La presidenta informó que grupos ultraconservadores, sobre todo desde el exterior, buscan frenar la transformación, por lo que llamó a definir posturas y pidió apoyo ciudadano.
A días de cumplir siete años de la Cuarta Transformación, la presidenta Claudia Sheinbaum advirtió sobre la actividad de grupos ultraderechistas, los cuales se organizan desde fuera y usan las redes sociales para atacar al gobierno.
Explicó que no se trata solo de gobiernos, sino de grupos muy conservadores que se alían entre sí. Añadió que algunos actores nacionales los contactan y hasta piden intervención desde Estados Unidos.
Por este motivo hizo un llamado claro: cada quien debe tomar posición y decir si apoya la soberanía, ya que aseguró pedir intervención extranjera es distinto a discrepar con las políticas internas.
Sheinbaum afirmó que recibe muchas descalificaciones, pero que se mantiene tranquila, pues ha recibido fuertes críticas de otros presidentes y comentó que ya superó ese tipo de ataques.
Además, aseguró que la gente la acompaña en sus giras y que siente cariño popular e insistió en no traicionar a la ciudadanía y en celebrar los avances del país.
Por otra parte, destacó que la CEPAL reconoció la caída de la pobreza en México y enumeró programas sociales y empleo; también reconoció los retos por aranceles de Estados Unidos, pero afirmó que el próximo año irá mejor.
Finalmente, invitó a la población a la asamblea del 6 de diciembre en el Zócalo pidió que el acto sirva para reafirmar la defensa de la soberanía y el bienestar de las familias.
El alcalde Mauricio Tabe abre espacios públicos a la OCDA mientras vecinos critican la privatización del parque Lincoln y el uso comercial del espacio.
Mauricio Tabe Echartea, alcalde de Miguel Hidalgo, parece tener una visión muy particular de la “proximidad con la ciudadanía”: abrir el teatro Ángela Peralta, en pleno parque Lincoln de Polanco, para un acto de la Organización Demócrata Cristiana de América (OCDA) que defendió a detenidos por la violencia en la marcha de la generación Z.
El evento, llamado “Por la Libertad”, incluyó una exposición de supuestos “presos políticos” de Venezuela, Cuba y Nicaragua. La convocatoria marcaba vestimenta blanca, pero algunos asistentes, como Margarita Zavala, se saltaron las reglas, tal como Tabe parece saltarse la prioridad de su propio parque: mientras permite que la ultraderecha lo use, vecinos denuncian clases de acondicionamiento físico privadas que monopolizan el espacio.
Con la promesa de abrir más espacios públicos a grupos afines a la ultraderecha, Tabe demuestra que, para él, la “libertad” parece significar privilegios selectivos, política partidista y poco respeto a los ciudadanos que pagan impuestos. Mientras tanto, la empresa Barbie Fitness BTS sigue ocupando el parque con sus clases, sin que quede claro qué recibe la alcaldía a cambio.
Entre fotos de poco público y discursos sobre la libertad, Miguel Hidalgo se convierte en escenario de favoritismos y privatización mientras los vecinos exigen que Tabe explique cómo rinde cuentas.
Se les acusa de ser meros “lacayos” del periodista ultraderechista español Javier Negre, dedicados al “golpeteo bajo” en lugar de al análisis serio. Destaca el activismo ruidoso y la grosería de Adler, la ideología radical de Bustos Thames y la ambición política de Santurio.
Qué fácil se les hace a ciertos personajes pasear su mediocridad con aires de sabelotodos.
Resulta que en el rincón más polvoriento del ecosistema digital, conocido como La Derecha Diario, se ha consolidado un grupo de periodistas “críticos” y “apegados a la verdad”, pero que de originales no tienen nada.
Hablamos de Juan Pablo Bustos Thames, Daniel Adler (el autodenominado “Gordo Dan”), y Santiago Santurio, tres figuras que más que escribir columnas o notas informativas, parecen operar como la brigada de utilería del verdadero jefe de la función: el mismísimo influencer ultra español, Javier Negre.
Es decir, son los lacayos con libreta, los monaguillos con megáfono de la cruzada libertaria.
Bustos Thames, Santurio y Adler no son pensadores; son meros repetidores de un libreto preestablecido. Sus escritos, lejos de ofrecer análisis profundos, son poco más que gritos destemplados envueltos en la bandera del “combate cultural”.
En lugar de proponer ideas, se dedican a la gimnasia del golpeteo bajo, la descalificación y el linchamiento digital, práctica que, no sorprende, aprendieron a la perfección de su mentor peninsular.
Bustos Thames, con su perfil casi anónimo, parece el más aplicado de los tres, escribiendo sin descanso sobre el dogma liberal y negando cualquier atisbo de complejidad social que no encaje en su ideología de derecha radical. No investiga, recita.
En 2018 fue detenido tras ser señalado como presunto integrante de una red dedicada a robar y vender información reservada de la AFIP. La Policía Federal allanó el estudio jurídico y el domicilio de Bustos en busca de soportes electrónicos y documentación vinculada al caso, quedando incomunicado tras los procedimientos.
Luego está el fenómeno Daniel Adler, personaje conocido por su activismo ruidoso en redes y su participación en eventos como “La Misa del stream Carajo”, no solo genera polémica sino que parece vivir de ella.
Su modus operandi es tan sutil como un martillazo: la burla homofóbica y el insulto como argumento principal. Si la ultraderecha argentina tuviera un jingle, probablemente lo cantaría entre un improperio y una arenga. Es la prueba viva de que la “libertad” que pregonan se reduce, en la práctica, a la libertad para ser grosero. Su rol no es informar, es arengar al bajo instinto.
Adler, conocido como “Gordo Hitman”, se presenta en redes y en canales de streaming como un especialista en seguridad y contraterrorismo con un pasado heroico en las fuerzas especiales israelíes, pero su biografía oficial está llena de inconsistencias: no hay registros de sus supuestas condecoraciones, misiones o cargos, y su trayectoria real se acerca más a la de un coach financiero devenido prestamista que administra empresas sin sustento comprobable.
Finalmente, encontramos a Santiago Santurio, quien utiliza La Derecha Diario no solo como plataforma de opinión, sino como pista de despegue para su carrera política dentro del espacio de La Libertad Avanza.
Santurio es la cara más visible de esta operación: el joven político ambicioso que, en lugar de debatir ideas serias, se alinea al circo mediático. Su principal escándalo no son los sobres con dinero, sino los sobres de lealtad incondicional que reparte a la dirigencia del partido, asegurando su lugar en la foto, aunque el costo sea el rigor intelectual y la decencia periodística.
El escándalo de los sobresueldos en el Ministerio de Capital Humano comprometió a Javier Milei a través del diputado Santiago Santurio, un dirigente cercano al Presidente cuya proyección había crecido tras la salida de Oscar Zago del bloque libertario.
Santurio, referente conservador y aliado de Martín Menem, fue señalado dentro de La Libertad Avanza por su presunto involucramiento en contratos irregulares con la OEI y por haber intentado posicionarse para reemplazar a Pettovello desde Educación, mientras mantenía vínculos con estructuras políticas y policiales cuestionadas por realizar inteligencia sobre vecinos en San Miguel.
Todo ello amplificó el malestar y las sospechas dentro y fuera del oficialismo.
Son estos tres, en el fondo, los que validan el chiste: que en La Derecha Diario, el único periodismo que importa es el que aplaude a sus jefes, sean estos españoles o locales. Son el coro griego del odio y la poca sustancia.
La candidata de centroizquierda obtuvo 26.7% de los votos y aventaja por estrecho margen al ultraderechista José Antonio Kast; la segunda vuelta será decisiva el 14 de diciembre.
Jeannette Jara, militante comunista y candidata presidencial de la coalición Unidad por Chile, se impuso en la primera vuelta de las elecciones presidenciales con 26.7% de los votos, superando al ultraderechista José Antonio Kast, quien alcanzó 24.05%.
El resultado fue más estrecho de lo esperado, dejando un panorama altamente competitivo para la segunda ronda, programada para el 14 de diciembre, donde los apoyos de terceras fuerzas podrían ser decisivos.
El economista-populista Franco Parisi, con su lema “ni fachos ni comunachos”, obtuvo 19.5%, mientras que el emergente ultraderechista Johannes Kaiser alcanzó 13.9%. La gran perdedora fue Evelyn Matthei, de la derecha histórica, quien apenas logró 12.5%, tras una caída constante durante los últimos seis meses de campaña.
En su discurso, Jara hizo un llamado a electores de la derecha e independientes para buscar consensos de cara a la segunda vuelta. “Quiero saludar a aquellos que han enfrentado grandes problemas y a quienes han sabido interpretar el sentir ciudadano”, afirmó, en referencia a Parisi y a Matthei.
Kast, por su parte, aseguró que “las fronteras serán cerradas” y prometió combatir al crimen organizado, mientras agradeció a Dios y destacó que la primera vuelta es solo un paso hacia la contienda final.En el plano legislativo, las primeras cifras sugieren un avance de la derecha en el Congreso, con posibles mayorías en ambas cámaras, lo que representa un desafío para la centroizquierda en los próximos cuatro años.
La ultraderecha, montada sobre un falso patriotismo, vende nostalgia; promete un pasado mítico que nunca existió. Los seguidores de Trump, Bolsonaro, Milei, Bukele, Le Pen y Abascal han activado una interconexión global a través del uso estratégico de redes sociales.
El movimiento de la ultraderecha, entendido como un conjunto de estrategias y partidos que promueven discursos ultraconservadores, ultranacionalistas y autoritarios, se encuentra en un momento de auge global sin precedentes.
Y está avanzando a pasos agigantados.
Su ideología, que hunde sus raíces en el pensamiento contrarrevolucionario –como la que pregonó el filósofo reaccionario Joseph de Maistre– y el fascismo histórico –encarnada por Benito Mussolini y José Antonio Primo de Rivera– ha evolucionado a través de cuatro olas post-Segunda Guerra Mundial, culminando en la actual, que está marcada por la interconexión global y el uso estratégico de redes sociales.
Pero hablar sobre el resurgimiento de la ultraderecha exige asomarse a la sociología y a la psicología de las masas. Y es que se trata de un fenómeno complejo y multicausal que se alimenta de la crisis de la globalización, la desafección hacia las élites políticas tradicionales y las ansiedades socioeconómicas de grandes segmentos de la población.
Ahora bien, es importante saber qué contexto ha propiciado la reaparición de la ultraderecha.
De entrada, la deslocalización del trabajo y la expansión global del mercado han generado “ganadores y perdedores”, incrementando, cada vez más, las brechas de renta.
Pero hay un elemento adicional: la crisis global de 2008 y sus secuelas comenzaron a exacerbar la desafección hacia los sistemas políticos.
Inmigración como Agravio Central
Es importante señalar que la inmigración es un elemento unificador y central en el discurso de la ultraderecha. Y se articula en torno al concepto de Überfremdung (“sobre-extranjerización”) y la percepción de una amenaza a la identidad nacional y la homogeneidad cultural.
También hay que subrayar que la ideología ultraderechista opera bajo una lógica populista, que divide a la sociedad en “el pueblo puro” y la “élite corrupta“.
Este discurso, que está apoyado en bases endebles y hasta ramplonas, se propone simplificar problemas complejos y, una vez hecho eso, movilizar a votantes que se sienten “relegados por el Estado” y desatendidos por la democracia representativa.
Y esas estratagemas, desafortunadamente, están ganando terreno en el concierto político mundial.
De hecho, los líderes ultraderechistas están forjando una alianza global (y ejemplos abundan: la formación Patriotas por Europa en el Parlamento Europeo, uniendo a Vox, el FPO, el PVV y la Agrupación Nacional de Le Pen), con el propósito de crear redes transnacionales que comparten retórica, comunicación y estrategias.
La tendencia está marcada por líderes que han alcanzado o mantienen posiciones de poder. Y, para muestra, basta enlistar un puñado de ejemplos paradigmáticos:
América: Donald Trump (EUA), Jair Bolsonaro (Brasil), Javier Milei (Argentina), Nayib Bukele (El Salvador).
Europa: Viktor Orbán (Hungría), Giorgia Meloni (Italia), Geert Wilders (Países Bajos), Marine Le Pen (Francia), Santiago Abascal (España – Vox).
Asia: Narendra Modi (India), cuyo partido (BJP) comparte rasgos ultranacionalistas y autoritarios.
El ascenso del falso patriota
La patria es otra de las palabras recurrentes de la ultraderecha. Sin embargo, aquí hay que tener mucho cuidado porque el supuesto “patriotismo” de la ultraderecha, en realidad, propone un nacionalismo excluyente que define al ciudadano por lo que odia.
La ultraderecha, por otra parte, demoniza a la víctima (migrante, colectivo LGTBI) para cohesionar a la mayoría.
Lo cierto es que el auge ultra es el síntoma de una democracia enferma de desigualdad y desconfianza.
Infelizmente, donde hay crisis de identidad y desigualdad, la ultraderecha siembra su discurso binario.
La ultraderecha no solo busca el poder: su objetivo es normalizar el miedo, el odio y la intolerancia, utilizando populismo, nostalgia y redes digitales para socavar la democracia en todo el mundo.
La ultraderecha no es un accidente, es un mal que se reinventa sin descanso.
Desde sus bases reaccionarias que añoran un pasado jerárquico hasta los líderes populistas de hoy, su estrategia sigue siendo la misma: explotar miedos, culpar al diferente y corroer la democracia.
No importa el continente ni la época. Wallace en EUA, Le Pen en Francia, Bolsonaro en Brasil, Trump en Estados Unidos o Meloni en Italia comparten el mismo manual: populismo autoritario, nostalgia de un pasado idealizado y ataques sistemáticos a minorías y derechos. No buscan gobernar con justicia; buscan movilizar resentimiento y miedo para fortalecer su base.
Hoy la ultraderecha se actualiza. Las redes sociales amplifican sus mensajes, los nacionalismos extremos inventan enemigos y los discursos confunden libertad con imposición. Cada triunfo electoral demuestra que no solo persiguen poder, sino que quieren normalizar la intolerancia y hacer que lo extremo parezca aceptable.
Lo más alarmante no es solo lo que hacen en el poder, sino lo que logran en nuestra mente: transformar el odio en conversación cotidiana y hacer que la democracia se vea débil frente a sus amenazas.
Después de 1945, cuando el fascismo fue marginado, aprendieron a camuflarse.
De acuerdo con Cas Mudde, su evolución se puede seguir en cuatro olas:
La primera (1945-1955) fue marginal, con grupos neofascistas perseguidos.
La segunda (1955-1980) surge en la Guerra Fría con populismo de derecha moderado pero cargado de segregación y resentimiento, encarnado por George Wallace.
La tercera (1980-2000) capitaliza la globalización con discursos nativistas y autoritaristas, ejemplificada por Jean-Marie Le Pen.
La cuarta (2000-actualidad), la ultraderecha 2.0, se alimenta de crisis económicas, inseguridad y redes digitales, llevando su populismo autoritario y nacionalismo excluyente al mainstream.
Si seguimos la cronología, los ejemplos son claros: Joseph de Maistre sentó las bases de una ultraderecha que ve la tradición y la religión como únicas garantías frente al “peligro” de la libertad; George Wallace movilizó resentimiento racial y social; Jean-Marie Le Pen normalizó la ultraderecha electoral y su hija Marine la llevó al poder de manera más “respetable”.
En el siglo XXI, la estrategia se refina. Trump fusionó populismo nativista con posverdad y ataques a medios e instituciones; Orbán construyó una democracia iliberal controlando medios y destruyendo contrapesos; Meloni gobierna Italia con nacionalismo pragmático que suaviza formas pero mantiene fondo autoritarista; Bolsonaro explotó la nostalgia dictatorial; Milei convierte la furia económica en ultraderecha libertaria; y Santiago Abascal mezcla islamofobia, nacionalismo extremo y ataques a la diversidad en España.
En México, la ultraderecha no tiene un partido hegemónico, sino que se infiltra a través de grupos de presión social que impulsan una agenda de retroceso moral.
Aunque el populismo gobernante actual se ubica en el centro-izquierda, la retórica anti-derechos, la negación del cambio climático y la defensa de un conservadurismo extremo son financiadas y promovidas por élites empresariales y sectores ideológicos que ven en la polarización cultural una forma de frenar el avance progresista.
El hilo común es evidente: la ultraderecha transforma miedo en política, resentimiento en votos y radicalismo en consenso social.
Lo peligroso no es solo que llegue al poder, sino que logra normalizar discursos de odio y exclusión, haciendo que lo extremo parezca cotidiano y la democracia vulnerable.
La Presidenta criticó que el lema “Patria, familia y libertad” utilizado por el PAN tiene raíces en el fascismo europeo y afirma que en México estos valores se conquistaron con los movimientos sociales.
La presidenta Claudia Sheinbaum Pardo cuestionó el origen del nuevo lema del PAN, “Patria, familia y libertad”, señalando que proviene de los postulados del líder italiano Benito Mussolini, icono del fascismo europeo del siglo XX.
Durante la Mañanera del Pueblo, en respuesta a una pregunta del director general de Los Reporteros MX, Manuel Pedrero, la mandataria explicó que en México estas palabras tienen un significado muy distinto: la familia representa la diversidad y el apoyo comunitario; la libertad es fruto de la lucha social, no de concesiones elitistas; y la patria se construyó a través de la soberanía y la justicia, desde los Sentimientos de la Nación hasta la Constitución de Apatzingán.
Sheinbaum enfatizó que el PAN intenta reinterpretar estos valores históricos para impulsar un proyecto político agotado, pero advirtió que “están moralmente derrotados”.
En tono crítico, recordó que los periodos de PRI y PAN fueron los momentos con menos libertades en México y que los movimientos sociales siempre han sido los verdaderos defensores de los derechos ciudadanos. “No podrían hablar libremente si viviéramos en un régimen autoritario”, afirmó, en respuesta a acusaciones de “totalitarismo” hacia su gobierno.
La Presidenta también vinculó el relanzamiento del PAN con sectores de ultraderecha, destacando que este enfoque carece de asidero histórico en el país. Además, señaló que líderes panistas como Ricardo Anaya fueron señalados por corrupción y lavado de dinero, y que el partido no ha presentado un proyecto sólido para México.
Concluyó que el lema panista, de origen fascista, no refleja la realidad mexicana y solo busca legitimar un discurso político obsoleto, mientras que la Cuarta Transformación defiende los valores de justicia social y participación ciudadana.
Las elecciones en Japón han visto un repunte de la ultraderecha, liderada por el partido Sanseito. Este fenómeno se basa en la estrategia de un ‘outsider’ que aprovecha la crisis económica y el poder de las redes sociales.
Sanseito, bajo el liderazgo de Sohei Kamiya, ha ganado terreno al difundir teorías de conspiración y atacar la inmigración. En las recientes elecciones de la Cámara Alta, el partido logró 14 escaños, aumentando su representación en 12.
La coalición de centro-derecha, encabezada por el partido dominante PLD, perdió algunos escaños y su líder, el primer ministro Shigeru Ishiba, se enfrenta a un panorama complicado. Ishiba ya había perdido la mayoría en la Cámara Baja, lo que limita su capacidad para implementar políticas efectivas.
La crisis económica, exacerbada por los aranceles impuestos por el presidente estadounidense Donald Trump, ha sido un factor clave en la situación actual. Japón enfrenta un aumento de precios, especialmente en el arroz, un alimento básico. La escasez de este producto también ha generado inquietud entre la población.
Kamiya ha adoptado un enfoque de “Japón primero”, inspirado en la campaña de Trump. Esta retórica ha resonado en un país que experimenta un aumento en el número de residentes extranjeros, lo que Sanseito considera un problema. El partido propone limitar la inmigración y dificultar la naturalización.
Además, Sanseito busca reformar la constitución para eliminar algunas garantías de derechos humanos y rechazar el matrimonio igualitario. Kamiya se muestra dispuesto a colaborar con el gobierno siempre que las políticas estén alineadas con su agenda conservadora.
Mientras tanto, el Partido Democrático para el Pueblo ha cuadruplicado su representación en la Cámara Alta, pasando de cuatro a 17 escaños. Esto podría facilitar la formación de alianzas entre fuerzas conservadoras.
El ascenso de la ultraderecha en Japón plantea un escenario incierto para el futuro del país y su política. La combinación de descontento social y discursos populistas puede cambiar la dinámica política en Japón en los próximos años.
Mariana Gómez del Campo, diputada plurinominal panista y sobrina del ilegítimo Felipe Calderón, generó controversia en X tras elogiar la victoria del conservador y ultraderechista, Daniel Noboa, en Ecuador. En su publicación, afirmó que los mexicanos que creen en la democracia deben reconocer el triunfo del nuevo presidente ecuatoriano.
Su comentario no pasó desapercibido. Muchos usuarios de la plataforma reaccionaron con críticas. Algunos cuestionaron su lealtad a la democracia, señalando que su apoyo a Noboa refleja una postura problemática. “La sobrina del espurio reconociendo el triunfo de otro espurio”, escribió un usuario en respuesta a su mensaje.
Otros comentarios fueron incluso más duros. Un usuario la acusó de tener una “mente colonizada” y le pidió que dejara de defender a alguien que, según él, invadió suelo mexicano. “¡Váyanse a chingar a su madre!”, concluyó, expresando su descontento hacia Gómez del Campo y sus seguidores.
Además, algunos usuarios críticos la acusaron de ser “fascistoide” por avalar una elección marcada por un estado de excepción. “Es lamentable que sigas del lado incorrecto de la historia”, le advirtieron.
La polémica se intensificó cuando otros usuarios le recordaron que no todos los mexicanos comparten su opinión. “No hables por todos”, replicó uno de ellos, enfatizando que su visión no representa a la totalidad del país.
Este intercambio en redes sociales pone de relieve las tensiones políticas en México y Ecuador, así como la polarización entre diferentes corrientes ideológicas. Las reacciones a las declaraciones de Gómez del Campo continúan generando debate y división en el ámbito político.
Mario Vargas Llosa, el célebre escritor y ganador del Premio Nobel de Literatura, murió este domingo a los 89 años en Lima, Perú. Sus hijos confirmaron la noticia en un comunicado en la red social X.
La familia compartió que no habrá ceremonia pública. “Nuestra madre y nosotros confiamos en tener el espacio para despedirlo en familia”, indicaron. La presidenta de Perú, Dina Boluarte, lamentó su fallecimiento y lo calificó como un “ilustre peruano de todos los tiempos”.
Vargas Llosa fue una figura influyente en la literatura hispanoamericana. Sin embargo, su legado también incluye su apoyo a gobiernos de ultraderecha en América Latina. Defendió políticas conservadoras y criticó a la izquierda, especialmente en México bajo el liderazgo de Andrés Manuel López Obrador.
Nacido en Arequipa, Vargas Llosa fue parte del movimiento literario conocido como el Boom latinoamericano. En 2010, recibió el Nobel por su análisis del poder y la resistencia en sus obras. Su prosa rica y variada abarcó géneros desde la novela histórica hasta la ficción erótica.
A pesar de su gran talento literario, su inclinación hacia la ultraderecha generó críticas. En sus últimos años, regresó a Lima y continuó escribiendo, dejando una huella tanto en la literatura como en el debate político.
La influencia de Vargas Llosa seguirá presente en las letras y en la política de América Latina. Su vida y obra reflejan un compromiso constante con sus ideologías, que han marcado su carrera.