En el sur de Chile, intensos incendios forestales han provocado una grave crisis, dejando 18 muertos confirmados, miles de evacuados y comunidades consumidas por las llamas. Las regiones más afectadas son Biobío y Ñuble, donde el fuego ha arrasado extensas áreas de bosque.
Ante la magnitud de la emergencia, el presidente Gabriel Boric decretó un estado de excepción constitucional de catástrofe y, como parte de las medidas extraordinarias, se impuso un toque de queda en varias comunas gravemente afectadas. Esta restricción busca facilitar las labores de combate del fuego, garantizar el orden público y evitar desplazamientos innecesarios que puedan obstaculizar el trabajo de los equipos de emergencia.
La medida, anunciada por el jefe de la Defensa Nacional para la región del Biobío, contraalmirante Edgardo Acevedo, se aplica en localidades como Lirquén, Penco, Nacimiento y Laja. El cual prohíbe la circulación de personas y vehículos durante las horas establecidas, con excepción de quienes participan directamente en las labores de combate al fuego o en tareas de emergencia, como bomberos, personal médico y fuerzas de seguridad.
Las autoridades han señalado que las condiciones climáticas adversas, como las altas temperaturas, la baja humedad y los fuertes vientos, han complicado el control de los siniestros, permitiendo que el fuego se propague rápidamente. En respuesta, se reforzó el despliegue de brigadistas, bomberos y fuerzas armadas, además del uso de aeronaves para combatir las llamas y proteger zonas habitadas consideradas de alto riesgo.
La mayoría de los incendios han sido originados por negligencia o reportados como intencionales, por lo que para impedir nuevos siniestros, se ha prohibido el transporte de combustibles en bidones y el encendido de fogatas.
Hasta ahora, se estima que hay 30 incendios activos y se establecen más de mil viviendas destruidas. En el Biobío, las comunidades de Punta de Parra, Lirquén y Penco han presentado mayores daños y más cadáveres calcinados.






