La participación de la familia Azcárraga dentro de Grupo Televisa continúa reduciéndose.
En días recientes se dio a conocer que Emilio Azcárraga Jean vendió cerca de 26 mil millones de acciones Serie A, a los principales ejecutivos de Televisa, un movimiento que disminuye de forma significativa su poder dentro de la televisora.
Dichas acciones pasarán a manos de Bernardo Gómez Martínez y Alfonso de Angoitia Noriega, copresidentes ejecutivos de la cadena, quienes obtendrán aproximadamente el 11% de participación cada uno. Con esta operación, Azcárraga Jean conservará alrededor del 24% de las acciones, una cifra menor a la que tradicionalmente mantuvo.
De igual manera, el empresario reforzó su presencia en Ollamani, empresa encargada de los negocios de futbol y entretenimiento, entre ellos el Club América. De acuerdo con el columnista de La Jornada, Enrique Galván Ochoa, Azcárraga incrementó su participación accionaria al 38%, mejorando su control dentro de la empresa y marcando una separación clara entre el América y Grupo Televisa.
Este movimiento se suma a la reciente venta del 49% del América y del Estadio Azteca al fondo General Atlantic, inversión que estará destinada principalmente a la remodelación del inmueble de cara al Mundial de 2026.
Cabe recordar que Emilio Azcárraga Jean dejó de formar parte del Consejo de Administración de Televisa en 2024, tras una investigación del FIFAGate, en la que fue acusado de sobornar con 15 millones de dólares para asegurar derechos de transmisión de las Copas del Mundo de 2018, 2022, 2026 y 2030. Estas acusaciones también provocaron una caída en el valor de las acciones de Televisa en la Bolsa Mexicana de Valores.
La figura de Roberto Gómez Bolaños, conocido, dentro y fuera de México, como Chespirito, evoca, en el imaginario colectivo, un torrente de risas asociadas con el humor y la inocencia.
Personajes como El Chavo del 8, El Chapulín Colorado o El Chompiras, entre muchos otros, acompañaron y deleitaron a varias generaciones de niños, jóvenes y adultos en toda Latinoamérica.
Pero debajo del traje del Chapulín colorado se escondía un hombre conservador, reaccionario y que simpatizaba con las dictaduras.
Roberto Mario Gómez Bolaños, nacido en la Ciudad de México, en 1929, se jactaba de que la comedia y el humor blanco eran la piedra angular de su trabajo.
Y, en efecto, sus programas no recurrían al lenguaje procaz ni a las vulgaridades, ni a los chistes subidos de tono.
Y ese formato, que se esforzaba mañosamente en adherirse a los valores universales, hacía que su programa fuera apto y consumible para un público de todas las edades.
Bolaños, que se juraba admirador de Shakespeare, diseñó a sus personajes con atributos simplones.
Su fin era tratar de entretener a un público amplio sin complicarse la existencia y recurriendo a temas controvertidos.
El Chavo del 8 nació en una empresa llamada Televisión Independiente de México, que después se convertiría en Televisa, y ahí, en esa empresa, que simpatizaba con el poder político en turno, cuidaban las formas y él lenguaje.
Y justo por eso, Gómez Bolaños cuidaba, en todo momento, que sus personajes no emplearan un lenguaje ofensivo ni incurrieran situaciones inapropiadas.
Gómez Bolaños, que tenía un carácter acobardado, no quería hacer enfurecer a Emilio Azcárraga Vidaurreta ni Eugenio Garza Sada, dueños y fundadores de aquellas empresas.
Se trataba de un humor conservador con una alta dosis de ramplonería.
De hecho, gran parte del humor de Bolaños se basaba en sketches anodinos: caídas, golpes, gestos exagerados y situaciones visualmente cómicas.
Sin embargo, esos componentes no eran originales y, en su mayoría, estaban extraídos de la comedia clásica, especialmente de Charles Chaplin y El Gordo y el Flaco, a quienes Chespirito admiraba y se esforzaba en imitar.
El personaje principal de Bolaños,
El Chavo, era un niño huérfano que vivía en una vecindad.
El personaje presumía tener un corazón enorme y una imaginación desbordante. Todas sus características y sus interacciones eran predecibles, y estaban acompañadas, siempre, por un giro cómico.
El objetivo de Bolaños era generar una conexión inmediata con el público.
Se trataba, en todo caso, de adultos interpretando a niños.
Pero Bolaños tenía un objetivo muy claro: que sus personajes, El Chavo, el Chapulín Colorado, Don Ramón, Quico, Doña Florinda, Jaimito El Cartero y otros que llegaron después, representaran arquetipos fácilmente reconocibles en la sociedad.
Sin embargo, detrás de todos estos velos de comedia e inocencia, se escondía una faceta poco conocida y que, actualmente, sus admiradores se han empeñado en eludir.
Por alguna razón, los biógrafos de Chespirito han pasado de largo ante uno de los aspectos más controvertidos de la vida de Roberto Gómez Bolaños, que es su participación en eventos y espectáculos organizados por dictaduras militares en América Latina.
Como se sabe, durante varias décadas las dictaduras militares sepultaron la democraciabajo un manto de plomo.
Pero eso no pareció importarle al creador de El Chapulín colorado.
Documentos y testimonios de la época confirman que Bolaños no solo realizó giras por diferentes países sudamericanos, sino que, sin oponer ninguna resistencia ni objeción, aceptó presentarse en Chile durante la dictadura de Augusto Pinochet y en Argentina bajo la Junta Militar de Jorge Rafael Videla.
Y aquí es fundamental contextualizar el periodo de estas presentaciones. En Chile, el régimen de Pinochet, que subyugó a esa nación durante 17 años, de 1973 a 1990, es recordado por una brutal ola de crímenes, una terrible represión política y violaciones sistemáticas a los derechos humanos.
El Informe Rettig, de 1991, por ejemplo, documentó 3 mil 197 personas asesinadas y desaparecidas por razones políticas, mientras que el **Informe Valech (2004)**registró 38 mil 254 víctimas de prisión política y tortura.
Bolaños sabía perfectamente que la dictadura había prolongado su sombra por todo Chile. Sin embargo, eso no le impidió aceptar la invitación del gobierno de Pinochet y, en 1977, se presentó en el Estadio Nacional de Santiago. Se estima que unas 17 mil personas se dieron cita en el lugar para recibir a Chespirito y sus acompañantes.
Hay voces críticas que aseguran que, antes de aceptar la invitación, Bolaños se enteró de que miles de hombres habían sido recluidos precisamente ahí, en el Estadio Nacional, mientras sus esposas y familiares se reunían en las afueras para saber en qué estado se encontraban sus seres queridos.
Ahí, en el estadio que sirvió como escenario para las chanzas de El Chavo, los detenidos por la dictadura habían sido sometidos a torturas eléctricas, golpes, vejaciones sicológicas, mala alimentación y hacinamiento.
Chespirito supo que en los camarines, salones y baños que utilizaron él y los actores que lo acompañaron habían funcionado como campo de concentración. También supo que, ahí mismo, donde fue vitoreado y aplaudido, habían muerto varias decenas de chilenos.
No obstante, Roberto Gómez Bolaños recibió con indiferencia que aquel estadio hubiera sido utilizado como centro de detención y tortura.
La mañana del el 12 de octubre de 1977, El Chavo y su comparsa, se presentaron en la cancha del Estadio Nacional para ofrecer una función.
Pero vayamos al meollo del asunto:
El objetivo del dictador Augusto Pinochet era que, a través de Chespirito, el pueblo chileno se olvidara de las torturas eléctricas, de los golpes, las vejaciones sicológicas, la mala alimentación, el hacinamiento y la muerte de cientos de personas.
Se calcula que aquella mañana se reunieron, en el Estadio Nacional de Chile, unas 35 mil personas para recibir su dosis de pan y circo, vía Chespirito.
Un año después, en 1978, Gómez Bolaños aceptó la invitación del dictador Jorge Rafael Videla, quien, en ese momento, era miembro de la Junta Militar y presidente de facto de Argentina.
El sombrío Videla, poco después se supo, había sido autor de 469 crímenes de lesa humanidad: 66 homicidios, 306 secuestros, 97 torturas y 26 robos.
Pero esos antecedentes tampoco impidieron que Chespirito y sus comitiva de actores aceptaran actuar en el estadio Luna Park de Buenos Aires, el 9, 10 y 11 de noviembre de ese año, en el Luna Park.
A Gómez Bolaños, que recorrió Latinoamérica intensamente durante esa década oscura, no pareció alterarle que, al igual que Pinochet, la Junta Militar encabezada por Videla, acumulara una espesa nube de sombras a su alrededor.
La Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas (CONADEP) en su informe “Nunca Más”, de 1984, estimó cerca de 9 mil desaparecidos, cifra que organismos de derechos humanos elevan a 30 mil.
En ambos contextos, la presencia de una figura de la talla de Chespirito, con su poder de convocatoria y explotando su aura de “inocencia”, fue interpretada por algunos de sus críticos, como un aval implícito o una normalización de dichos gobiernos, o al menos, una manifiesta indiferencia ante las atrocidades cometidas.
Y es que las risas arrancadas por Chespirito en aquellos escenarios fue percibida como una burla hacia las familias de las víctimas de la dictadura.
Hubo quien aseguró que fue una cooptación del entretenimiento para distraer de la represión.
Es importante destacar que el uso de muletillas y la repetición de gags o situaciones cómicas eran una constante en el trabajo de Chespirito. Y este “humor blanco” y simplón fue precisamente el que la ayudó a trascender barreras geográficas y culturales.
Los regímenes dictatoriales suelen buscar la adhesión popular o al menos la pasividad de la población, y la presencia de figuras mediáticas carismáticas ayuda a proyectar una imagen de normalidad, orden y bienestar. Esto desvía la atención de las violaciones a los derechos humanos y el terrorismo de Estado.
La presencia de Chespirito en estos países, incluso si su objetivo era “llevar alegría”, operó dentro de una lógica de legitimación cultural.
La dimensión sociológica de estos eventos radica en cómo la cultura popular puede ser cooptada para fines políticos, consciente o inconscientemente, por parte del artista.
En el marco del concepto de “pan y circo”, descrito por Juvenal, estas presentaciones servían como un mecanismo de distracción masiva, ofreciendo un paliativo emocional que podía atenuar el malestar social y la crítica al régimen.
En ese sentido, el Chavo fue la coartada perfecta para el olvido y la negación.
En algún punto de su carrera, Roberto Gómez Bolaños decidió vender su talento al mejor postor, alzándose de hombros ante el costo humano.
Ahora bien, la trayectoria política de Roberto Gómez Bolaños no se limitó a su presencia internacional.
El apoyo explícito de Chespirito al panista Felipe Calderón en las elecciones presidenciales de México de 2006 es otro punto oscuro en la trayectoria del comediante.
Es importante destacar que mirar a Chespirito desde esta perspectiva no busca “cancelar”su legado, sino comprender cómo las ideologías se entrelazan con el arte y cómo los símbolos culturales pueden ser utilizados para diversos fines, a veces, muy alejados de la inocencia que inicial o hipócritamente proyectan.
Lamentablemente, para Roberto Gómez Bolaños, el antifaz del Chapulín no pudo ocultar sus posturas reaccionarias.
El Club América anunció el inicio de una nueva etapa en su historia, con una alianza estratégica internacional orientada a fortalecer el futuro deportivo y administrativo de la institución, sin modificar su identidad ni el control del equipo.
Esta tarde el equipo más grande del fútbol mexicano, el América, a través de un comunicado firmado por el presidente del club, Emilio Azcárraga Jean, informó sobre el acuerdo con General Atlantic, un fondo de inversión global con experiencia financiera internacional, así como con The Kraft Analytics Group, empresa especializada en tecnología y análisis de datos vinculada al Grupo Kraft, propietario de los Patriotas de Nueva Inglaterra y del Gillette Stadium.
La directiva subrayó que esta alianza aportará experiencia global y una visión de largo plazo, pero que el liderazgo, el rumbo y la identidad del América permanecerán en manos de la familia Azcárraga y de su afición. El control mayoritario del club y del Estadio Banorte continuará como hasta ahora.
Azcárraga Jean seguirá al frente como presidente ejecutivo del Consejo de Administración, encabezando la conducción estratégica del club y del estadio, con el objetivo de consolidar al América como una institución con proyección internacional, sin perder su arraigo en México.
Como parte de esta nueva etapa, el Estadio Banorte se encuentra en un proceso de transformación para ofrecer una experiencia más moderna, cómoda y cercana a los aficionados. El recinto, escenario de momentos históricos del futbol mexicano, se prepara además para albergar el partido inaugural de la Copa Mundial de la FIFA 2026.
La directiva reiteró que este paso busca impulsar al América hacia el futuro sin perder su esencia, con el compromiso de seguir compitiendo por campeonatos y de representar con orgullo a millones de americanistas en México y en el mundo.
La Suprema Corte aprueba la reforma de 2014 que obliga a empresas como Televisa a compartir sus redes, buscando ampliar la cobertura y beneficiar a la población.
La Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) respaldó este jueves una parte clave de la reforma a la Ley Federal de Telecomunicaciones y Radiodifusión (LFTyR) de 2014. La decisión reafirma que las empresas de telecomunicaciones, como Televisa, deben compartir su infraestructura con otros operadores.
La filial de Televisa, Televimex, había presentado un amparo contra el artículo 139 de la ley, argumentando que compartir sus redes violaba su derecho a la propiedad privada y generaba inseguridad jurídica. Sin embargo, la SCJN desestimó esa petición y confirmó la constitucionalidad de la obligación.
La ministra Lenia Batres Guadarrama explicó que compartir infraestructura no equivale a perder la propiedad. “Se trata de una medida que no impide usar los bienes y que tiene un fin social importante”, comentó. La decisión busca ampliar la cobertura en zonas donde actualmente no hay acceso a servicios de telecomunicaciones.
El presidente del tribunal, Hugo Aguilar Ortiz, coincidió en que la reforma es constitucional, aunque admitió que limita el derecho a la propiedad. “Es una restricción que busca beneficiar a más personas”, señaló. Él agregó que la decisión sería más sólida si se reforzaran los argumentos sobre la proporcionalidad de la medida.
Finalmente, la Corte envió el expediente a un tribunal colegiado, que resolverá los detalles legales pendientes. La decisión reafirma que el objetivo principal es ampliar la cobertura en todo el país, beneficiando a millones de mexicanos que aún no tienen acceso a internet o telefonía.
Este fallo representa un paso importante para que las telecomunicaciones en México sean más accesibles y justas para todos.
La relación entre Televisa y el Partido Revolucionario Institucional (PRI) ha sido históricamente estrecha.
Y esos vínculos se agudizaron especialmente durante los años de la hegemonía priista.
A cambio de las concesiones y la protección gubernamental, la televisora se alineó incondicionalmente al régimen.
Televisa (y su antecesora, Telesistema Mexicano) se desarrolló con el apoyo del Estado, y sus fundadores, como Emilio Azcárraga Vidaurreta, mantuvieron lazos cercanos con los presidentes en turno.
Pero pongamos ejemplos:
El hijo del expresidente Miguel Alemán Valdés,Miguel Alemán Velasco, tenía cargos que articulaban la complicidad: vicepresidente de noticias de Telesistema Mexicano, responsable de imagen televisiva de la presidencia y un puesto en la secretaría de prensa y propaganda del PRI.
Pero pongamos casos muy concretos e información muy contundente para ilustrar la fusión de élites que pretendía llevar a cabo el PRI con Televisa.
Miguel Alemán Velasco, por órdenes presidenciales, se desempeñó como vicepresidente de Noticias de Telesistema Mexicano. Es decir, tenía el control editorial.
Alemán Velasco también fungía como Secretario de Prensa y Propaganda del PRI, lo cual le daba calidad de operador político partidista, pero también como estratega de Televisa.
Al mismo tiempo, el priista también era responsable de Imagen Televisiva de la Presidencia de la República. ¿O sea? Controlaba el manejo de la narrativa oficial, desde su oficina en Televisa.
Esta triada eliminaba la línea divisoria entre el medio, el partido y el gobierno, asegurando que la única voz dominante fuera la oficialista, un fenómeno que se extendió a lo largo de la hegemonía priista (1929-2000).
Esto propiciaba que la cobertura informativa tendiera a ser, obscenamente, favorable al PRI y al presidente, minimizando e ignorando las críticas y a la oposición.
De hecho, los noticieros se enfocaban en el culto a la personalidad del presidente en turno, presentando cada acción de la administración como un éxito inobjetable.
En los ochenta, cuando el PRI se tambaleaba entre crisis económicas y una naciente oposición, Televisa se puso la camiseta tricolor. Presidentes como Gustavo Díaz Ordaz, Luis Echeverría, José López Portillo, Miguel de la Madrid y Carlos Salinas de Gortari fueron moldeados y defendidos por el aparato televisivo.
Los noticieros se transformaron en publirreportajes, los programas de comedia satirizaban a los opositores, y la narrativa oficial del progreso y la mano dura priista se transmitía a millones de hogares a diario. Fue el modelo de “televisión oficialista” perfeccionado.
No por nada, Televisa fue concebida y considerada, por muchas generaciones, como un “aparato ideológico del Estado”. Algunas voces críticas sostenían que la empresa de comunicación había sido un factor clave en la “tiranía invisible” que caracterizó al régimen priista.
El noticiero estelar (conducido por figuras como Jacobo Zabludovsky, Guillermo Ortega, Joaquín López-Dóriga, Carlos Loret de Mola) operaba como una oficina de prensa virtual, recibiendo la línea política directamente desde la Presidencia de la República.
Debido a su papel como principal difusor de información y constructor de imágenes, Televisa fue fundamental para el PRI en la promoción de todos los presidentes que gobernaron durante su hegemonía (1929-2000).
Ahora bien, el caso más citado fue el de Enrique Peña Nieto.
Es más, el regreso del PRI a Los Pinos en 2012 se considera la cumbre de esta alianza en la era moderna.
La imagen de este personaje fue construida y proyectada masivamente a través de Televisa.
La televisora le preparó, a modo, reportajes y entrevistas a modo, y menciones favorables. De hecho, su matrimonio con la actriz de la cadena, Angélica Rivera, tenía el objetivo de apuntalar su carrera.
Con la estrella de telenovelas, Televisa no solo le dio al candidato un rostro de galán, sino también una “primera dama” que el pueblo ya conocía y quería.
Y estas afirmaciones tienen sustento.
Cabe recordar que, en 2012, la publicación de documentos por el diario The Guardian reveló que una unidad secreta de Televisa había realizado videos para desacreditar a rivales del entonces candidato del PRI, Enrique Peña Nieto, y promocionar su imagen, especialmente desde su cargo como gobernador del Estado de México.
Es importante enfatizar que en los años 80 y 90, Televisa concentraba más del 70% de la audiencia televisiva nacional, siendo la principal o única fuente de información para millones de mexicanos, especialmente en zonas rurales o de bajos ingresos.
En México, un país con altos índices de analfabetismo, la televisión se consolidó como el medio de comunicación más potente e influyente, lo cual permitió al PRI y a Televisa moldear a su antojo las percepciones ciudadanas sin que existiera realmente un contrapeso mediático.
Una y otra vez, el periodismo mexicano fue herido de muerte en los estudios de San Ángel y Chapultepec. Y justo esta deleznable complicidad corporativa (que se dedicaba a escribir los guiones y los libretos) fue la que garantizó la dictadura perfecta. Pero hoy, tramposa y convenientemente, quiere olvidarlo Televisa.
El documental “PRI: Crónica del fin”, se propone engañar al público distraído.
Esta serie pretende erigirse como un ejercicio de crítica al partido hegemónico de México, pero presenta una serie de supresiones que rayan en la manipulación histórica.
La principal omisión es tratar de evadir, a toda costa, el papel central de Televisa en la consolidación y el mantenimiento del poder del PRI.
Por alguna razón, la serie dirigida por Denise Maerker, intenta borrar de un plumazo el millonario affaire que, durante sexenios, hubo entre el partido político y el medio de comunicación corporativo.
Pero su intento se estrella contra la pared. Y eso se debe a que el público atento y conocedor de la historia, sabe que lejos de ser un testigo al margen de los acontecimientos, Televisa, en sus diferentes etapas, fue un actor fundamental y uno de los principales beneficiarios de la estructura de poder priista.
Hay recordar que la relación entre Televisa y el PRI se remonta a los orígenes de la televisión en México y, desde el principio, estuvo basada en una defensa encarnizada –y meticulosamente pactada– de los intereses mutuos.
Televisa y el PRI no solo tuvieron una relación fortuita, sino un auténtico maridaje. De hecho, esta alianza simbiótica fue denominada por algunos analistas como la “Fórmula Mexicana”.
Este vínculo fue precisamente la base del monopolio político y mediático que moldeó a México durante décadas. Y esta omisión selectiva –incluso tramposa– es justo lo que invalida cualquier intento de la televisora de presentarse como una crítica imparcial de la caída del PRI.
La serie, al omitir o minimizar la responsabilidad de Televisa en el sostenimiento del régimen priista, cumple la innoble función de intentar blanquearle la cara a la mayor compañía productora de contenido audiovisual en Hispanoamérica.
El documental, en esta crítica hacia afuera, no le dedica un solo minuto a la autocrítica y prescinde de hechos sumamente relevantes. Uno de ellos, por ejemplo, que Televisa nació del seno del Estado cuando el gobierno de Adolfo Ruiz Cortines pidió un porcentaje de acciones para el hijo del expresidente Miguel Alemán Valdés, Miguel Alemán Velasco.
El episodio –sobre el cual no hay un solo atisbo en la serie producida por Televisa– suprime el hecho de que el hijo de Miguel Alemán Valdés, Miguel Alemán Velasco, ocupó simultáneamente los cargos de vicepresidente de noticias de Telesistema Mexicano (precursor de Televisa), responsable de imagen televisiva de la Presidencia y un cargo en la Secretaría de Prensa y Propaganda del PRI.
Pero a la serie de Denise Maerker quizá le pareció inocua esa triangulación que, desde otra perspectiva, exhibe la complicidad gobierno-televisión privada que, desde el comienzo, animó la relación entre el PRI y Televisa.
La tristemente célebre frase que alguna vez le espetó Emilio Azcárraga Milmo, el “Tigre”, a la revista Proceso de ser un “soldado del PRI y del Presidente”, resume la subordinación de la línea editorial y noticiosa a los intereses del partido en el poder.
Pero sobre eso no quiso hablar este documental a modo.
Tampoco le pareció importante contarle a las nuevas generaciones que el noticiero nocturno de Televisa, en sus distintas épocas, solía fungir como la verdadera oficina de prensa del gobierno-PRI.
La serie que fue presentada con bombo y platillo no relata la época en que Televisa se dedicaba a la censura activa y a cerrar sus espacios noticiosos a las víctimas, promoviendo y difundiendo la versión oficial, minimizando la represión y protegiendo al régimen priista de la crítica pública.
Hoy, Televisa intenta lavarse las manos con el agua sucia del PRI, que ya está padeciendo sus últimos estertores. Y, con un gesto que no carece de sadismo, la empresa decide capitalizar su archivo para vender “el fin” del PRI como una serie destinada a obtener enormes ganancias.
Pero le digo más: esta serie, al enfocarse en la “caída” del PRI sin abordar la corresponsabilidad de Televisa, convierte su puesta en escena en un acto de “capitalismo puro”.
La televisora, animada siempre por el lucro y el deseo de salir avante en todo momento, utiliza ahora la historia que ayudó a construir y la documentación que guardó para lucrar con la crisis del PRI, buscando transformarse de pilar del viejo régimen a cronista imparcial del nuevo. ¡Hágame usted el favor!
Esta estrategia, evidentemente, busca ganar la credibilidad perdida, especialmente ante el nuevo auditorio joven que, desde hace tiempo, frunce el ceño ante todo lo que emane de Televisa y sus filiales.
Cuando tenía yo 14 años de edad, en 1988, recuerdo haber visto en Televisa el enorme aparato propagandístico que desplegó la televisora para promover el Programa Nacional de Solidaridad (Pronasol).
La carga publicitaria incluyó spots televisivos, eventos masivos y hasta una canción oficial llamada “Solidaridad”, interpretada por estrellas de la farándula como Vicente Fernández, Angélica María, Garibaldi, Timbiriche, Tatiana y Mijares.
Pero es que esta historia solo hablaba del PRI, dicen su embelesados admiradores de esta serie. Y uno se parte de risa ante la gracejada.
¡Por favor!
La hegemonía del PRI durante 71 años (1929-2000) no se explica únicamente por su estructura interna, sino por un complejo sistema de pactos con sectores invisibles y empresariales que le proporcionaron legitimidad y control social, y donde Televisa fue el socio mediático más importante.
Habrá quien se engañe y quiera ver esta serie como un documental invaluable. Pero no les es.
La cobertura noticiosa y la programación de entretenimiento (telenovelas, programas masivos) se utilizaban para distraer, despolitizar y alinear a la población con los valores y la imagen del gobierno en turno, evitando la difusión de información que pusiera en crisis el sistema.
De modo que esta supuesta “ruptura”, disfrazada de documental, no representan realmente una desvinculación ética de fondo, sino una adaptación pragmática a un nuevo escenario político donde el PRI ya no es el hegemón.
Sin embargo, el objetivo sigue siendo el mismo: ser el filtro y administrador de la función de poder informativo, independientemente de quién esté en el gobierno.
La televisora busca garantizar que su posición dominante en la esfera mediática (su monopolio) se mantenga, negociando con el nuevo poder en turno y utilizando la credibilidad de figuras como Denise Maerker para legitimar su transición.
La caída del PRI es la excusa perfecta para que Televisa intente lavarse la cara y blanquear sus contenidos. Y seamos claros y enfáticos en algo: el uso de la historia para lucrar con la caída del socio es capitalismo puro, no periodismo.
El portal de noticias dirigido por Federico Arreola, Emilio Azcárraga y Bernardo Gómez vende fama, aplausos y credibilidad al mejor postor.
Por Ricardo Sevilla
En los medios de comunicación corporativos, los elogios, la zalamería y los aplausos tienen precio.
Y si una empresa, un político o un gobierno quiere comprarlos, puede hacerlo, sin ningún problema.
De hecho, hay portales y plataformas que se dedican a venderlos al mejor postor.
En esos medios de comunicación, el oficio periodístico ha dejado de ser una búsqueda de la verdad para convertirse en un simple y burdo ejercicio de redacción publicitaria.
En estos lugares, la independencia y la ética profesional se han sacrificado en el altar del lucro y las ganancias millonarias.
Y precisamente uno de los medios que se dedican a la confección y venta de notas a modo es el portal SDP-Televisa.
Ahí, la empresa que dirigen Federico Arreola y Grupo Televisa, puede armarle, a quien pueda pagarlo, un buen kit a la medida de su ego y de su chequera.
Eso sí, tiene que tener una cartera abultada porque los costos no son baratos. Y es que los precios en la empresa que encabeza Federico Arreola van de los cien mil pesos hasta los 300 mil pesos.
Por ejemplo, si usted quiere publicar un “Desplegado Digital”, SDP-Televisa se lo hace y se lo vende en 100 mil pesos.
Y para que el cliente se anime a comprar este “Desplegado”, el Periódico Digital Sendero, S.A.P.I. de C.V., ofrece obsequiarles dos posteos, uno en Facebook y otro en X, antes Twitter. Si son desplegados son 200 mil pesos, claro, y cuatro posteos.
Si el comprador prefiere un videograma, los Arreola se lo venden al cliente en 105 mil pesos.
Y si el cliente gusta de las infografías, SDP-Televisa también las vende. Tiene de dos tipos: de 105 mil pesos y de 180 mil pesos.
Si quiere anunciar con bombo y platillo que su negocio es el mejor, que su gobierno es honesto y transparente, SDP-Televisa le puede vender un banner que van desde los 143 mil pesos a los 300 mil pesos.
Pero ojo: a estos costos hay que sumarles el 16% de IVA.
Y también hay otra cosa: estas tarifas tuvieron vigencia del 1° de Enero al 31 de Diciembre del 2023.
Hoy, en 2025, SDP-Televisa ya cobra más caro.
En el mundo del periodismo, una de las premisas fundamentales es la separación entre la información y la publicidad. Sin embargo, esta línea se ha vuelto borrosa hasta casi desaparecer.
En ese sentido, el portal SDP-Televisa ha encontrado un modelo de negocio basado en un catálogo de servicios para la fabricación de noticias y elogios, con tarifas que varían según el formato y el alcance deseado.
Y llueve una catarata de cuestionamientos: ¿Quién está detrás de estas compras ¿Políticos y servidores públicos que aspiran a ocultar sus errores? ¿Gobiernos que quieren disfrazar la propaganda como información veraz? La respuesta es: Sí.
El gobierno de la panista Teresa Jiménez Esquivel ha pagado 6.5 millones de pesos para que el portal SDP Noticias elogie su gestión.
Sin embargo, el dinero no proviene de la cartera ni de la cuenta bancaria personal de María Teresa Jiménez Esquivel sino de las arcas públicas; es decir: de los impuestos de los ciudadanos.
Los contratos con el medio propiedad de Televisa y Federico Arreola fueron gestionados directamente por María de Lourdes Larios Esparza, directora General de Administración y Proyectos de Comunicación del Estado de Aguascalientes.
Pero el gobierno de Teresa Jiménez no solo quería buena prensa. Personal que trabaja en la Secretaría de Comunicación y Vocería del Gobierno del Estado de Aguascalientes sostiene, en exclusiva para ReporterosMx, que “Tere quería que cacarearan cualquier acción que ella encabezara. No importaba si tenía que pagar millonadas por eso”.
La mandataria estatal, de acuerdo con esta versión, habría ordenado, desde el principio de su gestión, que se destinara un abultado presupuesto para que algunos medios de comunicación cubrieran todos sus pasos y difundieran ampliamente los logros de su gobierno.
El panista Martín Orozco Sandoval, su antecesor en la gubernatura, le habría recomendado a Tere el portal SDP Noticias.
Persuadida de que la principal actividad mediática de los políticos tenía que difundirse, especialmente, a través de las redes sociales, la panista aceptó la recomendación de Orozco Sandoval.
De hecho, en 2022, apenas entrar a la gubernatura, la administración de Teresa Jiménez decidió mantener como proveedor de servicios al Periódico Digital Sendero, S.A.P.I. de C.V., que, por cierto, ya había sostenido una lucrativa relación con su antecesor, el gobernador (panista) Martín Orozco Sandoval.
Esta continuidad en la selección de proveedores de comunicación exhibe un patrón de conducta política que privilegia el control del mensaje público.
Y así fue como inició la lucrativa relación laboral entre el Gobierno de Aguascalientes y el Periódico Digital Sendero, S.A.P.I. de C.V., propiedad de Televisa y los Arreola, a quien, de acuerdo con distintos testimonios habría concedido más de 10 millones de pesos en contratos de publicidad.
Más allá de estos señalamientos, los datos duros y los contratos que están en manos de ReporterosMx, comprueban que el Gobierno de Aguascalientes ha dado a SDP Noticias más de 6.5 millones de pesos.
Entre 2022 y 2024, la empresa Periódico Digital Sendero, S.A.P.I. de C.V. recibió un total de 6 millones 639 mil 999 pesos.
El primer pago al portal de Televisa fue por 4 millones 640 mil pesos y el segundo fue por 1 millón 999 mil 999 pesos.
SDP, en los hechos, no hace ninguna cobertura de las acciones de gobierno. Solo se concreta a reproducir boletines, como si fuera un anexo de la oficina de prensa y difusión de la gobernadora panista: ¡Teresa Jiménez entrega apoyos en Aguascalientes! ¡Aguascalientes es una de las entidades con mayor crecimiento industrial! ¿Quién es Tere Jiménez? y titulares absolutamente displicentes.
Esto es un triste ejemplo del llamado periodismo de gacetilla, donde el medio actúa como un simple altavoz del gobierno, en lugar de como un contrapeso crítico.
Vivimos en la era de la política del espectáculo, donde la forma suele superar al fondo. Y muchos funcionarios públicos, en lugar de rendir cuentas sobre resultados tangibles, se enfocan en la difusión de una imagen de éxito.
SDP Noticias, el medio financiado por Televisa, al servicio de la pauta y de la zalamería. Y la tarifa de la adulación, hasta ahora, es de 6.5 millones de pesos.
Detrás del portal SDP Noticias, que dirigen Federico Arreola y su hijo, asoman los rostros Emilio Azcárraga, Alfonso de Angoitia y Bernardo Gómez. Los dueños de Televisa, en realidad, son quienes mueven los hilos de ese portal de noticias.
El gran titiritero detrás de SDP resultó ser Televisa.
Datos del Instituto Mexicano de la Propiedad Industrial (IMPI) demuestran que fue el asesor legal de Televisa, Julio Barba Hurtado, quien tramitó los registros de marcas de Periódico Digital Sendero, S.A.P.I. de C.V., en su calidad de apoderado legal.
De hecho, el correo electrónico que aparece en el registro del IMPI es de Grupo Televisa.
Y no solo eso: en la solicitud de registro, realizada en 2022, se puede comprobar que el apoderado de las marcas es Julio Barba Hurtado, asesor legal de Grupo Televisa.
La dirección registrada en el IMPI, para que el apoderado de las marcas SDP, El Sendero del Peje y SDPITORREO es Vasco de Quiroga, 2000, en la alcaldía Álvaro Obregón. Precisamente donde Televisa Santa Fe tiene sus instalaciones.
Esto quiere decir, nos explica la abogada y comunicadora Paulina Arrez, especialista en Propiedad Intelectual, que Televisa gestionó el registro de estas marcas desde su departamento legal interno.
Incluso, al observar el correo electrónico que aparece para las notificaciones podemos constatar que es: GACETAIMPI@televisa.com.mx
Pero vayamos más a fondo.
El registro de marcas como SDP, El Sendero del Peje y SDPITORREO tienen como correo electrónico oficial para recibir notificaciones, una dirección a nombre de Televisa. Este “smoking gun” devela una operación cuidadosamente orquestada desde las oficinas de Televisa.
Ahora bien, esto no es una simple coincidencia ni un acto fortuito, sino una decisión corporativa deliberada que permite a Televisa ejercer su control sobre un medio digital cuidando que no se conozca públicamente sus conexiones.
Históricamente, los grandes medios en México han operado como voceros oficiosos del poder, ya sea gubernamental o empresarial.
Sin embargo, esta incursión de Televisa en el ecosistema digital a través de una fachada como SDP Noticias demuestra, al mismo tiempo, una sofisticación y una perversidad estratégica.
Emilio Azcárraga, Alfonso de Angoitia y Bernardo Gómez ya no solo buscan influir, sino también controlar la narrativa en múltiples plataformas, enfrentando el declive de la televisión tradicional y adaptándose al auge de los medios en línea.
El control del canal fundado por Federico Arreola Castillo y su hijo permite a Televisa, y a los intereses que representa, moldear la opinión pública y dirigir la conversación nacional sin que nadie, fuera de un círculo cerrado, lo perciba.
Este fenómeno se alinea con la teoría de la “fabricación del consenso” de Noam Chomsky, que postula que los medios de comunicación, en lugar de ser un contrapeso al poder, actúan como un instrumento de propaganda para las élites.
La diversificación aparente de las fuentes de noticias (TV, radio, portales digitales) es, en realidad, una ilusión de pluralismo que oculta una concentración de propiedad y control.
Las pruebas, los datos duros, demuestran que SDP ha consentido actuar como el títere digital de Televisa. De una u otra manera, esto exhibe, con datos duros, que la era digital no ha sacado de circulación a los titiriteros, solo ha cambiado su escenario.
Aunque los Arreola quieran ocultarlo, la autonomía periodística es un mito cuando el dueño de la marca (Televisa) es un gigante de los medios de comunicación corporativos.
Un dato adicional: BlackRock, el que ha sido llamado el banco en la sombra más grande del mundo, desde 2016, es socio de Televisa y ha ido aumentando su participación accionaria en la empresa.
¿Eso quiere decir, al final de cuentas, que SDP Noticias, que se presume tan progresista e independiente, al final no es más que un portal que trabaja para BlackRock? En la pregunta está contenida la respuesta.