En defensa de la democracia, aniquilemos la democracia (Tercera parte)

Sin otro objetivo que el de dar cuenta de las democráticas filias y fobias de la clase privilegiada y sus huestes aspiracionistas, de cara a las elecciones presidenciales, seguimos dando cuenta a la enorme y burda labor de la gente de Integralia que, desinteresadamente, pone los puntos sobre las íes de los riesgos políticos que México enfrenta este año. Tres nuevos riesgos, que se suman a los cuatro de los que ya hemos hablado, el posible triunfo electoral de Donald Trump, que podría colocar a México en una posición de vulnerabilidad; que el Congreso apruebe reformas y leyes “sorpresivas” que afecten el clima de negocios; y que surjan conflictos poselectorales (nacional y/o locales) que propicien nerviosismo en los mercados y arrastren a la nueva administración al mismo clima de polarización de la administración saliente. Todas ellas, posibles posibilidades que no escapan del reino de la posibilidad de las fobias echaleganistas.

En el probable caso de que Trump gane la presidencia de los Estados Unidos, será necesario que el próximo gobierno de nuestro país someta la soberanía nacional a los intereses del empresario / presidente para no deteriorar la relación bilateral con Estados Unidos y evitar que México termine en “una posición de vulnerabilidad”, amenazados “con aranceles, constantes ataques reputacionales, agravamiento de la crisis migratoria y presiones en materia de seguridad”. Si el potencial gobierno de Donald Trump decide “condicionar el actuar de México en materia de migración, seguridad (principalmente en cuanto al combate al fentanilo) y comercio, mediante la imposición de aranceles, la deportación masiva de personas migrantes, cierres parciales de la frontera”. México deberá alinearse sin cuestionamiento alguno, no podemos arriesgarnos por principios o ideología a perder los beneficios que nos da ser el patio trasero del imperio. Poco importa si nos vemos obligados a adaptar la “política de seguridad a los intereses estadounidenses”, es más, deberíamos aprovechar la oportunidad de convertirnos en el estado 51 de los Estados Unidos.

Otro riesgo directamente relacionado con el potencial triunfo de la potencia cuatrera de los cuatroteros, es que el Congreso apruebe reformas y leyes que modifiquen el marco laboral, el aparato administrativo del Estado o el otorgamiento de concesiones, sin prever un período de transición y adaptación para el sector privado. La terrible insistencia del gobierno actual y su sucesora nos deja frente a la posibilidad de que se modifique “el marco legal mediante el envío de iniciativas con sus prioridades legislativas”, ¡Con sus propias prioridades legislativas! ¿Quién se creen los cuatreros para querer representar los intereses de la mayoría y modificar las leyes de acuerdo con los intereses de las mayorías? ¡Mandar iniciativas al poder legislativo! ¡Que escandalo!

A eso, hay que sumar la posible posibilidad de que posiblemente el gobierno insista en seguir acosando a los organismos autónomos y órganos especializados, como el INAI, la CNH y el TEPJF. En otras palabras, que un poder democráticamente electo se oponga a la existencia de poderes por los que nadie ha votado y que representan poderes no democráticos ¡No hay nada más antidemocrático que eso! ¿Cómo es posible que un representante electo quiera poner límites a quienes no han sido electos y ni siquiera son representantes de la ciudadanía?

Por último, por lo menos en esta ocasión, nunca debemos ignorar el riesgo de que se gesten “conflictos poselectorales” alimentados por la insistencia del gobierno y el partido en el poder, de hacer campaña política, de promover el voto a su favor, de insistir en que los poderes fácticos no deben sentar sus reales en el gobierno. Que MORENA y Claudia insistan, escandalosamente, en hacer campaña a favor de ellos mismos en lugar de hacer campaña a favor de Xóchitl y la alianza de todas las alianzas, la alianza del pragmatismo político, sólo demuestra que están interesados en ganar las elecciones. Si el gobierno fuese verdaderamente democrático, haría campaña abierta en contra de sus intereses y no buscaría que la gente vote por los candidatos de su partido. Esta actitud antidemocrática de los cuatrotereos lo único que logrará es “cierto nerviosismo en los mercados”. El terrible nerviosismo de dejar que la gente tome decisiones que corresponde tomar solo a los iniciados y a los dueños del capital.

Entrados en gastos

Nada podría resultar más riesgoso para México que poner en manos de la gente el destino político del país. La única posibilidad de salvación atraviesa el someter nuestra soberanía nacional a los designios de Trump y acabar con la democracia en beneficio de la democracia. La próxima entrega, nos concentraremos en la posibilidad deponer en alerta a las calificadoras y mercados, el aumento de la corrupción y la posibilidad de que tengamos un nuevo gobierno con contrapesos débiles.

Hacemos comunicación al servicio de la Nación y si así no lo hiciéramos, que el chat nos lo demande.

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