La salud mental debería ser un rubro a evaluar en todo aquel que aspire a ser representante popular o mandatari@ de un país, tal como cualquier trabajador es sometido a exámenes psicológicos para obtener un empleo. Garantizar la estabilidad mental de quienes nos gobiernan es de suma importancia. El mundo ahora mismo vive a merced de lo que ocurre en la mente perturbada de algunos “líderes políticos” y los costos de sus acciones los padecemos siempre los ciudadanos de a pie…
Vivimos tiempos de aciagos. El ascenso del fascismo a nivel global exhibe sus peores rostros. Se cumplió un año de iniciado el gobierno caótico de Donald Trump y en medio oriente somos testigos de un genocidio en tiempo real, televisado y presente en el “timeline” de las redes sociales. Hasta el día de hoy van 831 días de asedio y aniquilamiento de la población civil palestina.
En Latinoamérica el poder imperialista amenaza con iniciar guerras, alterando la estabilidad de la región. Estados unidos históricamente ha intervenido políticamente y llevado a cabo golpes de Estado contra países soberanos cuyos gobiernos no son afines a sus intereses, como la invasión reciente a Venezuela y el secuestro de su presidente legítimo Nicolás Maduro. El Trumpismo ejerce la política del miedo y amenaza la estabilidad global.
Actualmente vivimos en un mundo multipolar. Existe un reordenamiento del poder económico y comercial, y éste cambio en el control del poder desquebraja la hegemonía estadounidense, cuya decadencia ha propiciado la implementación de medidas desesperadas, donde el control mediático y psicológico a través del miedo juegan un papel fundamental.
La violencia sistemática se vislumbra como “nueva forma de organización social”, violando todo marco jurídico necesario para garantizar la paz y la convivencia social, violentando a las instituciones y trasgrediendo toda ley internacional. Bajo esa lógica no existen los derechos humanos ni los derechos civiles y el derecho internacional se considera algo de lo que se puede prescindir, dejando a los países sub desarrollados a merced de la voluntad de cualquier potencia.
El mundo está bajo asedio de dos personajes deleznables: Benjamín Netanyahu y Donald Trump. Ambos comparten un perfil psicológico en común: el narcisismo patológico.
A continuación, ahondaré un poco sobre la definición del trastorno y algunos conceptos que se incluyen en este diagnóstico para poder explicar más a fondo el origen del comportamiento de ambos personajes.
Para Otto Kernberg (1), el narcisismo patológico es una defensa contra la frialdad parental, manifestada como un “sí mismo integrado pero patológico y grandioso”, caracterizado por una fachada de superioridad, grandiosidad y necesidad de admiración, que esconde una autoestima frágil, falta de empatía profunda y relaciones explotadoras, oscilando entre la idealización y devaluación de los demás y con dificultad para experimentar emociones auténticas más allá de la envidia o el resentimiento.
El narcisismo, para Kernberg, surge como una defensa ante un entorno familiar frío. El niño, al no recibir amor y reconocimiento adecuados, crea un “sí mismo idealizado” grandioso para protegerse y obtener lo que necesita, refugiándose en fantasías de superioridad.
Características Clave del Narcisismo según Kernberg:
• Sí mismo grandioso: Un concepto inflado e irreal de sí mismo, con fantasías de poder, éxito y belleza.
• Dependencia narcisista: necesidad insaciable de ser admirado y reconocido por otros para mantener esa imagen.
• Falta de empatía: Dificultad para comprender y conectar con las emociones y necesidades de los demás, que son vistos como extensiones de sí mismo.
• Relaciones interpersonales: Explotadoras (utilitarias), de idealización (cuando son útiles) y devaluación (cuando ya no sirven), carentes de intimidad real.
• Vida emocional superficial: Escasa profundidad emocional y dificultad para experimentar tristeza, duelo o amor genuino.
• Contradicción interna: Una fachada de encanto y superioridad que oculta un núcleo vulnerable y una inseguridad profunda.
Continuum Narcisista (De Menor a Mayor Gravedad):
Kernberg sitúa el narcisismo en un espectro que va desde:
1. Trastorno Narcisista de la Personalidad: Con un “sí mismo” irreal y tendencias antisociales leves.
2. Narcisismo Maligno: Incluye crueldad, sadismo, odio y tendencias paranoides.
3. Trastorno Antisocial: El nivel más severo, con incapacidad total para sentir culpa o preocupación por otros. Es un diagnóstico psiquiátrico basado en conductas disruptivas (impulsividad, criminalidad, irresponsabilidad).
La Psicopatía: es un concepto más complejo, no un diagnóstico oficial, que describe rasgos de personalidad más profundos (falta de empatía/ remordimiento, frialdad emocional, manipulación) y se considera una forma más grave o un subconjunto del trastorno antisocial de la personalidad, donde todos los psicópatas cumplen criterios del trastorno antisocial, pero no al revés. Los psicópatas pueden ser más calculadores y planificadores, aunque también algunos delinquen.
Como podemos observar, una misma persona puede tener un trastorno narcisista y al mismo tiempo un trastorno antisocial de personalidad y/o rasgos psicopáticos.
Tanto Benjamín Netanyahu como Donald Trump expresan desde el narcisismo patológico, ideas sobrevaloradas de grandiosidad (megalomanía). El primero en el sentido de “ser el pueblo elegido”-(con la violencia y sufrimiento que esto ha generado al pueblo palestino); y el segundo actuando como ser omnipotente, capaz de ejercer el poder como extensión de su voluntad por encima de quien sea que represente una amenaza a sus intereses.
Netanyahu, al anunciar la incursión terrestre aquel 28 de octubre de 2023 afirmó: “destruiremos al enemigo por encima y por debajo de la tierra. Lucharemos y ganaremos… Esta es la misión de nuestras vidas”.
Describió el conflicto como una batalla entre “los niños de la luz y los niños de la oscuridad”, “el bien contra el mal”. Esta dicotomía lo que pretende es la deshumanización del enemigo para justificar el genocidio.
Por su parte Trump es un personaje que desde su narcisismo necesita la validación constante de su ego. Si no lo consigue se comporta como un niño encolerizado incapaz de auto regularse y recurre a la intimidación y al uso de la fuerza. Gobierna desde la amenaza. Actúa de manera autoritaria, y ejerce el miedo como fórmula de control social incluso contra toda formalidad diplomática.
Ambos personajes tienen como ideología la supremacía racial, cultural, militar y económica. Carecen de empatía y son insensibles ante el sufrimiento de los demás. Estos psicópatas narcisistas son quienes amenazan la estabilidad global y siembran el horror en el mundo. Ambos encarnan el neonazismo. Aún en la actualidad muchos no podemos comprender ¿porqué la humanidad permitió la barbarie del holocausto y porqué permitimos que ocurra un genocidio ahora mismo en Gaza?
Para Donald Trump cualquiera que atente contra sus intereses se vuelve un blanco de ataque. Ni siquiera se salvan los que históricamente han sido sus aliados (OTAN). Estados Unidos está en un proceso de decadencia. La popularidad de su gobernante cae estrepitosamente cada semana, no sólo a nivel global, sino que internamente es ya un hervidero, exacerbado por el asesinato de Renée Good, ciudadana estadounidense. La violencia está desbordada no sólo hacia afuera sino ahora contra su propio pueblo y se ha ganado el repudio de amplios sectores. La retórica de la “democracia” y la “libertad” ha dejado de ser su emblema moral. Las protestas comienzan a hacerse presentes en todo el país y cada vez son más nutridas. ¿Es el preámbulo de una guerra civil o la caída de un imperio?.
La historia nos enseña que los imperios no caen por falta de poder sino por la idea soberbia de creerse invencibles y cuando llega ese momento, la violencia se vuelve un mecanismo de supervivencia. Ante esta realidad, los países que no son considerados potencias incluido el nuestro, deben explorar nuevas alternativas comerciales, económicas y de cooperación con otros países para disminuir la interdependencia con nuestro vecino del norte. De no hacerlo seremos vulnerables de sucumbir ante este nuevo orden mundial y ante el fascismo de la ultraderecha internacional que ya opera en México.
Laura Marcela Hernández Aguilera. Médica con especialidad en Psiquiatría (UNAM).
Activista y militante. Ex delegada estatal de MORENA en Chihuahua.
Referencia:
1. Otto Kernberg. Psiquiatra y psicoanalista austriaco-estadounidense, figura clave del psicoanálisis contemporáneo, conocido por su trabajo integrador de diversas teorías, especialmente en el diagnóstico y tratamiento de los trastornos de la personalidad.















