Por Nathael Pérez
Legisladores del PAN y del PRI viajaron a Washington para participar en una cumbre organizada por grupos conservadores de EUA donde se habló de “narcoterrorismo” en México, priorizando foros extranjeros y narrativas afines a la derecha estadounidense en un momento sensible para la relación bilateral.
Legisladores del PAN y del PRI viajaron a Washington D.C. para participar en la llamada Cumbre Contra el Narcoterrorismo, un foro organizado por sectores conservadores de Estados Unidos que ha promovido una narrativa de línea dura sobre seguridad y migración en México.
Entre los asistentes se encontró el diputado local del PAN, Raúl Torres Guerrero, quien anunció su participación en actividades realizadas en el Capitolio, donde abordó el tema del “narcoterrorismo” en México ante legisladores y actores políticos estadounidenses. A la delegación también se sumó Tania Larios, coordinadora del PRI en el Congreso de la Ciudad de México.
El viaje generó críticas inmediatas, no solo por el contenido del foro, sino por el momento en que se realizó. De acuerdo con legisladores del oficialismo, los diputados de oposición se ausentaron de una sesión ordinaria del Congreso capitalino para acudir al evento en EUA, lo que es una falta de responsabilidad frente a su labor legislativa y a los ciudadanos que representan.
Es cuestionable que la oposición recurra a foros extranjeros organizados por corrientes políticas conservadoras, los cuales han sido utilizados para difundir narrativas que estigmatizan al país y que, en el pasado, han servido como argumento para justificar presiones externas sobre México.
Raúl Torres justificó su presencia en Washington bajo el argumento de “incidir” en la relación bilateral y denunciar presuntas fallas del gobierno federal en materia de seguridad. Sin embargo, esta postura ha sido señalada como políticamente irresponsable, al reproducir en foros extranjeros discursos alineados con la derecha estadounidense, los mismos que históricamente han servido para endurecer la postura de EUA contra México y abrir la puerta a mayores presiones e intentos de injerencia.
El episodio se da en un momento delicado para la relación México–EUA, y que legisladores mexicanos viajen a Washington para respaldar discursos de la derecha estadounidense no es diplomacia, sino cabildeo contra su propio país, demostrando una subordinación política y el entreguismo, motivado por intereses ajenos más que por la defensa de la soberanía nacional.














