Con millones de visitantes en puerta, Estados Unidos despliega un operativo de seguridad histórico para el Mundial, mientras crecen las alertas por drones, ciberataques y refuerzos de medidas migratorias que inquieta a los aficionados internacionales.
Estados Unidos se alista para recibir a millones de personas en el torneo mundialista, en un contexto de alta tensión política y de seguridad. Además de los aficionados locales, se espera el arribo de más de cinco millones de visitantes extranjeros, lo que ha detonado un amplio operativo federal para enfrentar desde posibles incursiones con drones hasta ciberataques coordinados en eventos masivos.
El Departamento de Seguridad Nacional (DHS) anunció una inversión inicial de 115 millones de dólares exclusivamente en tecnología anti drones, recursos que serán administrados por una nueva oficina especializada en detección de aeronaves no tripuladas. A esto se suma una adicional de 350 millones de dólares por parte de la Agencia Federal de Gestión de Emergencias (FEMA) para los 11 estados sede del Mundial.
Las autoridades consideran que la amenaza aérea dejó de ser marginal. La experiencia del conflicto en Ucrania demostró que drones comerciales, incluso de bajo costo, pueden convertirse en armas de alto impacto cuando se combinan con explosivos o sistemas de navegación remota, elevando el riesgo en eventos con multitudes.
Las fuerzas armadas, policías locales y gobiernos estatales ya han llevado a cabo ejercicios de simulación de ataques en estadios y fan fest, con el objetivo de perfeccionar respuestas ante escenarios de sabotaje aéreo y digital. Parte de este esfuerzo se financia con recursos gubernamentales por 500 millones de dólares para que agencias locales adquieran equipos de bloqueo y rastreo de drones.
Expertos en ciberseguridad advierten que la creciente polarización en Estados Unidos podría convertir al Mundial en blanco de “hacktivistas”, con intentos de sabotaje a sistemas de transporte, boletaje o comunicaciones.
Sin embargo, el endurecimiento del tema migratorio agrega una preocupación, puesto que el gobierno estadounidense amplió restricciones de visitas no turísticas a 75 países, entre los que se encuentran Irán, Brasil, Colombia y Egipto, cuyas selecciones participarán en el torneo, lo que ha sembrado dudas sobre el libre tránsito de miles de aficionados.
Aunque la FIFA lanzó el “FIFA Pass” para agilizar trámites de visado a quienes ya cuentan con boletos, el temor a inspecciones agresivas, revisiones de redes sociales y posibles detenciones, se mantiene. A ello se suma el antecedente de casi 3 millones de deportaciones bajo la línea actual migratoria, así como el debate abierto sobre si se permitirán redadas del ICE incluso en las sedes del Mundial.
En este contexto, crece la percepción de que Donald Trump podría no sólo mantener sino intensificar operativos migratorios, e incluso endurecer la narrativa de seguridad con acciones de fuera que algunos temen deriven en redadas masivas o respuestas extremas ante cualquier incidente. Así, mientras Estados Unidos promete reforzar el mayor evento deportivo del planeta, el Mundial se perfila no sólo como una fiesta de fútbol, sino como una prueba crítica de control, vigilancia y tensiones políticas en uno de los momentos más marcados por la confrontación del país.






















