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  • México, su músculo, su corazón y su cerebro

    México, su músculo, su corazón y su cerebro

    El 2024 cerró con excelentes noticias para el mercado laboral de México. Lo anterior se desprende del panorama dado a conocer por el INEGI el 29 de enero de 2025. En concreto, me refiero a los resultados más recientes de la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE). Los datos muestran un panorama positivo: 

    • Aumento en la Población Económicamente Activa (PEA)
    • El porcentaje de la PEA que está empleada tuvo un incremento
    • Una disminución importante en la tasa de desocupación, sin aumento de la tasa de informalidad
    • La tasa de condiciones críticas de ocupación presentó una disminución significativa

    En pocas palabras, en nuestro país cada vez hay más gente trabajando, menos en situación de desempleo y mejores oportunidades para aquellos que buscan chamba. Todo esto se ha traducido en mayor bienestar para las familias mexicanas y un impulso para la economía del país. En concreto, un aumento en la PEA indica que más personas están participando en el mercado laboral, ya sea porque han encontrado un empleo o porque están buscando activamente uno con esperanza de hallarlo. Esto suele ser un indicador de una economía en crecimiento. Además, una mayor participación laboral puede generar un mayor dinamismo económico y un aumento en la producción de bienes y servicios.

    La dichosa PEA

    Metafóricamente, la PEA —integrada por la gente de 15 años y más que, durante la semana de referencia, realizó o tuvo un vínculo con una actividad económica (población ocupada) o buscó activamente hacerlo (población desocupada en las últimas cuatro semanas)— es el músculo laboral de una economía. Ciertamente, además de ese músculo, se precisan otros factores, como la tecnología, la infraestructura, las instituciones y las políticas públicas, pero sin trabajadores, ninguno de esos ingredientes genera riqueza, en tanto que los seres humanos, los hombres y mujeres que conforman la PEA, son quienes desarrollan esos otros factores. Mientras que todos los demás componentes son herramientas y marcos de acción, son los hombres y mujeres de la PEA quienes les dan vida y propósito. Decir que la mayor riqueza de México es su gente no queda en frase retórica: la PEA no solo es el “músculo laboral” de la economía, sino también su corazón y su cerebro, ya que, sin ella, ningún otro factor puede funcionar ni generar riqueza. Incluso —y voy a proferir una herejía para la fe neoliberal—, sin los hombres y mujeres que conforman la dichosa PEA, no hay dinero que alcance para generar más riqueza. Suele olvidarse una tremenda obviedad: la riqueza no surge de manera espontánea, es el resultado del esfuerzo humano y su capacidad transformadora. Sin trabajadores, no hay producción, no hay servicios y, por lo tanto, no hay riqueza.

    Durante el año pasado, la PEA de México aumentó en 66 mil personas, en comparación con el mes de diciembre de 2023, para alcanzar así un gran total de 60.8 millones de personas.

    Sólo para comparar: mientras que México tiene una PEA de casi 61 millones de personas, la PEA de Alemania difícilmente asciende a 46 millones. En el caso de Francia, la PEA apenas suma 32 millones de personas, mientras en España se sitúa por debajo de los 26 millones. 

    Un ejemplo interesante es Japón. Nuestro país se ubica hoy en la posición 11 entre los más poblados del orbe, con poco más de 130 millones de habitantes, enseguida de Etiopía, que nos superó hace poco y tiene ahora una población total de 132 millones, y justo por arriba de Japón, cuya población ha disminuido últimamente. A pesar de que el país asiático tiene una población total un poco menor que México —unos seis millones de habitantes menos, en números redondos—, su PEA es mayor: 61 contra 67 millones. La diferencia de tamaño refleja contrastes estructurales significativos, derivados de sus diferencias demográficas, económicas y sociales.

    • Estimación de la PEA japonesa a diciembre de 2024: 67 millones de personas, aproximadamente el 55% de su población total. 
    • PEA mexicana en el mismo periodo: 60.8 millones, 46% de su población total.

    El margen de crecimiento de ambas PEA es radicalmente diferente, considerando que más del 30% de la población japonesa tiene 65 años o más, mientras que en México este mismo grupo etario representa el 10% de la población total. Aunque no tienen el mismo nivel de envejecimiento que Japón, Estados Unidos y la Unión Europea también experimentan un drástico aumento en su población mayor:

    • Estados Unidos: 17% de su población total tiene 65 años y más.
    • Unión Europea: 21% de su población total tiene 65 años y más.

    La estructura demográfica de la PEA mexicana, además de en su composición por edad, presenta en su composición por sexo un importante margen de crecimiento. Mientras que en economías como la de Estados Unidos, la Unión Europea y la japonesa la participación laboral de las mujeres ha aumentado en los últimos años para hacerse mayoritaria, 57.5, 68 y 53%, respectivamente, la tasa de participación femenina en México es de 46.0%, esto es, muestra un margen importante para crecer. Claro, más ahora que en México es tiempo de mujeres.

    • @gcastroibarra
  • ¿De qué nos morimos?

    ¿De qué nos morimos?

    Desde esta playa inútil, y desierto,
    a donde me han traído mis antojos,
    mirando estoy el mar de mis enojos,
    la cierta muerte y el camino incierto.

    Lope de Vega

    1

    Se acaban de dar a conocer las cifras preliminares de las estadísticas de defunciones registradas en nuestro país. La información más reciente corresponde al primer semestre de 2024. Los datos los integra el INEGI y provienen de casi 4.4 mil fuentes informantes repartidas en todo México —registros administrativos de los certificados de defunción del Registro Civil y los Servicios Médicos Forenses, además de las actas de defunción del Registro Civil y los cuadernos estadísticos de las Agencias del Ministerio Público—.

    2

    En total, de enero a junio del año pasado se registraron 417,408 defunciones: un promedio de 2,293.45 muertes registradas por día, casi 96 por hora, 1.6 por minuto. Dese usted una idea de la cantidad que son esas 417.4 mil defunciones: en la demarcación territorial Miguel Hidalgo de la Ciudad de México —en la que se encuentran colonias emblemáticas como la Escandón, Polanco, Lomas de Chapultepec y la Pensil e Irrigación— tiene una población total de 414.4 mil habitantes. Ahora, en términos de crecimiento natural de la población, ¿son muchas o pocas defunciones? Bueno, a todo lo largo de 2023 se registraron 1.820.9 millones de nacimientos, un promedio semestral de 910.4 mil…, es decir, más del doble que las defunciones registradas durante los primeros seis meses de 2024.

    Poco más de la mitad de las muertes registradas, 55.6%, fueron de varones. Claro, la sabiduría popular no falla porque el mes durante el cual se registraron más defunciones fue enero (18.9%)…, o falla poco, porque el segundo mes con más casos no fue febrero, sino mayo (17.6%).

    Verdad de Perogrullo: quienes más fallecen son las personas mayores. Si uno observa las tasas específicas por cada 100 mil habitantes, entre la gente menor de 35 años la muerte se presenta poco: tasas inferiores a 94 por millar. Entre las personas de 35 a 54 las tasas se ubican entre 135.9 y 260.6, de 55 a 64 aumenta significativamente a 568.4 al millar, pero que la vida tiene un límite fatal se hace evidente a partir de los 65 años: a partir de esa edad, la tasa específica por cada 100 mil habitantes se dispara a 2,313.

    3

    Descontando el tiempo —porque en estricto sentido la principal causa de muerte es su imbatible paso—, como en todo el mundo, actualmente la principal causa de muerte en México son las enfermedades del corazón: 100.7 mil muertes se registraron atribuyéndose a ellas. En el siguiente peldaño sí que hay diferencia: mientras que la diabetes mellitus ocupa actualmente el quinto lugar entre las principales causas de muerte en todo el mundo —datos de la Organización Mundial de la Salud—, en nuestro país se encuentra en segundo lugar, con 57.9 mil muertes registradas en el primer semestre de 2024. Con 47.4 mil muertes registradas de enero a junio de 2024, como tercera causa de muerte en México se ubicó el cáncer, tumores malignos —en todo el orbe es la segunda causa de muerte—. Enlisto enseguida, en orden, las siguientes causas de la cuarta a la décima: enfermedades del hígado (20 mil), accidentes (19.8 mil), influenza y neumonía (19.7 mil), enfermedades cerebrovasculares (18 mil), homicidios (15.2 mil), enfermedades pulmonares obstructivas crónicas (10.5 mil) e insuficiencia renal (8.7 mil).

    Las cosas se presentaron distintas, muy distintas, para hombres y mujeres. Las diferencias se aprecian después de las tres primeras causas de muerte: mientras que para ellas como cuarta causa de muerte se colocaron la influenza y la neumonía, para ellos fueron los accidentes —seguramente la mayoría accidentes en los que tuvo que ver uno o varios vehículos automotores y el alcohol—. En cuanto a los asesinatos, en el caso de las mujeres no se aparece como una de las diez principales causas de muerte en México durante el primer semestre del año pasado, en tanto que con 13.4 mil registros —88% del total—, los homicidios se localizaron como la sexta causa de muerte de hombres.

    De igual modo, las principales causas de muerte varían drásticamente dependiendo de la edad de la persona fallecida. No sorprende que la principal causa de defunción antes del primer año de vida sean ciertas afecciones originadas en el período perinatal. De 1 a 4 años, las malformaciones congénitas, deformidades y anomalías cromosómicas son la principal causa de muerte, y muy lamentablemente entre los niños y jóvenes, hombres y mujeres, de 5 a 24 años de edad, los accidentes se ubicaron como principal causa de óbito. Peor todavía: la principal causa de muerte entre la gente de 25 a 44 años fueron los homicidios. A partir de los 45 años, las enfermedades del corazón y la diabetes se disputan los dos primeros sitios en la tabla. Tristemente, tampoco debemos dejar de ver que la desnutrición y otras deficiencias nutricionales siguen matando mexicanos y mexicanas, sobre todo entre los más pequeños: como causa de muerte, la desnutrición se ubicó en décimo, noveno y octavo lugar como principal causa de muerte entre los infantes de 5 a 9, de 1 a 4 y de menos de un año, respectivamente.

    Las lesiones autoinfligidas intencionalmente, es decir, el suicidio, no se halla entre las principales diez causas de muerte de los más pequeños, pero aparece muy pronto: de enero a junio del año pasado, el suicidio es la quinta causa de las muertes registradas de niños y niñas de 10 a 14 años, y asciende al tercer lugar entre el siguiente grupo de edad (15 a 24 años). Entre los muchachos y muchachas de 25 a 34 años, las lesiones autoinfligidas intencionalmente fueron la quinta causa de muerte, la séptima entre los adultos de 35 a 44 años y la décima para la gente de 45 a 54 años. A partir de los 55 años, el suicidio deja de ser una de las principales causas de muerte.

    4

    El homicidio aparece entre las cinco principales causas de muerte registradas durante el primer semestre de 2024 en diez estados: Baja California (4ª), Colima (3ª), Chihuahua (4ª), Guanajuato (4ª), Guerrero (4ª), Michoacán (4ª) y Morelos (4ª), Quintana Roo (5ª), Sonora (5ª) y Tabasco (5ª). Las enfermedades del corazón se presentan como principal causa de muerte en todas las entidades federativas del país, tanto en general como para el caso particular de las mujeres y en casi todo México en el caso de los hombres, sin embargo, en Colima, la principal causa de muerte es otra, los asesinatos.

    Curioso, los accidentes se cuelan como una de las cinco principales causas de muerte registradas en varios estados de la República: Aguascalientes (4ª), BCS (4ª), Campeche (4ª), Colima (5ª), Durango (4ª), Guanajuato (5ª), Hidalgo (5ª), Estado de México (5ª), Michoacán (5ª), Nayarit (4ª), SLP (4ª), Sinaloa (4ª), Tabasco (4ª), Tlaxcala (4ª) y Zacatecas (4ª).

    Coda

    Haciendo a un lado la megalómana locura de perseguir la cancelación del envejecimiento y en última instancia de la muerte misma, me animo a decir que a la luz de los números alguien debería estar estudiando las llamadas causas externas de defunción —no sólo los homicidios, también los suicidios y accidentes, por ejemplo— para tratar de abatir tanta muerte prematura.

    • @gcastroibarra
  • Los asombrados

    Los asombrados

    Injusto para el sol es tu reproche,
    que esa sombra que pasa y que te ciega,
    es una sombra, pero aún no es la noche.

    Manuel Acuña, A una flor.

    Como a muchos de ustedes seguramente les sucedió, a resultas del período vacacional decembrino, me fue posible convivir con muchas personas queridas con las que a lo largo del año nos habíamos mantenido alejados. En mi caso, tuve la fortuna de pasar algunos días con dos jóvenes mexicanas, a quienes admiro y considero particularmente sensibles, informadas e inteligentes. Ambas, desde hace unos cinco años, radican en Europa. Una de ellas vive en París y la otra en Berlín; para no balconear a nadie, digamos que Mademoiselle Lapin estudia un posgrado en una universidad pública parisina y trabaja dando clases de inglés, mientras que Frau Hartnäckigkeit, luego de terminar una maestría se quedó a trabajar en una ONG global que tiene como objetivo combatir la corrupción. Durante su estancia en México, convivieron con amistades, la mayoría sus coetáneos, y familiares. Mientras nos agasajábamos con unos tacos de antología, antes de su regreso pudimos conversar sobre cómo veían las cosas en el país. Para decirlo pronto, las dos opinan que en general ven todo mejor y que la perspectiva es que en el futuro próximo sigamos en esa dirección. También pudimos hablar de algo que nos desconcierta profundamente a los tres: la gente cercana que se mantiene ya no digamos escéptica, sino ferozmente crítica frente a los logros de la 4T. Sin problema, podemos sintetizar esa postura en estos términos: todo lo que ha hecho, hace y seguirá haciendo AMLO-Morena-Claudia-la4T está muy mal y es, obvio, un peligro para México. Como suele suceder desde hace mucho en un montón de sobremesas y pláticas con otros amigos, fue obligado que llegáramos a la expresión de un asombro, un asombro que, apuesto, buena parte de quienes me están leyendo han experimentado también: ¿pues que no ven la misma realidad? ¿En qué mundo viven? ¿De verdad perciben que las cosas están tan mal como dicen o de plano mienten? En algún momento, se agregó otro ingrediente: además, ¿no están viendo que México es hoy un oasis de esperanza y optimismo en medio de un panorama mundial indiscutiblemente adverso, desbarajustado y, sin exagerar, que más que angustia causa miedo, un miedo racional y perfectamente fundamentado?

    Hace unos días se publicó el más reciente informe anual de Latinbarómetro, una organización privada sin fines de lucro, con sede en Santiago de Chile, especializada en realizar estudios de opinión pública en América Latina para analizar actitudes, valores y percepciones sobre temas políticos, económicos y sociales. Latinobarómetro comenzó a funcionar en 1995, cuando realizó su primera encuesta regional. Levanta encuestas anuales en hasta 18 países latinoamericanos, en los cuales habita el 99% de la población de la región. No es exagerado decir que sus reportes se han convertido en una referencia indispensable para académicos, gobiernos, organizaciones internacionales y medios de comunicación. Bueno, pues resulta que el último reporte de Latinbarómetro aporta un combo de datos para que nuestro asombro frente a la pejefobia ampliada se magnifique… Van algunos botones de muestra:

    • El nivel de satisfacción de la democracia mexicana alcanza 50% en el estudio Latinobarómetro 2024, y ese es el nivel más alto jamás reportado. Nunca antes tanta gente en nuestro país había estado tan conforme con el sistema democrático. Repito, la mitad de los encuestados dijo estar muy o algo satisfecho con el funcionamiento de la democracia en el país. Y del lado de la 4Tfobia radical, el expresidente Zedillo salió con la babada de perico de que México había perdido su calidad de país democrático… Su error de enero.
    • Por el mismo estudio podemos saber que la percepción de progreso se triplicó en seis años: la gente que opina que el país está progresando subió de 14% en 2018 ¡a 45% en 2024! Y claro, se trata del porcentaje más alto de percepción de progreso en México que Latinbarómetro ha registrado desde su inicio en 1995. Comparen: en Argentina, Chile y Perú, apenas el 21, el 19 y el 11% de los encuestados, respectivamente, opinaron que sus países progresan.
    • El 59% de los mexicanos espera una mejoría en su economía en el año. Dicho con otras palabras: al arranque del segundo piso de la 4T, el optimismo económico campea. Y, de nuevo, es el nivel más alto en 30 años: nunca antes habíamos sido tantos los que, considerando la situación de nuestros gastos e ingresos, pensamos que es justificado creer que las cosas nos irán mejor.

    Comentando esta información, mi buen amigo Manuel Campos me cuestionó en X: ¿cuál es tu teoría u opinión de por qué hay tanta gente (dejando fuera a los voceros y escribidores de la derecha) creyendo que México va mal? La pregunta, por demás pertinente, expresa el asombro del que yo hablaba antes. Y el paréntesis que incluye @macampos52 es importante, porque ciertamente en el origen del asombro no están los que repelan, gritonean, insultan y desinforman a partir de mentiras sabiendo que están mintiendo. Asombran quienes dicen que todo está mal y creen realmente eso.

    En principio hay que decir lo obvio: la respuesta no puede ser una sola, esto es, sería prácticamente imposible que una única explicación nos permita entender a toda la gente que se encuentra en tan lamentable situación —lamentable, porque quien percibe que le está yendo del diablo necesariamente siente eso y por tanto efectivamente le está yendo del diablo—. Con todo, hay una posible respuesta que permita comprender el martirio de buena parte de los furibundos aludidos. Trato de esbozarla…

    Nociones como los pobres son pobres por flojos, a los pobres hay que enseñarles a pescar y no regalarles pescados, si bien son parte de una ideología específica, también funcionan como elementos fundamentales de la cosmovisión de la persona que cree eso. La cosmovisión de un humano le permite organizar el mundo y entenderse así mismo en el mundo. Así que, cuando la realidad contradice palmariamente tu cosmovisión, consecuentemente el mundo se vuelve un sitio confuso y peligroso en el cual te sientes del todo inseguro. ¿Qué haces entonces? Optas por negar la realidad antes que permitir que se fracture tu cosmovisión. O expresado en términos más simples: si las cosas no son como yo creo, pues las cosas están mal. Si esto es así, en realidad quienes están más asombrados no somos los que estamos contentos.

    • @gcastroibarra
  • 2025: la esperanza y la cloaca

    2025: la esperanza y la cloaca

    We are all in the gutter,
    but some of us are looking at the stars.

    Lord Darlington (Oscar Wilde, Lady Windermere’s Fan)

    Arranca el segundo cuarto del siglo XXI y ya desde el primer día del 2025 se confirma a las claras que el orbe sigue por el mismo rumbo que ha tomado desde hace poco menos de diez años: el mundo se está yendo al carajo. A contracorriente, México, nuestro país, va en otra dirección, la opuesta. O mejor dicho: en México, nos movemos viendo hacia otros derroteros. Mientras el pesimismo se ha vuelto ecuménico en Occidente, entre el Bravo y el Usumacinta, entre el Golfo y el Pacífico, la esperanza tiene lugar.

    El 2 de enero volvieron a circular los periódicos, y la enorme mayoría de los matutinos impresos de buena parte del planeta presentaron en sus respectivas primeras planas las mismas imágenes, las mismas notas: sendos atentados terroristas en dos ciudades del imperio yanqui. En Nueva Orleans, un orate embistió a bordo de una camioneta a una multitud que celebraba en Bourbon Street el Año Nuevo y mató al menos a catorce personas, mientras que en Las Vegas, un automóvil estalló a las puertas del Trump Hotel. El vehículo era una icónica cybertruck de Tesla, así que simbólicamente el hecho ligó al mega-anómalo presidente electo de Estados Unidos con su megamagnate aliado —¿o jefe?—, Elon Musk. Como era de esperarse, la derecha gringa, sus medios y su anaranjado paladín se apresuraron a culpar a los migrantes, a los musulmanes, a los otros… Y, claro, como era de esperarse, resultó que los dos fulanos implicados en los atentados eran ciudadanos norteamericanos y, más todavía, ex militares.

    En Europa, el panorama no sólo no mejora, empeora y feo. Junto al titular sobre los atentados en Estados Unidos, El país informa que Ucrania corta el suministro del gas de Rusia a Europa —la BBC da cuenta del mismo hecho con un encabezado más dramático: “Termina la era del gas ruso barato para la Unión Europea al detenerse su tránsito por Ucrania”—, y al calce pone una nota sobre la lenta reconstrucción de Paiporta, después de la dana —¿de cuántas que ahí vienen?— que azotó a Valencia hace unas semanas… En el cartón que publica The Guardian también el día 2 de enero se muestra a un bebé año nuevo 2025 leyendo la lista de lo que le espera: genocidio, crisis climática, recesión global, inteligencia artificial…, y a su lado, el año viejo, decrépito, que se va, dice: On the bright side, President Trump has promised to make America great again… again. Porque, but of course, el mitómano desbocado, el señor que oficialmente es ya un delincuente sexual, el míster oligarca que ocupará la Casa Blanca, regresa con una panoplia de desesperanza para los países europeos, comenzando por la Gran Bretaña, Francia y Alemania, los tres a los que Biden se llevó al baile ucraniano.

    De Medio Oriente sólo digamos siete palabras: genocidio palestino y riesgo de guerra nuclear.

    Lo más global hoy día es el pesimismo.

    ¿Y acá en nuestro terruño? Bueno, pues resulta que el jueves 2 de enero El Financiero publicó los resultados de una encuesta que, entre otras cosas, muestran sin el menor resquicio para la duda que su machacona campaña espantabobos no ha funcionado: resulta, y cito textual, que “el 66 por ciento de los entrevistados considera que la economía en el país va a mejorar [en 2025], frente a 9 por ciento que cree que va a empeorar y 20 por ciento que opina que la situación económica va a permanecer igual”. El optimismo campea en México, y en general, no solamente en cuestión de dineros:

    De acuerdo con la más reciente encuesta realizada por El Financiero a 800 adultos a nivel nacional vía telefónica, 87 por ciento de los entrevistados espera que 2025 sea un año muy bueno o bueno. Las expectativas favorables sobre el nuevo año registraron un aumento de 12 puntos porcentuales respecto del año previo, cuando éstas alcanzaron 75 por ciento.

    O sea que estamos bien y la mayoría apostamos porque nos va a ir mejor, y eso en un contexto internacional no desbarajustado como casi siempre, sino ahora francamente aterrador. Las amenazas trumpeteras no hacen mella y los vientos de guerra se perciben distantes. Cierto, con todo, por más optimistas que estemos en México, es una verdad de Perogrullo que vamos a bordo del mismo mundo, y más allá de la economía y sus bandazos —porque resulta que crecer más y más no sólo no es una meta sino ha sido un problema—, una guerra nuclear nos llevaría a una hecatombe civilizatoria de la que nadie se salvaría y, aunque se evitara ella, la crisis climática nos va a seguir pegando a todos. Pensando en ello fue que puse como epígrafe de este texto el parlamento que Lord Darlington dice en Lady Windermere’s Fan, la pieza dramática de Oscar Wilde: We are all in the gutter, but some of us are looking at the stars…, que bien podríamos traducir como “Estamos todos en la cloaca, pero algunos de nosotros estamos viendo las estrellas”.

    ¡Nos va a ir chido!

    • @gcastroibarra
  • La palabra del año

    La palabra del año

    Quedan unos cuantos días para que se acabe el veinte…, el veinte 24. Termina el año civil. Tiempo de recuentos, de cortes de caja, de evaluaciones… Con el 2024 se terminó también el primer gobierno de la Cuarta Transformación de la vida pública de México. Este 2024 vimos caer el telón de despedida de Andrés Manuel y el sucesivo inicio del sexenio de la primera presidenta de México, quien desde el 1 de octubre encabeza el segundo piso de la 4T. No dudaría un momento en que, para nuestro país, este cambio de estafeta marcará la historiografía del año que concluye: el timonel ya no es AMLO, ahora es Claudia, pero la nave continúa con el mismo rumbo, y ciertamente con más empuje y a mayor velocidad. El obradorismo cumplió cabalmente y de ese movimiento surgió el humanismo mexicano. ¿Cuál sería la palabra que mejor exprese lo que sucedió en 2024 en México?

    A nivel mundial ya hay varias propuestas. No sabremos qué tan atinadas resultarán siendo porque para ello es necesario que transcurra el tiempo, que lo gestado durante 2024 germine. Ha pasado que determinados acontecimientos son lo suficientemente elocuentes como para que incluso antes de diciembre no quedara duda. Por ejemplo, según el Merriam-Webster la palabra del año 2020 fue pandemia. Indiscutible, ¿cierto? Sin embargo, hay también ocasiones en que la elección resulta más bien oscura, por no decir francamente desatinada: por caso, en 2016 el mismo diccionario determinó que la palabra del año era surrealista, y hoy difícilmente sabríamos sin investigarlo por qué diablos lo hizo —con la elección de surreal se pretendió capturar el espíritu del momento, cuando para mucha gente la realidad parecía tan inesperada y extraña debido a acontecimientos tan estrambóticos como la primera victoria del mega-anómalo Trump y el resultado del referéndum del Brexit en el Reino Unido—. Para 2024, el Merriam-Webster ya seleccionó la que para ellos es la palabra que define mejor el año: polarización —“división en dos opuestos marcadamente distintos; especialmente, un estado en el que las opiniones, creencias o intereses de un grupo o sociedad dejan de situarse en un continuo y se concentran en extremos opuestos”—. Y, por supuesto, no optaron por esa palabreja que, por cierto, tanto le gusta a la derecha y la opinocracia mexicanas, teniendo en mente a nuestro país, sino, but of course, a Estados Unidos, concretamente atendiendo el proceso electoral que dio por resultado el regreso de Trump a la Casa Blanca. 

    Por su parte, la revista británica The Economist eligió como la palabra del año 2024 kakistocracy, kakistocracia en español. El vocablo proviene del griego antiguo y se forma combinando dos elementos. κάκιστος (kákistos): superlativo de kakós, que significa “malo” o “el peor”. Kákistos se traduce entonces como “el peor de los peores”. El otro componente es más conocido: κρατία (-kratía): sufijo que significa “gobierno” o “poder”, derivado de kratos, que significa “fuerza” o “dominio”. Por lo tanto, kakistocracia literalmente significa “gobierno de los peores”. Ojo, para la RAE la grafía correcta es caquistocracia; en un tuit explicó: “Esta voz designa el gobierno ejercido por los peores o menos capaces. Se encuentra en estudio para su posible inclusión en el diccionario.” Y uno difícilmente no recuerda a Ucrania y Argentina, pero, de nuevo, The Economist optó por esta palabra pensando en un país, Estados Unidos, en un señor, Donald Trump, y en sus compinches: un antivacunas para el encargado de la salud pública, una señora que era gerente de la asociación de lucha libre para el departamento de Educación, un ex agente de la CIA y boina verde para embajador en México…

    La palabra del año 2024 para el Oxford English Dictionary es brain rot, la cual podríamos traducir a nuestro idioma como putrefacción o deterioro cerebral. Sin embargo, para los filólogos del Oxford, el vocablo tiene un sentido mucho más preciso: “deterioro del estado mental o intelectual de una persona como resultado del consumo excesivo de contenido trivial, especialmente el que se halla en Internet”. O sea: si usted se pasa minutos y minutos que se convierten en horas y horas viendo memes y videos bobos en redes sociales muy probablemente sufra de brain rot. Brain rot hace referencia a uno de los peligros más evidentes de la vida virtual y a cómo estamos utilizando nuestro tiempo libre”, explicó Casper Grathwohl, presidente de Oxford Languages, en un comunicado de prensa. Ahora, el fenómeno no es del todo nuevo: ha estado con nosotros desde hace mucho. “Antes de Internet, la televisión era la gran causa de la descomposición cerebral de su tiempo. Y Oxford ha rastreado la expresión hasta su primer uso registrado en Walden, el libro de 1854 del protohippie Henry David Thoreau”, explica Ben Guarino en un artículo para Scientific American.

    Como su palabra del año 2024, el Macquarie Dictionary también eligió un vocablo proveniente de la dimensión digital: enshittification. El término no tiene una traducción exacta en español, ya que es una palabra coloquial y relativamente reciente en inglés. Se utiliza de manera humorística y crítica para describir el proceso por el cual un servicio, producto o plataforma especialmente en línea comienza bien, pero con el tiempo cambia para volverse peor o de mala calidad, afectando negativamente la experiencia del usuario. Una traducción aproximada podría ser “proceso de estropeo” o “deterioro deliberado”. Aquí, en México, con enshittification uno que tenga ojos y oídos necesariamente voltea para la derecha.

    En fin, regresando a la pregunta ¿cuál sería la palabra que mejor exprese lo que sucedió en 2024 en México?, pienso que la elección es obligada y no hay de otra: la palabra del año 2024 es presidenta, con a.

    • @gcastroibarra
  • El segundo hervor

    El segundo hervor

    If you’re not getting happier as you get older,

    then you’re fuckin’ up.Ani DiFranco,

    If Yr Not.

    La edad mediana es como el “punto medio” de una población, obviamente, en términos del tiempo de vida de cada uno de sus integrantes. Así, si alineáramos a todas las personas de un grupo de gente desde el más joven hasta el más viejo, la edad mediana sería la de la persona que queda justo a la mitad. Es decir, la mitad de la población es más joven que esa edad, y la otra mitad es más vieja.

    Los grupos poblacionales pueden ser más o menos homogéneos, por ejemplo, si en una escuela de nivel preescolar la edad mediana es de cuatro años y en una escuela primaria de ocho, en la primera los extremos se hallan muy cercanos entre sí, tres y cinco años, mientras que en el caso de la primaria no tanto: seis y doce años. De igual manera, hay poblaciones más avejentadas que otras, y la edad mediana de ellas da una buena idea de ello. Por ejemplo, la Ciudad del Vaticano ostenta una de las edades promedio más altas del mundo: su población presenta un promedio de 58 años, lo cual la ubica como el país con la edad mediana más elevada a nivel global. Claro, la Ciudad del Vaticano es un caso único en cuanto a su estructura demográfica; su avejentada estructura demográfica se debe a una combinación de factores, incluyendo la composición de su población —una gran parte integrada por clérigos de distintas jerarquías y guardias suizos—, la baja tasa de natalidad y la alta esperanza de vida. En contraste, en la República de Níger, país africano con una alta tasa de natalidad y una esperanza de vida dramáticamente baja, la edad mediana es de apenas 15 años.

    La edad mediana es un indicador fundamental para analizar la composición demográfica de cualquier agrupación humana, un indicador que ofrece una poderosa abstracción que da cuenta de su estructura, dinámicas y necesidades. Por supuesto, la edad mediana de un país puede ser tan dinámica como lo sea su desarrollo. Así, es muy posible que la edad mediana de la población mundial se haya mantenido en torno a los 22 años durante muchísimo tiempo, quizá desde la propagación de la agricultura y hasta el estallido de la Revolución Industrial.

    La estructura demográfica de nuestro país ha mostrado una acelerada dinámica, más y más en nuestros días. La edad mediana da muestra clara de ello. El primer censo moderno levantado en México ocurrió en 1895, en pleno auge del porfiriato. En aquel entonces, hace apenas 129 años, cuando el país tenía 12.6 millones de habitantes —muchos menos que los 17.5 millones que actualmente viven sólo en el Estado de México—, ¿qué edad mediana presentaba la población nacional? 16 años, apenas 16 años, la misma que hoy encontramos en naciones como Uganda, Angola, Mali y el Congo. Y con 16 años se mantuvo sin variaciones durante un buen tiempo, al menos hasta el censo de 1930. Con ya casi 20 millones de habitantes, en 1940 la edad mediana sumó un añito más y llegó a los 17. Cuarenta años después, el fenómeno que entonces se denominaba, con miedo, explosión demográfica era palmario en México: el X Censo de Población y Vivienda dio cuenta de que en 1980 habitábamos en este país 66.8 millones de seres humanos. En menos de medio siglo no nos habíamos duplicado, no, ¡nos multiplicamos 3.4 veces! Con todo, la edad mediana seguía muy cercana a los 16 años que se registraba a finales del siglo XIX: 18. Pero si se dio un incremento de sólo dos años en la edad mediana a lo largo de casi cien años (1895-1980), en los siguientes veinte ocurrió un aumento del doble de años: los datos censales arrojaron que, en 2000, con una población total de 97.5 millones, la edad mediana ya era de 22 años. Para el siguiente levantamiento censal, diez años más tarde, la edad mediana presentó también un aumento, pero ya no de uno o dos años, ¡sino de cuatro! (26 años). La información disponible más reciente la ofrece la Encuesta de la Dinámica Demográfica, realizada también, como los censos, por el INEGI, en 2023. Según este instrumento estadístico, a mediados del año pasado, el país alcanzaba ya una población total de 129.5 millones de habitantes —por cierto, todavía entonces México aparecía en la posición diez entre los países más poblados del mundo, en tanto que actualmente se ubica un sitio atrás, dado que ha sido superado por Etiopía—…, ¿y la edad mediana? Bueno, resulta que envejecimos diez años en menos de un cuarto de siglo: entre el 2000 y 2023 la edad mediana de México pasó de 22 a 32 años.

    En efecto, ya no nos cocemos al primer hervor.

    • @gcastroibarra

  • ¿Más niños? ¡Mascotas!

    ¿Más niños? ¡Mascotas!

    No sé por tus rumbos, pero por donde yo circulo cotidianamente cada vez veo menos chamacos. O, mejor dicho: cada vez veo menos niños y niñas, y cada vez veo más gente grande, quiero más bien decir, ya entradita en años… Es más, por donde yo me muevo —y me transporto generalmente a pie, en bicicleta y en transporte público—, cada vez uno puede toparse con menos infantes y cada vez con más perros. Puedo asegurar incluso que, durante la última semana que puse atención en ello y llevé un registro mental de mis observaciones, transportados en carriolas pude ver más perros que bebés humanos. Ni qué decir de la comparación de cánidos con correa versus niños de la mano: los cuadrúpedos son mayoría. Algo está sucediendo.

    Abundan los que juran y perjuran que los números no mienten, lo cual es una afirmación imposible de contradecir: los números no mienten… pero tampoco dicen la verdad. Ni mienten ni dicen la verdad porque los números no hablan, no emiten juicios. Quienes podemos construir juicios acordes con la realidad o tomar el pelo usando números somos nosotros, las personas. Estoy de acuerdo con la sentencia del poeta y novelista escocés Andrew Lang (1844-1912) en el sentido de que la mayoría de la gente usa las estadísticas como un borracho usa una farola o un poste de luz; más para apoyarse y no caerse que para iluminar su camino. Intentemos usar bien algunos números, a ver si nos aportan cierta luz sobre el sitio en el que estamos parados.

    Las estadísticas más recientes que disponemos acerca del número de nacimientos registrados en nuestro país corresponden al año pasado. A lo largo de todo 2023, en todo México se contabilizaron 1’820,888 nacimientos registrados. ¿Pocos, muchos? Bueno, depende con qué comparamos la cifra. Podemos decir que la cantidad de seres humanos recién incorporados al mundo en territorio mexicano durante los 365 días del año pasado es superior a la población total de países enteros, como Trinidad y Tobago, Estonia, Chipre o Surinam. O para no echar la vista muy lejos: resulta que el número de bebés registrados el año pasado en el país supera a la población total de varios estados de la República, como Colima, Campeche y Baja California Sur, en los cuales, en cada uno, radica menos de un millón de personas, o Nayarit (1.3 millones de habitantes), Tlaxcala (1.4 millones), Aguascalientes (1.5 millones) y Zacatecas (1.6 millones). También podemos decir, como para darnos una idea, que, en promedio, hubo 4,986 nacimientos diarios en México durante el año 2023, esto es, 208 nacimientos por hora durante todo el año, 3.5 nacimientos por minuto. Cuenta 17 segundos: 1, 2, 3, 4… 15, 16, 17 y ahí está el llanto de un recién nacido. De inmediato, comienza de nuevo, sin detenerte, cuenta 17 segundos: 1, 2, 3, 4… 15, 16, 17 y el llanto de un recién nacido. Y así, sin pausa, durante todo 2023. Pero de nuevo, ¿debemos considerar ese monto de chamacas y chamacos mucho o poco?

    Pues resulta que, con ese número de nacimientos registrados, 1’820,888, la tasa de nacimientos registrados en 2023 por cada mil mujeres en edad fértil (15 a 49 años) fue de 52.2, lo cual se traduce en una disminución de 2.3 puntos porcentuales respecto al año previo. Visto en números absolutos, observamos que en 2022 se registraron 1’891,388 nacimientos en México, o sea, 70,500 niños menos. Quizá esta cifra no parezca demasiado alta, pero demos un paso atrás para tomar un poco más de perspectiva… ¿Cuántos nacimientos crees que se registraron en México justo hace diez años, en 2014? ¿Más o menos? Obviamente, entonces nuestra población era menor. Bueno, en 2014 se registraron en México 2’463,420 nacimientos, es decir, 642,532 más que el año pasado. Ya no se ve tan menor el monto, ¿verdad?

    En 2015, de acuerdo con la Encuesta Intercensal realizada por el INEGI, la población total de México ascendía a 119.9 millones de personas. El mismo año, según los registros vitales publicados por el propio Instituto, se registraron 2’353,596 nacimientos. En 2023, según cifras de la Encuesta de la Dinámica Demográfica también del INEGI, en el país radicábamos un total de 129.5 millones de habitantes. Así que si comparamos 2015 contra 2023, resulta que en menos de diez años, con casi diez millones de personas más, en México ocurrieron poco más de medio millón (532,708) nacimientos menos. Claro, la diferencia en las respectivas tasas de nacimientos registrados es significativa: 70.1 contra 52.2 por cada mil mujeres en edad fértil. Sin duda, cada vez se apersonan menos nuevos seres humanos en México.

    Por supuesto, el cambio de la dinámica demográfica no se da parejo a lo largo y ancho del territorio nacional: mientras que la tasa de nacimientos registrados en Chiapas fue de 100.1, en la Ciudad de México, entidad en la que yo resido y veo a tan pocos niños y niñas, es de apenas 34.1, esto es 18 puntos por debajo del promedio nacional. La tendencia es clara: en 2023, únicamente en seis estados del país se observan tasas de nacimientos registrados por arriba de 60 por cada mil mujeres en edad fértil: Chiapas, Guerrero, Oaxaca, Nayarit, Durango y Michoacán. En el extremo opuesto, en ocho entidades encontramos tasas inferiores a 45 puntos: CDMX, Yucatán, Hidalgo, Estado de México, Quintana Roo, Querétaro, Baja California Sur y Colima. Y, ojo, en este último grupo se encuentran las dos entidades más pobladas de la República, Estado de México y CDMX, en donde vivimos 1 de cada 5 habitantes del país (20.7%).

    Hace apenas un mes Statista publicó un artículo firmado por Anna Fleck: How Common Is It To Own a Dog? (¿Qué tan común es tener un perro?). Es sorprendente: resulta que, según una encuesta realizada entre julio de 2023 y junio de 2024, mientras que menos de tres de cada diez hogares en Suecia reportaron tener un perro en casa, la respuesta en México fue de siete de cada diez. Y sí, nuestro país aparece en primer lugar, seguido por Brasil (62%), Inglaterra (55%) y Estados Unidos (51%).

    En México hoy se escucha,

    con gran contento y fervor,

    qué perro es el gran amor,

    pues en casa ya no hay lucha.

    Más que niños, la gran chicha

    son ladridos que resuenan,

    y en vez de pañales, llenan

    los platos de croquetas mil.

    ¡Qué alegría, sí, qué perfil!

    ¡Perros no lloran ni penan!

    • @gcastroibarra

  • Panismo doloso

    Panismo doloso

    Nobody owns life, but anyone who
    can pick up a frying pan owns death.

    William S. Burroughs

    Durante el período que va de enero a octubre de 2024, el estado de Guanajuato, gobernado —es un decir— por el panismo desde 1991, es el estado de la República Mexicana en el cual más víctimas por homicidio doloso se registraron: 2,597 seres humanos fueron asesinados, 8.5 asesinatos promedio diario durante ese lapso. Y, ¡ojo!, Guanajuato supera por mucho, con una diferencia de 28 puntos porcentuales, a Baja California, el estado que le sigue en la tabla.

    El total de víctimas por homicidio doloso registradas en el estado de Guanajuato de enero a octubre representa el 10.3% del total nacional. Dicho en otras palabras, de cada diez personas que mataron dolosamente a lo largo de los diez primeros meses de 2024, a una le quitaron la vida en Guanajuato.

    Mientras que Guanajuato ocupa el primer lugar entre las 32 entidades federativas que integran México en cuanto a la cantidad de víctimas de homicidio doloso, se ubica en el sexto lugar en cuanto a monto poblacional, con 6.3 millones de habitantes (ENADID 2023), muy distante de los primeros lugares. Comparemos, por ejemplo, con la Ciudad de México, en donde residimos 9.3 millones de personas, monto que ubica a la entidad en segundo lugar de la tabla sólo atrás del Estado de México (con 17.5 millones de habitantes). Resulta que, por lo que respecta al sitio en cuanto a víctimas de asesinato, la CDMX se encuentra a media tabla, en la posición 14, con 762 muertes por homicidio. Aquí en la capital de nuestro país, en donde vivimos el 7.2% de toda la población nacional, ocurrió el 3% de los homicidios dolosos de este año hasta octubre, en tanto que, en Guanajuato, en donde radica el 4.9% de la población, sucedieron 7.2% de los homicidios.

    En el extremo opuesto de la tabla se halla Yucatán: allá, del 1° de enero al 31 de octubre de 2024, es decir, durante 305 días, o también, durante 7,320 horas, se registraron 36 asesinatos en total: uno cada 8.4 días, esto es, menos de un asesinato a la semana. En cambio, en Guanajuato, asesinaron en promedio a un ser humano no cada semana, no cada dos o tres días, sino cada dos horas con 49 minutos.

    En las diez entidades federativas del país en donde menos homicidios hubo que lamentar durante el período referido —Hidalgo (240), Querétaro (174), Nayarit (126), Tlaxcala (114), Aguascalientes (112), Coahuila (86), Campeche (78), Baja California Sur (64), Durango (58) y Yucatán (36)— en promedio no se reportó un homicidio doloso por día. Y, ni modo, hay que repetirlo: en Guanajuato en promedio mataron a una persona cada dos horas con 49 minutos.

    Si sumamos a todos los hombres y mujeres que mataron durante los diez primeros meses de 2024 en San Luis Potosí, Tamaulipas, Hidalgo, Querétaro, Nayarit, Tlaxcala, Aguascalientes, Coahuila, Campeche, Baja California Sur, Durango y Yucatán, resulta que son menos víctimas que las que se registraron en Guanajuato.

    A diferencia de lo que quizá mucha gente cree desde el prejuicio, en el estado de Sinaloa se registraron 663 homicidios dolosos de enero a octubre de este año, lo cual quiere decir que por cada asesinato sucedido en territorio sinaloense, sucedieron casi cuatro en Guanajuato (3.9). En Chiapas, en donde las cosas desafortunadamente no han estado tranquilas, durante el mismo período perdieron la vida por homicidio 756 prójimos, así que en Guanajuato murieron por la misma causa 3.4 por cada homicidio en Chiapas.

    La entidad federativa con más habitantes del país, el Estado de México, fue escenario de 1,936 homicidios dolosos, entre enero y octubre de 2024, 25% menos que en Guanajuato, con todo y que tiene una población casi tres veces mayor (2.7). Considerando la población que tenía el Estado de México a mediados del año pasado, 17’510,972 habitantes, podríamos estimar que, por cada persona asesinada, 9,043 no fueron víctima de homicidio; en cambio, en Guanajuato, por cada persona asesinada, sólo 2,425 salió ilesa. O expresado de manera tradicional, la tasa de homicidios por cada 100 mil habitantes en Guanajuato durante el período aludido fue de 41.2, mientras que para el Estado de México fue de 11, para la CDMX de 8.2 y para Yucatán de 1.5.

    Dicen que las comparaciones son odiosas, a mí me parece que en muchos casos es más bien odioso no tomar en cuenta las enormes diferencias. De enero a octubre de este año que está por terminar, la mitad de los homicidios dolosos se registraron en sólo siete de las 32 entidades federativas: Guanajuato, Baja California, Estado de México, Chihuahua, Jalisco, Guerrero y Nuevo León. De esos siete, tres son gobernados por Morena. De los cuatro que no son gobernados por Morena, dos, la mitad son gobernados por Acción Nacional y los otros dos por Movimiento Ciudadano. Movimiento Ciudadano hoy tiene, en total, dos gubernaturas, precisamente Jalisco y Nuevo León, el 6.5% de las entidades federativas, y en ellas ocurrió el 11.5% de los asesinatos. El PAN, por su parte, gobierna cuatro de las 32 entidades federativas del país, y en dos de ellas, Guanajuato y Chihuahua, se reportaron 4,293 homicidios dolosos, el 17% del total nacional. Esos son los datos.

    • @gcastroibarra
  • Resiliencia: el agente y la gente

    Resiliencia: el agente y la gente

    Dedicado con aprecio y cariño
    A mis compañeros
    Laura García, Susana Reyes y Pedro Rivera.

    Hace apenas unas semanas, aquí en la Ciudad de México, se reunió un grupo importante de expertos en materia de producción y uso de información geográfica —importante digo tanto en cantidad como en las sapiencias y las cualidades de sus integrantes—. Llegaron procedentes de todo el orbe, convocados por cierta asociación de países; para decirlo pronto, me refiero a la organización más importante de naciones que hay en el planeta —para mayor referencia, aludo a la organización multinacional a la que tristemente…, tristemente porque lo hizo con toda razón, el presidente Andrés Manuel López Obrador llegó a comparar con un florero—. En el encuentro estuvieron presentes funcionarios, técnicos y tomadores de decisiones procedentes de las oficinas e instituciones públicas de muchos gobiernos, justo las encargadas de recabar, difundir y promover el uso inteligente de datos relativos a la dimensión espacial de sus respectivos estados nacionales. No me queda la menor duda de que son todas ellas y todos ellos, gente con las mejores intenciones y buena voluntad. La reunión internacional abordó el problemón que afecta ya a toda la biósfera de la Tierra, incluidos, los más de 8.1 mil millones de seres humanos que hoy somos: el cambio climático. Los dos desafíos globales que se pusieron en el centro de las diversas intervenciones fueron la sustentabilidad y la resiliencia…, la dichosa resiliencia. Quizá yo esté equivocado, pero detesto esa palabreja, y la detesto porque estoy seguro de que los hombres y mujeres tenemos en el lenguaje, en las palabras, el instrumento más importante para hacer mundo y, no sólo, uno de los instrumentos más poderosos para cambiar la realidad. Por eso, estoy convencido de que, así como hay palabras que concitan acuerdos, concordia y en general el bienestar —respeto, amistad, solidaridad, prudencia, en fin—, hay otras que son perversas. 

    Resiliencia es una palabra consentida de la ideología neoliberal y globalista. Un buen ciudadano del mundo tiene que ser resiliente y echarle ganas. Pero qué significa exactamente… Aunque ya había aparecido en algunas publicaciones desde principios del siglo XX y tuvo un pequeño repunte a mediados de la década de los treinta, el vocablo se incorporó formalmente al español hace poco —apareció por primera vez en un diccionario de la RAE apenas hace diez años—, y si uno analiza su gráfica correspondiente en Google Ngram podrá constatar que está de moda y en franco ascenso desde principios del presente milenio. Resiliencia proviene del inglés resilience, el cual a su vez procede del latín resiliens, “saltar hacia atrás, rebotar”, “replegarse”. Tal cual: echarse pa’tras. En inglés, el diccionario de Cambridge la define así —traduzco—: “capacidad de ser nuevamente feliz, exitoso, etcétera después de que algo difícil o malo ha ocurrido.” Ojo con ese adverbio: nuevamente. En nuestro idioma, el diccionario de la RAE otorga dos acepciones a resiliencia

    1. f. Capacidad de adaptación de un ser vivo frente a un agente perturbador o un estado o situación adversos.
    2. f. Capacidad de un material, mecanismo o sistema para recuperar su estado inicial cuando ha cesado la perturbación a la que había estado sometido.

    Ambos significados deben tomarse en consideración para comprender la ideología que subyace a la dichosa resiliencia, pero evidentemente de la que estamos hablando es de la primera acepción. En efecto, somos, nosotros, hombres y mujeres, usted y yo y nuestra prole y nuestros padres y abuelos, seres vivos. ¿Seres vivos que estamos frente a un agente perturbador? Aquí está parte esencial del problema con el concepto de resiliencia: el agente perturbador, que según se frasea en la definición anterior es una entidad distinta al referido ser vivo, diríase que es, en el contexto al que aludí en el comienzo de este texto, el cambio climático. Entonces, si uno lee que hay que ser resiliente frente al cambio climático, debemos entender dos cosas: uno, que hay que adaptarnos a él, y dos, que el tal cambio climático es un “agente perturbador”…, o sea, que no somos nosotros los que tenemos que dejar de estar desestabilizando el planeta, que es un “agente perturbador”, el malvado cambio climático, que no somos nosotros los responsables sino las víctimas. ¿Y qué hacer frente a los embates del agente perturbador? Pues según dicta la definición, adaptarnos. ¿Y qué significa adaptarse? Dicho de un ser vivo, significa acomodarse a las condiciones de su entorno. Y más precisamente, dicho de una persona, significa acomodarse, avenirse a diversas circunstancias, condiciones. Tejones porque no hay liebres, pues.

    ¿Ven? Resiliencia no es una palabra que comunique ni la necesidad de hacerse responsables de lo que pasa ni la necesidad de cambiar conductas —las conductas que nos tenían tan felices, exitosos, etcétera, supongo—, sino que expresa como respuesta a la perturbación el adaptarse, el replegarse… Y replegarse, claro, significa, echarse para atrás, darse por vencidos. Pues ya ni modo, hay que adaptarse porque el señor Elon Musk va a seguir jugando a conquistar el sistema solar con sus cohetitos megacontaminantes; hay que adaptarse porque el capitalismo es una condición inamovible y eterna e intocable y no hay de otra; hay que adaptarse porque tenemos que seguir quemando combustibles fósiles hasta que nos los acabemos todos o nos acabemos todos… Seamos resilientes y no resistentes, mucho menos agentes de cambio.

    Una nota final: por supuesto, las personas que hace unos días sufrieron en Valencia y otras ciudades y poblaciones aledañas de España la devastación por las graves inundaciones causadas por una Depresión Aislada en Niveles Altos (DANA) —un fenómeno vinculado al cambio climático, particularmente al sobrecalentamiento acelerado del Mediterráneo—, requieren medidas de resiliencia inmediata, para lo cual se requieren un montón de recursos. Cierto, necesitamos ser resilientes frente a los efectos del cambio climático, pero no ante el cambio climático mismo. El agente perturbador tiene nombre, se llama homo sapiens y urge hacerlo entrar en razón.

    • @gcastroibarra

  • Obviedades y refrescamientos de memoria

    Obviedades y refrescamientos de memoria

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    Quizá la evaluación definitiva del gobierno de un presidente de la República sea el proceso electoral por medio del cual se define a quien lo sucederá. Teniendo esto en mente, digo que solemos olvidar que no sólo Enrique Peña Nieto, presidente emanado del PRI, perdió la elección presidencial que siguió a su mandato —es un decir—: en estricto sentido lo mismo había pasado invariablemente desde Ernesto Zedillo. Zedillo, también priísta, perdió las elecciones que siguieron a su período de gobierno: por lo menos a nivel formal, perdió el PRI y ganó el PAN con Fox Quezada. En su momento, se entendió aquello como una alternancia democrática. Después de Fox ocupó la Presidencia Calderón, también surgido de las filas del PAN, pero gracias a un fraude electoral, así que, en estricto sentido, en 2006 Vicente Fox también perdió para su partido el proceso electoral posterior a su gestión —también es un decir—. Enseguida, luego del desastroso sexenio de Calderón Hinojosa, el PAN perdió el Poder Ejecutivo Federal y ocurrió lo que parecía imposible, que un candidato del PRI regresara a Palacio Nacional. En 2018, AMLO arrasó en las elecciones, en buena medida porque logró evidenciar que el candidato del PAN y del PRI —quien había despachado, por cierto, como secretario de Hacienda tanto de Calderón como de Peña—, en realidad eran lo mismo: el PRIAN. Así que en 2024 se rompió una constante que venía sucediendo en México a lo largo de todo el siglo XXI: al término del primer gobierno de la 4T, el presidente saliente, Andrés Manuel López Obrador, pudo entregar la banda presidencial a la candidata del mismo partido que lo llevó al poder, la doctora Sheinbaum.

    2

    Con Miguel de la Madrid Hurtado comenzaron los gobiernos neoliberales, y lo que siguió durante los siguientes cinco sexenios fue pan con lo mismo: ya fueran del PRI o del PAN, se acumularon seis gobiernos neoliberales. Eso cambió radicalmente en 2018. Contra 30 años de neoliberalismo rapaz, llevamos seis años de humanismo mexicano, una proporción de 5 a 1.

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    Luis Echeverría, quien era el secretario de Gobernación del presidente Gustavo Díaz Ordaz, fue beneficiado por el dedazo. Desde que asumió la candidatura del tricolor comenzó a distanciarse de su exjefe poblano. Dizque Echeverría disputó la Presidencia contra el panista Efraín González Morfín —hijo, por cierto, del primer candidato panista a la Presidencia, Efraín González Luna, quien había perdido contra Adolfo Ruíz Cortines en 1952—.  El siguiente dedazo recayó en José Guillermo Abel López Portillo y Pacheco, quien se desempeñaba como secretario de Hacienda de Luis Echeverría. En aquella ocasión, nadie se prestó al espectáculo y a las elecciones solamente se presentó un candidato, él, el candidato del PRI. Instalado en Los Pinos, las diferencias con Echeverría se acentuaron: metió en la cárcel a varios excompañeros suyos del gabinete anterior y sacó al expresidente del país, primero lo mandó a Estados Unidos y luego a Australia. Seis años después, López Portillo escogería para que lo sucediera a su secretario de Programación y Presupuesto, Miguel de la Madrid. El colimense, desde la campaña, se distanció de su histriónico benefactor. En su toma de posesión resumió el panorama nacional: “Vivimos una situación de emergencia…  La situación es intolerable”. Desde el poder público se incentivó la narrativa de que el culpable de todo había sido El Perro, Jolopo… Aquello de la “renovación moral de la sociedad” no era más que una condena a la inmoralidad del gobierno de López Portillo, del cual De la Madrid había sido integrante fundamental. Continuaría una excepción a la regla: en realidad no se apreció una ruptura entre Miguel de la Madrid y el siguiente presidente priísta, Salinas de Gortari, tal vez porque lo que se percibía y se decía era real: que desde mucho antes de ascender a la Presidencia el economista ya se había adueñado del gobierno. En 1994, el rompimiento entre Salinas y su accidental sucesor tuvo visos que llegaron a la tragicomedia, con todo y una huelga de hambre de 36 horas. El siguiente episodio correspondió a la que supuestamente fue la primera alternancia democrática en México: Fox echó víboras y tepocatas contra el PRI durante la campaña, pero después no hubo rompimiento alguno. Calderón criticaría un poco más a Fox que Fox a Zedillo. Llegaría el 2012 y otra vez presenciamos una supuesta alternancia: regresó el PRI con Peña y el señor, igual, no tuvo que distanciarse de Calderón, ni siquiera tuvo que atacar a la candidata del PAN. En 2018, Andrés Manuel se convirtió en el primer presidente de izquierda electo democráticamente en México, después no de una campaña electoral sino de años y años de resistencia y lucha, y sobre todo de un colosal trabajo de concientización encaminado a hacer ver a la ciudadanía que los tricolores son muy azules y los azules muy tricoles, neoliberales. Hoy es una obviedad, pero recordamos que cuando se comenzó a hablar del PRIAN desde ambos partidos y sobre todo desde sus gobiernos se negaba que eso existiera.

    4

    Es obvio, pero al parecer más vale repetirlo: entre la actual presidenta de la República y el anterior primer mandatario no hay rompimiento alguno; antes bien, existe continuidad, la continuidad del humanismo mexicano. Desde al menos medio siglo el país no había transitado por un cambio de gobierno tan afortunado. Podemos estar contentos.

    • @gcastroibarra