Una investigación periodística documenta cómo autoridades salvadoreñas ofrecieron hasta un millón de dólares para capturar ilegalmente a un cabecilla marero antes de las elecciones de 2024.
Una investigación de El Faro destapó una fallida conspiración del gobierno de Nayib Bukele para secuestrar en México a un líder de la Mara Salvatrucha (MS-13) con apoyo del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG), a cambio de un pago de un millón de dólares.
De acuerdo con los periodistas Carlos Martínez, Óscar Martínez y Efrén Lemus, el objetivo era Elmer Canales Rivera, alias “El Crook de Hollywood”, integrante de la cúpula de la MS-13, quien fue detenido en México en noviembre de 2023 por una solicitud de extradición y actualmente se encuentra bajo custodia de Estados Unidos.
El reportaje señala que la operación fue encomendada a Rafael Eduardo J., alias “Rafa” o “Chafa”, pandillero prófugo desde 2016, quien fungió como intermediario con el gobierno salvadoreño. A cambio de negociar con el CJNG, recibió información de inteligencia, viáticos y la liberación de su hermana, entonces encarcelada.
Por parte del gobierno, la coordinación habría estado a cargo del inspector Raúl Eduardo Reyes Escuintla, jefe de la División Élite Contra el Crimen Organizado (DECO), quien mantuvo comunicación directa con “Rafa”. El plan incluía simular una venganza personal: el funcionario se haría pasar por empresario afectado por “Crook” para justificar el secuestro.
La urgencia del operativo, según El Faro, respondía a que Canales Rivera representaba una prueba clave de las negociaciones secretas entre la administración Bukele y las pandillas, previas a la estrategia de seguridad y a las elecciones de febrero de 2024.
Finalmente, la conspiración nunca se ejecutó. “Rafa” mintió sobre sus supuestos contactos, no habló con el CJNG ni viajó a México. En su lugar, reveló el plan a periodistas y a autoridades estadounidenses, dejando al descubierto uno de los episodios más delicados del gobierno salvadoreño.
Tras la muerte del líder del CJNG, Washington reacomodó su cartel de recompensas millonarias y colocó a nuevos capos del narcotráfico y del crimen transnacional en la mira.
La muerte de Nemesio Oseguera Cervantes, alias El Mencho, durante un operativo federal en Jalisco, provocó un reacomodo inmediato en la lista de los criminales más buscados por Estados Unidos, encabezada por la DEA. El capo del Cártel Jalisco Nueva Generación murió tras resultar herido en un enfrentamiento en el municipio de Tapalpa, lo que desató una jornada de violencia con bloqueos, incendios de vehículos y enfrentamientos armados.
Ante los hechos, la Embajada de Estados Unidos en México emitió una alerta de seguridad para sus ciudadanos, mientras autoridades mexicanas desplegaron operativos para contener la violencia en diversas regiones del país.
Con la baja de El Mencho, Jesús Alfredo Guzmán Salazar, alias Alfredillo, pasó a encabezar el cartel de los más buscados. Junto a su hermano Iván Guzmán Salazar, ambos hijos de Joaquín Guzmán Loera, son señalados como líderes de Los Chapitos dentro del Cártel de Sinaloa. El Departamento de Estado de Estados Unidos ofrece hasta 10 millones de dólares por información que conduzca a su captura, debido a su papel clave en el tráfico de fentanilo.
En la lista también figura Yulan Andony Archaga Carías, alias Porky, líder de la Mara Salvatrucha (MS-13), por quien se ofrece una recompensa de cinco millones de dólares. Asimismo, aparece Sebastián Marset, acusado de encabezar una red internacional de narcotráfico y lavado de dinero, con operaciones en América Latina y Europa.
Autoridades mexicanas informaron que, tras los disturbios derivados del operativo, se realizaron decenas de detenciones, con participación de la Guardia Nacional y corporaciones estatales, además de cuantiosos daños a comercios y vehículos. La caída de El Mencho marca un punto de inflexión en la lucha contra el crimen organizado y redefine las prioridades de seguridad regional.
Washington confirma que no hay víctimas de EUA tras la violencia en México y presume coordinación con autoridades mexicanas tras la caída de “El Mencho”.
La Casa Blanca lanzó una advertencia contundente a los cárteles del narcotráfico: cualquier agresión contra ciudadanos estadounidenses en México tendrá “graves consecuencias”. El mensaje se dio luego de los hechos violentos registrados tras el asesinato de Nemesio Oseguera Cervantes, alias El Mencho, líder del Cártel Jalisco Nueva Generación.
En entrevista con Fox News, la secretaria de prensa de la Casa Blanca, Karoline Leavitt, aseguró que hasta el momento no existen reportes de estadounidenses heridos, secuestrados o asesinados tras los recientes episodios de violencia en territorio mexicano.
“Los cárteles saben que no pueden tocar a un solo estadounidense o enfrentarán consecuencias severas, como ya está ocurriendo”, afirmó la funcionaria, quien subrayó que el mensaje es claro y directo para las organizaciones criminales que operan en la región.
Leavitt también destacó que el operativo que derivó en la muerte del líder del CJNG fue ejecutado por autoridades mexicanas con apoyo de inteligencia estadounidense, lo que —dijo— demuestra el nivel de cooperación bilateral en materia de seguridad. Atribuyó el resultado al liderazgo del presidente Donald Trump, al tiempo que recordó que su administración designó a los cárteles mexicanos como organizaciones terroristas extranjeras.
La vocera señaló que Estados Unidos ha intensificado acciones letales contra embarcaciones utilizadas para el tráfico de drogas en el Caribe y el Pacífico, como parte de su estrategia para frenar el flujo de sustancias ilícitas hacia su territorio.
Finalmente, reiteró que Washington mantiene presión constante sobre el gobierno mexicano para profundizar el combate al narcotráfico y contener la entrada de drogas por la frontera sur. “Estamos coordinados, cooperando y exigiendo más resultados”, puntualizó.
Del lujo oculto en fraccionamientos exclusivos a la austeridad extrema en la sierra, los escondites de los grandes capos del narcotráfico en México revelan cómo el poder criminal se adapta al territorio, al momento histórico y a la relación con los estados.
Los escondites de los grandes capos del narcotráfico en México no responden a una sola lógica.
No son únicamente refugios físicos: son extensiones del poder, estrategias de control territorial, símbolos de impunidad y, en muchos casos, reflejos íntimos de la personalidad y el momento histórico de cada jefe criminal.
Al analizar los espacios donde se ocultaron figuras como Nemesio Oseguera Cervantes, Ismael Zambada García, Miguel Ángel Félix Gallardo, Rafael Caro Quintero, Joaquín Guzmán Loera y Marcos Arturo Beltrán Leyva, emerge un patrón más profundo: el narco no se esconde solo para huir, sino para gobernar desde las sombras.
El bosque como blindaje: “El Mencho” en Tapalpa
El refugio de El Mencho en el Tapalpa Country Club revela una evolución del crimen organizado contemporáneo. No se trataba de una cueva ni de una casa improvisada, sino de una residencia de lujo integrada al paisaje, dentro de un fraccionamiento exclusivo, rodeado de pinos, silencio y caminos privados. El entorno natural funcionaba como barrera visual, acústica y táctica.
La casa —con alimentos frescos, medicinas especializadas y símbolos religiosos— muestra a un capo que vivía como alguien que no pensaba huir, sino resistir. El bosque no era escape: era trincheras naturales. El intento de fuga hacia el monte confirma que el escondite estaba pensado para defenderse y dispersarse, no para desaparecer.
La sierra profunda: “El Mayo” y la invisibilidad
El caso de El Mayo Zambada es opuesto y, al mismo tiempo, complementario. Su escondite en Vascogil, un pueblo de menos de 500 habitantes en el corazón del Triángulo Dorado, no ofrecía lujo, sino anonimato absoluto.
Aquí, el escondite no dependía de muros ni de escoltas, sino de lealtades comunitarias, aislamiento geográfico y control social. Vascogil no era solo un refugio: era territorio propio, una extensión orgánica del Cártel de Sinaloa. En estos espacios, el capo no destaca; se diluye.
La ciudad como máscara: Félix Gallardo y Beltrán Leyva
Con Miguel Ángel Félix Gallardo, el escondite fue urbano y frontal: una casa lujosa en Guadalajara, sin túneles ni selva. En los años ochenta, el poder del narco aún se sostenía en protecciones políticas y acuerdos institucionales. No necesitaba esconderse lejos: se ocultaba a plena vista.
Algo similar ocurrió décadas después con Marcos Arturo Beltrán Leyva, abatido en departamentos de lujo en Cuernavaca. El narco se movía entre edificios residenciales, fiestas privadas y zonas de clase alta. La ciudad ofrecía normalidad, cobertura social y ruido, pero también mayor exposición. Ahí, el escondite se volvió escenario de guerra.
La austeridad estratégica: Caro Quintero
El contraste más fuerte aparece con Rafael Caro Quintero, localizado en una casa humilde, con techo de lámina, en la sierra de Choix, Sinaloa. No había lujo ni sofisticación: había discreción extrema.
Este tipo de refugio responde a una lógica de supervivencia pura. Caro Quintero ya no gobernaba un imperio: huía del tiempo, de la memoria y de la persecución internacional. Su escondite demuestra que, cuando el poder se erosiona, el narco abandona la ostentación y apuesta por desaparecer entre los olvidados.
La guarida como ingeniería: “El Chapo”
La última guarida de “El Chapo” Guzmán en Los Mochis sintetiza otra dimensión: la arquitectura del escape. No era solo una casa, sino un sistema: túneles, compuertas ocultas, drenajes, rutas de evasión.
Aquí, el escondite no es estático, es dinámico. Está diseñado para fallar y, aun así, permitir la huida. La vivienda quedó como ruina, museo involuntario de la narcocultura, símbolo de que el escondite también puede ser una trampa.
Los escondites de los grandes capos no son casuales. Revelan el momento histórico del narcotráfico, el nivel de control territorial, la relación con el Estado y el grado de confianza —o paranoia— del criminal.
Del lujo integrado al bosque, a la choza serrana; del departamento urbano al túnel subterráneo, cada refugio cuenta una historia: cuando el narco domina, se exhibe; cuando resiste, se camufla; cuando cae, se encierra.
En México, los escondites no solo ocultan cuerpos: ocultan redes, pactos, silencios.
Enfrentamientos entre fuerzas federales y líderes del narcotráfico han dejado una estela de capos abatidos que han querido evitar la captura.
En México, varios líderes del narcotráfico han encontrado su final en enfrentamientos armados contra fuerzas federales. Estos operativos, caracterizados por el uso de inteligencia militar y despliegues conjuntos del Ejército, la Marina y la Guardia Nacional, han dejado un saldo de cabecillas que se resisten a la captura.
Rubén Oseguera Cervantes, “El Mencho” Este 22 de febrero en Tapalpa, Jalisco, marcó uno de los golpes más significativos contra el Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG), cuando Fuerzas Especiales del Ejército Mexicano localizaron al líder del grupo criminal. Esto derivó en un enfrentamiento armado luego de que el grupo delictivo respondiera con agresión, donde ocho sicarios murieron en el lugar y tres más resultaron gravemente heridos, entre ellos Oseguera Cervantes, quien falleció durante su traslado aéreo a la Ciudad de México.
Arturo Beltrán Leyva El 16 de diciembre de 2009, un operativo conjunto de la Secretaría de Marina y el Ejército en el complejo residencial Altitude, en Cuernavaca, Morelos, culminó con la muerte de Arturo Beltrán Leyva, líder del cártel que llevaba su apellido y seis de sus escoltas murieron tras resistirse a la captura.
Antonio Ezequiel Cárdenas Guillén, “Tony Tormenta” El 5 de noviembre de 2010, en Matamoros, Tamaulipas, la Marina desplegó cientos de elementos, helicópteros y vehículos blindados para capturar al líder del Cártel del Golfo. El combate se extendió durante horas y paralizó la ciudad. Finalmente, “Tony Tormenta” fue abatido junto con varios integrantes de su organización.
Julián Loisa Salinas, “El Comandante Toro” En la madrugada del 22 de abril de 2017, en Reynosa, Tamaulipas, se localizó a Julián Loisa Salinas, jefe regional del Cártel del Golfo. La operación de la Marina desencadenó bloqueos con vehículos incendiados, persecuciones y balaceras. Tras el intercambio de disparos, Loisa Salinas murió junto a otro delincuente.
Estas bajas y enfrentamientos evidencian la capacidad de reacción de los grupos delictivos, pero también muestran avances en la localización de sus liderazgos y cooperación entre instituciones mexicanas. El verdadero reto consiste en complementar estas acciones con políticas de prevención, fortalecimiento institucional y atención a las causas sociales de la violencia.
El vínculo sentimental ha sido el punto débil que la inteligencia del Estado ha logrado identificar y explotar para desmantelar estructuras criminales que parecían indestructibles.
En el mundo del narcotráfico, donde la violencia, la clandestinidad y la tecnología parecen blindarlo todo, la mayor vulnerabilidad no ha sido el armamento ni los ejércitos de sicarios, sino el amor.
La historia reciente confirma un patrón: los grandes capos caen cuando bajan la guardia por un vínculo personal. Los casos de Nemesio Oseguera Cervantes, “El Mencho”, y Joaquín Guzmán Loera, “El Chapo”, lo evidencian.
En febrero de 2026, fuerzas federales mexicanas abatieron al líder del Cártel Jalisco Nueva Generación tras seguimientos de inteligencia que detectaron un punto de contacto sentimental en la zona de Tapalpa, Jalisco. Años de vida en la sierra y protocolos extremos se quebraron cuando el capo priorizó la cercanía personal, permitiendo su ubicación. No fue azar: fue inteligencia aplicada a la conducta humana.
Algo similar ocurrió con “El Chapo”, líder del Cártel de Sinaloa. Su recaptura en 2016 no se explicó solo por tecnología, sino por su necesidad de validación y cercanía, evidenciada en comunicaciones y gestiones externas con la actriz Kate del Castillo, que dejaron rastro. La intimidad sustituyó al búnker.
El patrón es claro: el capo vive aislado y paranoico; la pareja o el círculo afectivo es el único espacio donde se relajan los protocolos. Ahí se abandonan teléfonos cifrados, se sale del escondite y aparece el rastro. No es culpa de las mujeres, sino un fallo del propio sistema criminal, incapaz de encriptar la emoción.
El narco aprendió a blindar rutas y armas, pero no el amor. La inteligencia del Estado entiende que el poder se quiebra cuando aparece la necesidad humana. Y ahí, una y otra vez, caen los imperios.
El mandatario estadounidense reaccionó a la violencia posterior al operativo en Jalisco y pidió intensificar la lucha antidrogas, mientras exfuncionarios de la DEA advierten un periodo de reacomodo criminal.
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, se pronunció públicamente tras la muerte de Nemesio Oseguera Cervantes, alias “El Mencho”, líder del Cártel Jalisco Nueva Generación, y los hechos de violencia registrados después del operativo federal en México. A través de su red social Truth Social, el mandatario lanzó un mensaje directo: “México debe intensificar sus esfuerzos contra los cárteles y las drogas”.
El posicionamiento de Trump ocurrió luego de una entrevista televisiva del exdirector de Operaciones Especiales de la Drug Enforcement Administration, Derek Maltz, a quien el propio presidente calificó como “patriota”. El exfuncionario reconoció la efectividad del golpe contra el CJNG, al considerarlo uno de los más importantes en décadas contra el tráfico de fentanilo, pero alertó sobre un “caos inevitable” derivado de la reacción violenta del grupo criminal.
Maltz destacó la precisión de las fuerzas especiales mexicanas y advirtió que la estructura del CJNG podría enfrentar fracturas internas y disputas por el control territorial, incluso con otros cárteles, lo que elevaría el riesgo de nuevos enfrentamientos. Además, calificó los bloqueos y ataques posteriores como tácticas de narcoterrorismo para presionar al Estado mexicano.
En su mensaje, Trump recordó que “El Mencho” era uno de los criminales más buscados en ambos países, con una recompensa de 15 millones de dólares, y subrayó que su administración ya había designado al CJNG como organización narcoterrorista extranjera.
El mandatario estadounidense aprovechó el contexto para criticar duramente a la administración de Joe Biden, a la que acusó de haber permitido que los cárteles se fortalecieran mediante una política fronteriza laxa. En contraste, Trump aseguró que su gobierno impulsa la mayor operación de deportación en la historia y reafirmó el respaldo total a las agencias de seguridad fronteriza.
La liberación de Nemesio Oseguera Cervantes en 2012, durante el gobierno de Felipe Calderón, se convirtió en uno de los episodios más controvertidos de la llamada “guerra contra el narco”.
La breve captura y liberación en solo dos horas de Nemesio Oseguera Cervantes, ‘El Mencho’, en 2012, marcó un antes y un después en la historia del crimen organizado en México. El hecho ocurrió durante el sexenio del expresidente Felipe Calderón, cuyo gobierno permitió que el entonces líder emergente del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG) recuperara su libertad pese a su alto perfil criminal.
El 27 de agosto de 2012, elementos de la Secretaría de Marina detuvieron a Oseguera Cervantes en Zapopan, Jalisco. Sin embargo, la detención fue cancelada casi de inmediato. Diversas investigaciones periodísticas señalan que la orden de liberarlo provino del entonces gobernador panista Emilio González Márquez, con respaldo de autoridades federales del gobierno de Calderón.
En ese momento, la responsabilidad directa del caso recaía en el secretario de Seguridad Pública federal, Genaro García Luna, hoy sentenciado en Estados Unidos por vínculos con el narcotráfico. Pese a la relevancia del arresto, no se judicializó el caso y ‘El Mencho’ quedó libre, fortaleciendo la percepción de una red de protección institucional.
Tras esa liberación, el CJNG pasó de ser un grupo regional a una organización criminal de alcance internacional, caracterizada por su violencia y rápida expansión. Años después, la Drug Enforcement Administration (DEA) lo colocó entre los criminales más buscados del mundo, ofreciendo 15 millones de dólares por información que condujera a su captura.
El episodio de 2012 volvió al centro del debate tras confirmarse que ‘El Mencho’ fue abatido el 22 de febrero de 2026 en Tapalpa, Jalisco, durante un operativo federal que provocó narcobloqueos en varios estados. Para analistas y especialistas, su muerte cerró un ciclo que comenzó con una decisión política clave: dejarlo libre durante el gobierno de Felipe Calderón, una omisión que permitió el crecimiento del CJNG y profundizó la violencia en el país.
De migrante y policía municipal a líder del cártel más violento del país, su muerte en Jalisco cierra una era marcada por expansión territorial, terrorismo criminal y desafío abierto al Estado.
Nemesio Oseguera Cervantes, alias “El Mencho”, fue abatido en un operativo federal en Tapalpa, poniendo fin a la trayectoria del jefe criminal más poderoso de México y arquitecto de la expansión del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG). Su vida resume la mutación del narcotráfico: más militarizado, más brutal y con alcance global.
Nacido en Aguililla en 1966, creció en pobreza rural y migró a Estados Unidos siendo adolescente. Tras detenciones por narcóticos y deportaciones, regresó a México, donde fue policía municipal en Jalisco antes de incorporarse al crimen organizado. Su ascenso inició con el cártel del Milenio y se consolidó tras la muerte de Ignacio Coronel Villarreal en 2010, vacío que aprovechó para fundar el CJNG.
Bajo su mando, el cártel se expandió a decenas de países, dominó metanfetamina y fentanilo, y diversificó ingresos con extorsión, secuestro, tráfico de migrantes y huachicol. El grupo derribó un helicóptero militar en 2015, ejecutó narcobloqueos masivos, difundió videos de terror y perpetró atentados de alto impacto, incluido el ataque contra Omar García Harfuch y el asesinato del exgobernador Aristóteles Sandoval.
Aunque cultivó un perfil discreto, fue prioridad binacional: la Drug Enforcement Administration ofreció hasta 15 millones de dólares por información para capturarlo. Su influencia creció tras el debilitamiento del Cártel de Sinaloa y la caída de Joaquín Guzmán Loera y Ismael Zambada García.
La muerte de El Mencho no implica la desaparición del CJNG, pero marca el cierre de una etapa y abre una reconfiguración del crimen organizado. El Estado activó operativos y coordinación federal para contener reacciones violentas y restablecer la normalidad en las zonas afectadas.
El operativo terrestre y aéreo en la sierra de Sinaloa debilitó la logística criminal en una de las zonas históricas del narcotráfico en México.
La Secretaría de Marina (Semar) reforzó su ofensiva contra el crimen organizado en la sierra de Badiraguato, donde aseguró armas de fuego, equipo táctico y más de 3 mil 700 cartuchos de distintos calibres, como resultado de operativos antinarco realizados por tierra y aire.
De acuerdo con información oficial, el personal adscrito a la Octava Zona Naval desplegó recorridos de disuasión y vigilancia en el poblado de La Vainilla, con el objetivo de mantener el estado de derecho y desarticular células delictivas que operan en esta región serrana de Sinaloa.
Durante estas acciones, elementos navales localizaron cuatro fusiles de alto poder, 19 cargadores, 14 radios de comunicación y miles de municiones, lo que representa —según la institución— un golpe directo a las estructuras logísticas de la delincuencia organizada, al limitar su capacidad de operación y respuesta armada.
El despliegue ocurre en un contexto de alta tensión criminal. Apenas la semana pasada, integrantes de Los Chapitos, facción del Cártel de Sinaloa, se enfrentaron con personal de la Semar en la comunidad de El Limoncito, en la sindicatura de Jesús María, municipio de Culiacán. Tras ese choque, se reportó la detención de nueve personas y la muerte de un presunto delincuente.
Autoridades federales han intensificado los operativos contra las distintas facciones criminales que se disputan la sierra sinaloense, una región clave por las zonas de cultivo de amapola, la operación de narcolaboratorios y las rutas de trasiego de droga. Entre los grupos en pugna se encuentran Los Chapitos, Los Mayos, Los Salazar y la organización encabezada por Fausto Isidro Meza Flores, “El Chapo Isidro”, vinculada al Cártel Beltrán Leyva.
La Semar reiteró que los operativos continuarán como parte de la estrategia federal para reducir la violencia y debilitar al narcotráfico en uno de sus bastiones históricos.