“El Vigilante”, la enorme escultura que miles ven en la salida a Puebla y que ejemplifica la corrupción del casi extinto Grupo de Atlacomulco

El decadente Grupo Atlacomulco, en el Estado de México, cuna del Partido Revolucionario Institucional (PRI), no tuvo escrúpulos mientras saqueó esta entidad durante 70 años. El caso del presunto Parque Ecoturístico Cerro del Elefante, en Tlapacoya, Ixtapaluca, Estado de México, donde hubo propiedad ejidal, fue de las últimas tretas de los atlacomulcas para hacer negocios a costa del erario público, donde también había áreas naturales. En el cerro, ahora solo queda la escultura La Paz de Ixtapaluca, que, de acuerdo con algunos testimonios, pareciera vigilar la montaña.

Ciudad de México (Los Reporteros Mx).- En la carretera federal México-Puebla, los viajeros pueden ver a la distancia una escultura bidimensional que, de acuerdo con César Tejeda, mide 29 metros de alto y 25 de largo. Está ubicada en el Cerro del Elefante, en la localidad de Tlapacoya, municipio de Ixtapaluca, Estado de México, y es conocida por los vecinos como “El Vigilante”. Sin embargo, se llama La Paz de Ixtapaluca y es una pieza del escultor Jorge Marín.

En entrevista para el programa Itinerario, que transmite Canal Once, Jorge Marín señaló que piensa su obra artística como “un modo ideal de expresión”. Dice que observa su trabajo como una manifestación universal, al materializar alas y máscaras en sus esculturas, pero con una reinterpretación de los elementos para conectarlos con un espacio concreto; como el caso de “El Vigilante” en el Cerro del Elefante. No obstante, parece que la escultura relata una historia desafortunada.

Un vigilante para un parque que nunca existió

De acuerdo con la base de datos de la Plataforma Nacional de Transparencia (PNT), esta área, desde 1979, estuvo bajo el resguardo del comisariado ejidal de Tlapacoya. Pero entre las administraciones de los gobernantes del Estado de México, Eruviel Ávila (2011-2017) y Alfredo del Mazo (2017-2023), últimos bastiones del Grupo Atlacomulco, hubo cambios en el uso y posesión de la tierra. 

Supuestamente, la zona fue reconocida como área natural, pero después cambió a espacio turístico, para construir el Parque Ecoturístico Cerro del Elefante que, de acuerdo con César Tejeda, contaría con lo siguiente:

Tirolesas, arroyos artificiales y espejos de agua, miradores, zonas para acampar, baños, una plaza principal y pistas para cuatrimotos.

Testimonio de César Tejeda en la Revista de la Universidad.

En la base de datos de la PNT se observa que las entonces autoridades del Estado de México, del Municipio de Ixtapaluca y otras entidades locales fueron omisas al no transparentar los oficios donde pudieran analizarse los contratos, presupuesto federal, manifiestos de impacto ambiental y autorización para construir el presunto espacio “ecoturístico”.

De acuerdo con El Universal, La Paz de Ixtapaluca debió ser inaugurada en 2017 como parte de un programa del Estado de México para descentralizar el arte. En aquel entonces, la editorial solicitó información para conocer el contrato para la creación de la escultura, pero el gobierno no respondió.

Además, la Dirección General de Desarrollo Urbano de Ixtapaluca, en el oficio IXTA/DDU/0105/2017, del 8 de mayo de 2017, se negó a entregar cualquier documento relacionado con la elaboración del Parque Ecoturístico Cerro del Elefante “por ser una obra realizada por el Estado de México”.

Un vigilante en el abandono

En su crónica sobre el Cerro del Elefante, César Tejeda documentó que la zona fue presa de la extracción de cantera por parte de algunos vecinos. Estas actividades desgastaron el cerro y ocasionaron algunos derrumbes; también remarcó que el cerro era verdoso y con algunos canales acuíferos. 

Cuando César Tejeda arribó por primera vez en automóvil, en enero de 2022, los locatarios cobraban una cantidad módica para visitar el sitio, también había grupos que se divertían al son de música y cervezas, había venta de comida y paseos familiares.

Al regresar al sitio, en mayo de 2023, lo encontró desolado, los pastizales fueron consumidos por incendios, ya no había música, ni gritos de niños jugando, solo un policía que compartía su comida con un perro. Al parecer el proyecto quedó en el olvido, pero “El Vigilante” permanece en el Cerro del Elefante. Antes de su pretendida inauguración, algunos paseantes la hicieron parte de Ixtapaluca al llenar con graffitis su parte inferior.

Algunas esculturas monumentales de Jorge Marín también están localizadas en el Estado de México. Entre ellas, El juego del mundo; en Atlacomulco; El Vigilante, en Ecatepec de Morelos; Plaza de alas, en La Marquesa, Ocoyoacac; El Camino, en Tecamac; y Equilibrio, en Valle de Bravo.

Esta investigación de Los Reporteros Mx, a través de la PNT, constató que el pasado 9 de diciembre de 2019, el Poder Judicial del Estado de México (PJEM), representado por el magistrado Juan Manuel Trujillo Cisneros, celebró con Jorge Marín el contrato AD-PJ-11/2019, para la exhibición pública y reproducción de su obra Ángel Persélidas Monumental.

En el contrato consultado por este reportero están censurados los datos personales del artista. No obstante, en la ficha catalográfica de la PNT aparece el nombre del escultor. Asimismo, en sus redes sociales, se le puede constatar como autor de la escultura. 

Por último, el contrato establece que los bienes solicitados debieron ser entregados por el proveedor en Toluca, capital del Estado de México. En aquel entonces, el PJEM pagó por la obra solicitada 2 millones 197 mil 844 pesos.

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