La derecha quiere secuestrar al Ejército

La antigua usanza política en México residía en que mientras más dinero manejaba una secretaría era mayor el poder que tenía, lo cual no siquiera en esos momentos era cierto. Porque de ser así la SEP hubiera sido más importante que Gobernación y ésta que Economía, etc.

Con esa misma idea la derecha no cesa de argumentar que las obras otorgadas a los miembros del ejército implican otorgarle espacios de poder e impulsar la militarización del país, cuando en realidad están trabajando en la transformación de la infraestructura de México. La militarización tiene una palabra clave para ser cierta: es el control de la vida cotidiana en un país determinado.

En la construcción de obras o la coordinación de las fronteras o las obras no hay control sino acciones de protección, donde está implícita la seguridad nacional, lo cual está muy lejos de denominarse control.

El único contacto que tenían los militares con la población era a través de los operativos del Plan DN III, en desastres naturales, donde la comunicación se restringía a la sobrevivencia y el resguardo de bienes. El contacto con la población no existía y la identificación con sus tareas era nula. Había una exclusión social hacia los militares que creaban distancia para infundir miedo.

La lucha de la derecha por arrebatar las simpatías que tiene el Ejército hacia el jefe del Ejecutivo Federal, quien es el único comandante supremo de las Fuerzas Armadas, no terminará y se vale de diferentes trincheras para lograr un guiño de los militares para de ahí tender los puentes que sean necesarios para preparar un golpe de Estado. Donde los militares arrebaten el poder al gobierno democráticamente electo.

Todos los días los medios convencionales de México y el extranjero critican la utilización de los soldados para que se hagan cargo de responsabilidades donde tradicionalmente había una elevada corrupción como es el caso de las Aduanas, los puertos, los aeropuertos, las obras de infraestructura, etc.

Los cuestionamientos contra las actuales tareas de los militares no se limitan al territorio nacional, esta vez surge de entre las tinieblas de la información falsa un artículo en el diario inglés Financial Times, firmada por Michael Stott y Christine Murray, difundida en México por Reforma, que se titula: “Alertan que Sedena tiene excesivo poder”.

Leyendo la nota quienes señalan esto son nada menos que Jorge G. Castañeda, Claudia Ruiz Massieu y José Miguel Vivanco de Human Rights Watch. Ninguno dignos de ser tomados en serio, menos aún tratándose de las tareas del Ejército Mexicano; sin embargo, son una muestra de la necesidad que tienen de que los militares volteen a ver ala derecha como una posibilidad de gobierno.

Hay un personaje de nombre Jesús Jaime García Miramontes que se ha disfrazado en dos ocasiones de general de División Diplomado del Estado Mayor Presidencial, cargo que no existe en el Ejército Mexicano, primero para convocar a un golpe de Estado, luego, como orador en el Club de Periodistas, atacando a la actual administración pública y cuestionando las disposiciones y conceptos del Presidente de la República.

Se sabe que ni siquiera es militar, alquila o compra el traje de general y se coloca unas veinte medallas deportivas para engatusar a los ingenuos, quienes, en ambas ocasiones, reenviaron el watts app a todos sus contactos, tomando por real al personaje y por ciertas sus declaraciones.

La fijación de la oposición de derecha por echarse a la bolsa a los militares tiene como objetivo convencerlos con mentiras. Difícilmente lo logrará con rangos militares inexistentes y con malos actores que tienen problemas mentales, pero así es la derecha, todo en la superficie tiene un carácter de consigna pero en el fondo, en lo profundo de la realidad es para ellos un espacio desconocido una realidad que no quieren reconocer.

La derecha ha tenido varios intentos por acercarse a generales retirados, a quienes les exponen la falta de respeto hacia los soldados al ponerlos a realizar tareas tan denigrantes como las de un albañil, como si ser albañil fuera una actividad de esclavos o de seres de inframundo.

Con esos argumentos con la discriminación, el sectarismo y la marginación como base no han podido convencer a los generales de que convoquen al grueso del Ejército para que de una vez por todas acaben con la Cuarta Transformación y regresen a ellos los privilegios que consideraron parte del patrimonio familiar, cuando en realidad mucha de esa riqueza pertenece al pueblo de México.

Las críticas hacia lo que la derecha llama militarización de México seguirán sin ser escuchadas por nadie, porque si bien son dirigidas a los altos mandos del ejército lo hacen a través de los medios conservadores que ya nadie lee y sólo sirven de referencia para saber dónde la duele a los conservadores las acciones de la actual administración.

Hacemos comunicación al servicio de la Nación y si así no lo hiciéramos, que el chat nos lo demande.

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