El Vive Latino consolida un espectáculo que va más allá de la música, la lucha libre se ha convertido en un símbolo de identidad y celebración colectiva dentro del festival con el regreso del CMLL
El Vive Latino, tradicionalmente un espacio para la música, sigue transformándose y ahora integra la lucha libre como uno de sus atractivos principales. Tras el éxito de la edición 2025, quedó claro que el ring ya no es un complemento: es una pieza clave dentro del festival.
En su edición 25, el Estadio GNP fue testigo de una fusión que cautivó a miles de asistentes, donde la música y el pancracio convivieron gracias al Consejo Mundial de Lucha Libre (CMLL), consolidando una conexión con la identidad cultural del evento.
Uno de los momentos más esperados fue el combate por el Campeonato Vive Latino, protagonizado por Místico y Titán. Con su icónica llave “La Mística”, Místico se llevó la victoria, desatando una ovación generalizada y reafirmando su estatus como una de las figuras más queridas del festival.
De cara al Vive Latino 2026, el CMLL volverá a llevar la lucha libre al escenario con una función que promete tradición y espectáculo. Entre los nombres confirmados destacan Soberano, Templario, Kemonito, Kemalito, Máscara Dorada, Último Guerrero, Dulce Gardenia, Neón y Jarochita, junto a otros talentos que reforzarán la presencia del pancracio dentro del festival.
El Vive Latino demuestra que el ring y el escenario pueden coexistir para ofrecer una experiencia única, consolidando la lucha libre como parte esencial de la identidad cultural del país por segundo año consecutivo.
El público mexicano está presenciando, ahora mismo, el regreso de Oasis a la CDMX, luego de 17 años de no ver juntos a los polémicos y temperamentales hermanos Gallagher en un escenario.
La euforia y las emociones se muestran a flor de piel en el Estadio GNP.
El aire de la noche huele a lluvia reciente y a una nostalgia que flota, densa, como la bruma.
No es un viernes cualquiera, es una fecha distinta y eso se palpa en los alrededores del Estadio GNP, en la alcaldía Iztacalco, donde el tiempo se ha dislocado.
Tampoco es una fecha ordinaria: hoy se presenta el grupo británico Oasis, protagonistas de una década, la de los 90s, que resuena en cada paso, en cada mirada de los asistentes, muchos de ellos cincuentones.
Desde los coches que se deslizan, casi reptan, en el tráfico hasta la marea de personas que fluye (como flotando) hacia el recinto, el ambiente se ha teñido de un sentimiento común: el regreso a los años noventas.
En la multitud, las playeras de Oasis son un uniforme no oficial, una piel compartida que hermana a amigos e incluso desconocidos.
Hay camisetas, las mejores, que conservan el desgaste y el desgarro del tiempo, con estampados casi borrados que cuentan historias de conciertos pasados. También hay otras nuevas, claro, recién impresas, que lucen impolutas, listas para escribir sobre ellas nuevos recuerdos.
Las gorras estilo Gilligan y los souvenirs de manufactura china, que cambian de manos como si fueran reliquias sagradas, completan el cuadro de un pasado que hoy se hace presente.
Hay que recordar que la última vez que Oasis se presentó en la capital mexicana fue en el 2008. En aquella ocasión la banda tocó en el Palacio de los Rebotes, como sustituyen algunos maliciosos la palabra deportes, el 26 de noviembre, como parte de la gira ‘Dig Out Your Soul’.
Atrás, en el recuerdo, quedaron las declaraciones ofensivas de Noel y Liam contra otras bandas como INXS, Blur y Radiohead, así como su comportamiento ebrio, arrogante y destemplado.
De pronto, el cielo se desgarra. Un aguacero breve, pero intenso, rompe la monotonía. Es un acordé que resuena en la memoria colectiva. La lluvia cae sobre las lonas, pero no apaga el fuego. Al contrario, lo aviva. Los grupos de amigos se aprietan bajo el refugio, y las gargantas, en lugar de enmudecer, se elevan en un coro improvisado, justo cuando suena “Supersonic”.
Dice, conmovido, el escritor Gerardo Villegas, que funge como corresponsal de Los ReporterosMx, en el evento: “Lleno. Absolutamente una experiencia colectiva. Todos parecemos amigos, gente llorando y jóvenes felices. Apenas llevamos unas cinco o seis rolas”. Y agrega: “Gente de 60 y hasta niños… De ensueño”.
Y así será hasta que las luces se extingan y el silencio de las más de 80 mil gargantas deje de escucharse. Pero falta mucha noche para que eso ocurra. Hasta que se transite por las letras de Don’t Look Back in Anger, la comercialísima Wonderwall y Champagne Supernova.
El Setlist es prolijo y la gente pide, como una sola voz, “Half the World Away, Little by Little y, por supuesto, Stand by Me.
Oasis no solo ha regresado a México: ha hecho palpitar el corazón de la ciudad; un grupo cuyas letras corroen los recuerdos y desgarran las gargantas; un canto a la nostalgia y al recuerdo.