Por Nathael Pérez
La FIFA ha castigado a países por guerras, discriminación e interferencia política, desde Sudáfrica hasta Rusia. Mientras algunos reciben sanciones estrictas, el organismo guarda silencio ante acciones de figuras como Donald Trump contra Venezuela. ¿Los valores de esta institución son universales o selectivos?
En 1992, el fútbol fue alcanzado de lleno por la guerra en los Balcanes, ya que Yugoslavia, entonces bajo sanciones internacionales, fue excluida de competencias en uno de los primeros casos donde un conflicto armado sacó a una selección del escenario mundial. Décadas después, algo similar ocurrió con Rusia, que en 2022 fue suspendida totalmente tras la invasión a Ucrania, quedando así fuera del Mundial de Qatar y de torneos europeos.
Un caso aún más prolongado fue el de Sudáfrica, nación fue expulsada entre 1958 y 1992 por su política de apartheid, lo que terminó siendo la suspensión más larga registrada en la historia del fútbol internacional.
La FIFA también ha actuado con firmeza frente a la interferencia de gobiernos en las federaciones, como en los caso de Nigeria, que fue suspendida brevemente en 2014; Indonesia, en 2015; y Kuwait en dos ocasiones (2007 y 2015), hasta que las autoridades civiles se retiraron del control directo del futbol.
México aparece en este listado desde un ángulo distinto, dado que en el Mundial de Brasil 2014, la FIFA advirtió formalmente a la Federación Mexicana por el grito de “puto”, el cual consideraron discriminatorio, y dejó abierta la posibilidad de sanciones mayores, incluida la exclusión. Aunque nunca se ejecutó una expulsión, el episodio marcó el inicio de castigos recurrentes, como multas y partidos sin público en años posteriores.
Todos estos casos reflejan un patrón claro: la FIFA interviene cuando percibe violaciones graves a sus principios, ya sea por conflictos bélicos, discriminación o control político del futbol. En algunos países, la amenaza bastó; en otros, el castigo fue inevitable.
Sin embargo, este rigor contrasta con el silencio reciente del organismo, pues mientras Gianni Infantino otorgó a Donald Trump el “Premio de la Paz de la FIFA” en medio de gestos políticos mayores, en días recientes el mandatario ha protagonizado la intervención contra Venezuela y secuestrado al presidente Nicolás Maduro, todo ello sin que que la FIFA haya emitido pronunciamiento alguno.
El premio otorgado a Trump y el silencio ante sus acciones recientes abren un cuestionamiento necesario: ¿la defensa de los valores del fútbol es universal o selectiva? El contraste entre sancionar a unas naciones y guardar silencio frente a otras decisiones de poder erosiona la a一muy poca一 credibilidad moral del máximo organismo del fútbol.


