El presuntuosamente llamado “orden internacional” tronó y la ONU está estancada en la inutilidad ridícula. Amaneció 2026 y, puntual, su secretario general, António Guterres, nos hizo saber que, con certeza lo que se dice certeza, quién sabe… El poco funcional funcionario tuiteó: “No podemos predecir lo que nos deparará este nuevo año, pero sí sabemos esto: el mundo necesita a la ONU más que nunca”. Para el señor que trabaja de cabeza de la ONU la historia es un guion ya escrito o que están escribiendo otros, un guion al cual no nos queda más que someternos. Para el señor que debería encaminar coordinadamente los destinos de la geopolítica la historia es algo que se padece, no algo en que lo que se intervenga. Aceptémoslo: decir “no sabemos qué pasará” desde una postura de liderazgo internacional es una forma de cinismo. Después, el consabido bla-bla-bla: “Siempre defenderemos la paz, el desarrollo sostenible y los derechos humanos. Nunca cederemos en nuestros principios. Nunca nos rendiremos.” Ajá…
Dos días después, ya sabemos, fuerzas norteamericanas agredieron militarmente a Venezuela, mataron a un centenar de seres humanos —tan humanos como Renee Good, la ciudadana estadounidense asesinada hace unos días por el ICE en Minneapolis—, destruyeron infraestructura y viviendas de Caracas, una ciudad de un Estado Nación con el cual los gringos no están en guerra y sobre el cual no tienen ninguna jurisdicción, y luego secuestraron al presidente Maduro y a su esposa… Trump, por sus pistolas, por sus misiles, por sus dólares, por sus gónadas, mandó ejecutar un acto que mostró al orbe que, de manera palmaria, a él y a la oligarquía capitalista les importa un carajo la ley, el derecho internacional y también, de entrada, las leyes de su propio país. Eso ya lo sabíamos, pero ahora también sabemos que entramos a una fase en la cual el tecno-capitalismo fascista norteamericano actuará descaradamente.
Luego, el ecuánime y cauto secretario general de Naciones Unidas se tomó su tiempo, dos días, para fijar postura: “En situaciones tan confusas y complejas como la que enfrentamos en Venezuela…” ¡Qué! ¿Confusas y complejas? Mire, amigo Guterres, si un grupo de personas durante días, en diferentes idiomas, desde distintos bagajes culturales, se sientan a hacerse saber mutuamente sus respectivos intereses y a tratar de que las divergencias puedan solucionarse de la mejor manera para todos, evitando sacar las pistolas para dirimir los asuntos a balazos, entonces sí podemos hablar de una situación compleja… Pero si un megalómano mega-anómalo decide bombardear a un país soberano y secuestrar a su presidente, pues la situación no es ni compleja ni confusa, es evidente y sencilla.
Trump ya violó el marco legal por todos sus cantos, de tal suerte que eso que escribió usted enseguida, don António, resulta muy ingenuo, demasiado, tanto que resulta estúpido: “Respeto a la Carta de la ONU. Respeto a la soberanía, la independencia política y la integridad territorial de los Estados. Prohibición de la amenaza o el uso de la fuerza”. ¡Por favor! Peor, usted le hizo el caldo gordo al gordo y ayudó a justificar lo injustificable… No publicó usted una condena, un repudio, un llamado a liberar de inmediato a la pareja secuestrada por el ejército más poderoso del planeta, ¡no!, escribió: “El derecho internacional contiene herramientas para abordar cuestiones como el tráfico ilícito de narcóticos…” ¿También se tragó ese cuento? Un cuento que, horas después EU se encargó de mostrar como eso, como un cuento: que el cartel de Los Soles jamás ha existido… Peor quedó usted parado, señor secretario de la ONU, cuando el propio Trumpetas declaró que la cosa no iba de drogas, que lo que realmente les interesa es el petróleo.
Y por esta desvergüenza grosera ahora resulta que muchos comentócratas proyanquis e incluso gente no tan enfermita se han ido con la finta del meta-engaño. Me explico. Escucho a un montón de gente decir cosas como esta: “Al menos hay que agradecerle la sinceridad. Trump ya dijo que lo del narcotráfico es puro cuento, que llevar la democracia a Venezuela no le interesa, que lo único que quiere es robarse el petróleo venezolano”. Es decir, sí es un un gorila, pero es un gorila bien sincero. Pues no. Trump engaña montando un engaño sobre otro. Ciertamente, no le importa en lo más mínimo combatir el consumo de drogas en su país —si le importara combatiría el consumo de drogas en su país—, pero tampoco el petróleo, mucho menos le interesa la democracia… ¿Entonces? ¿Por qué ordenó el ataque a Venezuela? Por lo mismo que en cualquier momento puede invadir Groenlandia. No por soberanía, no por seguridad nacional, tampoco por recursos… Declara que actúa impulsado por “A” y luego acepta que lo hizo por “B”, pero lo hace por otra cosa. ¿Qué otra cosa? Trump sólo actúa por impulsos pulsionales primitivos. Freud etiquetó esto como “racionalización”. En su libro Psicología de las masas, advirtió cómo algunos líderes usan argumentos ideológicos para encubrir impulsos pulsionales agresivos o libidinosos. El megalómano anaranjado quiere pasar a la historia como el macho alfa del mundo, como el más gandalla de todos los tiempos. No más. No hay más racionalidad atrás. Ningún gran plan subyace a la estrategia de tapar hoy con una estupidez la estupidez que cometió ayer.
¿Tendrá algún límite? Con la transparencia del orate, ya lo dijo: su único límite es su propia moral. Así que estamos todos en serios problemas: no tiene moral, no tiene límites.
Jim Farley, director ejecutivo de Ford, destaca la importancia del T-MEC en un contexto de incertidumbre económica y necesidades de los consumidores.
El director ejecutivo de Ford, Jim Farley, subrayó la necesidad de un acuerdo comercial sólido en América del Norte. Durante una visita del presidente Donald Trump a la planta River Rouge en Michigan, Farley expresó que el Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC) es clave para el futuro de la automotriz.
“Vemos a Canadá, México y Estados Unidos como un sistema de fabricación integrado”, afirmó Farley. Sus palabras llegaron justo después de que Trump, por su parte, catalogara el acuerdo como “irrelevante”. Esta discrepancia refleja la tensión en el debate sobre el futuro del T-MEC, que se revisará este año.
El presidente de Estados Unidos impuso el año pasado aranceles del 25 por ciento a los automóviles importados. Aunque permitió soluciones que mitigarían parte de este impacto, la incertidumbre persiste. “No me importaría si lo tenemos o no”, dijo Trump sobre el T-MEC.
Bill Ford, presidente ejecutivo de la compañía, habló sobre los desafíos que enfrenta el sector automotriz. Retos como los aranceles fluctuantes y las nuevas regulaciones han complicado sus operaciones. Bill sugiere que un clima regulatorio más estable beneficiaría a la empresa. “Si tuviera un mundo perfecto, tendríamos certidumbre en las regulaciones”, aseguró.
Además, Ford mencionó que la asequibilidad de los vehículos es una preocupación creciente. Con un precio promedio de 50 mil dólares por auto, la empresa busca ofrecer opciones más accesibles. Jim Farley también enfatizó la importancia de atender la demanda del consumidor y la necesidad de opciones de nivel básico.
Para 2027, Ford planea lanzar una camioneta eléctrica que costará alrededor de 30 mil dólares. Ambos ejecutivos dejaron claro que la empresa está comprometida a enfrentar los retos del mercado y a mejorar la oferta para los consumidores.
La líder opositora venezolana se reunió con el presidente estadounidense y le ofreció su medalla del prestigioso galardón.
La líder opositora de Venezuela, María Corina Machado, llevó a cabo un acto inusual al “entregar” su medalla del Premio Nobel de la Paz al presidente Donald Trump. Esta sorprendente acción ocurrió durante su visita al Capitolio, donde se reunió con legisladores.
Machado habló con la prensa después de su encuentro en la Casa Blanca. Declaró: “Le entregué al presidente de Estados Unidos la medalla del Premio Nobel de la Paz”. Sin embargo, evitó responder si Trump aceptó la medalla. Esta declaración ha generado gran interés y especulación sobre las intenciones detrás de su gesto.
Donald Trump ha mostrado interés en el Premio Nobel de la Paz en varias ocasiones. Afirma haber detenido ocho guerras en su mandato y se presenta como un candidato digno del galardón, aunque muchos expertos consideran que sus logros son más bien temporales.
Esta visita de Machado se da en un contexto crítico para Venezuela, donde continúa la lucha por la democracia y los derechos humanos. Su presencia en Washington también resalta el apoyo internacional que busca fortalecer su causa. La líder opositora sigue siendo una figura clave en la política venezolana, y su encuentro con Trump añade un nuevo capítulo a su historia.
La presidenta interina Delcy Rodríguez aboga por reformas que fomenten la inversión extranjera en el sector petrolero, enfocándose en el bienestar del país tras el reciente secuestro de Maduro.
Delcy Rodríguez, presidenta interina de Venezuela, se presentó ante la Asamblea Nacional para solicitar reformas en la industria petrolera. Su propuesta busca atraer inversión extranjera para revitalizar el sector después de la crisis que enfrenta el país. Rodríguez hizo este llamado en su primer discurso sobre el estado de la nación, a menos de dos semanas del secuestro de Nicolás Maduro por parte de Estados Unidos.
Durante su intervención, la presidenta destacó que las ventas de petróleo se destinarían a fortalecer los servicios de salud, apoyar el desarrollo económico y financiar proyectos de infraestructura. Rodríguez enfatizó que cada dólar obtenido de las ventas será utilizado para mejorar el sistema de salud pública, que actualmente enfrenta grandes desafíos.
Rodríguez también reveló que tuvo una conversación con el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, a principios de semana. Esta charla ha añadido presión a su administración para alinearse con las expectativas de Washington.
Previo al discurso, un grupo de simpatizantes del gobierno se reunió en el palacio presidencial. Corearon por Maduro, quien, según el gobierno, sigue siendo el mandatario de Venezuela a pesar de la situación actual.
La propuesta de Rodríguez es un intento por reestablecer la confianza en la industria petrolera del país, mientras se busca un camino hacia la recuperación y la estabilidad.
La Casa Blanca asegura que el despliegue militar en Groenlandia no afectará los esfuerzos de Estados Unidos por adquirir la isla.
La Casa Blanca confirmó hoy que el reciente despliegue de tropas europeas en Groenlandia no interferirá con los planes del presidente Donald Trump. Según la portavoz Karoline Leavitt, esta decisión no influirá en la estrategia del mandatario estadounidense para tomar el control de la isla.
Durante una rueda de prensa, Leavitt comunicó que las acciones de Europa no alteran el proceso de toma de decisiones del presidente. “No creo que el despliegue de tropas en Europa influya en sus planes”, aseguró.
Este anuncio llega en un momento de creciente tensión sobre la propiedad y control de Groenlandia, que actualmente está bajo la gestión de Dinamarca. La administración Trump ha mostrado un interés constante en adquirir la isla debido a sus recursos estratégicos y su ubicación en el Ártico.
Los planes para Groenlandia siguen siendo una prioridad para la Casa Blanca, a pesar de las movimientos militares recientes en la región europea. Mientras tanto, la comunidad internacional observa con atención cómo se desarrollan estos acontecimientos.
Ante las tensiones por la posible anexión de Groenlandia por Estados Unidos, Emmanuel Macron anuncia el envío de más tropas y recursos a la región.
Francia decidió aumentar su presencia militar en Groenlandia. El presidente Emmanuel Macron confirmó este jueves que enviará más “medios terrestres, aéreos y marítimos” en los próximos días. Esta decisión responde a la creciente amenaza de Estados Unidos, que considera la anexión del territorio autónomo de Dinamarca por razones de seguridad nacional.
Macron hizo este anuncio durante un discurso en la base aérea de Istres, en el sureste de Francia. “Un primer grupo de soldados franceses ya está en Groenlandia. Pronto, enviamos más recursos para apoyarlos”, afirmó el presidente. Este movimiento forma parte de una misión militar europea, que incluye a países como Alemania, Suecia y Noruega. El apoyo a Dinamarca inicia hoy con la llegada de las primeras tropas.
La situación se agrava debido a las declaraciones del presidente Donald Trump. Él amenazó con anexar Groenlandia, argumentando que su control es esencial para proteger a Estados Unidos. Según Trump, si no se actúa, Rusia o China podrían ocupar el territorio. Washington incluso evalúa la posibilidad de comprar la isla, y no descarta intervenciones militares si es necesario.
En este contexto de tensiones, el compromiso de Francia con Dinamarca resalta la importancia de la colaboración europea en la defensa de los territorios del Ártico. Este envío de tropas refleja el deseo de mantener la estabilidad en Groenlandia y reafirmar la presencia europea en una región estratégicamente relevante.
Desde la independencia, México ha enfrentado invasiones de España, Francia y Estados Unidos. Hoy, el gobierno de Claudia Sheinbaum impulsa una cooperación internacional basada en el respeto a la Constitución, sin permitir intervenciones extranjeras.
Luego de que el mandatario de los Estados Unidos, Donald Trump, reiteró sus intenciones de entrar en territorio mexicano tras el ataque en Caracas y la captura de Nicolás Maduro, la presidenta de México, Claudia Sheinbaum, tuvo una llamada con él para tratar el tema. Esta se llevó a cabo el 12 de enero y alcanzaron un acuerdo para respetar la soberanía de México y, en su lugar, buscar mecanismos de cooperación sin traspasar las fronteras.
Un día después, durante la conferencia de prensa del 13 de enero, la Presidenta cuestionó la postura de diversos medios nacionales y figuras de oposición que promueven la intervención estadounidense en México. Ante ello, hizo un llamado a revisar la historia del país y comprender las consecuencias que las intervenciones extranjeras han dejado:
“Hay que ver la historia de México. Yo digo: la última vez que hubo una intervención de los Estados Unidos en México se llevó la mitad del territorio. La última vez que se paró una intervención de Estados Unidos en México fue en 1914, en plena Revolución Mexicana. La intervención francesa en México no dejó nada más que guerra. México es un país libre, independiente y soberano. Y bastante trabajo le ha costado al pueblo de México garantizar esa independencia y esa soberanía”, enfatizó la presidenta durante la Mañanera del Pueblo.
La historia nos muestra que desde el 27 de septiembre de 1821, cuando la entrada del Ejército Trigarante a la Ciudad de México marcó el fin de la lucha armada y la consumación de la lucha de independencia, el país ha tenido que defender de manera constante su soberanía al convertirse en escenario de distintas intervenciones extranjeras.
México consolida su soberanía ante España
Después de una década de lucha para emanciparse de la Corona Española, México quedó en una situación de vulnerabilidad política, económica y militar, siendo España la primera potencia en poner a prueba la soberanía mexicana al negarse a reconocer oficialmente su independencia.
Durante casi una década persistió la amenaza de España por volver a hacerse del poder de México. El movimiento más grande, y último, realizado por la Corona fue en 1829, cuando, por órdenes del monarca Fernando VII, se inició una expedición militar con el objetivo de recuperar el territorio que un día fue de su reino.
La defensa estuvo a cargo del General Antonio López de Santa Anna, quien junto a Manuel Mier y Terán, bajo órdenes del presidente Vicente Guerrero, llevó una respuesta de fuerzas mexicanas a Veracruz y Tamaulipas, donde habían posado los españoles.
La batalla decisiva tuvo lugar el 11 de septiembre de aquel año en el Fortín de la Barra, en Tampico, que había sido tomado. Después del ataque, las fuerzas españolas diezmadas por la batalla, el clima, enfermedades y falta de apoyo local, pese a no perder el fuerte, dimitieron y se comprometieron a no volver a tomar las armas contra México.
Un episodio que demostró que el país podía defender su joven soberanía y que llevó a España a reconocer a México como nación libre en 1936.
La pérdida de Texas
Ante la situación de vulnerabilidad que tenía Texas, debido su lejanía del centro y la falta de población, México permitió la entrada de colonos estadounidenses, bajo la condición de que juraran lealtad y respetaran las leyes mexicanas. Sin embargo, mantuvieron prácticas fuera de la normativa de México, como la esclavitud.
En 1835, después de evidentes fracturas culturales e intentos de compra, el presidente Antonio López de Santa Anna impuso un régimen centralista y eliminó la Constitución de 1824. Ante esto, los colonos texanos apoyados por fuerzas de Estados Unidos se levantaron en armas, no sólo para restaurar el federalismo, sino para separarse de México.
Santa Anna entonces marchó con intención de aplacar el intento de independencia y, tras la victoria de El Álamo, fue tomado como prisionero por las fuerzas del general Samuel Houston, quien atacando de noche, tomó por sorpresa a las fuerzas mexicanas.
El mandatario mexicano fue llevado a Washington, en donde como prisionero firmó los Tratados de Velasco, que estipulaba la retirada de las fuerzas mexicanas, el cese de hostilidades e impulsaba el reconocimiento de la independencia de Texas.
Aunque México no lo ratificó, años más tarde Texas terminaría anexándose a Estados Unidos, hecho que detonaría una guerra entre ambos países.
La guerra de los pasteles
En medio de una grave crisis económica, México buscó abrir su mercado a países extranjeros, por lo que en 1835, tras negarse a firmar un tratado comercial desfavorable con Francia, el barón Antoine Deffaudis comenzó una campaña para presionar a México.
Los reclamos de ciudadanos franceses se hicieron notar, entre quienes destacó un pastelero que acusaba de saqueos a su negocio durante los conflictos armados del país, motivo por el que exigía una indemnización desproporcionada, hecho que la prensa tomó para dar nombre al conflicto.
En 1838, ante la negativa mexicana de cerrar el pacto comercial, Francia bloqueó los puertos mexicanos y, luego de ocho meses en los que México no pudo deshacer el bloqueo, bombardeó el fuerte de San Juan Ulúa. Después de esto, el presidente mexicano, Antonio Bustamante, declaró formalmente la guerra.
Fue el gobierno de Gran Bretaña, quien afectado por el bloqueo impuesto arbitrariamente a México, en 1839 llegó a Veracruz para fungir de mediador, lo que terminó en la firma del Tratado de Paz en el que México aceptó pagar las indemnizaciones y brindar un acuerdo comercial diferente al ofrecido.
Este suceso puso en evidencia una vulnerabilidad militar, agravó la ya frágil situación financiera de nuestra nación y la llevó a buscar préstamos extranjeros.
La invasión de Estados Unidos
Con las rencillas entre México y Estados Unidos que dejó el levantamiento de Texas, cuando en 1845 este se anexó al país vecino, nuestra nación decidió romper relaciones. Posteriormente, EUA buscó más territorio e ingresó más allá del río Nueces, que México reconocía como su límite.
Tras la disputa de la zona, el 25 de abril de 1846, Estados Unidos declaró la guerra a México alegando una respuesta defensiva. La batalla se prolongó por dos años y no se detuvo en el norte de nuestro territorio, pues las fuerzas estadounidenses llegaron al centro del país e impusieron un bloqueo marítimo en el Golfo.
Con una crisis política que lo llevó a tener seis presidentes en el proceso y con una fuerza militar menor, en septiembre de 1847se perdió la Ciudad de México ante Estados Unidos y nuestro país se vio obligado a firmar el Tratado de Guadalupe Hidalgo, con el que las tropas extranjeras se retiraron.
Con ello, México perdió 2.4 millones de kilómetros cuadrados, aproximadamente el 55% de su territorio, dejando una crisis política en medio de un ambiente precario producto de la guerra.
La intervención francesa
En 1861 México salía de la Guerra de Reforma, situación que dejó al país económicamente devastado, por lo que el presidente Benito Juárez suspendió el pago de la deuda externa, lo que llevó a Francia, España e Inglaterra a presionar a México enviando sus tropas.
Después de negociaciones España e Inglaterra se retiraron, pero Francia, bajo el yugo de Napoleón III, decidió continuar con la intervención y buscar la instauración de una monarquía en México para expandir su poder.
Aunque el ejército francés fue derrotado inesperadamente el 5 de mayo de 1862 por Ignacio Zaragoza, en 1863 logró hacerse de Puebla y ocupar la Ciudad de México, obligando a Juárez a escapar al norte, pero manteniendo parte de la República.
Con el apoyo de conservadores mexicanos, el archiduque austriaco, Maximiliano de Habsburgo, fue proclamado emperador de México y se instauró en Chapultepec, un personaje que, aunque buscó impulsar reformas liberales, dependía del ejército francés y carecía de legitimidad popular.
En 1865, con el apoyo de Estados Unidos, México logró avanzar contra los franceses, que ya no contaban con el respaldo de Napoleón, pues mantenía una guerra en Europa. Maximiliano fue capturado en Querétaro y fusilado en 1867, terminando así con el imperio francés impuesto y restaurando la totalidad de la República.
Este suceso confirmó a México como soberano ante una de las potencias más poderosas de la época, pero al mismo tiempo sirvió para reforzar la Doctrina Monroe de Estados Unidos.
La ocupación del puerto de Veracruz
El 21 de abril de 1914, en plena Revolución Mexicana, Estados Unidos, al mando del presidente Woodrow Wilson, ocupó el puerto de Veracruz evitando la llegada del buque alemán “Ypiranga”, el cual transportaba armamento para Victoriano Huerta. Este hecho desató enfrentamientos con civiles y cadetes mexicanos, pero no escaló a una defensa formal.
En noviembre de aquel año, tras la caída de Huerta y gracias a la mediación internacional, se evitó un enfrentamiento mayor y las fuerzas estadounidenses se retiraron, mostrando desde entonces que Estados Unidos tiene interés en influir en la política mexicana.
La expedición punitiva
El 9 de marzo de 1916, una fuerza mexicana de 500 hombres al mando de Pancho Villa cruzó la frontera y atacó la villa de Columbus en Nuevo México, librando una batalla de más de seis horas que dejó al lugar en ruinas. Este evento es considerado como la única ocasión en la que un grupo armado latinoamericano atacó directamente territorio de Estados Unidos en el siglo XX.
El ataque provocó la indignación del gobierno del presidente Woodrow Wilson, quien ordenó una expedición militar para capturar al revolucionario sin contar con la autorización del gobierno mexicano. Durante casi un año, cerca de 10 mil soldados estadounidenses recorrieron el norte de México sin lograr su objetivo.
Pese a las protestas de Venustiano Carranza, en aquel momento presidente de México, no hubo una guerra formal entre ambos países. Finalmente, en febrero de 1917, debido a la presión de la diplomacia y la opinión pública mexicanas, así como por la inminente participación de Estados Unidos en la Primera Guerra Mundial, las tropas estadounidenses se retiraron.
Este capítulo evidenció los límites del poder militar estadounidense, que fracasó en su intento de capturar a Villa y fortaleció el nacionalismo mexicano. Asimismo, demostró la capacidad del Estado mexicano para defender su propia soberanía por la vía diplomática y evitar un conflicto armado de mayores dimensiones.
El México soberano de hoy
Las intervenciones extranjeras han dejado huella en la historia de México, que van desde pérdidas territoriales y hasta el fortalecimiento del nacionalismo. Hoy, estos episodios forman parte del discurso para defender el respeto a las fronteras y la autodeterminación de los pueblos.
Actualmente, el gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum, sostiene que la soberanía mexicana es irrenunciable y ha reiterado que, ante las declaraciones provenientes de Estados Unidos en materia de seguridad, México busca hacer valer su independencia.
Por ello, la postura de personajes y medios del país que promueven la intromisión de los Estados Unidos evidencia una falta de memoria histórica. México ha sufrido graves consecuencias por intereses extranjeros, pero, pese a las adversidades, ha logrado mantenerse en pie. En este contexto, el gobierno apuesta por una cooperación internacional basada en el respeto a la Constitución y la Carta de la Naciones Unidas.
“El pueblo de México, bajo ninguna circunstancia, aceptará intervenciones, intromisiones o cualquier otro acto desde el extranjero, que sea lesivo de la integridad, independencia y soberanía de la Nación, tales como golpes de Estado, injerencias en elecciones o la violación del territorio mexicano, sea ésta por tierra, agua, mar o espacio aéreo”. – Artículo 40 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos.
Murales:
Paris, C. (1829-1835). Acción militar en Pueblo Viejo (Batalla de Tampico, 11-9-1829).
Vernet, H. (1841). Toma del fuerte de San Juan de Ulúa.
Flores, G. (1970). La intervención norteamericana.
Siqueiros, D. (1957-1966). Del porfirismo a la revolución.
O’Gorman, J. (1960-1961). Retablo de la independencia.
El vicepresidente J. D. Vance rompió el empate para impedir que el Congreso limite el margen de maniobra bélica de la Casa Blanca tras la captura de Nicolás Maduro.
Los republicanos en el Senado de Estados Unidos bloquearon una iniciativa clave para limitar los “poderes de guerra” del presidente Donald Trump en Venezuela, luego de que el vicepresidente J. D. Vance interviniera para deshacer un empate 50-50 y frenar la resolución impulsada por el demócrata Tim Kaine.
La propuesta, conocida como Resolución sobre Poderes de Guerra, buscaba obligar a la Casa Blanca a solicitar autorización del Congreso antes de ordenar nuevas acciones militares en territorio venezolano. El debate se activó tras la operación del 3 de enero, en la que fuerzas estadounidenses trasladaron a Nicolás Maduro y a Cilia Flores a Nueva York para enfrentar cargos por narcotráfico y terrorismo; Trump sostuvo que se trató de una acción policial, no militar.
El giro decisivo vino de los republicanos Josh Hawley y Todd Young, quienes retiraron su apoyo tras presiones directas de la Casa Blanca, dejando el tablero empatado y abriendo paso al voto de Vance. Aunque la resolución solo requería mayoría simple (51 votos), el liderazgo conservador cerró filas para bloquearla.
Desde la mayoría republicana, John Thune argumentó que Estados Unidos “no está en guerra” con Venezuela, pues no hay tropas desplegadas ni operaciones militares en curso. Aun así, Lisa Murkowski, Susan Collins y Rand Paul rompieron con su bancada y respaldaron la iniciativa.
El episodio evidenció tensiones internas en el Partido Republicano. Trump reaccionó con amenazas públicas contra los disidentes y defendió la autoridad presidencial como comandante en jefe. En paralelo, el secretario de Estado Marco Rubio prometió que cualquier acción futura respetará la Constitución, promesa que bastó para recomponer apoyos.
De haber avanzado, la ley habría pasado a una Cámara de Representantes con mayoría republicana mínima y, previsiblemente, a un veto presidencial, confirmando el pulso entre Congreso y Casa Blanca por el control del uso de la fuerza.
La automotriz estadounidense anunció una fuerte inyección de capital para fortalecer su manufactura en México, pese al entorno adverso de la industria y a la incertidumbre comercial con Estados Unidos.
General Motors (GM) de México anunció una inversión de mil millones de dólares que se ejercerá durante los próximos dos años en territorio nacional, una decisión estratégica que se da en un contexto complejo para la industria automotriz y a pocos meses del arranque formal de la revisión del T-MEC.
La empresa destacó que 2025 cerró con resultados sólidos, al registrar un desempeño sobresaliente en diciembre y mantener liderazgo en segmentos clave del mercado, lo que refuerza su confianza en el país como un eje central de su estrategia productiva en América del Norte.
“Cerramos 2025 con sólidos resultados, reafirmando nuestro compromiso con ofrecer innovación, calidad y valor en cada vehículo”, señaló Francisco Garza, presidente y director general de GM de México. No obstante, reconoció que 2026 traerá retos importantes, por lo que la compañía ajustará su estrategia para responder a las nuevas dinámicas del mercado.
La automotriz detalló que esta inversión está alineada con los esfuerzos del gobierno mexicano para fortalecer el mercado interno, y se enfocará principalmente en operaciones locales de manufactura, así como en proyectos futuros dirigidos a la demanda doméstica, en un intento por reducir la dependencia externa.
El anuncio contrasta con el desempeño reciente del sector. En 2025, las exportaciones mexicanas de vehículos ligeros alcanzaron 3 millones 385 mil 785 unidades, lo que representó una caída de 2.68% respecto a 2024, en medio de la política arancelaria impulsada por Donald Trump. A su vez, la producción total fue de 3 millones 953 mil 494 vehículos, un retroceso anual de 0.9%.
Pese a este escenario, GM refrenda su apuesta por México, enviando una señal de confianza a la industria automotriz y al futuro del país dentro del T-MEC.