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  • Irán en llamas: cuando el hartazgo popular choca con la represión del régimen

    Irán en llamas: cuando el hartazgo popular choca con la represión del régimen

    En Irán, la protesta ya no es solo una consigna política: es un grito de supervivencia. Desde finales de 2025, las calles se han llenado de personas comunes —jóvenes sin futuro, mujeres cansadas de la opresión cotidiana, trabajadores asfixiados por la inflación— que han decidido perder el miedo porque la vida, tal como la conocen, ya no alcanza. El precio de los alimentos sube, el salario no rinde y el Estado parece cada vez más lejano a las necesidades reales de su pueblo.

    Lo que comenzó como un reclamo económico pronto se convirtió en algo más profundo: una exigencia de dignidad. Las protestas revelan un malestar estructural, acumulado durante años, donde el autoritarismo político y religioso se combina con un modelo económico incapaz de garantizar bienestar. Frente a este descontento legítimo, la respuesta del régimen ha sido la fuerza: balas, detenciones masivas, persecución y silencio impuesto. Cada manifestante reprimido es también una familia rota, una madre que espera, un barrio que aprende a vivir con miedo.

    El gobierno iraní insiste en reducir esta crisis a una conspiración externa. Acusa a Estados Unidos de fomentar la violencia y de utilizar el descontento social como una herramienta para debilitar al país. Y aunque es innegable que Washington ha intervenido históricamente en la región —respaldando sanciones, presiones diplomáticas y discursos de “liberación” que suelen esconder intereses geopolíticos—, esa narrativa no borra una verdad incómoda: nadie necesita ser manipulado desde fuera para protestar cuando el hambre, la represión y la falta de libertades ya son parte de la vida diaria.

    Desde una mirada crítica y de izquierda, el conflicto revela una doble injusticia. Por un lado, un régimen que ha cerrado los canales democráticos y responde al pueblo con violencia en lugar de justicia social. Por otro, una potencia como Estados Unidos que, lejos de actuar por solidaridad genuina, instrumentaliza el sufrimiento ajeno para reforzar su influencia regional, sin asumir nunca las consecuencias humanas de sus “intervenciones”.

    Entre estos dos polos de poder queda la gente. Personas que no piden sanciones, ni guerras, ni discursos grandilocuentes, sino trabajo, derechos y la posibilidad de decidir su propio destino. La tragedia iraní no puede leerse solo como un problema de seguridad o diplomacia: es una crisis social profunda, donde el pueblo paga el precio de un sistema autoritario y de un orden internacional que prioriza la confrontación sobre la vida.

    Irán arde no porque su gente quiera el caos, sino porque durante demasiado tiempo se le negó la justicia. Y mientras las grandes potencias discuten estrategias, son los cuerpos en las calles, las voces silenciadas y el dolor cotidiano los que cuentan la historia real de esta revuelta popular.

  • Diez riesgos para 2026: el mapa del poder, la economía y la incertidumbre

    Diez riesgos para 2026: el mapa del poder, la economía y la incertidumbre

    Al comenzar este año, muchas mexicanas y mexicanos sienten que algo cambió, aunque no siempre sea fácil explicarlo. La política ya no se percibe solo en discursos o debates lejanos, sino en decisiones que impactan el trabajo, el ingreso, la seguridad y la tranquilidad diaria. No es un momento de crisis, pero sí uno en el que los márgenes se sienten más estrechos y cada decisión parece pesar un poco más. Entender este contexto importa porque permite leer el momento con claridad, sin miedo ni exageración.

    Uno de los primeros puntos a observar tiene que ver con la forma en que se toman las decisiones. Cuando el poder se concentra, las cosas pueden avanzar más rápido, pero también se corre el riesgo de que las reglas cambien sin suficiente explicación. Esto no significa que todo esté mal, sino que la certeza puede debilitarse si no hay diálogo y claridad. Algo similar ocurre cuando los contrapesos pierden fuerza: corregir errores se vuelve más difícil y los ajustes llegan tarde.

    En la economía, el reto no es un colapso, sino la falta de impulso. Cuando el crecimiento es bajo, cuesta más mejorar ingresos y generar oportunidades. A esto se suma que muchas inversiones prefieren esperar antes de dar el siguiente paso. Esa pausa no se siente en cifras abstractas, sino en empleos que no llegan, proyectos que se posponen y familias que viven con mayor cautela. Aquí el desafío es recuperar confianza para volver a mover la rueda.

    Desde fuera, la relación con Estados Unidos y la revisión del T-MEC mantienen un ambiente de presión constante. No porque el acuerdo esté por romperse, sino porque la negociación permanente genera dudas. El reto está en responder con preparación y cabeza fría, evitando decisiones apresuradas que después cuesten más corregir.

    En las instituciones, otro riesgo aparece cuando las reformas avanzan más rápido que la capacidad para hacerlas realidad. Cambiar leyes es importante, pero hacerlo bien lo es todavía más. Cuando hay confusión, retrasos o reglas poco claras, la gente pierde confianza y todo se vuelve más complicado de lo necesario. Un Estado fuerte no es el que promete más, sino el que cumple mejor.

    En el territorio, la inseguridad y los conflictos sociales siguen afectando la vida diaria. El mayor riesgo no es solo su presencia, sino acostumbrarse a ellos, asumirlos como parte normal del día a día. Cuando eso ocurre, se encarecen los negocios, se fragmentan las comunidades y se debilita la confianza entre personas e instituciones.

    Ahora bien, hablar de estos riesgos no es una invitación al pesimismo. Al contrario. Identificarlos sirve para adelantarse, corregir a tiempo y evitar que se conviertan en problemas mayores. Nombrar los riesgos permite exigir mejores decisiones, reglas más claras y una ejecución más cuidadosa. Es una forma de prevención, no de alarma.

    Todos estos elementos se conectan en algo fundamental: la certidumbre. Cuando hay reglas claras, instituciones que funcionan y decisiones bien explicadas, las personas pueden planear, invertir, trabajar y vivir con mayor tranquilidad. La incertidumbre no desaparece por arte de magia, pero sí puede reducirse cuando hay orden, coherencia y responsabilidad.

    Visto en perspectiva, no estamos frente a un escenario de crisis, sino de definición. Los riesgos aquí descritos no anuncian un quiebre, sino un sistema que se pone a prueba. El verdadero activo del país no es la prisa ni la confrontación, sino la capacidad de convertir decisiones en reglas claras, presión en instituciones sólidas y tensión en resultados concretos. Si México logra transitar este periodo con claridad, disciplina y sentido común, lo que hoy se analiza como riesgo podrá recordarse como el momento en que supimos anticiparnos y gobernar mejor cuando el entorno dejó de ser cómodo.

  • Trump y la mentira del narcotráfico

    Trump y la mentira del narcotráfico

    Una mentira que se ha repetido hasta el cansancio por la derecha mexicana ha sido que Trump combate el narcotráfico y por eso quiere invadir otros países, en concreto el nuestro. Pero estoy seguro que nunca han analizado cuáles son los verdaderos objetivos del dictador naranja, que cada vez es más transparente en lo que quiere, o se hacen los bobos para mejor repetir esa mentira y usarla políticamente. De esto platicamos a continuación.

    Trump inventó la existencia de un cartel en Venezuela, lo llamó cartel de los soles, para invadirlos y quedarse con sus recursos. Hizo toda una campaña mediática donde hasta ofreció recompensa por los líderes de esa supuesta asociación delictuosa que nunca existió. Patético fue enterarnos que ese recurso jurídico lo desestimaron ahora que Maduro está en prisión porque pues no había pruebas suficientes jaja, nunca las hubo.

    Con solo ese pequeño antecedente sería suficiente para desconfiar de todo lo que diga Trump acerca del narcotráfico, de llamarlos terroristas, de declarar al fentanilo arma de destrucción masiva y un largo etcétera. Todo apunta a las narrativas ficticias gringas que han implementado para invadir otros países en nombre de supuesta libertad.

    Pero el dictador naranja es trasparente cada vez más y dijo los invadimos por su petróleo y sus recursos, son nuestros no de ustedes. De repente la narrativa del narcotráfico quedó olvidada y en la oposición mexicana no quisieron tomar esas palabras porque no les conviene.

    Y es que para nadie es un secreto que Trump no quiere acabar con el narcotráfico ni siquiera controlarlo, no le importa su población en lo más mínimo. Si así fuera Estados Unidos, que es el mayor consumidor de drogas y el mayor proveedor de armas a los carteles, haría algo serio en sus políticas públicas para acabar de tajo con esas redes delincuenciales.

    Pero no, el negocio le es muy favorable para los grandes capitalistas gringos, sus bancos lavan millonadas de dólares del narco sin que nadie diga nada, su distribución de drogas interna casi nunca se menciona y sus propios carteles operan con impunidad e inmunidad.

    Así que cuando alguien te diga que es mejor que nos invadan los gringos para acabar con los narcos recuérdale que al dictador Trump no le interesa en lo más mínimo acabar con el narcotráfico y la violencia ya que es uno de sus principales pilares.

    Redes sociales

  • La oposición sin sombra

    La oposición sin sombra

    La oposición quiere hacer creer que Morena no quiere oposición, la naciente organización fascista y decadente Somos México, reciclaje de los desechos de la política rechazada varias veces por la población, considera que el gobierno intenta desaparecer la disidencia.

    México espera que ese tipo de oposición ya no exista, y dentro el partido en el poder la intención es tener un interlocutor que eleve el nivel del debate y no lo reduzca a insultos y espectáculos propios de un partido de futbol.

    La población considera que la argumentación del debate en Morena ha reducido su solidez y abaratado su vocabulario para poder discutir con la oposición que existe ahora. Los que se dicen nuevo son cartuchos quemados y los viejos intentan infructuosamente actualizar su imagen.

    La oposición en abstracto, como lo manejan los medios, pareciera un ente político trascendente, en realidad son partidos disminuidos en su militancia y representación social que deben dar lugar a verdaderos partidos políticos con los que la democracia se fortalecerá. Con ellos en el supuesto sobrepeso, la democracia se deteriora con ese discurso violento, con su subasta permanente de la patria y su falta de cultura política.

    La oposición en términos reales no existe, se requiere otra oposición no su cancelación, para que haya legitimidad en el poder y hegemonía en el gobierno. En realidad, la oposición actualmente existente estorba el desarrollo del país. El nivel de debate y la preparación política disminuye en el Movimiento de Morena ante la necesidad de discutir con personajes que se disfrazan de dinosaurios o golpean senadores ante la mínima provocación.

    Por su parte, la oposición insiste en plagiarse a sí misma, en repetir las mismas caras, las mismas propuestas, las mismas críticas, para ocultar sus deficiencias en el trabajo político que se caracteriza por su carencia de propuestas viables para transformar el país cuya economía y cultura ellos echaron a perder.

    ¿Cómo arreglar las cosas si sólo saben desviar recursos del erario hacia sus bolsillos?

    Ahora ese cascajo, donde hasta los autodenominados imparciales ex consejeros del INE, quieren ser protagonistas, no se dan cuenta que el reflejo en el espejo tiene un cuarto de siglo sin cambiar el rostro.

    Las propuestas de los que alguna vez fueron los propietarios de una democracia frágil, ahora carecen de imaginación y conocimientos suficientes para actualizar su manera de normar elecciones en un escenario político nacional y mundial que cambia todos los días, pero ellos no cambian, porque siguen teniendo los mismos intereses que provocaron la guerra contra Benito Juárez, con el fusilamiento de Maximiliano y el latifundismo que impulsó la Revolución.

    Habrá que diseñar una reforma electoral a futuro, no solucionando los problemas existentes sino previendo los que vienen, sobre todo en materia de embates violentos de la derecha y oportunismos que dentro y fuera del Movimiento puedan surgir para seguir abaratando la política mexicana.

    Nombres de traidores a la patria, fuera del Movimiento sobran, también están definidos los traidores a Morena adentro. Están identificados y no sólo hacen daño estorban al desarrollo de la historia, y hasta de la especie humana.

  • El lado correcto

    El lado correcto

    Nicolás Maduro, junto con Cilia Flores, fue sustraído de territorio venezolano el pasado 3 de enero de 2026 por parte de militares estadounidenses instruidos por Donald Trump. Como suele hacer la nación imperialista por excelencia, esta vez eligieron el argumento del narcotráfico para secuestrar y querer juzgar arbitrariamente al mandatario de una nación que les supone una jugosa extracción de recursos. Y esta vez no hay que indagar demasiado para constatarlo, pues el propio Donald Trump había anunciado días antes que recuperarían “su” petróleo, el cual, según sus palabras, Venezuela les había quitado ilegalmente.

    Y aunque en general hemos hablado largo y tendido sobre la innegable politización del pueblo mexicano, y que la presidenta Claudia Sheinbaum condenó categóricamente el intervencionismo, tampoco sorprende que los mismos de siempre se hagan notar para mal; pero ahora no solo ellos, los hachos habituales, sino que el asunto fue tan mediático que muchas voces que poco hablan (y poco saben) de política, también hicieron sus “aportaciones”.

    Me encontré aquel 3 de enero una publicación hecha por un creador de contenido en YouTube cuyo canal lleva el nombre de Gabbo. Aunque el canal en cuestión está especializado en el doblaje, se ufanaba de reproducir la lamentable imagen de Nicolás Maduro esposado y con los ojos cubiertos por un antifaz mientras era trasladado ilegalmente territorio estadounidense. La publicación celebraba la “detención” de Maduro, lo calificaba de “dictador” y “tirano”, y cerraba con la irritante arenga de Javier Milei. Cuando este youtuber se ha atrevido a hacer otras desacertadas publicaciones en las que muestra su muy nublado panorama político, lo he rebatido. No tiene verdaderos argumentos; solo utiliza la frase comodín de que él no defiende a políticos.

    Ya antes hemos analizado la correlación entre la cultura de masas, la llamada cultura pop y el pensamiento de derecha, la despolitización y la noción automatizada de que EEUU es una nación que promueve la democracia y la libertad. La mayoría de jóvenes que han crecido en el sobreconsumo de productos culturales gringos, suelen tirar para la derecha por pura lógica, puesto que no han consumido nada distinto desde la infancia. Han de pensar: «Gracias, EEUU. De niño me diste caricaturas y películas, y ahora le das al mundo libertad».

    Sin embargo, este fenómeno no solo se manifiesta en los jóvenes, sino que también tienen satanizados a Cuba y Venezuela varios de los adultos mayores a quienes les doy clase. Años de noticiarios televisivos tendenciosos moldearon sus cerebros. La era de la televisión no ha terminado. Aunque ya pocos se entretienen o informan en ella, su estela de ignorancia y mensaje imperialista se va a seguir padeciendo por muchos años.

    Y aunque ya se puede ir por todo este país diciendo que se es de izquierda sin tapujos, y sin que esto suponga ningún estigma social, sino timbre de orgullo gracias a la gesta de AMLO, aún se palpa en algunos sectores un atraso significativo. No se trata de fervientes defensores ideológicos de la derecha, sino de pueblo alienado, inmerso aún en la dinámica de pensamiento que se le inoculó en los medios masivos; ese mensaje despolitizante de: «Todos los políticos son iguales, son corruptos y traidores. No te molestes en votar, porque ya todo está decidido y al final siempre hacen lo que quieren».

    El despertar ideológico del pueblo fue sin duda significativo, pero la onda expansiva de AMLO no alcanzó a quienes consumen contenidos que en su esencia llevan el mensaje de la industria cultural anglosajona. Muchos de los jóvenes despolitizados que desde el desconocimiento menosprecian a la izquierda, han crecido viendo a streamers de videojuegos con opiniones de derecha, y la truculenta marea del algoritmo les acerca los reels y shorts de Agustín Laje o incluso las incendiarias peroratas de los simpatizantes de Trump.

    Hemos dicho que en México no corren tiempos buenos para la derecha, pero en el resto del continente y del mundo, el panorama es distinto. A diario dilapidan millones en esparcir su evangelio. ¿Qué nos queda? Seguir siendo un pueblo unido y fuerte en todos los sentidos. Éste sí es el lado correcto.

  • Solamente es una pregunta

    Solamente es una pregunta

    ¿Para qué? Sí, es interesante conocer el propósito de las acciones de los que abusan de aquellos a quienes consideran más débiles, frágiles o incluso simplemente diferentes. 

    Veamos un ejemplo sencillo y fácil de narrar: en un colegio, de esos particulares en los que hay niños de familias muy adineradas, también aparecen otros a cuyos padres les cuesta mucho sostener en esa escuela, porque creen que es lo mejor.

    Aparece un chico, hijo de europeos muy ricos, blanco y rubio, con pensamiento favorable a la ultraderecha, que pronto se identifica con sus pares y es admirado porque siempre trae dinero, ropa de marca, es el dueño del balón para jugar, y otro más bajito, regordete, de cabello negro y moreno.

    Ambos tienen capacidad intelectual plena, pero el moreno siempre supera en todo al otro, aunque no es tan hábil físicamente y siempre es retado y humillado por el güerito, hasta que un día se hace evidente que su razón para molestar al bajito, es la envidia porque en lo académico nunca puede von él. Aquel moreno se cansa y por fin responde a las agresiones con la violencia propia de quien ha guardado el odio y el enojo por mucho tiempo.

    La golpiza inesperada, de la que ambos salen lastimados, pero el resto sabe que el moreno venció porque dejó atrás su papel de víctima.

    Tenemos un abusador entre las naciones, el güerito con lana y poder que quiere lo que tenemos los morenos que sobresalimos cuando nos decidimos por hacerlo y por ya no dejarnos. Somos muchos más que ellos, somos 670 millones de personas y ellos son 347 millones, si a nuestra población le quitamos el 35%, que sería el número aproximado de simpatizantes de la derecha, quedamos 435 millones y si a su población le quitamos el 48% que fue el porcentaje de votos que obtuvo Kamala Harris en 2024, le quedan 141 millones.

    Claro que las cuentas son casi aleatorias porque estoy tomando en cuenta el total de la población contra el porcentaje aproximado de las personas con visión derechista o, en su caso, de población con pensamiento al menos progresista. Aún con estos números muy inexactos, si nos unimos los latinoamericanos, somos más y posiblemente seremos invencibles, o ese es mi deseo.

    Lo verdaderamente triste es que no hay un solo Jefe de Estado en Nuestra América, que esté proponiendo algo así y peor todavía, las actitudes de casi todos, es de disputa por el liderazgo del posible grupo, creo que nada es peor que eso porque divide y esa división juega en favor del imperio. Es una situación que se ha repetido en otros tiempos, debe parar. Nuestra seguridad, soberanía, libertad y paz, dependen de la unidad. 

  • DECADENCIA GRINGA

    DECADENCIA GRINGA

    Las manifestaciones masivas, pacíficas que se realizan en Venezuela en contra del secuestro del presidente Nicolás Maduro y su esposa, bajo la acusación de que están vinculados con el narcotráfico, es sin duda reflejo de la idiosincrasia del ciudadano común en toda América Latina, la valentía con la que el pueblo venezolano actúa, es sin duda un rasgo importante que no tomó en cuenta la administración del delincuente que dirige los destinos del gobierno de los Estados Unidos. La fraternidad entre los pueblos de Latinoamérica se está poniendo a prueba y está demostrando la unidad de los pueblos heredada de las grandes civilizaciones mesoamericanas.

    Las movilizaciones convertidas en lucha pacífica, realizadas en muchas de las ciudades más emblemáticas de todo el mundo nos da como referencia el hartazgo del ciudadano común en torno al abuso de poder que ejerce el Agente Naranja de la Casa Blanca.

    El poder represivo que se manifiesta en la administración del presidente Trump está provocando una ola de indignación, pero sobre todo se está demostrando cómo el otrora país más poderoso en el mundo da muestra de su decadencia en el ámbito económico, dónde su necesidad por salvar su economía y su ritmo de vida lleno de excesos, muestra como en la realidad su riqueza se ha obtenido ejerciendo el Abuso de Poder con el que cuenta, mediante la violencia militar, la mentira, el despojo, la represión e infiltrando, sobornando, corrompido tanto a gobiernos y líderes de organismos políticos internacionales.

    Así demuestra el gobierno gringo, cómo en la realidad su lucha por el bienestar de la humanidad y de la democracia, solo existe en las super producciones cinematográficas que se muestran a través de las pantallas, dónde también se manipula la conciencia, sobre todo la de su población, que le sirve como arma de control social, dando argumentos falsos, ocultando la realidad crítica que atraviesa su país en materia económica, tecnológica, de valores, de seguridad, de salud física y emocional.

    Los argumentos sobre el daño que se provoca a su población a causa del narcotráfico fuera de su país se caen por si solos ya que para la economía gringa la distribución y consumo de narcóticos es parte importante de sus ingresos, por esa razón no están dispuestos a soltar su control al igual que con el negocio de las armas con el que se cierra el círculo virtuoso en torno a sus intereses económicos dónde la salud y la seguridad de su pueblo es menos importante. Lo que en realidad les interesa son las riquezas naturales con las que cuenta el país bolivariano.

    Al parecer de nuevo la sociedad mundial enfrenta el flagelo de la violencia por parte de un gobierno gringo que se siente dueño del mundo, dónde su dirigente líder de las mayorías refleja su verdadero rostro, el de la ambición desmedida.

    El delincuente que ocupa la Casa Blanca, no podrá con el poder de la razón y el humanismo que emana el pueblo Latinoamericano, principios básicos que siempre han salvado de la violencia a la sociedad en el mundo.

  • Seamos libres, aniquilemos la libertad

    Seamos libres, aniquilemos la libertad

    La derecha latinoamericana sigue cosechando triunfos, el más reciente, la captura de Nicolás Maduro. Y no es que hayan conseguido doblegar la voluntad del gobierno trumpista para satisfacer sus más perversos fetiches, sino que ha sabido doblegar sus más perversos fetiches para que coincidan con los intereses del gobierno de Estados Unidos de América, aquello que las buenas conciencias llaman “ruptura del derecho internacional” y “violación de la soberanía venezolana”, no es más que la labor altruista de un imperio para establecer los límites claros de su área de influencia, de su área de injerencia: América para los americanos, y los americanos para America… sin rusos ni chinos metiendo las narices en un continente que ya tiene dueño. 

    Sin lugar a dudas, no faltarán quienes denuncien la apropiación de recursos naturales y la invasión como si fuera algo condenable, quienes vean la extracción de Maduro y la toma de control de Venezuela como un simple golpe en la mesa para decir “aquí mando yo”, y no como un acto de honestidad brutal y desgarradora que liberará al pueblo latinoamericano del ridículo juego de salir a la calle para manifestar la voluntad popular en las urnas, ¿para qué? Si la voluntad popular debe de estar por debajo de la voluntad imperial, de la voluntad del mercado, ahorremos tiempo, recursos e ilusiones y dejemos que sea el mercado quien ponga y quite representantes imperiales.  

    La ventaja de esto es tan deslumbrante que oscurece el panorama, no sólo termina con la angustia que conlleva asumirse como ciudadano de cara al Leviatán estatal. No. También erradica la condena de ser libres, nos emancipa de arrastrar las pesadas cadenas de estar obligados a elegir, de ser responsables de nuestras vidas y acciones. La maldición del siervo liberado se conjura restaurando la servidumbre, el vasallaje, abrazando un capitalismo feudal donde todos somos súbditos del capataz en turno en el gobierno del imperio. Ya no hará falta preocuparse por el mañana, por forjar un destino, la suerte está echada y nadie puede negarlo, depositemos libremente nuestro destino en manos de quien acabará con nuestra libertad.

    Entrados en gastos

    Los patriotas latinoamericanos de derecha no quitarán el dedo del renglón para que las fuerzas armadas de EE.UU. hagan en México, Brasil, Colombia, Bolivia y en cualquier otro rincón de la región, lo mismo que hicieron en Venezuela, sacrificar a unos cuantos para liberarlos de ellos mismos, apoderarse de sus recursos naturales en aras de garantizar la satisfacción de los intereses del gran capital. Nada de ello es necesario, el mensaje fue claro, quien quiera seguir siendo libre, debe renunciar a su libertad, quien quiera conservar su soberanía, debe postrarse soberanamente cuando el soberano lo exija. No hay más.

    •  Carlos Bortoni es escritor. Su última novela es Historia mínima del desempleo.
  • Soberanía bajo ataque

    Soberanía bajo ataque

    La intervención militar realizada por Estados Unidos en Venezuela el 3 de enero representa uno de los episodios más delicados de la política internacional reciente. Se trató de una acción armada directa en territorio soberano, ejecutada sin autorización del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, lo que reavivó el debate sobre la legalidad del uso de la fuerza y la fragilidad del orden internacional contemporáneo.

    Desde el punto de vista jurídico, la operación contraviene el Artículo 2(4) de la Carta de la ONU, que prohíbe expresamente el uso de la fuerza contra la integridad territorial o la independencia política de los Estados. Este principio constituye uno de los pilares del sistema internacional posterior a 1945 y su vulneración no solo afecta al país intervenido, sino que debilita el marco normativo destinado a contener el ejercicio arbitrario del poder militar. La ausencia de una amenaza inmediata y verificable refuerza la percepción de una acción unilateral al margen del derecho internacional.

    El precedente que se establece resulta particularmente preocupante. La normalización de intervenciones militares sin aval multilateral erosiona el sistema basado en normas y fortalece una lógica de poder en la que la fuerza sustituye al derecho. En este contexto, los Estados con menor capacidad militar quedan expuestos a decisiones externas que redefinen su destino político sin mecanismos efectivos de protección internacional.

    A esta dimensión jurídica se suma una dimensión humanitaria ineludible. El uso de bombardeos y operaciones militares en zonas urbanas implica riesgos elevados para la población civil. La experiencia en conflictos recientes demuestra que incluso las denominadas operaciones de precisión generan daños colaterales: pérdida de vidas civiles, destrucción de infraestructura crítica e interrupción de servicios básicos. En Venezuela, estos efectos se superponen a una crisis económica y social prolongada, profundizando la vulnerabilidad de amplios sectores de la población.

    Más allá de los análisis estratégicos, el impacto humano es central. Las explosiones alteran la vida cotidiana, generan miedo e incertidumbre y dejan secuelas sociales difíciles de revertir. La guerra no se vive en abstracto, sino en barrios, hogares y comunidades concretas.

    Las implicaciones regionales también son significativas. Para América Latina, una región históricamente marcada por intervenciones externas, lo ocurrido reactiva preocupaciones sobre la vigencia real de la soberanía y la no intervención. En suma, el episodio del 3 de enero no es un hecho aislado, sino una señal de alerta sobre el debilitamiento del multilateralismo y de las normas que limitan el uso de la fuerza, con costos profundamente humanos.

  • La soberbia frente al espejo

    La soberbia frente al espejo

    Nuestro movimiento es el más fuerte del mundo por tres razones fundamentales: hay unidad interna, contamos con el respaldo del pueblo y porque tenemos a los dos mejores ejemplos: la presidenta Claudia Sheinbaum y Andrés Manuel López Obrador”; eso afirma Luisa María Alcalde y su declaración no sólo me parece un exceso retórico, sino que además exhibe uno de los principales problemas por los que atraviesa MORENA, es decir, la soberbia toda vez que, a mi parecer, confunde la innegable hegemonía electoral con la fortaleza política real. Alcalde, desde su presidencia parece asumir que el poder alcanzado en las urnas es permanente, incuestionable y, sobre todo, autosuficiente.

    Es cierto, existe un respaldo popular amplio, pero conviene decirlo con honestidad, se trata de un apoyo dirigido principalmente a figuras concretas, pero no al partido como institución. Si partiéramos de la honestidad, tanto el liderazgo histórico de Andrés Manuel López Obrador como el respaldo actual a Claudia Sheinbaum explican mucho más el apoyo social que la vida interna del Movimiento Regeneración Nacional como partido. Por eso creo que confundir el liderazgo carismático y los resultados inobjetables en el ejercicio de gobierno con la solidez partidaria no es más que un error nacido de la autosuficiencia.

    Por otra parte, hablar de una supuesta unidad interna en Morena es desconocer, incluso de negar deliberadamente una realidad pues ese partido (por más que se niegue) vive tensiones profundas entre grupos o corrientes, así como liderazgos locales que han desplazado a la militancia de base, en muchos casos, permitidos desde la dirigencia anterior. No se explica cómo Luisa Alcalde pretende negar que la lógica de facciones ha sustituido al debate político y al trabajo orgánico cuando está a la vista de todos. Por eso creo que la soberbia acompaña los dichos de la presidenta morenista y lo refleja con toda claridad pues su dirigencia quiere hacer ver que los destinos del movimiento poseen una cohesión consumada cuando en realidad el distanciamiento con las bases es cada vez más evidente. Probablemente el escuchar a las bases le haría bien al partido. Aquí cabe hacer un paréntesis obligado: Morena no es el movimiento, sino una expresión (la más fuerte sí) de éste, habría que recordar que el movimiento de transformación se construyó con pueblos, estudiantes, sindicatos, organizaciones sociales, colectivos y ciudadanos que no necesariamente militan en el partido y que hoy, en muchos casos, no son escuchados por la dirigencia en ninguno de sus niveles. Siendo así, otro error es creer que el partido, peor aún, su dirigencia, pueden hablar en nombre de todos sin abrir espacios de deliberación, lo que no es más que otro rasgo de esa soberbia política que termina por clausurar la crítica y el disenso y que a la postre daña cualquier movimiento.

    La autocrítica debería comenzar a convertirse en un ejercicio partidista pues el viraje hacia el pragmatismo electoral profundiza todos los problemas, así que hay que señalar con claridad que, desde la etapa en que la dirigencia optó por repartir candidaturas sin filtros ideológicos (como ocurrió con perfiles ajenos o contradictorios al proyecto tipo Pedro Haces), se envió el mensaje de que los cargos importan más que el proyecto dejando de lado la construcción colectiva de sentido. Luego entonces, MORENA debería comprender que el ejercicio de gobierno no es un mérito partidista exclusivo, pues asumirlo así es vaciar de contenido político al movimiento y abandonar su razón de ser.

    Ojalá la soberbia que hoy acompaña los dichos de Luisa María Alcalde no le impida ver las grietas evidentes; Morena no necesita proclamarse el más fuerte del mundo, todo lo contrario, necesita reconocerse vulnerable, escuchar, corregir y volver a las bases que le dieron origen pues ningún partido se debilita tanto como aquel que cree que ya no necesita mirarse críticamente.

    • Luis Tovar
      Secretario General de la Fundación para la Defensa del Medio Ambiente. FUDEMAH