El subjefe de gabinete de Donald Trump, Stephen Miller, concentra un poder inusual dentro de la Casa Blanca y promueve una agenda radical en migración y política exterior, la cual incluye propuestas de acciones militares en México y una ofensiva sin precedentes contra la migración.
Stephen Miller, subjefe de gabinete de Donald Trump, se ha consolidado como una de las figuras más poderosas del actual gobierno de Estados Unidos, al grado de que dentro de la propia Casa Blanca algunos funcionarios lo llaman “el primer ministro”. Arquitecto de las políticas antimigrantes más severas, Miller también forma parte del grupo que impulsa posibles ataques militares en México como parte de una nueva estrategia de seguridad regional.
Convertido en uno de los voceros más confiables del mandatario, Miller ha defendido públicamente una visión de fuerza absoluta de Estados Unidos en el escenario internacional. En recientes declaraciones televisivas sostuvo que el poder debe imponerse por encima de la legalidad internacional, al tiempo que reivindicó lo que considera una “misión histórica” de su país como eje del orden mundial.
En América Latina, y particularmente en México, Miller es identificado como el principal operador de la política de deportaciones masivas, con el objetivo de expulsar hasta un millón de migrantes al año. Desde la Casa Blanca coordina reuniones diarias para supervisar avances y exige reportes constantes a las agencias federales encargadas de ejecutar esta estrategia.
Durante el primer mandato de Trump, Miller fue el responsable de medidas como la separación forzada de miles de niñas y niños migrantes de sus familias. En esta segunda etapa, su agenda se ha endurecido aún más, al incluir cambios estructurales a las leyes migratorias, restricciones al asilo, limitaciones de visas y cuestionamientos al derecho de ciudadanía por nacimiento.
Su influencia ya no se limita a la política interna, dado que Miller ha participado en el diseño de posturas más agresivas en política exterior, incluida una renovada “guerra contra las drogas” con operaciones directas contra cárteles en México. Aunque su estilo confrontacional genera fuertes críticas dentro y fuera de Estados Unidos, su peso político dentro del círculo cercano de Trump se mantiene intacto.













