La intervención de Estados Unidos en Venezuela bajo el gobierno de Donald Trump no fue un acto de “liberación”, ni una cruzada ideológica contra la izquierda, fue como tantas otras veces en la historia de Estados Unidos una operación al margen de los pueblos y del derecho internacional. Fue una operación de control con varios objetivos y un solo beneficiario, el poder hegemónico.
El bombardeo en Caracas, los ataques a lanchas, la narrativa del narcotráfico y las drogas son pretextos, etiquetas útiles para criminalizar a un país, justificar acciones ilegales y convertir una intervención en “operativo de seguridad”.
Bloqueos, amenazas, bombardeos y operaciones encubiertas no son gestos humanitarios, son actos de fuerza que violan la soberanía de un país y normaliza que las potencias decidan quién gobierna y quién no. El derecho internacional, una vez más, fue pisoteado sin consecuencias reales.
Muchos festejan las arbitrariedades de Trump, les da gusto el secuestro de Maduro, les digo que esto no los hace demócratas, ni patriotas, ni defensores de la libertad, los convierte en cómplices de una lógica imperial que no distingue colores políticos, solo intereses, porque cuando se trata de control, la ideología es lo primero que se sacrifica.
Que Trump no nos venda cuentos cuando nosotros sabemos de historias, no es apoyo al pueblo venezolano, el guion es viejo, presión económica, asfixia financiera, amenaza constante y luego “negociación” bajo bombardeos.
Lo sabemos, no es solo el petróleo, es una pieza clave no se pone en duda pero no es el tablero completo, es control financiero, territorial, geopolítico y simbólico, es demostrar que ningún país que se salga del guion establecido puede hacerlo sin pagar un precio muy alto. Es enviar un mensaje a toda América Latina, te digo Juan para que entiendas Pedro.
Quien esté pensando que Estados Unidos busca justicia, democracia, o reparación histórica, o terminar con el narcotráfico no ha entendido cómo funciona el poder. El libreto es conocido, si no te pueden llamar dictadura, te llaman narcoestado, si no te pueden invadir, te asfixian, si no pueden justificar la guerra, la fragmentan en “incidentes”.
Así se hizo en Chile, cuando la economía fue estrangulada antes del golpe. Así se hizo en Irak, con el cuento de las armas inexistentes que dejó un país destruido, así se hizo en Libia, donde derrocaron al gobierno y entregaron el país al caos permanente. El patrón se repite, primero control, luego fragmentación, después silencio. La soberanía es la primera víctima.
Esto no va de derechas ni de izquierdas, esa “discusión” es para distraer, el verdadero juego se mueve entre élites que se reparten territorios, recursos y silencios, mientras el derecho internacional se arroja al basurero. ¡Ojo! Esto no es una excepción. Es un ensayo general.
Les mando un abrazo fraterno
Hacemos comunicación al servicio de la Nación y si así no lo hiciéramos, que el chat nos lo demande.

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