Siguiendo con la difusión de la Cartilla de Derechos de la Mujer y con cada uno de los derechos ahí mencionados, hablaremos hoy del quinto derecho: El lugar que habitamos. Efectivamente el derecho a la vivienda es vital para el desarrollo del ser humano. Esta debe ser digna, limpia y segura, entre otras características.
En este documento se lee: “Durante mucho tiempo, las mujeres hemos enfrentado obstáculos para el acceso a una vivienda adecuada, ya sea por la violencia, la discriminación, la falta de acceso a créditos, reclamos de herencias, carencias culturales o muchos otros motivos que históricamente nos impedían ser propietarias.
Las mujeres tenemos derecho a un techo adecuado que podamos costear, acorde a nuestras necesidades, que cuente con acceso a servicios, escuelas y empleos; también tenemos derecho a tener seguridad de la tenencia de nuestra vivienda sin la amenaza del desalojo o la expulsión de nuestros hogares o tierras.
Nuestra Constitución reconoce las condiciones de vida de los pueblos y comunidades indígenas, sus espacios para la convivencia y recreación mediante acciones que garanticen el acceso al financiamiento para la construcción y mejoramiento de vivienda, así como la ampliación de la cobertura de los servicios sociales básicos en armonía con su entorno natural y cultural, sus conocimientos y tecnologías tradicionales.
Importante: Si no has podido ejercer este derecho puedes acudir a la Secretaría de Desarrollo Agrario, Territorial y Urbano (SEDATU), al Instituto del Fondo Nacional de la Vivienda para los Trabajadores (INFONAVIT) y a la Comisión Nacional de Vivienda que cuentan con programas para regularizar la tenencia de la tierra, así como para brindar subsidios.”
Ojalá el gobierno de México, especialmente el de Clara Brugada tome en cuenta la distribución igualitaria necesaria para el óptimo funcionamiento de la capital. Me refiero a no seguir saturando con mas unidades habitacionales, alcaldías como la Cuauhtémoc por ejemplo o la GAM que ya sufren de hacinamiento y toda clase de carencias entre ellas el agua y espacios verdes.
Esta semana, nos enteramos que MAGA, por sus iniciales en inglés Make América Great Again, quiere meterse a México a consolidar un golpe de estado blando, cómo?, desde la creación de un canal de televisión, hasta el uso de los youtubers, tiktokeros y demás que están en contra de la 4T.
Esto influyendo a los jóvenes que ejercerán por primera vez su voto en el 2027 y los que lo harán en 2030. Y seamos honestos, las nuevas generaciones, o a la mayoría, no les importa la historia desde la general hasta la particular, no les gusta investigar, y se dejan apantallar por lo que se dice y pasa en redes sociales, un ejemplo fehaciente de esto, fue en Argentina, con el triunfo del payaso de Milei, impulsado y apoyado por jóvenes, jóvenes que en redes sociales se preguntan de dónde se sacan los bisteces, de donde proviene la leche de chocolate y jóvenes que quieren hacer una defensa de las aceitunas (que según ellos provienen del Mar), de ese tamaño anda la ignorancia de las nuevas generaciones, esas que presumen que son el futuro, el ahora del Mundo, mismas que se enojan, se frustran y se lamentan de la disciplina y conocimiento impartido en sus propias casas y en las escuelas. Lo único que están generando es que la derecha empiece a ganar terreno en el Mundo, y todo por la ignorancia de los “jóvenes” que salvarían al Mundo…
Y estás generaciones son producto de los padres permisivos e ignorantes – también – que en su afán de protegerlos sólo los echan a perder.
Lo que le toca al gobierno mexicano, aparte de no dejar que el trumpismo de la mano de MAGA entre al país, es también empezar a llegar a estos jóvenes y darles libre albedrío, que se hagan conscientes de la realidad en la vivimos, en la vive México y en la vive el Mundo, porque no todo en las redes sociales es la realidad, y menos si los enseñan a ver a los Chúmeles, a los Latinus, etc., etc., etc, y sobre todo que tengan la intención de aprender.
Si de por sí México vive un momento muy delicado, en el que la presidente un día cede a los caprichos de Trump (como el asunto del petróleo hacia Cuba) y al día siguiente cambia de opinión (será por presión mediática), un día parece no tener idea de lo que hace y pasa en México, y al día siguiente sabe y hace con conocimiento de causa, y a esto le sumamos la volatidad del copetes naranjoso – Trump -, un día quiere invadir México, otro ya no, al siguiente otra vez si. Estamos fregados.
Y es difícil, complicado empezar a zafarse de los negocios con los gringos, pero no imposible. Y por más que se consolide el peso y la economía mexicana se fortalezca, EUA nos arrastrará a ese abismo donde está cayendo.
Y este texto no esta encaminado a decirles cómo educar a sus hijos o menores de edad de sus familias, es sólo es para hacer consciencia de lo que está pasando y lo que pasará si no se hace algo de peso.
No se les olvide, este texto está plagado de opiniones, cuestionamientos personales, algunos hechos reales y chunga.
Atizada por la prensa y los medios conservadores, nacionales e internacionales, propagada incansablemente por la enfurecida mendacidad comentócrata y la cantaleta prianista, la narrativa pública en México sobredimensiona un riesgo y minimiza otros. Desde hace años, en el debate público suele referirse a los homicidios como una amenaza omnipresente en todo nuestro país, como una enorme sombra que oscurece a todos y todas por igual, a hombres y mujeres, a niños, jóvenes, habitantes del norte y del sur del país… Sin embargo, los datos muestran otra cosa, muestran que, para amplios grupos de edad, para las mujeres, para los habitantes de la mayor parte del territorio nacional, el riesgo dominante está en los accidentes y no en los asesinatos.
Los homicidios, a nivel nacional, no aparecen entre las cinco principales causas de muerte de las defunciones registradas durante el primer semestre de 2025; los accidentes, tampoco: quedaron ubicados en sexta posición, pero apenas por debajo de las enfermedades del hígado: 19,292 y 19,517, respectivamente, y por agresiones (homicidios) se registraron 14,488 defunciones. En otras palabras, durante los primeros seis meses del año pasado, murieron en México 4,804 personas más por accidentes que por homicidios, lo que equivale a que los accidentes causaron aproximadamente un 33% más defunciones que la violencia homicida. Expresado en términos diarios, durante el primer semestre de 2025 ocurrieron en promedio alrededor de 106 muertes por accidentes frente a 80 por homicidios, lo que significa 26 muertes más al día por causas accidentales.
Los accidentes aparecen entre las diez primeras causas de muerte de mujeres en México durante el primer semestre de 2025 (lugar 8); los homicidios, no. En el caso de los hombres, los accidentes aparecen como cuarta causa de muerte, mientras que los homicidios, con 12,781 registros se ubican como sexta causa. En términos porcentuales, los hombres concentraron alrededor del 88% de las defunciones por homicidio, frente a apenas el 12% correspondiente a mujeres, o sea prácticamente 9 de cada 10 personas asesinadas eran varones.
La violencia letal no se distribuye de manera homogénea a lo largo del ciclo vital: es un fenómeno etariamente acotado. Los homicidios aparecen entre las cinco principales causas de muerte entre las personas de 10 a 54 años de edad; en cambio, los accidentes, entre las personas de menos de un año a 54 años de edad. En el grupo de 65 años y más, los homicidios ya no figuran ni siquiera entre las 10 principales causas de muerte. En contraste, los accidentes aparecen como la novena causa, con 4,416 defunciones.
Dato clave: durante el primer semestre de 2025, en casi 7 de cada 10 entidades federativas de la República Mexicana, los homicidios no aparecen entre las cinco principales causas de muerte. Los asesinatos se colocaron entre las cinco principales causas de muerte en 10 estados:
ESTADO
RANGO QUE OCUPA LAS AGRESIONES (HOMICIDIOS) COMO CAUSA DE MUERTE
Baja California
4
Colima
4
Chihuahua
4
Guanajuato
4
Guerrero
4
Michoacán
5
Morelos
4
Sinaloa
4
Sonora
4
Tabasco
4
Un par de apuntes al margen: 1) de los seis los estados de la República Mexicana que hacen frontera con Estados Unidos, cuatro de ellos aparecen en el listado anterior, y ellos concentran el 80% de la superficie de los diez estados en conjunto; 2) de los diez estados que aparecen en la lista anterior, seis tienen costa con el océano Pacífico.
Mientras en diez estados los homicidios fueron una de las cinco principales causas de muerte, en el mismo período, en 16 entidades federativas los accidentes aparecen entre las cinco principales causas de muerte, es decir, en uno de cada dos.
Tan sólo dos estados del país, 6% del total, se registraron 17% de los homicidios registrados durante el primer semestre de 2025: Guanajuato y Chihuahua, con 1,592 y 852 registros, respectivamente. De los 14,488 homicidios registrados en México durante el primer semestre de 2025, uno de cada nueve ocurrió en Guanajuato, con un total de 1,592 víctimas. Y conviene recordar que Guanajuato no es una de las entidades con mayor superficie del país, su territorio ocupa menos del 2% del total nacional. En una entidad que representa apenas una cincuentava parte del territorio mexicano, se registró casi una novena parte de todos los homicidios ocurridos en el país en ese periodo.
En México, lo que mata más no siempre es noticia. Hablar de los homicidios como una amenaza generalizada en nuestro país encubre la realidad: los riesgos cambian sustancialmente según edad, sexo y lugar en el que te tocó vivir.
El gobierno trumpetista del trumpetas trumpetero, montó un enorme happening en Minneapolis para mostrar al mundo lo que libertad y democracia significan en el libre mercado. Porque una cosa es condenar dictaduras y gobiernos totalitarios en Rusia, China, Venezuela, Irán o Cuba, y otra es ir tan lejos como se pueda, para defender los sacrosantos valores occidentales.
Lo esencial radica en extender la lucha en contra de la migración más allá de la migración y otorgar a las fuerzas del orden la facultad de reprimir y disparar a diestra y siniestra sin necesidad de aplicar ningún protocolo o criterio que no sea la falta de protocolo y criterio.
Nada que ver con la represión totalitaria de los malvados regímenes totalitarios ante los que totalitariamente se arrodillan los fanáticos totalitarios de la izquierda totalitaria. No. Esto es democracia llevada a la calle. Para muestra Renee Nicole Good, mujer blanca, ciudadana estadounidense por nacimiento y “terrorista doméstica” según los muy liberales e infundados informes federales, asesinada por un agente del ICE el 7 de enero de 2026, y Alex Pretti, hombre blanco, ciudadano estadounidense por nacimiento y, de acuerdo con la siempre humanitaria Kristi Noem, un manifestante violento que tenía la intención de “masacrar a los agentes de la ley”, también asesinado a tiros por agentes federales el 24 de enero de 2026.
Y es que para “restaurar la paz a través de la fuerza para una nueva era dorada de Estados Unidos”, subtítulo de la Estrategia de Defensa Nacional del Departamento de Guerra de EE.UU, no basta con borrar del mapa a Palestina, secuestrar a Maduro, mantener tranquila a Rusia, abandonar a su suerte a Europa, decir tonterías alrededor de Groenlandia (o Islandia), amenazar un día sí y otro también a Irán, y competir no militarmente con China. No. Es necesario limpiar la casa y erradicar toda oposición que se oponga a las patadas de ahogado del gobierno de EE.UU. por preservar una hegemonía que cada vez se ve más diluida y por la que empiezan a manifestar, más que nostalgia, melancolía, una fatal adhesión al poder perdido, y una incapacidad de soltar las glorias del pasado.
Entrados en gastos
Nadie podrá celebrar tranquilamente la caída del imperio, no porque la revolución no será televisada, o porque no habrá revolución y pasaremos de ser súbditos de un imperio a ser súbditos de otro, sino porque el imperio no se irá sin patalear y destruir todo lo que pueda destruir con su caída. La ruptura del orden mundial y la construcción de un nuevo orden no incorporará valores como derechos humanos, desarrollo sostenible y solidaridad para garantizar la supervivencia de las desigualdades prexistentes. No. Profundizará las desigualdades preexistentes, sentando sus reales sobre los escombros que sobrevivan a la libre liberación del liberalismo.
Carlos Bortoni es escritor. Su última novela es Historia mínima del desempleo.
No es solo un dicho: México tiene hoy una presidenta con reconocimiento y peso político. En tiempos donde el escenario internacional se ha vuelto áspero, fragmentado y profundamente pragmático, que el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, dirija un mensaje público a los mexicanos no es un gesto menor. En política real, el reconocimiento no se regala; se concede cuando existe interlocución, fuerza y respeto mutuo.
Como bien lo ha expresado la máxima autoridad del país, a muchos les va a doler. Y es que el mensaje es claro: en el país vecino se ha comenzado a entender una verdad compleja. El combate al narcotráfico no es una tarea sencilla; ha sido históricamente difícil, costosa y prolongada, pero es una labor que se está dando y cuyos resultados, aunque graduales, existen. No se trata de soluciones inmediatas, sino de procesos que requieren constancia, coordinación y voluntad política.
Ya sea por realismo estratégico, por ajustes en la política de seguridad o por una nueva forma de cooperación entre gobiernos, el discurso ha evolucionado. Hoy se habla menos de promesas grandilocuentes y más de control, contención, inteligencia y fortalecimiento institucional. El enfoque ha cambiado, pero la responsabilidad permanece.
Esto no debe interpretarse como desinterés hacia México. Por el contrario, el trato, los gestos y los símbolos reflejan una relación distinta. El respeto hacia México no solo se expresa en declaraciones oficiales, sino también en actos y mensajes que reconocen su peso regional, su cultura y su papel estratégico. México pesa, influye y se hace notar en la relación bilateral.
En el ámbito interno, mientras tanto, el país enfrenta decisiones que también marcan época. La reciente corrección de los ministros de la Suprema Corte de Justicia de la Nación respecto a la devolución de vehículos blindados abre un debate delicado pero necesario: la seguridad de quienes toman las decisiones judiciales más trascendentales del país. En un entorno de alta exposición y riesgo, reducir esquemas de protección no es un asunto administrativo, sino un tema de seguridad nacional.
Blindar un vehículo hoy no es simple ni barato. Las exigencias técnicas, el peso adicional, la necesidad de motores de alta potencia y plataformas especializadas hacen que, incluso bajando de categoría, cualquier unidad supere fácilmente el millón de pesos. Pretender soluciones simplistas en un contexto de violencia estructural es ignorar la realidad operativa que enfrentan jueces y ministros.
México vive una etapa de definiciones. En el exterior, se le reconoce con pragmatismo y respeto; en el interior, se le exige coherencia entre discurso, decisiones y consecuencias. Hoy la conducción del país no se mide por consignas ni aplausos, sino por la capacidad de asumir costos políticos, sostener procesos complejos y avanzar, paso a paso, en la construcción de un país más seguro y más justo.
Logros evidentes de la administración del actual gobierno de Veracruz provocan reacciones negativas en quienes no aceptan ser gobernados por una mujer, menos aún si es inteligente, progresista y supera a todos los gobernadores anteriores de ese estado.
Disfrazan su malestar con la exigencia de rendición de cuentas y transparencia respecto a toda actividad, obra o evento donde participe el gobierno del estado.
Los medios que siempre quieren más, presionan dándole voz hasta a los disidentes más insignificantes en la entidad. Es histórico que en Veracruz ahora los opositores menos fuertes sean los partidos de oposición, siempre fueron la vanguardia del descontento ahora son la zaga de la crítica. A pesar de que se auxilian de verdades a medias y fake news, nunca había sucedido esto y para comprobarlo basta ver la repartición de curules en el Congreso local, donde apenas figuran los partidos políticos, en una minoría inédita y vergonzosa.
La verdadera oposición en Veracruz se oculta entre las notas informativas de los medios y las movilizaciones sociales, movidas por manos invisibles, en marchas y plantones que muchas veces se diluyen en el momento mismo de tener que mostrar músculo frente el palacio de Gobierno.
Es decir, precisamente por tener una fuerza tan frágil, la oposición prefiere escudarse en los medios, y figurar como si en realidad existiera. Desde esa trinchera endeble tratan de criticar la participación de Veracruz en la Feria Internacional de Turismo (FITUR), organizada por IFEMA Madrid, que arrojó resultados positivos, medibles y cuantificables en materia de promoción, vinculación comercial e impulso a la inversión.
Las críticas a esta participación iniciaron desde meses atrás, argumentando urgente austeridad y desastres recientes, con lo que quieren anular toda actividad del gobierno, como tratando de impedir la participación de Veracruz, que cada año muestra grandes beneficios de inversión en atracción turística y promoción cultural.
La participación en Fitur, en su 46ª edición, arrojó como resultado más de 300 citas de negocio directo, lo que permitió fortalecer alianzas estratégicas y oportunidades de comercialización para destinos y productos turísticos del estado, principalmente en Europa.
La estrategia de promoción incluyó programas de gran audiencia y entrevistas con Televisión Española.
Cuando empezó este evento hace casi medio siglo, se pensaba que el único producto que podía llamar la atención era el café. Ahora se sabe que hay una infinita riqueza en el estado que es impulsado intensamente en el mundo entero. Los representantes de la gobernadora Rocío Nahle García, en Fitur, sostuvieron reuniones con aerolíneas, así como con plataformas globales y empresas promotoras de viajes como Expedia, Despegar.com, AVASA Travel Group, World2Meet, Presstour y Lastminute, entre otras muchas.
Veracruz realizó una muestra gastronómica en la Casa de México en España, con la participación de cocineras tradicionales, chefs y representantes de los 13 pueblos originarios; evento que reunió a 26 medios especializados, 20 agencias de viaje y 31 promotores turísticos.
Sólo falta que la oposición veracruzana, a través de sus incondicionales voceros, quieran resultados de un día para otro para convencerse del éxito que debieran dar a conocer con orgullo, pero prefieren presionar para conseguir convenios de publicidad y desgastar la política del actual régimen que el progreso de la entidad.
La jornada de revocación de mandato celebrada este domingo 25 de enero de 2026 en Oaxaca no sólo representó un ejercicio inédito de democracia participativa en la historia reciente del estado, sino que terminó por convertirse en un mensaje político claro: una parte significativa de la ciudadanía decidió refrendar la continuidad del proyecto encabezado por el gobernador Salomón Jara Cruz y avalar el rumbo de su administración.
Más allá del debate técnico sobre la participación y la vinculatoriedad del resultado, el proceso dejó una señal política relevante. En un contexto nacional marcado por la desconfianza hacia la clase política, la estabilidad institucional y la gobernabilidad que ha mantenido Oaxaca durante los últimos años se colocaron en el centro de la discusión pública. Para amplios sectores sociales, la consulta funcionó como un mecanismo de evaluación directa sobre un gobierno que ha priorizado la inversión social, el fortalecimiento de las comunidades y la recuperación del papel del Estado en regiones históricamente olvidadas.
Desde el inicio de su mandato, Salomón Jara ha impulsado una agenda centrada en el combate a la desigualdad, el impulso a la infraestructura comunitaria y el diálogo permanente con los pueblos indígenas. Programas de caminos rurales, salud comunitaria, apoyo al campo y fortalecimiento de la educación pública han sido algunos de los ejes que han permitido mejorar la presencia del gobierno estatal en zonas donde durante décadas predominó la ausencia institucional.
La propia convocatoria a la revocación de mandato fue leída por muchos analistas como una muestra de seguridad política. Someterse voluntariamente al juicio ciudadano en la mitad del sexenio implicó un riesgo que pocos gobernadores estarían dispuestos a asumir. Lejos de evadir el escrutinio, el Ejecutivo estatal aceptó un mecanismo que fortalece la rendición de cuentas y coloca al ciudadano en el centro de la decisión pública.
Durante la jornada, el gobernador acudió a emitir su voto sin estridencias ni triunfalismos. Su mensaje fue sobrio: aceptar sin reservas la decisión de la ciudadanía. Ese gesto, simple en apariencia, tuvo un peso simbólico importante en un país donde históricamente el poder ha sido reacio a someterse a mecanismos de control directo.
Los resultados preliminares, aunque sujetos al cómputo oficial, mostraron una tendencia clara a favor de la continuidad. Para sus simpatizantes, esto no es un cheque en blanco, sino un reconocimiento a un estilo de gobierno que ha privilegiado la cercanía territorial, la atención directa de conflictos sociales y una política de diálogo que ha permitido desactivar crisis potenciales en regiones complejas del estado.
En términos políticos, la revocación terminó funcionando como una ratificación de mandato. No solo confirmó la vigencia del liderazgo de Jara dentro de Oaxaca, sino que también fortaleció su posición dentro del escenario nacional, donde los gobernadores con respaldo ciudadano real son cada vez más escasos.
Por supuesto, el ejercicio no estuvo exento de críticas. Sectores sindicales y opositores cuestionaron el uso de recursos públicos y la oportunidad del proceso. Sin embargo, incluso estas voces reconocieron que la jornada transcurrió con orden institucional y sin una ruptura grave de la gobernabilidad.
En una democracia joven como la mexicana, la revocación de mandato no debe entenderse únicamente como un instrumento de destitución, sino también como una herramienta de legitimación. En este caso, Oaxaca ofreció un ejemplo poco común: un gobernador que se somete al juicio ciudadano y una ciudadanía que, con su participación, decide dar continuidad a un proyecto que considera funcional.
Al final, el mensaje que dejó el 25 de enero es sencillo pero potente: en tiempos de polarización, la estabilidad, el trabajo territorial y la rendición de cuentas siguen siendo activos políticos valiosos. Y en Oaxaca, al menos por ahora, la confianza decidió mantenerse.
Cuando estaba en la secundaria mis clases de historia universal eran amenizadas por un profesor que contaba los hechos como si hubieran sido escritos por un novelista. Sus historias me mantenían atenta a las antiguas civilizaciones que estudiábamos, la griega, romana, egipcia o hebrea. Recuerdo pensar en los siglos que habían de distancia hacia la época que en ese momento era la “actual”.
La idea de imperios era algo que quedaba fuera de mi pensamiento, no comprendía de qué forma una civilización se encargaba de expandirse. Yo asumía que los pueblos conquistados de la Europa occidental sólo cambiaban de mandato, de emperador o de alguna forma aceptaban la nueva organización de su sociedad. Claro, los libros de texto, las monografías, las bellas historias de mi profe no describían todos los detalles que hay detrás de eso.
Con el tiempo llegué a la Primera y Segunda Guerra Mundial, donde los hechos ya comenzaban a tener nuevas dimensiones porque el tiempo se acercaba a nosotros. Daba la sensación de que te pisaba los talones la historia, pero de algún modo siempre quedaba detrás, en tu mente inocente las organizaciones internacionales derivadas de ese suceso podrían prevenir un retorno a estas actitudes hostiles entre pueblos que dieron paso al derramamiento de sangre, pero esto no fue así…
Donald Trump está gestando una tensión mundial que pensamos que no tiene precedentes, observando el contexto que tenemos pienso que sólo estamos viviendo las consecuencias de aspectos sociales que poco a poco se han permitido. Martin Carnoy en “La educación como imperialismo cultural” publicado en los años 70’s del siglo pasado, apuntaba la manera en que la educación formal ha servido como eje troncal del dominio político y económico de buena parte de los países occidentales.
Uno de sus pupilos, el Doctor Carlos Ornelas, en alguna de sus clases nos invitaba a pensar en un concepto derivado de aquel el “neoimperialismo cultural”. Yo le dije que se podía pensar en una nueva forma de echar mano de herramientas culturales para borrar las identidades de diferentes pueblos y permitir el control desde ahora de todos los espacios sociales en donde llega a extender sus tentáculos el imperialismo. Pienso, por ejemplo, no sólo en la mercadotecnia de los productos alimenticios, los medios masivos de comunicación que generan una cultura pop estandarizada que se ajusta a cada público. Pero sobre todo en las culturas que quedan a la mano a través del internet.
La red nos permite que lleguen hasta nosotros ideas que se han construido sobre la prioridad imperialista de enaltecer y considerar como única la subjetividad de Estados Unidos. Hoy Trump piensa que ese neoimperialismo cultural le permitirá tomar como propio cualquier recurso y territorio. Yo me pregunto ¿cómo hemos resistido a esto o cómo podemos resistir a esa mancha que parece consumirnos a todos y pasa por cantantes, películas, comida, toda nuestra cultura? Lo que no calcula es que ya no es el único, el fenómeno de BTS no es aislado, está creciendo incluso en ese aspecto la lucha por el territorio cultural.
Cada enero, el mundo pone la mirada en el Foro Económico Mundial. Davos no firma tratados ni impone reglas, pero sí cumple una función clave: anticipa hacia dónde se mueven las decisiones globales. Lo que ahí se discute suele convertirse, meses después, en política pública, alianzas estratégicas o nuevos equilibrios de poder. En 2025, como analicé en mi columna México en Davos 2025: Oportunidades estratégicas en un contexto de transformación global, el foro fue un espacio de diagnóstico. En 2026, en cambio, fue algo más: una vitrina donde comenzaron a mostrarse soluciones paralelas.
En ese escenario apareció la Junta de Paz (Board of Peace). Impulsada por Donald Trump, la propuesta partió de un diagnóstico que hoy resulta fácil de entender incluso para quienes no siguen la geopolítica de cerca: los conflictos armados se prolongan, las crisis humanitarias se agravan y los mecanismos tradicionales tardan demasiado en responder. La Junta de Paz se presentó, así, como un intento por acelerar decisiones, coordinar actores y pasar del acuerdo político a la acción en el terreno.
Para dimensionar el alcance del anuncio conviene explicar, sin tecnicismos, cómo se plantea su funcionamiento. La Junta de Paz no sería un organismo universal como la ONU. Sus estatutos prevén membresías por invitación, reglas propias y una dirección central fuerte. La permanencia y el peso dentro del mecanismo estarían ligados al compromiso político y financiero de cada integrante. En términos simples, se trataría de un esquema más cerrado, diseñado para actuar rápido, aunque eso implique renunciar al consenso amplio.
Las reacciones no tardaron en evidenciar tensiones. Algunos países aceptaron participar desde el inicio; otros prefirieron declinar o mantener distancia. Esa división refleja una preocupación legítima: para ciertos actores, la Junta de Paz podría ser una vía pragmática frente a la parálisis; para otros, un riesgo de fragmentar esfuerzos y debilitar reglas comunes. No es un debate menor, porque de fondo está la pregunta sobre quién decide, con qué legitimidad y bajo qué controles.
Este punto conecta directamente con otra reflexión previa. En Es tiempo de mujeres: capítulo ONU advertí que la Organización de las Naciones Unidas mantiene legitimidad normativa, pero enfrenta límites operativos cada vez más visibles. Vetos, bloqueos y procesos prolongados han dificultado que sus resoluciones se traduzcan en resultados concretos. Davos 2026 confirmó esa lectura: ya no solo se habla de reformar al multilateralismo, sino de rodearlo con mecanismos alternativos.
Desde México, donde en los últimos años se ha insistido en que las instituciones deben servir a las personas y ofrecer resultados tangibles para mexicanas y mexicanos, este debate resulta especialmente relevante. La eficacia importa, pero también importan las reglas, la inclusión y la rendición de cuentas. El desafío consiste en encontrar un equilibrio que no sacrifique legitimidad en nombre de la rapidez, ni condene a la inacción por exceso de procedimientos.
La Junta de Paz no es una anomalía ni un gesto aislado. Es, más bien, el síntoma más visible de un sistema internacional en plena transición. Su aparición confirma que, frente a la parálisis operativa, el orden mundial comienza a ensayar reemplazos funcionales que privilegian la ejecución sobre el consenso y el liderazgo sobre la colegialidad. En este escenario, la Organización de las Naciones Unidas no pierde su legitimidad normativa ni su valor histórico, pero sí enfrenta el riesgo real de quedar desplazada en la práctica si no logra adaptarse a un mundo que ya no espera. El mensaje de fondo es claro: la ONU no será sustituida por un solo actor, sino rodeada progresivamente por mecanismos alternativos que, sin derrocarla, podrían volverla prescindible. Ese es el verdadero punto de inflexión que deja Davos 2026.
Donald Trump es una especie de reencarnación de Adolf Hitler, no le envidia nada al austriaco nazi, sus paralelismos son increíbles. No es casualidad esto, son síntoma de la misma enfermedad: capitalismo. Y entre lo común una parte central es que son dictadores, de eso hablaremos ahora, del dictador naranja.
Es bastante raro que a gobernantes de derecha les lleguen a llamar dictadores, pero a los de izquierda siempre los tachan de eso sin hacer distinciones ni matices, nada de eso importa. Eso se debe a que la derecha normalmente cuenta con el apoyo de los grandes medios de comunicación que ven por sus intereses y ayudan a construir esas narrativas.
Así vemos que si un Nicolás Maduro o Evo Morales se reeligen les llaman dictadores, pero si lo hace la alemana Angela Merkel es producto de una gran maduración democrática del pueblo alemán. Con solo ese ejemplo vemos el doble rasero con que se miden a los gobernantes según su sino político.
Eso lo vemos muy claro con Donald Trump, un personaje detestable que no respeta el derecho internacional, que secuestra presidentes de otros países, que violenta su constitución al no pedir permiso al senado como lo estipula la ley para acciones de guerra, que tiene su Gestapo con el ICE donde violenta a la ciudadanía estadounidense con acciones de terrorismo y justifica la Casa Blanca los asesinatos y represión con mentiras.
Además, ese personaje es un delincuente sentenciado y está involucrado con los casos de pedofilia y explotación sexual de Epstein, a eso le podemos agregar que es anticientífico, niega la ciencia con aseveraciones preocupantes como que no existe el cambio climático y más cosas.
En fin, aún con todos esos adjetivos que mencionamos (y podemos mencionar muchos más) no es suficiente para que un medio de comunicación se dirija a él como dictador. Pero no por eso vamos a dejar de decirle así, a partir de ahora no es el presidente Trump, es el dictador estadounidense y los grandes medios de comunicación son sus cómplices.