Un estudio de la Universidad de Yale muestra que mantener la presión arterial bajo control disminuye el riesgo de demencia, aun en personas con genes asociados al Alzheimer, como el APOE ε4.
La investigación, desarrollada por la Facultad de Medicina de Yale, analizó datos de decenas de miles de personas provenientes de grandes cohortes internacionales. El objetivo fue entender cómo interactúan la genética y la salud vascular en el desarrollo del deterioro cognitivo.
Los resultados indican que la predisposición genética y el daño vascular incrementan el riesgo de forma independiente, sin potenciarse entre sí. Esto significa que, aunque una persona tenga una carga genética desfavorable, el cuidado de la salud cardiovascular sigue siendo un factor modificable y decisivo.
El estudio puso especial atención en la hiperintensidad de la sustancia blanca, una lesión cerebral asociada a la hipertensión prolongada. Este daño, detectable mediante resonancia magnética, se relaciona con una mayor probabilidad de demencia, pero también ofrece una ventana de intervención temprana.
Los investigadores concluyen que la demencia no es un destino inevitable. El control médico regular, la prevención cardiovascular y hábitos saludables pueden reducir de forma significativa el riesgo de deterioro cognitivo y proteger la salud cerebral a largo plazo.

