLÉXICO

    PANLÉXICO

    panléxico: Diccionario.
    RAE, Diccionario de la Lengua Española.

    • botarga: 1. En las mojigangas y en algunas representaciones teatrales, vestido ridículo de varios colores. 2. Persona que lleva la botarga.
    • palucha: coloq. Charla frívola y sin sustancia.
    • desbarro: m. Acción y efecto de desbarrar.
    • desbarrar: 2. intr. Discurrir fuera de razón. 3. intr. Errar en lo que se dice o hace.

    La Señora Botarga En Sus Dos Primeras Acepciones concurrió el fin de semana a un conocido centro de espectáculos localizado en el todavía corazón del panismo chilango —¡oh, ironías de la historia y del destino! —, la demarcación territorial Benito Juárez. El evento, dijeron, había sido convocado por una entelequia, “la ola rosa”, dizque la sociedad civil. Curioso: entre los escasos asistentes, en primera fila, se hallaban los líderes nacionales del PAN y del PRD, a quienes la susodicha presentó. Al otro cabecilla de los tres partidos que pretenden camuflajearse tras los huipiles fashion de la señora, el señor Alito del PRI, no lo mencionó porque el campechano no fue. En algún momento de su palucha, la virtual candidata del PRIAN espetó: “No se preocupen si vamos 30 puntos abajo, 20 arriba, no se preocupen, lo que deben de saber es que el 50% del país no me conoce y me va a conocer bien”. Tremendo desbarro: ¿no es preocupante estar 30 puntos abajo? ¿Por qué lo sería estar 20 arriba? ¿Y no es preocupante que la mitad del electorado nomás no sepa quién es la candidata de la oposición? ¿Y el tan cantado “fenómeno” que supuestamente tiene espantado al presidente? ¿Y la dichosa polarización? ¿Y la cargada mediática de plano no ha funcionado? Y lo más importante: unas cuantas semanas han sido más que suficientes para observar que la dirección de la dinámica no le favorece: conforme más personas conozcan a la señora, entre mejor sea conocida por quienes ya la conocen, más y más seguirá desinflándose.

    • chupóptero, ra: 1. adj. despect. coloq. Dicho de una persona: que, sin prestar servicios efectivos, percibe uno o más sueldos. 2. adj. despect. coloq. Dicho de una persona: que se aprovecha de otras.
      fruslero, ra: adj. Fútil o frívolo.
    • picaflor: 2. m. Frívolo inconstante.
    • vanear: intr. Hablar vanamente.
    • vanamente: 1. adv. en vano; 2. adv. Con superstición o vana observancia; 3. adv. Sin fundamento o realidad.
    • cháchara: 1. f. Conversación frívola; 2. f. coloq. Abundancia de palabras inútiles. Y f. pl. Baratijas, cachivaches.
    • guasa. Chanza, burla. estar de guasa. loc. verb. coloq. Hablar en broma.
    • casquivano, na: 1. adj. coloq. Poco reflexivo, banal, voluble. 
    • arrisco: m. riesgo.

    Acto público tras acto público, una entrevista sí y a la siguiente también, intervención a intervención en el Senado, la chupóptera ha hecho palmario que jamás podrá salir de las limitaciones del discurso fruslero: tal es la esencia de su pensamiento. Su risa fácil, esa sí, es auténtica. Y peor, más allá de que luce imposible que deje de comportarse como picaflor, más allá de que resultaría ya ingenuo suponer que algún día pueda dejar de vanear y mantener los asuntos de la res publica a nivel cháchara y la política como guasa, más allá de su perfil casquivano, el mayor arrisco de la prianista es otro.

    • tolondro, dra: adj. Aturdido, desatinado. 
    • a topa tolondro. 1. loc. adv. Sin reflexión, reparo o advertencia.
    • taranta: f. vena (‖ humor). f. Can. Persona liviana, frívola, de poco seso.
    • trola: coloq. Engaño, falsedad, mentira.
    • chabacanería: 1. f. Falta de arte, gusto y mérito estimable. 2. f. Dicho bajo o insustancial.
    • logorrea: f. Locuacidad excesiva.
    • anodino, a: adj. Insignificante, ineficaz, insustancial.
    • echar frijoles. Decir mentiras.
    • embustidor, ra. adj. p. us. mentiroso. 
    • furulla: 1. F. enredo (‖ engaño, mentira).
    • faloria. 1. f. Cuento, fábula, mentira.
    • trola: 1. f. coloq. Engaño, falsedad, mentira.
    • gzapa: 1. f. coloq. Mentira, embuste.

    A final de cuentas, que la senadora siga discursando a topa tolondro y que continúe comportándose como una taranta es lo de menos. Lleva años haciéndolo. La chabacanería es su sello, tanto, que los mandamases del conservadurismo han querido venderla como “frescura”. Tampoco resulta peligroso que mantenga la práctica del plagio como única fuente de sus decires —en un exabrupto de cinismo editorial, el columnista Salvador Camarena, empleado frecuente en las organizaciones del señor Claudio X. González, escribió el miércoles, que “el error de Xóchitl no es haber plagiado en su tesina para obtener el grado. El verdadero, y más revelador, desacierto es que no estaba listísima para responder…”—.

    Total, en última instancia la carencia de propuestas y proyecto de país del prianismo está bien representada en la anodina logorrea de su selecta pre electa. Ni el INE ni nadie tendría facultades para exigirle originalidad, ni siquiera un poco seriedad. Lo que sí debería exigírsele es que deje de echar frijoles. Hace poco alguien posteó en X —o sea, tuiteó— un fragmento de una entrevista que Adela Micha le hizo, y de verdad que se requiere de mucho hígado para aguantar las embestidas de la embustidora: la señora suelta furullas, falorias, trolas y gazapas con un desparpajo atronador.

    Una cosa es segura: día a día a los atribulados votantes que le quedan a la oposición les va resultando más y más claro que la pejefobia, el clasismo, el racismo y el conservadurismo cada vez alcanzan menos para decidirse a sufragar por la señora Xóchitl Gálvez.

    • @gcastroibarra
  • Albur chilango: ¿Clara o Hugo?

    Albur chilango: ¿Clara o Hugo?

    La semana pasada decía aquí que el margallate chilango electoral no se encuentra en la oposición, porque del lado prianista todo está claro: el conservadurismo no tiene ninguna posibilidad —y ahora que se le ocurrió levantar la mano a la señora Zavala, esposa del autoexiliado Calderón, pues al vacío le cayó mucha mucha nada—. Decía también que el margallate chilango electoral se halla del lado de Morena, porque si los reaccionarios no tienen ni con qué —propuesta, proyecto— ni con quién competir, el partido en el poder tiene con qué —nada más representa a la 4T en la capital— y con quién.

    Morena lanzó al ruedo tres precandidatos ganadores: cualquiera de ellos, Clara Marina Brugada Molina (DF, 1963), Omar Hamid García Harfuch (Cuernavaca, 1982) o Hugo López-Gatell Ramírez (DF, 1969), abanderando a Morena sin dificultades ganaría en las urnas la jefatura de gobierno de la Ciudad de México. Finalmente, además apuntaba en mi columna anterior que el margallate se ubica entonces en la base obradorista, en donde no se tiene del todo claro cuál es la mejor vía, la que más conviene a la CDMX, al movimiento, a la 4T, aunque, acotaba, el lío es en realidad una disyuntiva, esto es, una alternativa entre dos opciones, por una de las cuales hay que optar.

    ¿Y a quién dejaba fuera? Al ex secretario de Seguridad Ciudadana del gobierno de la CDMX. En primer lugar, sostengo que lo que más nos conviene para gobernar la CDMX no es el perfil profesional de un buen policía —luego, uno o dos días después de que apareció mi columna, en algunos sitios públicos, como andenes del metro y postes en la vía pública, comenzaron a aparecer unas pegatinas que resumen muy bien la cuestión: Utopía  / Policía —. En segundo lugar, no creo que la guapura de un aspirante deba ser un factor decisivo —podríamos completar el juego de pegatinas: Galeno  / Galán —. Por lo demás, a lo largo de la semana muchas voces y liderazgos importantes del movimiento se han manifestado ya en el mismo sentido: sería un despropósito que, teniendo un par espléndido de opciones, Clara Brugada y Hugo López-Gatell, Morena presentara como su candidato una persona apenas incorporada a sus filas —y justo para competir en este proceso—, sin experiencia de gobierno y sin trabajo político previo. Hay que agregar que, justo porque García Harfuch hizo bien su chamba en el gobierno que encabezó la doctora Claudia Sheinbaum, la seguridad pública ya no es el principal reto que la CDMX enfrenta y enfrentará en el futuro inmediato —en cambio, si me apuran, a nivel nacional todavía hay muchas plazas en donde quedan un montón de fuegos que apagar, así que la formación especializada y experiencia de García-Harfuch serían mucho más útiles en la atención de otras encomiendas—.

    Así que, dicho lo anterior, queda un albur. Albur no en el sentido de juego lascivo de palabras, tampoco en cuanto a que sean sólo la contingencia o el azar en lo que haya que fiarse para lograr el mejor resultado. No, más bien con albur me refiero al juego de baraja en el que se enfrentan dos jugadores con las mismas posibilidades de ganar, apostando cada uno a una carta. ¿Clara o Hugo, Hugo o Clara?

    No le doy vueltas a mi respuesta, la ofrezco primero y la argumento enseguida: pensando en que a la CDMX y al país le conviene seguir avanzando en la consolidación de la 4T la ruta es clara: conviene que la jefatura de gobierno de la capital la gane la licenciada en Economía por la UAM Clara Brugada.

    No me cabe la menor duda de que el doctor Hugo López-Gatell tiene los méritos y las capacidades suficientes, los tiene tanto para ganar la contienda electoral como para gobernar la CDMX conforme a los principios del humanismo mexicano. ¿Entonces? Tengo la certeza de que más allá de los líos de coyuntura, de los trompicones con la oposición —cada vez más insignificantes, cada día más ridículos—, de los desafíos que a la dinámica geopolítica se le ocurra depararnos, estamos enfrentando, México y Occidente, una policrisis, un combo de situaciones límite: el riesgo real de una confrontación bélica nuclear de la cual no saldría bien librada la Humanidad entera, el cambio climático, los estertores del capitalismo financiero, la conmutación drástica de la dinámica demográfica…, y además, un asqueroso y deprimente muégano de síntomas en toda la gente causados por la cultura tóxica en la que malvivimos.

    De 2018 para acá, con todo y pandemia, no ha sido poco lo que ha hecho el gobierno de AMLO para tratar de enfrentar esto, y en ello el trabajo de López-Gatell ha sido fundamental. Pero falta mucho por hacer y los problemas se van a agudizar —diabetes, hipertensión, obesidad, adicciones, depresión y ansiedad, consumismo, etcétera—. Y a lo anterior hay que sumar los enormes esfuerzos que hay que dirigir al apuntalamiento del sistema IMSS Bienestar. En suma, el secretario de Salud del próximo gobierno federal es un encargo clave. Y si no es desde esa trinchera, en el Poder Legislativo hay demasiado por hacer para incidir en los hábitos y costumbres tóxicos de la población. De verdad, la situación no está como para prescindir de los servicios de un gran galeno humanista, de izquierda y experto en políticas de salud pública.

    • @gcastroibarra
  • Margallate chilango

    Margallate chilango

    Margallate significa embrollo, enredo, maraña, y en última instancia confusión. La confusión ahora es chilanga, es decir, cunde en la CDMX. El margallate chilango al que me refiero no tiene que ver con el tránsito, sino con el próximo proceso electoral. 

    El margallate chilango electoral no se halla del lado de la oposición. De aquel lado las cosas están absolutamente claras: no hay nada, quiero decir, no tienen ninguna posibilidad de triunfo. A la contienda electoral de 2024, en la CDMX la oposición no tiene nada que presentar más que impresentables. Y si no, díganme ustedes, ¿piensan que la aspiración de la señora Sandra Xantall Cuevas pueda tomarse en serio? ¿Y quién más? ¿De qué estará más cerca el señor alcalde de la Benito Juárez, de un juicio o de la candidatura? ¿O qué me dicen de la histrionisa Kenia López? ¿Y si el PAN le dejara la candidatura a la chiquillada, qué posibilidades reales tendría un priísta o un perredista en la Ciudad de México?

    Me adelanto a cualquier reparo que provenga del recuerdo de los descalabros que la 4T sufrió en 2021 en la CDMX: no pequemos de ingenuidad, no estamos en 2021, estamos en 2023, aquello ya pasó: 1) la chilangada progre buena ondita que se tragó el cuento de los contrapesos ya sufrió los costos de su inocencia, y 2) el operador político que maquinó a la mala hace tres años desde Morena se encuentra hoy día muy desgastado. Y podría agregar un tercero: de entonces para acá se han acumulado más, muchas más evidencias de que la 4T a la CDMX le ha redituado beneficios palmarios.

    El margallate chilango electoral no se halla del lado de la oposición, sino del lado de Morena. Es factible narrar el embrollo en tres episodios. Durante el primero de ellos, hace apenas unas semanas, la situación se mostraba aparentemente mucho más complicada, considerando la superabundancia de aspirantes, algunos de plano estrambóticos: por ejemplo, el gobernador del estado de Morelos, el delantero Cuauhtémoc Blanco, quien, avecindado, supongo, en Cuernavaca, decía que se iba a apuntar en el proceso. Pero, en fin, ese primer episodio se fue cerrando, y tanto el exfutbolista como el señor Ricardo Monreal se bajaron. Luego también hicieron lo mismo el presidente del partido, Mario Delgado, y el hoy vocero de la doctora Sheinbaum, el aguerrido petista Gerardo Fernández Noroña. Más allá del orden estrictamente cronológico de los eventos, en ese episodio inicial también cabe incluir la salida del señor Omar García Harfuch del gobierno de la CDMX (9 de septiembre). ¿Por qué? Porque salió diciendo que dejaba la Secretaría de Seguridad Ciudadana no para pelear por la candidatura de Morena sino para incorporarse al equipo de la Coordinadora Nacional de Defensa de la Cuarta Transformación. O sea, en ese momento, él era uno más que se bajaba. Así que al cierre del primer episodio cualquier analista con dos dedos de frente podía vislumbrar con claridad quién ocuparía la Jefatura de Gobierno de la CDMX, Clara Brugada, entonces aún alcaldesa en funciones de Iztapalapa.

    El segundo episodio duró poco. Lo abrió el mismo Omar Hamid García Harfuch el 20 de septiembre cuando anunció que siempre sí, que había tomado la decisión de participar en el proceso interno de Morena para seleccionar al coordinador de Defensa de la Cuarta Transformación de la Ciudad de México. Dijo e hizo: el 22 de septiembre se fue a afiliar a Morena. La jugada causó descontrol. ¡Ah, caray! ¿Entonces la doctora prefiere a Omar? ¿Que no había estado impulsando la candidatura de Clara?

    El tercer episodio, en el que estamos, podría subtitularse así: Ya éramos muchos y parió la abuela. Al día siguiente del cambio de jugada de García Harfuch, el 21 de septiembre, el doctor Hugo López-Gatell, subsecretario de Prevención y Promoción de la Salud del gobierno federal, externó en una entrevista con La Jornada que él también va por la candidatura chilanga. De inmediato los medios tradicionales y la furibunda panda de opinócratas se desgañitaron atacando a López-Gatell, haciendo tanto escándalo como lo estaban haciendo para difundir el destape de García Harfuch. Al día siguiente, en la mañanera, cuestionado al respecto, el presidente López Obrador dijo que sí estaba al tanto de la decisión de López-Gatell y que el galeno era un profesional. El 25 de septiembre, durante una entrevista con Maxine Woodside en su programa Todo para la Mujer en Radio Fórmula, el exsecretario de Seguridad Ciudadana —“… el hijo de María Sorté, quien en los medios es conocida como ‘La suegra de México’” — dijo que él no veía el proceso como una disputa…: “Por ejemplo, con mi compañera (seguramente se refería a Clara Brugada, pero no dijo su nombre), que también se inscribió o se debe de  estar inscribiendo en estos momentos, no es que ella y yo seamos una competencia”. Y algo así también ha dicho López-Gatell. 

    En ese tercer episodio estamos. Un margallate en el que la base obradorista no tiene del todo claro cuál es la mejor salida, la que más conviene a la CDMX, al movimiento, a la 4T. Pero ojo, la duda, me parece, no está entre tres sino entre dos. Hasta donde alcanzo a ver, puedo decir exactamente lo mismo que tuiteó hace poco la doctora Leticia Calderón Chelius: “En mi pequeño mundo social clase media chilanga de izquierda no conozco absolutamente a nadie que apoye la posibilidad de que García Harfuch sea candidato”. No pienso que lo que más nos convenga para gobernar la CDMX sea el perfil profesional de un buen policía. No creo que la guapura de un aspirante deba ser un factor decisivo. Pero tampoco me parece que los antecedentes familiares de García Harfuch sea algo que deba considerarse en su contra. Ni creo, como ya dijo AMLO, que haya elementos que involucren al señor en la construcción de la ominosa “verdad histórica”. En suma, en su caso, no se trata de desestimar sus posibilidades porque sea malo, sino porque no es el mejor para gobernar la CDMX, considerando, claro, que tenemos un par espléndido de opciones: Clara Brugada y Hugo López-Gatell. ¿Y entre ambos? Mi próxima entrega está cantada…

    • @gcastroibarra
  • Agraciados

    Agraciados

    Patria, te doy de tu dicha la clave:
    sé siempre igual, fiel a tu espejo diario…

    Ramón López Velarde, Suave Patria.

    Desconozco si en las suyas también, pero en mi memoria zumban y retumban todavía los ecos de las Fiestas Patrias…, y no es para menos. 213 años después del arranque de la gesta insurgente, el estado de ánimo social que cundió desde el corazón simbólico de este país, el Zócalo de la Ciudad de México, merece memoria, reflexión y encomio.

    A lo largo de la tarde-noche del pasado viernes 15 de septiembre tuve la oportunidad de disfrutar del espectáculo que la Secretaría de Cultura del gobierno federal montó como preámbulo a la ceremonia del Grito de la Independencia. Aquello terminó siendo una ventana por la cual cualquiera con ojos, orejas y un poco de buena voluntad pudo constatar que este país está cambiando, radicalmente y para bien.

    Fernando Rivera Calderón y Nora Huerta condujeron el programa. Resultó un deleite oír el Huapango de Moncayo interpretado por la orquesta de la Escuela Carlos Chávez. Regina Orozco fue un agasajo; además, antes de comenzar a cantar, concisa y certera nos regaló un oportuno aserto, que digo un aserto, un asertazo: El futuro va a ser muchísimo mejor, dijo, porque el arte es amor. Lo que vimos y escuchamos no fue ni el folklor inerte de monografía ni un rosario de piezas de museo ni una aburrida exhibición de bailables típicos de ceremonia acartonada, no: vimos y escuchamos una poderosa muestra de la cultura viva y diversa que compartimos unos 130 millones de seres humanos a lo largo y ancho de dos millones de kilómetros cuadrados, y también del otro lado, con otros 40 millones o más de paisanos avecindados allende del Bravo.

    Ya entrada la noche, cuando de nuevo Tláloc dejó caer la lluvia, un chubasco travieso que poco antes, siendo aguacero, no había podido correr a casi nadie ni espantaría a ninguno después, el ambiente se animó más todavía con sones jarochos bien versados y zapateados con alegría y orgullo por una muchachada que difícilmente olvidará su presencia ese día en el ombligo del ombligo de la Luna. Y luego, ¡cómo no!, Frágil, con Yahritza y su Esencia, es decir, los tres hermanos Martínez, llegados directito desde Yakima, Washington, nada más a unos cuatro mil quinientos kilómetros al noroeste de la Ciudad de México. Lejísimos y tan cerca de ese nosotros nacional congregado. Más tarde, de antología, la atrevida interpretación de la Canción Mixteca que el flautista Horacio Franco realizó acompañado de los casi 150 músicos del Semillero Banda Nacional Comunitaria y de las 120 voces del Coro Nacional Comunitario, dirigidos todos por la maestra Guadalupe Barreda; una formidable reapropiación estética de una tradición centenaria, la puesta al día…, a la noche en este caso, del tema que mejor engarza la nostalgia con uno de los cantos más definidos de la mexicaneidad, la dimensión territorial de la Patria: ¡Oh Tierra del Sol! Suspiro por verte / Ahora que lejos yo vivo sin luz, sin amor… Con todo, estoy seguro de que lo más destacable del evento fue el conjunto de cuadros artísticos de danza, música, artes escénicas, poesía coral y mariachi que interpretaron más de 850 niñas, niños y jóvenes de los Semilleros Creativos de todo el país  —actualmente, existen 428 a nivel nacional, en 290 municipios de los 32 entidades federativas del país, donde participan más de 14 mil niñas, niños y jóvenes, ubicados principalmente en municipios de atención prioritaria y en colaboración con los programas de Justicia del Gobierno de México—.

    Así que de buenas a primeras tuvimos ahí al maestro Arturo Márquez dirigiendo a cientos de escuincles y jovencitas provenientes de toda la geografía mexicana para loar a la activista pakistaní Malala Yousafzai, a Alejandra Robles “La Morena” apapachando con su voz y su ritmo a la comunidad afromexicana, a un aguerrido comando de chamacos trovadores bajo la mirada de Hidalgo y Morelos interpretando Mi lengua es resistencia en ocho distintos idiomas indígenas, y sí, también, refrescante y sorprendente, a un montón de chavitos rapeando en contra de Monsanto, jovencitas pidiendo a coro “un mundo en donde sea un orgullo ser mujer” y en donde “nadie necesite ser indocumentado”, niños y niñas rapeando en maya en el espléndido escenario montado en medio de la plaza de la Constitución. ¿Y así dudan aún algunos despistados de que estamos viviendo una revolución de las conciencias? 

    Todo esto ocurrió mucho antes de que, en el lado oriente de la plaza de la Constitución, el presidente López Obrador saliera al balcón central de Palacio Nacional a dar el Grito. Aún faltaba que el grupo texano Frontera saliera al escenario para demostrar la guanguez de la frontera, lo permeable que es no sólo a la gente sino también y tal vez más a la música, al lenguaje, la historia común y los sentimientos compartidos. Y aquí fue cuando me dije, ¡caray!, la conciencia histórica sirve hoy para saberse afortunado. ¡Qué suerte que nos tocó vivir estos tiempos extraordinarios, vivirlos y estar del lado correcto! Agraciados somos.

    • @gcastroibarra
  • ¿Qué le pasó a Marcelo?

    ¿Qué le pasó a Marcelo?

    ¿Sin sorpresas? En mí caso sí me llevé una, y grande. Que el miércoles pasado se diera a conocer un resultado que se resume en el hashtag #EsClaudia me provocó una enorme alegría, pero no me resultó algo sorpresivo, en lo absoluto: todas las encuestas serias así lo venían anticipando, desde hacía meses y de manera consistente. Ni siquiera la contundente diferencia entre ella y el segundo lugar fue noticia de último minuto. En cambio, la reacción de Marcelo —a quien evidentemente tampoco le sorprendió el resultado, puesto que se anticipó horas a su anuncio— sí que me desconcierta. ¡¿Pues qué le pasó?!

    Si usted aborda la lectura de este texto con la expectativa del solaz que algunos pueden hallar en el despliegue del enojo y en el ejercicio del coraje, en el atronar del hacha asestando hachazos vengadores y, al fin, en el espectáculo del fuego hecho con la leña y los añicos del árbol caído, de una vez le advierto que no, que eso no va a encontrar usted aquí.

    Enseguida, simplemente intento explicar qué le pasó a Marcelo. Planteo así el cuestionamiento porque creo que algo le pasó al hombre, que torció la ruta, que al menos desde la perspectiva narrativa nos falta algo para comprender cómo se tramaron los más recientes acontecimientos que el político aludido ha protagonizado. Parto, pues, del postulado de que, si bien ya daba vistas de que podía llevar su empecinamiento a niveles políticamente inconvenientes, uno fue el Marcelo Luis Ebrard Casaubón que comenzó la suerte de campaña que terminó con el levantamiento de las encuestas a partir de las cuales Morena definiría a la persona que encabezará el movimiento con miras a las elecciones presidenciales del 2024, y otro fue el que vimos ayer cuando salió a declarar que todo estaba mal y que la única solución era llevar a cabo de nuevo todo el proceso. Y la transformación entre uno y otro no fue de sopetón, fue sucediendo públicamente, transmitida en Instagram y Tiktok, durante el mismo lapso.

    Ese es el cuestionamiento, ¿qué le pasó a Marcelo? Y el tono no es de reclamo —¡total, cada quién! —, sino más bien de una extrañeza entristecida. Me explico: cuando comenzó el proceso, yo pensaba que los dos punteros, Claudia y él, eran dos magníficas opciones, de tal modo que, me decía, yo no tendría duda alguna en apoyar a cualquiera de quien llegara a asumir el encargo. Es más, no sé ustedes, pero cuando se definieron los seis participantes pensé que los tres que tenían posibilidades reales —y lo acepto, además de Claudia y Ebrard, no incluía a Fernández Noroña, sino a Adán Augusto— bien podrían encabezar a la 4T. Pero luego, conforme fueron transcurriendo los días, Marcelo fue pasando de un “híjole, mejor él no” a un “por ningún motivo él”. Con esto quiero subrayar que el actuar de Marcelo me causa una sensación de luto.

    Y hablando de luto y pasando a la reacción del excanciller, ayer, tan pronto vi el video en el cual declaró que todo el procedimiento debería reponerse y que “cada día se parecen más al PRI de antes”, yo tuiteé: pues este cuate ya se piró, y en tres sentidos: se deschavetó, se fue de Morena y se murió políticamente. No era la primera vez que Marcelo se refería a Morena con un “ellos” tácito, pero eso de criticarlos a dichos ellos como antagónicos a él o a un ideal nosotros ya fue demasiado, un punto de no retorno. En pocas palabras, nos dijo tramposos a todos los que no lo apoyábamos, desde el presidente López Obrador hasta la gente que estaba por iniciar la cuenta, pasando por Mario Delgado —a quien luego llamó “cobarde”, algo que no recuerdo que ni siquiera se lo haya espetado a Mancera— y Durazo, la comisión de encuestas y todos los que optaron o hubiéramos optado de haber caído en la encuesta por Claudia o cualquier otra corcholata. ¿Qué te pasó, Marcelo?

    Podemos meter en tres grandes categorías las explicaciones a los comportamientos de una persona que nos parecen anómalos o al menos contrarios a lo que por sus antecedentes podíamos esperar. En principio las que se limitan a los confines del individuo: le ganó la soberbia, se le metió el diablo, demasiado tiempo creyéndose el próximo presidente, sufrió un episodio de demencia vascular, etcétera… En segundo lugar, están las explicaciones que van más allá de la psiquis de la persona: es el clasismo que lleva en las venas y en los apellidos, es que al final de cuentas es un macho mexicano que no puede aceptar que le gane una mujer, es que en el fondo es neoliberal, etcétera…

    Entre ambas explicaciones extremas, están también unas que se refieren a los ámbitos comunicacionales en los cuales vive la gente. Por ejemplo: en una situación de guerra, la mayoría de los soldados tienen que estar medio locos —desplegar conductas patológicas, pues—, porque sólo así pueden participar en el sinsentido de matar congéneres y dejarse matar por abstracciones y entelequias como la patria, el mundo libre, la independencia, en fin… Lo más prudente es que aquí concluya que la explicación seguramente es multifactorial, compleja, y dejar ahí la cosa. Se oye bien, pero no explica nada. Así que, tomo el riesgo de equivocarme y me voy por una explicación. 

    El jueves en la mañana Marcelo fue con Gómez Leyva —but of course— y dijo que está fuera de Morena —“me queda claro es que ya en Morena no tenemos espacio”— y dos cosas que me parecen muy significativas: 1) “no estoy argumentando que le gané a Claudia” y 2) “la forma en la que actuaron ayer es una ingratitud muy grande con el de la voz”. O sea: me tocaba a mí, sin mayor trámite. En suma: creo que lo que explica el comportamiento de Marcelo no está más allá del propio Marcelo.

    • @gcastroibarra
  • Añoranza precoz

    Añoranza precoz

    Descocada, la ampliamente afrentosa señora X tuiteó:

    ¿Cuál es la receta para el éxito? Ser tú mism@ [emoji de manitas haciendo un corazón] No permitas que nadie defina quien [sic] eres.

    El mensajito daba entrada a un video en el que se despliega una serie de avatares de la panista… No es metáfora: realmente eran avatares, imágenes animadas de una representación virtual, en este caso, muy muy… pero muy virtual, de la señora que se autodefine como “blanca”, pero se promueve como indígena. El mensajito simplón de librito chafa de autoayuda, “Sé tú mismo”, venía ilustrado por una producción digital en la que la emprendedora que salió de la pobreza vendiendo gelatinas aparece, no disfrazada, sino transformada en una suerte de personaje de Disney, una insólita aleación de pixeles y prejuicios, un mestizaje gráfico del cual resultó algo entre la princesa Pocahontas y una especie de Chihiro hidalguense, una botarga digital en la que ya muy poco queda del original que supuestamente paraboliza. Para colmo, el video termina luego de un minuto y medio de gansadas instando: “Sé tú misma y jamás te equivocarás”, dicho con una voz artificiosa, robotizada, quimérica…

    Frente a tamaña incongruencia, no tuve más alternativa que aceptar su magno alcance, retuiteándolo con este comentario:

    El Premio Mayor a la contradicción se lo lleva la señora X: la hipocresía llevada a niveles de esquizofrenia.

    Horas después, el tuit tuvo cierto impacto, y aunque la mayoría de respuestas fueron likes, retuits y un tumulto de emojis de caritas que se carcajearon del asunto hasta las lágrimas, también recibí uno que otro que optaron por reaccionar como suele reaccionar la reacción, con denuestos, majaderías y memes disque ofensivos. Como siempre, casi todos provenían de cuentas perritos, gatitos, mangas, súperhéroes y en general anónimos embozados tras cadenas de letras y numeritos sin sentido. 

    El contradictorio mensaje de la tepatepecana empresaria que lleva al menos 23 años viviendo del erario, la panista post trotskista señora X, es lo de menos, y también mi tuit. Conté lo anterior para dar contexto a una de las réplicas.

    Un tal Artemio77 me contestó: “Tan ruco y tan chairo”, seguido de dos emojis, supongo que uno por adjetivo, de caritas rojas de coraje. Tan pronto vi su mensaje, respondí: “Gracias, en efecto: ruco y chairo”.

    Porque, ya saben, la derecha tiene la superstición de que a los chairos nos ofende que nos digan chairos. Se entiende, el león cree que todos son de su condición. En México, hoy día, alguien que se asume como progresista no lo oculta, por el contrario, lo ostenta. En cambio, un conservador, se asuma a sí mismo o no como tal, suele negar serlo y, para ocultar su condición, las máscaras con las que trata de encubrirse son las de neutral, realista, independiente, apartidista… 

    En cuanto a lo de ruco, viene a cuento que, también hace unos días, el gobernador de Nuevo León, Samuel García, seguramente con la intención de remediar la eventualidad de que antes nadie más lo había hecho, se auto destapó como aspirante a ocupar la Presidencia. Viniendo de la oposición, ya es difícil que un despropósito nos espante, sobre todo considerando que el señorito X y a quienes él representa siguen empecinados en que, sin importar el nivel de desinflamiento en el que se halle, mantendrán a la señora X como abanderada del PRIAN. No traigo a cuento la valentonada del único góber que le queda a MC por escandalosa, sino por las razones que adujo el regiomontano tan espléndidamente valorado, perdón, tan espléndidamente auto valorado… Dijo el joven García:

    ¿Sabían ustedes que la Constitución federal de México prohíbe a los jóvenes participar para la Presidencia? Hay un artículo que establece que para ser presidente de la República tienes que tener 35 años o más el día de la elección. Por eso llega puro viejillo. ¿Pero adivinen qué? Tengo 35… Y aquí les pregunto, ¿quieren un presidente joven con ideas nuevas o lo de siempre?

    Primero, hay que señalar que eso de que la constitución prohíbe a los jóvenes participar para la Presidencia es tan cierto como que la misma constitución prohíbe a los niños y a los bebés, a los muertos, a las piedras y a los gatos ocupar el cargo de presidente de México. En cuanto a eso de que llega “puro viejillo”…, no hace falta ser mal pensado para entender que el empleo del sufijo illo en este caso tiene propósitos despectivos, no afectivos. El mancebo gobernante neolonés ni es rebelde ni innovador, sino una muestra convencional de los valores de la cultura que le tocó vivir: como un montón, cree que ser joven por sí mismo conlleva atributos políticos positivos, en tanto que ser viejo, o ruco, es por sí mismo una desgracia. Sería difícil convencerlo de lo contrario. ¿Qué caso tendría, por ejemplo, explicarle que si uno no quiere morirse joven la única estrategia eficaz que se conoce hasta ahora es envejecer, y que, por tanto, más que una desgracia, hacerse viejo es una fortuna? ¿Qué caso tendría recordarle que el presidente más revolucionario e innovador que ha tenido el México contemporáneo es el actual, AMLO, siendo además la persona que llegó al cargo con más años a cuestas, 65? ¿Qué caso tendría hacerle saber que, después de Lázaro Cárdenas, quien asumió la Presidencia a los 39 años, el presidente más joven que ha tenido México ha sido Salinas? ¿Qué caso hacerle saber que Maximiliano se convirtió en emperador de México siendo un mozuelo monarquista de 31 años, mientras que el republicano Benito Juárez era más de 25 años más viejo? Creo que no tiene caso. Seguro el joven García está convencido de que el pensamiento conservador es de viejitos y que los jóvenes son progresistas mientras no empiecen a arrugarse.

    Quizá lo que sí convenga recordar al gobernador y al tal Artemio77 es que la condición de ruco permite, si uno ejercita un poco la memoria, comparar lo que hoy estamos viviendo con situaciones similares anteriores. Pienso, por ejemplo, en el cada vez más próximo fin del sexenio. Pienso y recuerdo…, y entonces puedo asegurarles que hace 6 años, hace 12, hace 18, hace 24, hace 30, hace 36, hace 42, hace 48… lo único que queríamos a estas alturas de cada sexenio era que se terminara. Ahora, lamento cada día más que nos queden ya tan pocas mañaneras con Andrés Manuel. Cunde por el ágora nacional una añoranza precoz, una nostalgia anticipada… Ya empezamos a extrañar al viejo.

    Y sí, ya sé que si Artemio77 me está escuchando solamente ratificaría su diagnóstico: ¡Tan ruco y tan chairo! Pues sí, pero ya ve, hay que hacerle caso a la señora X: sé tú mismo y jamás te equivocarás.

    @gcastroibarra