Tan sencillo como eso: nuestra presidenta Claudia Sheinbaum enfrenta tiempos complejos, no por falta de voluntad, sino porque la transformación verdadera requiere más que discursos. Este verano no solo ha sido caluroso por el clima, sino por el contraste evidente entre la vida de los políticos y la realidad del pueblo.
Mientras muchos mexicanos ya no pudieron viajar a Estados Unidos por las nuevas restricciones migratorias impulsadas por el presidente Trump, algunos de nuestros políticos y figuras públicas aprovecharon para disfrutar de unas vacaciones en Europa: desde la madre patria hasta la Riviera italiana o incluso el disciplinado Japón. Tal vez con la intención de traer ideas nuevas, o simplemente para darse un respiro… en clase ejecutiva, por supuesto. Por cierto, saludaron a Doña Beatriz Paredes viajando de España a México en primera clase. Así, sin más.
Y mientras eso ocurre arriba, en tierra firme la gente camina. Camina para ir al trabajo, para llevar a sus hijos a la escuela, para buscar atención médica, para defender lo poco que tiene. Y la pregunta es obligada: ¿Cuántos de nuestros funcionarios caminan el pueblo, lo escuchan, lo sienten?
Más que reformas estructurales o cambios constitucionales, lo urgente hoy es la coherencia moral y el compromiso social de quienes gobiernan. No se trata solo de administrar recursos, sino de gobernar con humildad, con los pies en la tierra. Que los políticos no vivan como virreyes ni hablen desde la distancia. Que renuncien al privilegio y abracen la realidad.
México necesita servidores públicos con vocación, que vivan como el pueblo, que recorran las calles sin escoltas, que sepan lo que cuesta el kilo de tortillas, la consulta médica, el pasaje en camión. No se puede gobernar a un país que no se conoce.
Sería valioso y más aún simbólicamente poderoso que todos los funcionarios del gobierno, desde el más alto hasta el nivel medio, firmaran un compromiso claro: cumplir los principios de austeridad, honestidad y servicio, y en caso de desviarse de ellos, presentar su renuncia voluntaria. Así de claro. Así de justo.
Porque hay millones de mexicanas y mexicanos capaces, honestos, con ganas de servir. No es falta de talento. Es falta de voluntad política para abrir los espacios y renovar las estructuras desde abajo.
La transformación real empieza cuando los representantes se convierten en reflejo de su pueblo, no en su élite.
¡Qué gusto ver que haya una nueva unidad de hemodiálisis en el Hospital Juan Graham Casasus en Villahermosa! Ese hospital se prefiguró como Hospital de Alta Especialidad, pero no cuajó.
Fue un hospital que tenía equipos para radioterapia y era el segundo en Tabasco con esa característica, el primero fue el del ISSET, el del Juan Graham se descompuso en poco tiempo y la refacción que necesita es muy costosa. Poco después, también se descompuso el otro. Hoy, Tabasco no tiene.
El sistema de salud de Tabasco necesita una inversión descomunal para estar completo y ser suficiente, pero parece que es más importante el relumbrón que la salud de la gente. Mira que pretender construir un nuevo Centro de Convenciones en vez de restaurar y equipar bien a todos los hospitales públicos, tanto del IMSS-BIENESTAR, como del IMSS, el ISSSTE y del ISSET, en vez de estar esperando a que haya inversión privada para luego tener que pagarle a ellos.
Parece que los viejos somos poco menos que desechables porque donde quiera se nota el desdén para tratarnos, casi se podría decir que nos prefieren muertos que pensionados; mientras menos burros…
En tanto, en Mérida el IMSS tiene una Unidad Médica de Alta Especialidad de excelencia, pero saturada porque atiende a 4 estados, Yucatán, Campeche, Quintana Roo y Tabasco. Si un paciente necesita ser internado en esa unidad, debe esperar varias horas o incluso días para ser atendido en el hospital por ¡falta de camas! No mejoran esos estados y saturan el único de toda la región.
Está claro que la 4T está trabajando duro para resolver toda esta situación heredada del neoliberalismo, pero las prioridades no parecen estar bien establecidas. En Tabasco nunca será mejor construir un museo sobre el actual Parque Tomás Garrido Canabal o un nuevo Centro de Convenciones mientras los hospitales tienen tantas carencias. Es un horror.
Faltan médicos bien pagados, faltan consultorios, faltan camas, faltan equipos y el relumbrón no se necesita.
“… Reconocer a Tenochtitlan no es hablar de un pasado muerto; es, por el contrario, hablar del pulso vivo que late bajo nuestra ciudad capital, pero también en nuestras palabras, nuestra comida, nuestras costumbres y, sobre todo, nuestra grandeza cultural y nuestra identidad. Tenochtitlan fue mucho más que una ciudad majestuosa, fue un símbolo de organización, de poder, de ciencia, de arte y de visión. Fue el centro de un mundo indígena que supo construir un modelo de civilización propio, en armonía con la tierra, con los astros, con sus dioses y diosas…” Claudia Sheiunbaum Pardo. Presidenta Constitucional de los Estados Unidos Mexicanos. Conferencia del Pueblo. 25 de julio de 2025. https://youtu.be/wZMGhgsvTDc
Legado de grandeza del Humanismo Mexicano es hoy, a siete siglos de aquel pasaje inmortalizado en el escudo nacional, historia viva de nuestra cultura que resistió la invasión del extranjero venida de la península ibérica y encubierta por siglos con el eufemismo de “descubrimiento” o “encuentro de culturas o de dos mundos”. En estos tiempos de transformación la gran ciudad de México-Tenochtitlan recoge su legado de tradición, ancestralidad, sincretismo y ritualidad, evocando la memoria y grandeza cultural de la portentosa capital Mexica.1
La frase En tanto permanezca el mundo, no acabará la fama y la gloria de México-Tenochtitlan, si bien no se encuentra de manera textual en alguno de los códices, es atribuida al cronista Chimalpahin y corresponde a la interpretación del legado de Tenochtitlan transmitida a través de los Memoriales de Culhuacán, cuya fama y gloria trascienden a su desaparición física.
Como se afirma en el video, cuya referencia cito al final de este artículo, nuestra ciudad de México-Tenochtitlan fue el hogar de un pueblo heredero de los saberes milenarios de las civilizaciones que existieron antes de ellos. Ese pueblo mexica fue heredero del cálculo de las estrellas, la cuenta de los días, el conocimiento preciso de la arquitectura, la construcción, la confección de telas y plumas y la agricultura sobre chinampas que aún hoy existen.
Quienes la vieron en su apogeo, como lo fue uno de los aventureros-militares participantes en la mayoría de las jornadas de la invasión de México en el siglo XVI, me refiero a Bernal Díaz del Castillo en su Historia verdadera de la conquista de la Nueva España, refiere en un brevísimo pasaje lo siguiente: “… íbamos por nuestra calzada delante, la cual es ancha de ocho pasos, y va tan derecha a la ciudad de México, que me parece que no se tuerce poco ni mucho; e puesto que es bien ancha, toda iba llena de aquellas gentes, que no cabían, unos que entraban en México y otros que salían …”.
A propósito de la frase anterior y siguiendo al INAH en el video citado se subraya el origen y la persistencia de Tenochtitlan así: “… celebramos su origen, su fortaleza, su memoria, su resistencia, su persistencia y su grandeza como centro simbólico de este gran país que es México …”.
Nuestro querido ex presidente Andrés Manuel López Obrador identifica muy bien, a nuestras raíces culturales profundas, como una de las fuentes que nutre al Humanismo Mexicano. La identidad cultural que le da forma a nuestra idiosincrasia es calificada por nuestro siempre presidente, en su libro ¡Gracias! como la manera de pensar y de ser que viene de lejos y se ha conservado contra viento y marea, es lo que siempre nos pone a salvo ante cualquier calamidad o desdicha. Por eso emprendimos el rescate y la exaltación del conocimiento ancestral y de los valores culturales heredados de las antiguas civilizaciones que florecieron en nuestro territorio.
Frente a la “narrativa histórica” predominante durante más de tres décadas de neoliberalismo, el rescate del valor de nuestras culturas ancestrales y su sobreposición de aquellos mitos y/o mentiras acerca de que los invasores europeos “trajeron la civilización”, o de que México “nació” con esa invasión, AMLO nos comparte en el contexto de la 4T el impulso a la recuperación de la memoria y del patrimonio histórico y lo dice así: “… la ciudad de Calakmul, en la región maya, tiene pinturas, murales, esculturas de exquisita calidad y belleza desde hace 2 300 año; según los arqueólogos, las cabezas colosales de la cultura olmeca fueron esculpidas hace 3 000 años y las pinturas rupestres de Baja California son de hace 10 000 años”.
Pero López Obrador va más allá al afirmar que no solo se trata de vestigios materiales, sino que este patrimonio debe concebirse acompañado de un gran desarrollo en la ciencia; es decir, en el conocimiento de las matemáticas, las ingenierías, la medicina, la astronomía y, todo ello, recubierto en lo místico, espiritual, ético, humanístico y político.2
Durante el evento celebrado el pasado viernes 25 de julio, siendo testigo el zócalo de la Ciudad de México, la presidenta Claudia Sheiubaum llamó a erradicar el racismo y reivindicar la historia desde una perspectiva de grandeza e identidad. Recordó que nuestro país es historia, identidad y justicia proveniente de los pueblos originarios. México nació con las grandes civilizaciones que florecieron en estas benditas tierras. Los mayas, los zapotecas, los mixtecos, los purépechas, todos los pueblos originarios. Tenochtitlan por ello, fue y sigue siendo símbolo de ese México profundo, milenario y resistente.
Considerando estos tiempos Sheiunbaum señaló que la Cuarta Transformación mira de frente y con orgullo a nuestra historia no para dividir, sino para comprender. No para odiar sino para sanar la memoria. Recuperar el legado de Tenochtitlan no significa vivir en el pasado, significa reconocernos en él. Erradicar el racismo no es una opción, es una necesidad y una obligación. Para construir una sociedad justa, incluyente y digna para todas y para todos.
La colonia española que quiso someter las mentes durante siglos, y que aún hoy sobrevive en millones de compatriotas, continúa avergonzándonos de nuestro origen indígena como nación. La presidenta puntualizó que el ser indígena …era sinónimo de atraso, de ignorancia, de barbarie… Esa fue quizá la herida más profunda, una herida que estamos obligados como mexicanas y mexicanos a curar y a garantizar que se cure, porque fue alimentada por demasiado tiempo de discriminación.
Cabe recordar que la estructura de dominación colonial no desaparece con la independencia, sino que permanece hasta nuestros tiempos a través de la discriminación de los pueblos originarios, de la marginación de la que apenas comienzan a salir. Cierro con esta afirmación de Sheiubaum … Por ello, la Cuarta Transformación no es solamente un proyecto económico o político; es, sobre todo, un proyecto de dignidad, un proyecto que reconoce que no puede haber justicia verdadera, si no empezamos por saldar la deuda histórica con los pueblos indígenas…
En la recuperación de esa grandeza todas y todos en México tenemos un compromiso. En la resignificación de la grandeza de las culturas nacionales tenemos una responsabilidad. En la eliminación del racismo y el clasismo que menosprecia a los pueblos originarios de México tenemos una labor desde la deconstrucción de nuestro propio lenguaje. En la descolonización de nuestra mentalidad y sentido común es necesaria una profunda tarea individual y colectiva.
Herramientas las hay, las tenemos a nuestro alcance. Nuestra historia está ahí, para ser rehaprendida, con h intermedia como sinónimo de apropiación, desde la perspectiva que la visión del cambio le imprime. Aprovechemos esta conmemoración de los siete siglos de la fundación de Tenochtitlan para emprender esos quehaceres que tenemos pendientes. Libros, eventos, ceremonias, etc., las hay por decenas en estos momentos. Veamos, leamos, visitemos, disfrutemos y reaprendamos el conocimiento de la historia de México.
Si no tuvimos oportunidad de disfrutar en vivo de la exhibición de luz, imágenes y sonido en los frentes de los edificios que rodean la plancha del zócalo capitalino, podemos ver el programa especial Memoria Luminosa, 700 años de México-Tenochtitlan, proyectado en los canales 14 y Capital 21, disponible en los siguientes enlaces, respectivamente.
Si la historia del PRI fuera una película, no habría buenos, los malos se pelean con los peores. Esto pareciera ser una norma que rige la vida política de la oposición.
Cómo estará la conducta delictiva en el tricolor que una vez que le regresaron los derechos partidistas al ex líder nacional de ese partido Enrique Ochoa Reza, surge como el salvador del partido expulsando del partido a Alito y encerrándolo en la cárcel.
La mala fama bien ganada de Alito, coloca a cualquier delincuente como héroe, cualquiera es mejor que él y su camarilla de parásitos.
En 2023, fue expulsado del PRI por la Comisión Nacional de Justicia Partidaria, acusado de “desobediencia, insubordinación y oposición a la normativa interna”, todo por criticar la reelección de Alito.
Cuando Ochoa Reza fue dirigente nacional ocupaba las oficinas de Insurgentes Norte, en Ciudad de México, agentes de tránsito cerraran la calle, venía del norte debía dar vuelta en U prohibida pero para eso estaban los uniformados a su servicio. No importaba el tiempo que durara el cierre de esa importante avenida, donde los automovilistas debían esperar hasta 40 minutos mientras llegaba su majestad a su estacionamiento.
En 2025, el TEPJF revocó la expulsión de Ochoa Reza, señalando que sus declaraciones estaban protegidas por el derecho a la libertad de expresión y que el PRI violó su derecho de defensa al no garantizarle un debido proceso, pero de nada sirvió. En realidad, Alito utilizó violencia excesiva e inexplicable.
Durante su opaca gestión como director de la CFE (2014–2016) y presidente del PRI (2016–2018), fue señalado por otros priistas como parte del grupo que facilitó contratos cuestionables, especialmente en el contexto de los casos Odebrecht y Agronitrogenados, sospechas que nunca se investigaron y que debe haber expedientes abiertos.
De tal manera que nadie podría argumentar persecución política ante denuncias de los propios priistas ante la llegada del paladín de la resurrección priísta.
La Auditoría Superior de la Federación, todavía contaminada con aviadores y plazas vendidas, detectó en la gestión de Ochoa, que 17 contratos fueron adjudicados a empresas extranjeras para operar gasoductos que no estaban en funcionamiento, con un costo proyectado de 846 mil millones de pesos. Contratos que incluyeron cláusulas de “fuerza mayor”, que obligaban a la CFE a pagar a las empresas aunque los ductos no operaran, por causas como oposición comunitaria o conflictos sociales. Las empresas beneficiadas fueron Carso, Fermaca, IEnova, TransCanada, entre otras.
En ese tiempo, la CFE firmó un convenio con la Secretaría de la Función Pública que le permitió adjudicar directamente contratos, evadiendo la Ley de Adquisiciones. Se reinterpreta la Reforma Energética para que la CFE mantuviera el control de los contratos, en lugar del Cenagas, como lo establecía la Ley de Hidrocarburos.
La ASF concluyó que varios contratos no generaban valor económico ni rentabilidad para la CFE. Ochoa Reza otorgó dos contratos por casi 500 millones de pesos a la consultora Bain & Company sin licitación pública. Uno para elaborar el plan de negocios de la CFE, otro para implementar el programa de transformación tras la Reforma Energética. Es decir, allanó el camino para el remedo de reforma eléctrica que desmanteló la industria en favor de empresas extranjeras.
La Unidad de Inteligencia Financiera investigó a Guillermo Turrent Schnaas, director de CFE Energía, en ese entonces, por propiedades en Estados Unidos, vinculadas a estos contratos. Podría suceder que una vez que Reza Ochoa emprenda la batalla por la apropiación del PRI tenga que ser detenido también.
El PRI y el PAN comparten un grave problema, la deshonestidad de sus cuadros más activos y de mayor nivel. Su cúpula tiene señalamientos graves, que no pueden siquiera mantener al partido en buenas condiciones, menos aún ganar elecciones y lo que es peor, ni siquiera hacen el esfuerzo por competir, sólo mantienen vivos sus partidos con respiración artificial, como si se tratara de una empresa que ya no arroja triunfos pero garantiza impunidad.
Imagina una ciudad donde los residuos no son basura, sino recursos. Donde las cosas no se desechan a la primera falla, sino que se reparan, se transforman y vuelven a la vida útil. Esa visión —que hasta hace poco sonaba utópica— empieza a hacerse realidad en México, especialmente en la capital, donde la economía circular ha dejado de ser un discurso futurista para convertirse en política pública tangible.
Pero ¿qué significa realmente hablar de economía circular? En palabras simples, se trata de cambiar la lógica de “usar y tirar” por una mentalidad regenerativa: aprovechar al máximo lo que ya tenemos, diseñar productos que duren más y reducir al mínimo los desechos. Es repensar nuestra forma de producir, consumir y convivir con el planeta.
Este modelo no solo cuida el medio ambiente. También representa una oportunidad real para fortalecer nuestra economía, generar empleos verdes, reducir la dependencia de materias primas importadas y construir un futuro menos desigual. No es casualidad que cada vez más gobiernos estén abrazando esta visión, y la Ciudad de México ha decidido liderar el camino.
Un cambio con raíces locales
En la capital del país, la economía circular ya se está viviendo. Desde hace unos años, el Gobierno de la Ciudad de México y la Secretaría del Medio Ambiente (Sedema) han dado pasos firmes para cambiar el rumbo. Uno de los avances más importantes fue la creación de una ley específica que pone las reglas claras para empresas, industrias y ciudadanos: producir menos residuos, diseñar mejor los productos, y fomentar el reciclaje, la reparación y la reutilización.
Y no es una ley simbólica. Ya ha comenzado a generar transformaciones visibles: adiós a los plásticos de un solo uso, impulso al reciclaje comunitario, nuevos esquemas para recolectar y aprovechar residuos de construcción, electrónicos y hasta orgánicos. Incluso, hay programas donde los ciudadanos pueden intercambiar residuos por alimentos, plantas o libros. Así, el reciclaje deja de ser una obligación y se convierte en un acto cotidiano con beneficios reales.
Sedema: mucho más que una secretaría
La Sedema ha jugado un papel clave. No solo ha diseñado políticas, sino que ha buscado integrar a todos los sectores: empresas, universidades, sociedad civil, cooperativas y ciudadanos de a pie. Se creó una Red de Economía Circular que funciona como una especie de laboratorio colectivo, donde se comparten ideas, se prueban soluciones y se generan alianzas concretas.
Bajo esta visión, lo que antes era considerado un problema —como los residuos— empieza a verse como una oportunidad de negocio, de innovación y de mejora en la calidad de vida. Por ejemplo, se han fomentado emprendimientos que transforman ropa usada en nuevas prendas, materiales de construcción reciclados en mobiliario urbano, y hasta comida no vendida en ingredientes para compostaje urbano. Todo esto con una mirada social, ecológica y económica al mismo tiempo.
Los retos todavía son grandes
Claro, el camino no está libre de obstáculos. La infraestructura para reciclar sigue siendo insuficiente, muchas personas aún no separan sus residuos correctamente y el modelo económico tradicional, basado en el consumo desechable, sigue teniendo fuerza. Además, quienes trabajan informalmente en la recolección y reciclaje muchas veces lo hacen en condiciones precarias y sin reconocimiento.
Pero el cambio ya está en marcha. Lo vemos cuando los mercados locales eliminan bolsas de plástico, cuando en las colonias se organizan para separar residuos o cuando en las escuelas los niños aprenden a compostar desde pequeños. Lo vemos también en los pequeños negocios que buscan empaques biodegradables o en las personas que deciden reparar en lugar de reemplazar.
Una ciudad que inspira
Lo que está sucediendo en la Ciudad de México es más que una serie de políticas públicas: es una transformación cultural. Una ciudad tan grande, tan compleja y tan desigual, está demostrando que sí es posible construir otra forma de convivir con el medio ambiente. Que se puede ser sustentable sin dejar de crecer. Que cuidar el planeta no es un lujo, sino una necesidad compartida.
Y lo mejor es que este cambio se construye desde lo cotidiano. Desde cómo consumimos, desde lo que tiramos, desde lo que exigimos a nuestras autoridades y empresas. La economía circular, más que una política ambiental, es una nueva forma de entender la vida urbana. Más respetuosa, más solidaria, más responsable.
Porque al final del día, no se trata solo de reciclar más. Se trata de vivir mejor. Y eso, en una ciudad como la nuestra, ya es mucho decir.
En México, la lucha contra la corrupción y la impunidad fue una de las principales banderas de la Cuarta Transformación. El arribo de un gobierno con un discurso centrado en la honestidad, la transparencia y la regeneración de la vida pública trajo consigo una esperanza real de cambio estructural. Sin embargo, conforme avanza el tiempo, siguen emergiendo casos que revelan que no todos han adoptado esa visión. No se trata de atacar a los actuales gobernantes ni de minimizar los avances alcanzados, sino de reconocer que, incluso en el entorno más comprometido con el cambio, siempre puede surgir “un frijol en el arroz”.
Este fenómeno no es exclusivo de México. En El Salvador, el presidente Nayib Bukele ha impulsado una transformación política y social sin precedentes, principalmente con su política de mano dura contra las pandillas a través del polémico régimen de excepción, que ha llevado a la detención de más de 80,000 personas vinculadas al crimen organizado. Su gobierno ha logrado reducir drásticamente los índices de homicidio hasta posicionar al país como uno de los más seguros de América Latina y ha ganado una legitimidad popular impresionante. No obstante, en medio de esos logros, también han emergido casos de corrupción dentro de su administración, incluyendo señalamientos de contratos irregulares, nepotismo y falta de transparencia en adquisiciones públicas durante la pandemia. Esto demuestra que, incluso con un liderazgo firme y disruptivo, los sistemas gubernamentales siguen siendo vulnerables a la corrupción si no se refuerzan los mecanismos de control.
En nuestro México, la realidad es similar: la presidenta Claudia Sheinbaum, los gobernadores o alcaldes no pueden tener control absoluto sobre cada acción de sus colaboradores. Ni siquiera con cuerpos de inteligencia, vigilancia institucional o redes de control interno se puede garantizar que la tentación no toque a alguien. La corrupción es una enfermedad de largo plazo, arraigada en una cultura de impunidad que lleva décadas alimentándose en las sombras de las instituciones.
Hoy, la presidenta Sheinbaum representa la continuación de ese proyecto transformador. Rodeada de figuras clave como Omar García Harfuch en Seguridad, y con un gabinete que, hasta el momento, ha mantenido una línea institucional limpia, parece haber voluntad política para avanzar en el combate a las prácticas deshonestas. Sin embargo, la voluntad por sí sola no basta. Lo que México necesita no es una guerra contra la corrupción con fines mediáticos, sino un fortalecimiento real de las instituciones encargadas de prevenir, investigar y sancionar los delitos administrativos y financieros. La Unidad de Inteligencia Financiera (UIF), por ejemplo, debe asumir un rol más activo, riguroso y técnico para detectar movimientos sospechosos especialmente entre servidores públicos y hacerlo con imparcialidad y contundencia.
Asimismo, es urgente dotar de autonomía plena a los órganos de fiscalización, blindarlos de presiones políticas y mejorar sus capacidades técnicas. La ciudadanía también debe asumir un papel más vigilante, exigiendo cuentas y denunciando irregularidades.
La transformación verdadera no solo se logra desde la presidencia o los altos mandos. Se construye día a día en cada dependencia, en cada oficina pública, y sobre todo, en la convicción de que servir al pueblo es un honor, no una oportunidad para enriquecerse.
Que no nos sorprendan los “frijoles en el arroz”, pero que tampoco nos resignemos a su presencia. La vigilancia, la ética y la institucionalidad son los ingredientes que pueden devolverle el sabor justo a la vida pública en México.
Y por cierto… qué rico es el arroz con frijol, uno de mis platillos favoritos. Ojalá así de nutritiva fuera también la política.
a Pierre Menard, autor del Quijote, con sentida nostalgia.
No deja de ser loable de toda loabilidad que, frente a lo sucedido y periodísticamente documentado con Hernán Bermúdez Requena, exsecretario de Seguridad Pública de Tabasco, durante el gobierno de Adán Augusto López Hernández, quien —cuando menos— desde 2006 levantó alertas que, dando cuenta de señalamientos que lo involucraban con el crimen organizado, además de otros antecedentes criminales, no levantaron ninguna sospecha, mejor conocido como “Comandante H”, acusado de fundar y liderar el grupo criminal “La Barredora”; la dirigente de Morena, Luisa María Alcalde, declarara que “No se protegerá a nadie”. Mensaje que aplaudiblemente se aplaude del mismo modo que se aplaude cuando la presidenta afirma que las “investigaciones seguirán sin proteger a nadie”, y cuando Fernández Noroña, sin exigir que nadie se disculpe con él, afirmara que “No habrá pacto de complicidad”, o el que Morena suspenda los derechos partidista de Bermúdez Requena, porque, como también afirmó Alcalde Luján “No somos iguales, y lo decimos con firmeza: Morena es distinto”, Y es que ser distinto no es no es lo mismo que ser igual, pero tampoco es igual a ser diferente, sin que ello signifique que se sea igual, y —si alguien tiene duda— las declaraciones y el comportamiento de Adán Augusto, lo demuestran.
A más de uno, fanáticos convencidos de que lo sucedido con Bermúdez y López Hernandez es exactamente igual a lo que sucedió con García Luna y Calderón, la anterior afirmación habrá de parecerle un dislate; justificar ese “dislate” es el objeto primordial de esta modesta propuesta.
Revisemos para ello lo que el ex gobernador de Tabasco, ex secretario de Gobernación y actual senador de la República ha dicho para dejar claro que se puede ser igual sin dejar de ser diferente y ser distinto mientras se es lo mismo sin ser lo mismo. Lo primero es la escasez de sospecha —a diferencia de Creel, López Hernández no es un sospechosista, ¡dios bendito!— Adán Augusto nunca sospechó de su secretario de Seguridad Pública, “si hubiese sospechado de él, inmediatamente lo hubiésemos separado del cargo”, aquí cabe abrir un paréntesis para celebrar la noble nobleza de quien —Adán Augusto López— confiadamente confió con toda su confianza en su colaborador —Hernan Bermúdez— porque a pesar de que “todos los días acudíamos a la mesa de Seguridad, [y] ahí se presentaban los informes correspondientes y trabajamos de manera muy coordinada”, la sospecha nunca le hizo sombra a la confianza que le depositó aquel que manejó los destinos de Tabasco y se postuló para manejar los del país entero. Y justamente en esto podemos encontrar la más radical de todas las diferencias entre lo que siendo igual no es lo mismo. Recordemos lo que declaró Calderón, aparentemente sin un vaso de Bacardí en la mano, con relación a la sentencia en contra de Genaro García Luna, “Nunca tuve evidencia verificable que lo involucrara con actividades ilícitas, ni tampoco recibí información en ese sentido de agencias de inteligencia, mexicanas o extranjeras, que entonces confiaban en él e interactuaban con él”. ¿Se dan cuenta o simplemente no quieren darse cuenta? No hay nada que se asemeje entre estas dos declaraciones completamente iguales. Nada que permita afirmar que lo que dijo Adán Augusto es lo mismo que dijo Felipe de Jesús. Si parece que sus declaraciones son iguales, si parece que la primera es una calca de la segunda, es —justamente— porque son radical y opositoramente opuestas, tan opuestas que resulta complicado darse cuenta de ello a simple vista.
Y es que ser, en plena transformación, un gobernante de derecha que sólo piensa en enriquecerse mientras simula gobernar, resultaría una disminución para la figura del senador López Hernandez. Quienes lo sigan dudando, pongan atención en lo siguiente, como muestra de de la infalible infalibilidad de la confiada confianza incapaz de sospechar de Adán Augusto, Tabasco, afirmó, ocupaba el lugar número 8 en delincuencia cuando él llegó a gobernar el estado, y durante su mandato, la delincuencia fue paulatinamente disminuyendo. En pocas palabras, con Barredora o sin Barredora, o quizá gracias a La Barredora, la estrategia para combatir la delincuencia funcionó. Nada que ver con lo declarado por Calderón Hinojosa cuando aseguró (porque la gente como Calderón asegura, no afirma) que cuando concluyó su sexenio, el crimen organizado “retrocedía”. En pocas palabras, con el Cártel de Sinaloa o sin el Cártel de Sinaloa, o quizá gracias al Cártel de Sinaloa, la estrategia para combatir al narcotráfico funcionó. La diferencia, para el ojo poco entrenado, puede parecer sutil, pero verdaderamente, de toda verdad verdadera, resulta abismal, hacer lo que hicieron Felipe y Genaro, durante el reinado neoliberal, era una empresa razonable, necesaria, acaso fatal; pero a principios de la Cuarta Transformación, parecía casi imposible. No en vano manifestó la gente en las urnas una serie de complejísimos rechazos. Entre ellos, para mencionar uno solo: el rechazo a Calderón, su honestamente hipócrita guerra contra el narcotráfico, y García Luna. Y sin embargo, sucedió lo que sin ser igual tampoco fue distinto.
Es en este sentido que no tiene sentido exigir a Adán Augusto lo que desde Morena se exigió a Felipe de Jesús. Una cosa es instar a Felipe Calderón a explicar su relación con García Luna, por qué lo nombró Secretario de Seguridad y si conocía sus antecedentes y otra, que nada tiene que ver con lo que nada tiene que ver es instar a Adán Augusto López a explicar su relación con Bermúdez Requena, por qué lo nombró Secretario de Seguridad y si conocía sus antecedentes. Exactamente como no es lo mismo criticar el silencio de Calderón sobre el caso García Luna y decir que el pueblo de México tiene derecho a conocer cómo se gestionó la seguridad durante su mandato, que criticar el silencio de López Hernández sobre el caso Bermúdez Requena y decir que el pueblo de México, o el de Tabasco cuando menos, tiene derecho a conocer cómo se gestionó la seguridad durante su mandato. Eso, por no mencionar que si bien resulta absurdo que Calderón no se enterara de las actividades ilícitas de su colaborador más cercano, pues como como titular del Ejecutivo Federal, Calderón tenía la responsabilidad directa sobre las acciones y omisiones de su gabinete en la lucha contra el narcotráfico, no resulta igual de absurdo que López Hernández no se enterara de las actividades ilícitas de su colaborador más cercano, a pesar de que como como titular del Ejecutivo Estatal, López Hernández tuviera la responsabilidad directa sobre las acciones y omisiones de su gabinete en la lucha contra la delincuencia.
Entrados en gastos
Lo dicho y hecho por Felipe de Jesus Calderón Hinojosa es idéntico, sin ser igual, lo mismo o mínimamente parecido, a lo dicho y hecho por Adán Augusto López Hernández, pero el segundo es casi infinitamente más barato. (Más ambiguo, dirán sus detractores; pero la ambigüedad es una baratija). Adán Augusto (acaso sin quererlo) ha empobrecido mediante una técnica nueva el arte detenido y rudimentario de anteponer los intereses personales a los intereses del pueblo, sea lo que sea que es el pueblo: la técnica de la demagogia deliberada y las corruptas atribuciones erróneas que siendo lo mismo no es igual, es lo mismo pero más barato, no le importa aquello de que el poder solo tiene sentido y se convierte en virtud cuando se pone al servicio de los demás.
Carlos Bortoni es escritor. Su última novela es Historia mínima del desempleo.
El neoliberalismo es un fracaso en muchos sentidos: convierte a los gobiernos fuertes en débiles para que los de siempre abusen de los de siempre, segrega a las sociedades y promueve los peores valores del individualismo sobre el colectivo; genera desigualdades que, a posteriori, se convierten en violencia y resentimiento, destruye y sustituye la industria propia a cambio productos supuestos productos más baratos y dependencia de ello, y uno de sus pecados más importantes es el aperturismo ramplón y entreguista hacia Estados Unidos con el cuento de más comercio y PIB. No funcionó, aunque algunos crean que sí porque se inflaron números macro para beneficiar a los mismos, no a las grandes mayorías.
No hay que ser un gran teórico del comercio internacional o un genio de las finanzas para darse cuenta que es importante diversificar opciones de exportación e importación en caso que llegue un presidente loco e impredecible, como Trump que nos amenaza con aranceles que destrozarían la economía. Más del 85% del comercio exterior de México depende de Estados Unidos con balance favorable para ellos, aunque el argumento proteccionista actual diga lo contrario.
Tampoco hay que ser un gran visionario o estadista para saber que, antes de entregar tu país a los que solo quieren expoliarlo a través de la sobre explotación de materia prima y mano de obra barata, es mejor tener industria propia y desarrollada para no depender del resto. Lo dijo el presidente López Obrador y es fácil de entender: es mejor fabricar tu propio jugo de naranja y no vender naranjas para comprar después el jugo, en el caso concreto de la refinería de Dos Bocas, pero aplica para muchas industrias y procesos; también, es mejor comprar tu casa (desarrollar tu industria, generar tu conocimiento y formar a tus ciudadanos) que rentar y tener que dejarla cuando el arrendador te la pide o te quedas sin trabajo (o sea el modelo neoliberal y el aperturismo antes mencionado).
No es casualidad que los formados en Harvard y otras universidades norteamericanas impusieran ese modelo en México (Salinas de Gortari, Zedillo, Fox y Calderón): nos estaban preparando para la dependencia y explotación. Antes, invadían con armas y bombas; luego fue más fácil educar a los supuestos líderes para no gastar ni una bala y que los gobernantes mexicanos fueran lacayos al servicio de Washington. El resultado fue que el comercio mexicano le apostó todo al peor imperio de la historia y no tenemos industria con qué defendernos en plena crisis arancelaria. La oportunidad de revertir un poco las cosas fue la elección del 2006, pero ante el fraude electoral se consolidó, todavía más, lo que ahora parece casi irreversible.
También es cierto que Estados Unidos te obliga a jugar con sus reglas y el margen es poco, y si no juegas su juego como Cuba, Venezuela, Irán, Corea del Norte, etc., te bloquea y expulsa del tablero; si juegas, debes perder siempre para que estén contentos con su riqueza y poder, aunque vivas permanentemente en el subdesarrollo, como casi toda Latinoamérica; pero cuidado si se te ocurre ganar, porque entonces eres una amenaza para la democracia y el mundo basado en reglas, como China en la actualidad, y en ese sentido, ojalá triunfe en su guerra comercial contra Estados Unidos, y que México aprenda la lección de cómo diversificarse, tener industrias propias, y más importante que todo, tener dignidad y trabajar por y para el pueblo.
La guerra de Trump contra América Latina fue declarada en Buenos Aires. Antes de tomar posesión como embajador, y una vez otorgado el beneplácito del gobierno de Javier Milei, Peter Lamelas, que así se apellida, no es apodo, dijo ante el Congreso de su país que trabajará para ayudar a que el presidente, Javier Milei, gane las próximas elecciones legislativas, y asegurarse de que la expresidenta, Cristina Fernández de Kirchner “reciba la justicia que merece”.
Lamelas aseveró que “el problema del país” es que “hay 23 provincias y cada una de estas tiene su gobierno por separado, que puede negociar con fuerzas externas, con los chinos o con otros para venir y hacer proyectos en esa provincia en particular. Y eso, además, da lugar a la corrupción de parte de los chinos”.
El embajador de la Casa Blanca en Argentina, es similar a la de una persona que padece enfermedad en etapa terminal de la que no tienen conciencia y quiera ganar una maratón. Lo bueno de los conservadores es que son eminentemente previsibles, no dejan nada a la intuición o a la prospectiva, simplemente se desenmascaran involuntariamente, traicionando la discreción prometida o la secrecía que debe identificarles.
Sostuvo que Fernández de Kirchner fue hallada culpable “de un fraude”, a lo que añadió otro tema, como el caso del cruento atentado contra la Asociación Mutual Israelí Argentina, hace 31 años, y sugirió que la ex presidenta es responsable de la muerte del fiscal a cargo de la causa, Alberto Nisman, quien se suicidó en enero de 2015, y subrayó la necesidad de hacer un juicio en ausencia contra los funcionarios iraníes acusados sin ninguna prueba de este atentado, que arrojó 85 muertos y cientos heridos.
Para encontrar delitos a quienes carecen de responsabilidad les sobra imaginación, ahora los fascistas del grupo de Trump, buscan culpables hasta de los suicidios para poder actuar, según su ingenua manera de percibir la inteligencia de la gente.
A México le tocó un modo más ligera en cuanto a la irrupción del nuevo embajador, una fiestecita entre medievales señores y siervos para que Ronald Johnson se sienta como en casa, simplemente estrechó manos, repartió abrazos y compartió con los anfitriones la admiración por Estados Unidos, así como su desprecio hacia nuestro país.
Trump no tiene amigos diplomáticos, los que había en la Casa Blanca fueron despedidos, lo cual resulta obvio no sólo en sus nombramientos sino en su conducta patológica, de tal manera que envía a los países de Latinoamérica a espías, policías, jueces, agentes de la CIA, oficiales del FBI, rangers, etc.
La historia de la política exterior estadunidense está marcada por la intención de injerencia principalmente en América Latina, no es una misión diplomática sino un puente con oídos, primero para invadir y asentarse, el segundo para conocer lo que sucede en la política latinoamericana.
El aviso del embajador en Argentina es una declaración de guerra, donde la injerencia anunciada viola las leyes internacionales y las de Argentina, situación en la que seguramente el servil Milei no le encuentra mayor conflicto, ya que primero está la monarquía libertaria con la que han bautizado su movimiento ultraderechista que las leyes humanas. Se olvida que donde hay reyes siempre hay esclavos.
Así, la ultraderecha adopta conductas supralegales, pero sobre todo divinas, porque consideran que pueden estar por encima de cualquier acuerdo o tratado firmado con anterioridad, de ahí que esté desmantelando los foros internacionales que podrían recordarle o reclamarle, que el gobierno de Trump se convierte en un delincuente que merecería ser castigado severamente, de por vida.
La violación a las normas establecidas inició con la imposición de nuevos aranceles como castigo divino a quienes no comparten su estrecha visión del mundo, porque la medida de los aranceles le resultó contraria, aumenta la deuda que quiere pagar, el desempleo crece, el dólar se hace pequeño, la inversión desaparece y el desprestigio es un secreto a voces..
Anunciar con tal desparpajo las verdaderas intenciones de un embajador estadounidense en cualquier país, es una provocación a la legalidad internacional que se ha visto quebrantada por el delirio de Trump, quien pareciera intensificar su sicopatía y aumentar los delitos de los que es acusado desde hace varios años.
La transformación de diplomacia en invasión y falta de respeto a la autodeterminación de los países ofende a todo el mundo, menos al presidente de la nación amenazada. Así es la ultraderecha tratándose de obedecer al patrón que siempre lo ha tratado como esclavo.
La indignación de los países de Latinoamérica crea un contrapeso para el que no está preparado Estados Unidos, principalmente en lo económico por sólo mencionar un aspecto. La unidad latinoamericana no sólo es un sueño bolivariano sino una reacción urgentemente necesaria que empiezan a expresar los mandatarios de México, Chile, Venezuela, Bolivia, Colombia, Cuba, entre otros.
En un país donde históricamente la ciencia ha sido vista como un complemento y no como un eje del desarrollo nacional, la creación de la Secretaría de Ciencia, Humanidades, Tecnología e Innovación (SECIHTI) representa un giro de timón profundo y estructural. No se trata solamente de un cambio de nombre o de jerarquía administrativa. Es, en esencia, un intento por transformar la forma en que México se concibe a sí mismo en el siglo XXI: no sólo como un país de manufactura, sino como una nación capaz de generar conocimiento, aplicarlo y compartirlo con dignidad y justicia social.
Este avance no es fortuito. Surge en un contexto donde la figura presidencial ha sido ocupada por una científica: Claudia Sheinbaum, física de formación, con trayectoria académica reconocida, asume las riendas de un Estado históricamente rezagado en materia de ciencia y tecnología. Su visión se refleja en la apuesta por hacer de la ciencia una política de Estado, y no una política sectorial. En este marco, elevar al otrora Conahcyt al rango de secretaría de Estado no solo otorga autonomía operativa, sino visibilidad, legitimidad y peso político en la agenda pública nacional.
Ciencia, política y justicia social
La SECIHTI nace con una misión compleja pero urgente: democratizar el conocimiento, reducir las brechas tecnológicas entre regiones y sectores, y posicionar a la ciencia no como privilegio de élites, sino como herramienta de transformación social. Esta visión rompe con una tradición tecnocrática que colocaba la investigación y el desarrollo en un plano alejado de las comunidades, de las culturas originarias, de los retos cotidianos.
En palabras de su titular, la doctora Rosaura Ruiz, “la ciencia debe estar al servicio del pueblo”. Este enfoque humanista implica reconocer que las grandes innovaciones no pueden prosperar en una nación donde la desigualdad es estructural, y donde buena parte del talento mexicano se ve obligado a migrar, subemplearse o desistir por falta de oportunidades.
El reto, entonces, no es solo producir más conocimiento, sino articularlo con las necesidades reales del país: salud pública, soberanía alimentaria, energías limpias, educación inclusiva, desarrollo urbano sustentable y mitigación del cambio climático. La SECIHTI, en este sentido, no es un fin, sino un instrumento para alcanzar otros fines más amplios y colectivos.
Institucionalización de la ciencia: ¿una utopía posible?
Desde su fundación en 1970, el Conacyt operó como el principal órgano de promoción científica en México. Sin embargo, durante décadas se enfrentó a obstáculos estructurales: presupuestos limitados, políticas inestables, una creciente burocratización y una desconexión con los sectores productivos y sociales. A pesar de ello, sembró una red de investigadores, becarios, centros públicos y posgrados que, aunque dispersos, constituyen hoy la base del nuevo sistema que se propone consolidar la SECIHTI.
Su creación representa, entonces, una institucionalización más profunda del proyecto científico nacional, al equiparar su relevancia con otras carteras clave como salud, educación o economía. Esta jerarquía abre la posibilidad de una planificación transversal, donde las políticas de ciencia estén presentes en cada decisión de gobierno, desde la atención de emergencias climáticas hasta el desarrollo de industrias de vanguardia como los semiconductores, los satélites o los autos eléctricos.
Pero esta institucionalización también exige rendición de cuentas, planeación técnica y sensibilidad política. No basta con tener el rango de secretaría: se necesita asegurar que las becas se entreguen a tiempo, que las convocatorias lleguen a todas las regiones, que el talento femenino, indígena, rural o migrante tenga espacio y voz en la agenda científica.
Financiar el futuro: un reto que no se puede postergar
Uno de los dilemas centrales es el presupuesto. Mientras que países como Corea del Sur o Alemania invierten más del 2 % del PIB en ciencia y tecnología, México apenas supera el 0.3 %. Este dato no solo evidencia una desventaja competitiva, sino una visión reducida sobre el potencial transformador de la ciencia. Sin recursos, la nueva secretaría corre el riesgo de convertirse en un símbolo sin capacidad operativa.
El desarrollo científico no puede verse como gasto, sino como inversión. Cada peso invertido en investigación aplicada, salud pública, educación tecnológica o desarrollo energético tiene un retorno económico, social y ambiental. Invertir en ciencia es, en última instancia, invertir en soberanía, resiliencia y equidad.
Hacia un modelo mexicano de ciencia con rostro humano
La SECIHTI tiene una tarea monumental: construir un modelo mexicano de ciencia que no copie esquemas extranjeros, sino que responda a la diversidad y complejidad del país. Esto implica fomentar la innovación industrial, sí, pero también rescatar el conocimiento comunitario, las prácticas agroecológicas, las lenguas originarias y la relación ancestral con la naturaleza.
Se trata de entender que la ciencia no es neutral: refleja prioridades, ideologías y formas de entender el mundo. Por eso, ponerla al centro del desarrollo nacional es también un acto político, profundamente ético, profundamente humano.