Enseñar economía sin política… ¿qué es eso?

Comencé en un día miércoles a finales de mayo a dar la materia de economía y macro para chicos de marketing y turismo, mi primera clase estuvo repleta de impresiones sobre la política y su importancia en la economía, esto a flor de piel y en vísperas del calor de las elecciones del 2 de junio, una clase poco común para la que auguraba buenos resultados al final del cuatrimestre, pero para mi sorpresa eso no sería así. Días antes de mi futura segunda clase recibiría la llamada de mi coordinadora muy amable diciéndome que lo lamentaba mucho pero que el grupo había solicitado cambio de profesor, por lo que no concluiría con ellos esa materia, las posibles razones, muy diversas, que trataré de explicar con mayor detalle, pero la “justificación” del cambio de maestro, es que ellos argumentaron que no les gustaba que yo mezclara la política en clase de economía y que ellos no querían saber nada de política, me dije a mí mismo: ¡interesante!

¿Por qué jóvenes universitarios no querrían saber nada de política? ¿Por qué se tendría que impartir, como antes, la economía sin política? ¿cuáles son las consecuencias de ello?

Es posible que un chico de marketing o de turismo este más interesado en cómo hacerse millonario con una campaña para Cristiano Ronaldo o que le llame más la atención saber cómo funciona el turismo en Mónaco, algo alejado de su realidad, algo que no los involucrara con la realidad en la que viven y se desenvuelven. Posiblemente les haya incomodado decirles que el marketing es anti ético al crear campañas de publicidad y de marketing para envenenar a una comunidad como lo hizo Coca-Cola con los tzotziles en los altos de Chiapas en los que no sólo se apropió de su agua y de todos sus espacios socio-culturales, sino que logró sustituir el líquido vital por el consumo de su veneno volcando a la comunidad hacia el padecimiento de un problema grave de salud pública de diabetes por el exceso en el consumo de bebidas azucaradas. O para la gente de turismo, que les haya comentado que en Campeche hay una infraestructura hotelera concentrada en pocas manos que deja fuera de los beneficios del desarrollo del turismo a las mayorías, a los desprotegidos y explotados de siempre del sector turístico. 

Me queda claro que ellos no querían saber nada de eso, de cómo funciona su realidad ni mucho menos de cómo cambiarla, no les interesaba que abordáramos el problema de la pobreza o de la desigualdad, de que hay una concentración de la riqueza en menos del 2.1% de la población que reporta un nivel de ingresos de más de cinco salarios mínimos y que la mayoría de la gente vive al día. Ellos querían entender cómo funciona la oferta y la demanda o posiblemente pensaban que la economía les daría las herramientas para hacerse millonarios por medio del emprendimiento, en fin, no querían saber nada que tuviera que ver con política ¿por qué? Su respuesta fue: ¡porque no profe! Posiblemente el desencanto de la clase se terminó cuando finalmente me preguntaron y usted a quien le va en las elecciones profe y yo respondí, yo le voy a todo aquel que le dé continuidad al obradorismo, ahhhhh entonces usted es morenista profe y les dije, no, yo soy obradorista, yo no tengo afiliación política a ningún partido, pero si afinidades ideológicas y de pensamiento con el obradorismo de Andrés Manuel López Obrador, ahhhh entonces usted es chairo, amlover, y les conteste en tono de broma, sí, así es, ahhhh pues con razón profe.

Frente a estos hechos cualquiera podría decir que mi “error” fue aceptar una afinidad en términos del pensamiento de AMLO, pregunto yo, ¿acaso es un pecado creer en una forma de pensamiento comprobada con hechos y no por actos de fe de que ha sido el mejor modelo económico de los últimos 100 años? Yo como economista que he estudiado la economía desde hace más de 20 años y que he impartido clases de economía por más de 15 años a nivel de grado y de posgrado, que he escrito libros sobre el tema y publicaciones científicas, que no sólo soy un docente sino también doctor e investigador, acaso no tengo la autoridad para poder decirle a un chico universitario que lo que está viviendo y que los indicadores y estadísticas que se reportan jamás los había visto en toda mi vida, que el peso esta fortalecido, que no ha habido devaluaciones, que tenemos crecimiento económico, que se redujo la desigualdad, que sacamos 5 millones de personas de la pobreza, que somos la segunda mejor economía con la menor tasa de desempleo, que tenemos record histórico en remesas e inversión extranjera, que mejoraron el salario mínimo como nunca y que como nunca hay afiliados al seguro social, formalizando y dignificando así el trabajo. ¿Acaso es un pecado creer en ese modelo y quererlo replicar?, un modelo que ha traído bienestar a la gente de manera democrática, sin violencia y sin represión.

Al parecer puede más la “moda” impuesta por los medios de manipulación de ir en contra de todo lo que represente los logros del gobierno, puede más la “moda” de denostar a las personas diciéndoles “chairos” cuando crees en un movimiento de izquierda que le ha traído progreso a la nación, que no ha excluido a nadie, un movimiento incluyente, que generó las más grandes obras de las que se hayan tenido registro en las últimas décadas, que hizo carreteras, puentes, hospitales, que comunicó al sureste de México, un sureste olvidado por todos los expresidentes y que sólo lo voltearon a mirar para explotar el Complejo Cantarell hasta dejarlo seco, sin el mínimo beneficio para su gente, para las comunidades campechanas. Eso se olvida, y de eso, al parecer, estos jóvenes no quieren saber nada. ¿Cómo entender el retroceso económico de décadas en Campeche sin hablar de política? ¿Cómo explicar el subdesarrollo y la falta de bienestar por décadas en Campeche sin entender a su sociedad, su clase política y su dinámica económica? Eso apreciable lector me parece francamente imposible. 

Pero no se quería saber nada de eso, nada que tenga que ver con política, una economía sin vida prácticamente, sin tiempo ni espacio, sin historia, como la que recibimos los de mi generación en la universidad, una enseñanza de la economía matematizada, sin sentido, funcional al mercado, compleja, inentendible, en la etapa de mayor auge del modelo económico neoliberal y en la que predominaba la escuela neoclásica. Posiblemente esa economía es la que quieren, la que está repleta de números y gráficas, pero sin ningún sentido social, una economía a la que efectivamente se le puede quitar el contenido político dado que en esa economía sólo existe un individuo racional que optimiza todo lo que elije, un individuo perfecto que vive en una burbuja en la que no existe el tiempo, no hay Estado, no tiene familia, no existe la sociedad ni todas sus pasiones, que se mueve casi en el vacío de no ser porque en su mundo existe él, sus preferencias y sus famosas curvas de indiferencia. Esa economía es una economía bastarda que le ha hecho tanto daño al mundo, que egresó profesionistas con una mentalidad insana de la economía, para la cual no existe la sociedad, ni el mundo real que la envuelve. Sabíamos mucho de “economía”, pero poco de cómo funciona realmente el mundo, a nosotros sí nos enseñaron una economía sin política, pero es precisamente esa forma de pensamiento la que nos trajo hasta aquí, a vivir una situación decadente por décadas hasta el año 2018 cuando llega AMLO.

A lo largo de muchos años, se esmeraron en escindir la economía de la política los estudiosos, los premios nobel y los eruditos de la materia con el propósito expreso de que el economista supiera más del mundo abstracto que del mundo real que lo rodea.  Que el economista supiera más de equilibrio general que de saber cómo elegir un candidato en las urnas, que supiera más de topología que de saber distinguir un proyecto neoliberal a uno alternativo de nación. A nosotros, sin pedirlo, se nos enseñó la economía sin política, lo que era antes la Economía Política se limitó únicamente a etiquetar así a las materias que tenían que ver con el marxismo o con la escuela de desarrollo (cepalina, estructuralista o regulacionista), y de manera arrogante y un tanto ofensiva, todo lo que no era “verdadera economía”, es decir, Teoría Económica (Escuela neoclásica-neoliberal), entonces era Economía Política. Y así se dividirían los dos grandes bandos (los de Teoría Económica y los de Economía Política) de luchas interminables en las escuelas, facultades y departamentos de economía que al día de hoy terminaron reducidos a una camarilla de grupos de poder de élite que goza de privilegios académicos y que por ahora les importa un carajo la verdadera enseñanza de la nueva economía, una nueva economía que demanda una nueva formación de economistas que respondan a un cambio de régimen y a un nuevo modelo económico de nación como el construido en la 4T con AMLO, esos nuevos economistas por ahora no existen, se siguen produciendo y reproduciendo en las universidades economistas formados por la vieja escuela, esa que alimentó el modelo neoliberal de los años ochenta, economistas sin principios ni ética, economistas sin humanismo, economistas con esa visión que privilegia el crecimiento por encima del desarrollo y que todavía creen que como determinantes del progreso de una nación es más importante la innovación que tener gobernantes honestos. 

Hoy, sin saberlo, esos jóvenes piden que se les enseñe esa vieja economía, esa economía sin política, esa economía que enseña el BID, el FMI o el Banco Mundial en sus revistas de divulgación o en sus webinars, que hablan de todo menos de lo importante, que discuten en sus revistas “científicamente” todo de manera “profesional” pero sin el mínimo de ética y que mienten y no develan sus intereses perversos y corporativos a la hora de hacer sus recomendaciones (sobre todo para países en desarrollo), que sin lugar a dudas se suelen hacer famosas y poner de moda precisamente por todos aquellos economistas neoclásicos y neoliberales que sin saberlo o con conocimiento de causa sirven de mensajeros para difundir ese conocimiento en toda América Latina, esos economistas que se tragan todo sin masticarlo, que replican todo como merolicos, que lo repiten en clase como loros sin siquiera reflexionar lo que leen, lo que enseñan, son esos mismos los que hacen de los libros de Harvard, los más vendidos, son los paleros del sistema, del neoliberalismo y de la escuela neoclásica.

Quizás si me lo hubieran pedido les hubiera dado esta explicación un poco más extensa y que no se fueran con la impresión de que soy un amlover ideologizado ignorante y pobre que no sabe, que no está informado y que es chairo por que viene de la UAM o porque soy chilango, o como dicen aquí, soy foráneo, casi casi un extranjero en mi propio país. Pero no nos dio tiempo de platicar, les ganó un poco quizás las pasiones encontradas en la clase, el contraste de ideas los desmotivo y quizás querían una clase mucho más tranquila, sin sobre saltos, una economía sin política. Es posible también que este desanimo tuviera como trasfondo el hecho de que han sido educados con base en la hipocresía, es decir, que les haya sorprendido que un profesor dijera yo soy obradorista y que eso les haya provocado un ¡qué barbaridad! cómo es posible que diga a los cuatro vientos su postura política cuando lo “normal” es que a cualquier profesor al que se lo pregunten les diga hipócritamente “yo no me meto en política”, pero claro, al momento de votar tienen perfectamente claro su conservadurismo y actúan como tal, con la hipocresía por delante. 

También es posible que no lograran distinguir entre politiquería y política, dos conceptos distintos, ésta última vista como una ciencia de la gestión del poder. Puede que crean que política son los dimes y diretes entre Alito y Eliseo o que política es el show de Biby en el Foro Ah-Kim Pech con las obscenidades de El pulpo y sus teclados, pero no, eso no es política, eso es politiquería, pero bueno, esa clara distinción la hacemos en clase, pero no será. Es posible que estuvieran hartos de la politiquería, pero no de la política, y que cuando dicen “yo no me meto en política profesor” se olviden de que la política está y estará presente en toda su vida y en todas sus decisiones y que el negarse a tomar una postura política en sus actos y en su vida, es negarse la oportunidad de intervenir en asuntos públicos que les competen a todos, es renunciar a su libertad de ser agentes de cambio y conformarse en ser simplemente “nadie” políticamente hablando. 

También supongo que estos chicos renuncian a su postura política porque finalmente así se les educó, se creyeron la idea de que “en la mesa no se habla de política ni de religión”, y sumisamente se alejaron de la política para “no incomodar a los demás”, para “no levantar polvo”, para pasar desapercibidos, para no estorbar al poder, para ser simplemente los de siempre, los de generaciones y generaciones pasadas que por miedo le han dejado al poder y a la elite que gobierna Campeche el camino libre para hacer lo que le venga en gana, para dejar que les diseñen su futuro.  Es válido renunciar cuando lo haces por convicciones, pero no por imposición, sin saberlo, en su forma de pensar esta impuesta la idea de no intervenir, no tienen una mentalidad libre, están altamente manipulados, los gobierna y paraliza el miedo, el miedo a ser diferentes a todos los demás, incluso han llegado al extremo de robarles a los jóvenes la rebeldía que los caracteriza, los han colocado en una encrucijada hasta biológica, como decía Salvador Allende: “ser joven y no ser rebelde, es una contradicción hasta biológica”.

Puede ser que les haya incomodado también la idea de no usar diapositivas en clase, de reflexionar, de analizar lo que se escribe y lo que se toma de apuntes, de participar y de estar constantemente construyendo una retórica de la búsqueda de la verdad de manera conjunta, posiblemente no estarían de acuerdo en que no les diera todo digerido con diapositivas, para que solo ellos tomaran foto y listo, siguieran con sus asuntos en su computadora o en su celular, algo mucho más cómodo que no les exigiera respirar profundamente, ni discutir ni contrastar sus ideas, algo común, posiblemente una clase habitual en el que el profesor se reduce a ser poco menos que un bufón servil que baila al contentillo del alumnado, eso, definitivamente, en mi caso, no pasará, compadezco a quien me sustituyó, porque él o ella sí tiene una línea que debe de seguir, de lo contrario tendrá el mismo fin que yo, quedar en desempleo y ajustar a su familia y sus gastos por un “capricho” de “estudiantes” que como si fuera un menú a la carta elijen por su cuenta lo que desean que se les “enseñe”.

 No es fácil, no es la primera vez que me pasa, pero estoy convencido de los costos de participar activamente en la “revolución de las conciencias”. Desde el sector privado esta iniciativa de re-educación se percibe como una amenaza al sistema, es por ello que no la tenemos fácil, sobre todo cuando eres un simple docente por asignatura, pero aquí seguimos luchando, aquí también el conservadurismo se expresa y se cree dueño de nuestro destino, hoy nos emplea y mañana no, hoy te dan materias, mañana no, hoy estas en un grupo de WhatsApp, mañana te sacan, hoy estas en la reunión de inicio de ciclo donde no se cansan de decir que el profesor es lo más importante, y mañana no. En fin, los dueños podrán creer que tienen el poder sobre uno, pero se equivocan, no hay hombre más digno y libre que el que lucha por sus ideales, sin saberlo, esos mismos que se creen amos y señores también son esclavos del dinero, su dios. Es por ello que la lección que les dejo a mis queridos estudiantes es que nunca dejen de seguir sus convicciones, no todo es el dinero y pongan por encima siempre su dignidad, que esa, definitivamente, no tiene y nunca tendrá precio

¡Viva Andrés Manuel López Obrador! 

¡Viva nuestra Presidenta electa Claudia Sheinbaum Pardo!

Y ¡Viva la Cuarta Transformación de la vida pública de México!

¡Viva México!

¡Viva México!

¡Viva México!

Hacemos comunicación al servicio de la Nación y si así no lo hiciéramos, que el chat nos lo demande.

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