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  • Debates amañados de los medios

    Debates amañados de los medios

    Los debates políticos que se proyectan en la televisión y transmiten por la radio, no muestran una apertura a las opiniones diferentes de la élite que gobernó el país durante muchos años, sino que tienen una intención siniestra.

    Porque no deja de extrañar que en medios tan reaccionarios, incluso fascistas, como Radio Fórmula haya debates, que quieren aparecer como imparciales de origen, pero lo que buscan es darle espacio a la oposición, pero no cualquier espacio.

    El objetivo radica en que el poco público que le queda a este tipo de medios, considere que desde el momento en que se enfrenta un representante del PAN o del PRI, representa al mismo número de gente que quien va en nombre del partido en el poder.

    Esa es la idea, hacer creer en la equidad de fuerzas, porque desde el momento en que aparecen en un debate en igualdad de circunstancias, quiere decir que tienen la misma representación social. Y ganar un debate en estos medios representa para el optimismo desbordado de la derecha, un anuncio de futuras victorias en las urnas.

    Evidente muestra de desesperación que hacen de sus fantasías una realidad que nunca llegará, porque la representación reflejo de la voluntad del pueblo, una población que ha decidido no ser influida por los medios que sirvieron de propaganda a los regímenes que mostraron su capacidad y engaños, gracias a sus voces, siempre discordantes con la realidad.

    Convencer al su auditorio de una mentira, es un fraude de los medios, lo mismo que hacen los comentócratas, quienes ocupan más tiempo en crear estrategias de convencimiento que en investigar sus contenidos informativos.

    Es decir, medios y vocingleros del conservadurismo, engañan a quienes los hacen ricos: a su público. No engañan a la competencia ni a los ciudadanos informados, engañan a los suyos.

    En los debates los partidos de oposición enviar representantes entrenados en la mentira, con consignas prefabricadas con los viejos esquemas de la descalificación y los cuestionamientos. Jamás han colocado en un debate a personas que tengas propuestas que identifiquen a sus partidos, porque es evidente que carecen de ellas.

    Es decir, el tema lo coloca el medio, con acuerdos previos en lo oscurito, en favor de la oposición, como cuando Azucena Urtesti trató de sorprender el morenista Arturo Ávila, dando un espacio telefónico a la alcaldesa corrupta de la Cuauhtémoc, sin estar programado en el esquema del debate. De todas maneras, la mujer poco preparada y bastante viciada por sus intereses, perdió la discusión.

    Se trata de mostrar a la minoría opositora, en fuerza política sólida para hacer de sus derrotas resultado de una competencia reñida y así poner en duda o desmentir victorias ajenas. Quieren hacer de las elecciones un aparente juego reñido, con los debates como telón de fondo. cuando hay una gran diferencia de votos entre los candidatos de oposición y los del partido en el poder. Las urnas no mienten y es un testimonio que los medios no pueden desestimar porque la gente dejó de creer en ellos.

    Los debates tratan de que las fuerzas políticas parezcan equilibradas, donde la oposición dé la impresión de ser un contrapeso. No es así, basta con consultar los resultados electorales y las encuestas serias.

  • México entre el reacomodo criminal y la responsabilidad del Estado

    México entre el reacomodo criminal y la responsabilidad del Estado

    El domingo que parecía uno más sin sobresaltos, sin agenda extraordinaria terminó convertido en un punto de inflexión. La captura y muerte de Nemesio Oseguera Cervantes, conocido como El Mencho, provocó un efecto dominó que confirmó algo que los especialistas en seguridad llevan años advirtiendo: cuando se toca la cúspide de una estructura criminal sin neutralizar simultáneamente sus nodos operativos, el sistema no desaparece, se reconfigura.

    Durante años, Oseguera fue considerado por agencias mexicanas y estadounidenses uno de los objetivos prioritarios, con acusaciones por tráfico de drogas, armas y operaciones trasnacionales. Su figura se convirtió en símbolo de poder dentro del crimen organizado contemporáneo. Pero los símbolos no son lo mismo que las estructuras.

    El vacío de poder y la reacción violenta

    Tras la caída del líder, se activaron células en distintas regiones del país. Bloqueos, incendios de vehículos y ataques selectivos fueron reportados por la prensa. El mensaje fue claro: demostrar capacidad de respuesta y mantener presencia territorial.
    Aquí surge la pregunta estratégica: ¿la operación fue integral o focalizada?

    En modelos de combate al crimen organizado utilizados por agencias federales en Estados Unidos, los golpes de alto impacto suelen ejecutarse bajo esquemas de operativos simultáneos y coordinados. No se trata únicamente de detener a un líder, sino de congelar cuentas, asegurar redes logísticas, intervenir comunicaciones y capturar mandos regionales en la misma ventana temporal. El objetivo es evitar el reacomodo inmediato.

    En México, la experiencia histórica demuestra que cuando no se desarticula la cadena completa, los mandos medios se dispersan, se ocultan o escalan la violencia para posicionarse dentro de la nueva correlación de fuerzas. El resultado no es el fin del problema, sino una fase de turbulencia.

    El debate político: fuerza frontal o inteligencia estructural

    En el Senado, la voz de la senadora Lilly Téllez no tardó en aparecer. Con su estilo directo, pidió a la presidenta Claudia Sheinbaum asumir una postura más agresiva frente al narcoterrorismo, evocando la estrategia militar desplegada durante el gobierno de Felipe Calderón.

    El dilema no es ideológico; es técnico. La estrategia de confrontación directa puede generar impactos inmediatos, pero también eleva los riesgos de violencia colateral si no va acompañada de inteligencia financiera, judicial y territorial. Por otro lado, los enfoques exclusivamente preventivos o sociales no bastan cuando las organizaciones mantienen poder de fuego y control logístico.

    La pregunta central no es si se debe actuar, sino cómo y con qué sincronización. La experiencia internacional muestra que el éxito depende de la coordinación interinstitucional y del cierre simultáneo de múltiples frentes.

    Boca del Río: cuando la violencia salta al deporte

    Mientras el país analizaba el reacomodo criminal, en Boca del Río se registraba otro episodio de violencia, esta vez en el Centro Deportivo “Hugo Sánchez”, donde una riña entre porras terminó con una persona fallecida. Aquí el problema no es el crimen organizado, sino la gestión de riesgos.

    En cualquier evento masivo existen parámetros técnicos claros: proporción de elementos de seguridad por número de asistentes, protocolos de control de venta de alcohol, monitoreo de comportamiento alterado y coordinación directa con fuerzas municipales. Cuando esos mecanismos fallan o se relajan, la responsabilidad se vuelve compartida entre organizadores y autoridades.

    El deporte no debe frenarse. Al contrario: es una herramienta de cohesión social. Pero sin protocolos estrictos, el espectáculo se convierte en escenario de tragedia.

    Desarrollo e infraestructura: la otra cara del Estado

    En contraste con estos episodios, la inauguración del hospital del IMSS en Coahuila mostró otra dimensión de la acción pública. La presidenta Sheinbaum y el gobernador Manolo Jiménez Salinas encabezaron un acto que simboliza inversión en salud e infraestructura social.

    La seguridad no puede entenderse sin desarrollo. Hospitales, escuelas, conectividad e inversión industrial fortalecen el tejido social y reducen el caldo de cultivo para la criminalidad. Pero desarrollo sin control territorial también es vulnerable.
    México enfrenta una ecuación compleja:

    Seguridad sin desarrollo es contención temporal. Desarrollo sin seguridad es fragilidad estructural. Solo la combinación de ambos puede generar estabilidad sostenible.

    Conclusión

    La caída de un líder criminal no es el final de una historia, sino el inicio de una nueva etapa. El reto para el Estado mexicano es evitar que el reacomodo se traduzca en mayor violencia y, al mismo tiempo, mantener el impulso en infraestructura y cohesión social.

    La política exige firmeza, pero también precisión. La seguridad requiere fuerza, pero también inteligencia. Y el desarrollo demanda continuidad más allá de la coyuntura.

    México no necesita improvisación; necesita coordinación estratégica y visión de largo plazo.

  • Algo está pasando. Interpretando a Matt Shumer

    Algo está pasando. Interpretando a Matt Shumer

    A inicios de febrero se publicó en un blog personal un texto que comenzó a circular con intensidad en redes tecnológicas. No fue un informe académico ni un comunicado empresarial. Fue una advertencia. Matt Shumer tituló su artículo Something Big Is Happening y lo enmarcó con una comparación inquietante: dijo que este momento se siente como febrero de 2020, cuando pocos percibían la magnitud de lo que estaba por desatarse. La analogía no es menor. Sugiere un desfase entre percepción pública y realidad tecnológica.

    Shumer no habla en condicional. Afirma que el desplazamiento laboral ya comenzó en su propio trabajo. Sostiene que modelos actuales ya construyen aplicaciones completas si se les describe el objetivo y se les deja trabajar durante horas. Relata escenas concretas: se define una app, se regresa después y está terminada; el sistema prueba su propio código, detecta errores, itera y corrige sin intervención humana. No es una herramienta que asiste. Es un agente que ejecuta.

    El autor recoge además una afirmación atribuida a Dario Amodei: hasta 50 por ciento de empleos white collar de nivel inicial podrían desaparecer en un plazo de uno a cinco años. Menciona derecho, finanzas, medicina, consultoría, escritura, ingeniería de software. No plantea que sea una posibilidad lejana; sostiene que la capacidad subyacente ya estaría disponible. Ese dato es el que detonó conversación masiva. No hablamos de robots industriales, sino de oficinas, pantallas y jóvenes profesionistas.

    Cuando se refiere al trabajo cognitivo, Shumer habla del trabajo de mente: analizar contratos, programar sistemas, estructurar diagnósticos, diseñar estrategias. Es el tipo de empleo que durante décadas se consideró protegido frente a la automatización. Su tesis es directa: esa barrera se estaría erosionando con rapidez.

    Otro elemento central es lo que denomina una posible intelligence explosion. No solo porque los modelos mejoran, sino porque estarían ayudando a construir la siguiente generación. La idea de AI building the next AI adquiere un sentido exponencial cuando se afirma que ciertos sistemas ya fueron instrumentales en su propio desarrollo. Si la herramienta participa en su mejora, el ritmo deja de ser lineal. Se convierte en aceleración acumulativa.

    Shumer también introduce una dimensión geopolítica. Recupera el experimento mental de Amodei: imaginar un país con el equivalente a 50 millones de mentes superinteligentes trabajando de forma coordinada. Las implicaciones no serían solo económicas, sino estratégicas. Menciona riesgos de bioarmas diseñadas con apoyo algorítmico y escenarios de vigilancia autoritaria potenciada por inteligencia artificial avanzada. El debate deja de ser laboral y se vuelve de seguridad nacional.

    El texto tiene un tono personal que no es casual. Shumer escribe para su familia. Afirma que existe una brecha entre lo que se dice públicamente y lo que él observa en su trabajo cotidiano. Señala que las personas merecen escuchar lo que está ocurriendo desde dentro. Esa carga testimonial fortalece su credibilidad. No se presenta como profeta, sino como testigo.

    ¿Por qué generó tanto revuelo? Porque combina cinco factores poderosos: una voz interna del sector tecnológico, ejemplos concretos de ejecución autónoma, una predicción cuantitativa de reemplazo masivo, la narrativa de explosión de inteligencia y una analogía histórica que sugiere inminencia. No es un paper técnico. Es una advertencia situada en tiempo real.

    Desde una perspectiva mexicana, interpretar este texto no implicaría asumirlo como verdad absoluta, pero tampoco minimizarlo. Si la capacidad ya está disponible y el desplazamiento podría acelerarse, los sistemas educativos, laborales y regulatorios tendrían que anticiparse. La planeación estratégica sería indispensable. La experiencia demuestra que el Estado puede intervenir para proteger derechos cuando reconoce a tiempo las señales de cambio.

    Tal vez la pregunta no sea si Shumer tiene razón en cada cifra o cada plazo. La pregunta sería si estamos dispuestos a observar con seriedad el ritmo del cambio. Porque cuando quienes están dentro del laboratorio levantan la mano y dicen que la velocidad se ha multiplicado, el debate deja de ser tecnológico y se vuelve cívico. Y en ese terreno, no podemos darnos el lujo de llegar tarde.

  • El Mencho

    El Mencho

    La noticia de la muerte de Nemesio Oseguera Cervantes, alias El Mencho, ha generado inmediatamente un festín de titulares sensacionalistas. Para algunos, es el final de una figura temida; para otros, la posibilidad de un “mejor futuro”. Pero cuando despojamos el relato de sus adornos mitológicos, hay una verdad mucho más incómoda y profunda: El Mencho fue otra víctima del mismo sistema económico y político que dice combatir.

    No hablo aquí de justificar sus crímenes —nadie con dos dedos de frente puede relativizar el sufrimiento de las miles de familias destrozadas por la violencia vinculada al narcotráfico—, sino de entender cómo ese fenómeno crece y muere en un terreno que no es ajeno a nuestra sociedad: el capitalismo salvaje en su forma más perversa.

    El Mencho no surgió de la nada. Nació, como muchos otros, en un México desigual donde la pobreza, la falta de oportunidades reales y la violencia cotidiana son el pan de cada día. En ese caldo de cultivo, la economía ilegal no es solo una alternativa: es una válvula de escape para quienes no encuentran otra puerta abierta.

    Si el capitalismo premia la acumulación de riqueza a cualquier costo, ¿por qué nos escandaliza que quienes están fuera de los circuitos legales busquen su propia acumulación? El mercado —legal o ilegal— siempre ha sido un terreno fértil para quienes mejor negocian los márgenes de riesgo y violencia.

    La muerte del Mencho es, en términos históricos, un síntoma más de un sistema que no solo tolera la violencia, sino que la estructura y la rentabiliza. Cada operativo, cada enfrentamiento, cada líder que cae, alimentan un ciclo donde hay ganancias privadas para unos pocos y pérdidas irreparables para la mayoría.

    Porque en este sistema:

    • La pobreza es estructural, no accidental.
    • La marginación social genera economías paralelas.
    • La violencia se administra como un insumo más.
    • Y el costo humano siempre lo paga el pueblo.

    Mientras no transformemos las raíces económicas y sociales que hacen posible el nacimiento de figuras como El Mencho, estaremos condenados a ver caer piezas de un tablero sin tocar jamás el tablero mismo. La violencia no es un enemigo externo a nuestras estructuras: es una consecuencia lógica de un modelo que convierte todo —vidas incluidas— en mercancía.

    Redes sociales

  • Cuando el deber se cumple, incluso en silencio

    Cuando el deber se cumple, incluso en silencio

    La mañana del 22 de febrero de 2026 no fue una más para México. En el municipio de Tapalpa, Jalisco, el Estado mexicano enfrentó uno de los momentos más delicados y determinantes de los últimos años en materia de seguridad. A través de un operativo federal, oficialmente confirmado por la Secretaría de la Defensa Nacional, murió Nemesio Oseguera Cervantes, identificado por las autoridades como líder del Cártel Jalisco Nueva Generación.

    Detrás de este hecho no hubo improvisación ni protagonismos. Hubo meses de trabajo técnico, de análisis de inteligencia y de coordinación institucional entre distintas dependencias del Gobierno Federal.

    La Sedena informó que en el operativo participaron elementos del Ejército Mexicano, la Guardia Nacional, la Fiscalía General de la República y el Centro Nacional de Inteligencia, todos actuando bajo una misma estrategia y una sola cadena de mando.

    Durante el despliegue, el personal federal fue agredido por integrantes del grupo delictivo. De acuerdo con la información oficial, las fuerzas armadas repelieron el ataque en ejercicio de la legítima defensa, conforme a los protocolos establecidos. Como resultado de ese enfrentamiento, varios agresores resultaron heridos, entre ellos Oseguera Cervantes, quien perdió la vida durante su traslado aéreo para recibir atención médica especializada.

    Más allá de los datos, este operativo refleja el cumplimiento del deber. Cada elemento involucrado enfrentó un escenario de alto riesgo con profesionalismo, disciplina y compromiso con la seguridad de la población.

    El respaldo del Gobierno Federal ha sido claro. Desde el Gabinete de Seguridad se informó que existen protocolos listos para atender cualquier reacción derivada del operativo y que la presencia federal se reforzó de manera preventiva en distintas regiones del país.

    El operativo en Tapalpa reafirma que cuando las instituciones trabajan de manera coordinada y con respaldo político, el Estado mexicano puede enfrentar con firmeza a la delincuencia organizada, siempre con apego a la legalidad y al interés público.

  • El poder del Estado mexicano y los malditos zopilotes

    El poder del Estado mexicano y los malditos zopilotes

    El pasado domingo 22 de febrero, después de años de trabajo para contrarrestar la herencia sangrienta que nos dejaron los gobiernos del PRIAN, nos enteramos de la confrontación que sostuvieron las fuerzas del orden del Estado mexicano contra integrantes del CJNG en el que, como es de conocimiento general, fue abatido su líder, Nemesio Oseguera Cervantes.

    Este enfrentamiento y posterior deceso del criminal más buscado del mundo, rompe con sexenios en los que los cárteles del narcotráfico crecieron de manera descomunal en poderío económico y armamentístico al cobijo de gobiernos federales, convirtiéndose en generadores de violencia y sobrepasando a autoridades en distintos estados de la república. Además, se sabe que también fungen como administradores de negocios millonarios como la producción de aguacate o frijol, utilizando el amedrentamiento a campesinos.

    Desde luego, se entiende que con este ataque al corazón del CJNG y la baja de su líder, el narcotráfico en México no se acaba. La realidad es que aún existen más cárteles que se dedican por ejemplo, a la extorsión, narcomenudeo y cobro de piso; y también se cuenta con el problema de la ilegalidad con la que las armas que usan estos grupos van a dar a sus manos, provenientes de los Estados Unidos o como dio cuenta el secretario general Trevilla en su informe del lunes 23 de febrero, el uso de un lanzamisiles de manufactura Rusa con el que en 2015, la asociación que fundó Oseguera Cervantes derribó un helicóptero militar. Sin embargo, monta un precedente en la lucha contra estas organizaciones criminales. Se sustituyen las complicidades y corrupción que fortalecieron a estas y se dejó de tener un narco-Estado como el que prevaleció en el sexenio de Felipe Calderón y su exsecretario de seguridad, Genaro García Luna, preso en Estados Unidos por narcotráfico.

    No obstante los hechos, no dejan de existir “zopilotes”: pseudo periodistas, influencers y analistas de ocasión, quienes puedan pensar lo contrario y se sientan convencidos de que, por una parte, nada ha cambiado, de que estamos incluso peor que antes y, por otra, al decirse defraudados, lancen arengas derrotistas a sus seguidores-lectores-televidentes; en realidad se trata de una minoría que o bien están desinformados o pudieran perseguir compensaciones monetarias que les motive a arremeter contra la actual administración.

    No es que este gobierno sea perfecto, de hecho, en últimos días ha dado pasos atrás y adelante en alguno de sus tres niveles, pero resultan evidentes las diferencias con los otros, contrarios a su ideología donde la impunidad, represión y violencia, escalaron hasta el verdadero hartazgo social. Se supone que una de las cualidades que deberían tener los mencionados “zopilotes” de ocasión es la buena memoria, cualidad que, en cambio, sí posee el pueblo que los sufrió por muchos sexenios y al que tratan de manipular y que poco o nada les cree.

    • X: @Pablo_OcampoEsc

  • El zapato del ministro

    El zapato del ministro

    La desproporcionada indignación de la derecha por la adquisición de camionetas para los ministros surge como si estuvieran planeado su asesinato.

    El odio de la derecha tan exacerbado como inexplicable arroja esta posibilidad lógica, luego de una serie de críticas a los cambios esenciales para alcanzar un Estado de Derecho que nunca existió en México.

    Se redujo la renta de las camionetas por mil 200 millones al año, por la compra de nueve camionetas blindadas por menos de 30 millones de pesos. Pero aún así, contrariamente toda lógica elemental aritmética.

    Lo mismo sucede con los comentarios sobre la limpieza de los zapatos del presidente de la Suprema Corte, porque personas que en el pasado le lamían las suelas de los zapatos a los presidentes.

    El periodo de López Portillo creó remedos de periodistas, con carrera trunca de Derecho, gracias al servilismo indigno e indignante de quienes ahora se autodenominan líderes de opinión.

    Los presidentes en ese entonces eran monarcas que diariamente jugaban tenis en las instalaciones de Los Pinos como si el país fuera de su propiedad y los súbditos debían tomar, con sus propias manos las toallas mojadas de sudor de los presidentes con tal devoción como si se tratara de la Sábana Santa. Como estos actos de escatología los sirvientes del llamado Jolopo, se convertían en alcahuetes del presidente, también de su esposa.

    Se han olvidado de todos los actos de servilismo cotidiano que destruía su dignidad y avergonzaba a sus familias. Simplemente y de manera reciente, el hecho de que una asistente haya tomado con su mano un chicle masticado de la entonces candidata del PRIAN, se convierte en un motivo suficiente para no hablar del tema de los zapatos del presidente de la Suprema Corte, pero comentan como si la población no tuviera memoria.

    El culto a la personalidad ante el Presidente de la República, hizo ver excesos como normales, tanto que siempre fue considerado el tlatoani, todavía algunos comentaristas que no se actualizan, intentan utilizar el término para cuestionar algunas actitudes de los presidentes de Morena, como muestra de autoritarismo.

    Ese culto a la personalidad a los presidentes del PRIAN fue difundido y legitimado por los mismos medios que ahora cuestionan un gesto aislado, fortuito y con explicación lógica, no se trata de una acción cotidiana sino producto de un incidente esporádico. Es característico de teocracias, monarquías y democracias fallidas según su definición.

    El servilismo en los regímenes del PRIAN llegaba a extremos que nunca denunciaron los medios, precisamente porque eran percibidos como gestos naturales, incluso obligados. Ahora, estos mismos personajes que tienen sucias las manos del sudor de presidentes del neoliberalismo y de saliva de candidatas trasnochadas, se burlan de la memoria de los mexicanos.

    La desproporción en la visión de la realidad de México, los condenan al inmediato desprecio de la población que paulatinamente abandona esa rancia forma de informar en medios incondicionales a una derecha que encuentra en actos como éstos, que no dejan de ser descuidos imperdonables, la única manera de combatir una realidad ordenada por el pueblo.

  • Reacciones y finales

    Reacciones y finales

    La caída del jefe del CJNG ha provocado reacciones serias en los territorios dónde han operado, las redes sociales dan cuenta de los brotes de violencia, bloqueos y demás. Muy probablemente sean muestra de fuerza de quienes pretenden tomar el lugar del anterior, seguramente esto provocará más muertos entre ellos, los dividirá y será la oportunidad para terminarlos.

    Hay que recordar que muchos elementos de la organización de marras, están ahí bajo la amenaza contra sus familias, lo que al iniciar la lucha interna por los lideratos, tendrán oportunidad de entregarse y ayudar al desmantelamiento de esa organización.

    Es tiempo de mostrar el músculo del Estado Mexicano para controlar y disolver a ese grupo criminal,. Como Pueblo soberano, nos toca tomar partido para fortalecer aún más a nuestras fuerzas armadas.

    Las divisiones de la cúpula política del país, tienen que sanjarse y radicalizar sus posiciones en favor del Pueblo como movimiento que encabeza y liderea la Presidencia de la República, no podemos permitirnos actitudes frías o conciliadoras, nuestras diferencias y su discusión, tienen que ser postergadas para que la unidad evite intervenciones externas y así debilite a los cárteles y a sus aliados del norte, quienes solo buscan cómo debilitar al Estado Mexicano, hoy más fuerte que nunca.

    Hasta la oposición conservadora, protofascista tiene el deber de cerrar filas con el Gobierno de la República porque la caída del Mencho es el inicio de la batalla final, tanto desde la política, como desde la visión de las fuerzas armadas, para la construcción de una paz con justicia, que de paso a la lucha política por la verdadera reivindicación y ampliación de los derechos del Pueblo, empezando por los trabajadores.

    La derecha puede optar por continuar con sus posturas intervencionistas, pero deben tener claro que eso obra en su contra, porque es muy posible que aquellos los traicionen por estar asociados con células de los cárteles que estructuran las peores alas del imperialismo.

    La organización y coordinación efectiva de todos los cuerpos policíacos y de seguridad del Estado Mexicano será fundamental para consolidar la victoria de ayer e iniciar el final de la violenta etapa que inició el nada ilustre Felipe Calderón, el defraudador electoral.

    Por otro lado, la verdadera izquierda, la que no es social demócrata, sino la que es verdaderamente democrática, tiene que continuar luchando y fijar una postura al lado del actual gobierno; solo al intervencionismo le puede servir la división interna de las posturas no intervencionistas.

    La fuerza del Estado Mexicano será puesta a prueba en los siguientes días y resulta oportuno que el partido en el poder limpie sus filas porque las traiciones de oportunistas se ven a la puerta y eso reduciría su eficacia y el apoyo popular.

  • El viejo ‘agenda setting’

    El viejo ‘agenda setting’

    En 1972, Maxwell McCombs y Donald Shaw, estadounidense estudiosos de las comunicaciones, publicaron una investigación realizada durante la campaña presidencial de 1968, aquella que culminó con el triunfo de Richard Nixon sobre Hubert Humphrey. El estudio en cuestión demostraba que los medios, selectiva e intencionadamente, decidían qué poner en emisiones televisivas y radiofónicas, así como periódicos y revistas, con el fin establecer la tendencia predominante, y así, encauzar la atención y el debate público hacia un asunto en particular, al tiempo que se desviaba la atención de algún otro que no interesaba o no convenía al sistema. Esta estrategia mediática fue bautizada por los autores como fijación de agenda o agenda setting.

    En la actualidad, y particularmente en nuestro país, las condiciones han cambiado bastante, y a continuación desarrollaré el tema. Para empezar, es muy sabido que, en el contubernio entre los gobiernos de derecha con los medios, hubo un muy efectivo y prolongado uso del agenda setting. Hubo muchos puntos álgidos, como la limitada cobertura y hasta ocultamiento de los sucesos de 1968, el sismo del 1985, el fraude de 1988, con el sistemático veto mediático a Cuauhtémoc Cárdenas durante la campaña, entre otros. Aunque en tiempos en los que se temía ya un despertar político, hubo que ser más osados. Así tuvimos joyas como el Chupacabras, la creación de un telepresidente, la campaña viral de Fox o la toma de Luz y Fuerza durante un partido de la selección y puntualmente en el festejo de un gol de Cuauhtémoc Blanco.

    Vivimos ahora tiempos en que la televisión ha perdido fuerza y son las redes, que entraron en el juego de manera intempestiva y no prevista, el elemento a través del cual la agenda comenzó, o bien a fragmentarse, o a ser establecida de una manera orgánica por los propios usuarios de manera masiva y no por poderes fácticos haciendo uso faccioso de ellas. Así llegó AMLO al poder, y así proclamó a las redes sociales como “benditas”. Pero no solo eso, sino que aprovechó su posición y su modelo de comunicación para él mismo establecer la agenda, pero con una diferencia: quería concentrar la atención y la opinión pública en asuntos medulares y a veces incómodos; no desviarla hacia cuestiones banales o de irrelevante entretenimiento, ni tampoco meter miedo; solo despertar conciencias.

    Ahora bien, en esta coyuntura de los ‘therians’, si bien ha habido algunos analistas y opinadores que han acusado una nueva puesta en marcha del agenda setting, el panorama ya es muy distinto a tiempos pretéritos. Los algoritmos son manipulados por grupos fácticos para dirigir la atención de las masas hacia temas como éstos, pero las audiencias se encuentran atomizadas y segmentadas por nichos. Las tendencias podrán penetrar en todos ellos, pero no ocupar la atención de todas las personas. La población mexicana en particular tiene un muy alto nivel de politización y se encuentra atenta y sensible a todos los acontecimientos de dicha naturaleza.

    El afirmar, como se ha hecho desde trincheras progresistas, que el asunto therian va a distraer a las personas para hacerlas soslayar el genocidio en Palestina, los múltiples atropellos del régimen trumpista a Venezuela y Cuba, los archivos Epstein, la votación en el congreso mexicano sobre la reforma política y demás temas importantes; sería poco menos que subestimar al pueblo de México, a quien AMLO calificó de ser «mucha pieza». Quienes están de lleno metidos en el debate, la burla y el asombro, no son consumidores de temas políticos. Y quienes sí lo son, no pierden en absoluto su enfoque, pese a que, ejerciendo su incuestionable libertad, puedan esporádicamente emitir su opinión sobre esta y otras tendencias sin que esto sea parámetro para medir su compromiso social.

    Y para finalizar, me sigue pareciendo lejano el movimiento therian. Auge en Argentina y término griego con morfología del inglés; Argentina y EEUU tienen gobiernos de derecha que dan la espalda a sus jóvenes y éstos se evaden de la realidad. Nosotros no somos susceptibles ni a volvernos therians ni a distraernos de lo importante. Somos pueblo politizado y humanista.

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  • La doctrina Donroe y el cerco final: la estrategia de Trump para asfixiar a Cuba

    La doctrina Donroe y el cerco final: la estrategia de Trump para asfixiar a Cuba

    Parecía un desafío casi insondable: encontrar la manera de bloquear y afectar a Cuba más de lo que ya estaba después de seis décadas de un cerco implacable. Sin embargo, la administración de Donald Trump ha demostrado que siempre se puede escalar un crimen. Lejos de limitarse a mantener el statu quo de la guerra económica, su gobierno ha diseñado una estrategia de estrangulamiento total, concibiendo a la isla no solo como un objetivo, sino como una pieza clave en un tablero geopolítico mucho más ambicioso: la aplicación de una suerte de “Doctrina Donroe” —una reinterpretación brutal y moderna del viejo lema— con un radio de acción de 5,000 kilómetros. Esta visión, que busca establecer un control hegemónico absoluto sobre el hemisferio occidental, incluye no solo a Cuba, sino también a México y, por supuesto, a Venezuela, la fuente energética que mantenía con vida el espíritu de resistencia caribeño.

    El camino hacia esta nueva fase de agresión comenzó mucho antes de los eventos más dramáticos. La administración Trump ya venía aplicando una presión incesante sobre la isla a través de métodos que recuerdan a las más oscuras épocas de la piratería en el Caribe. Buques petroleros con destino a Cuba eran interceptados en alta mar, sus cargas eran bloqueadas y se impedía la libre navegación y el comercio legítimo de la isla con otras naciones. Este acoso naval, un acto de fuerza bruta disfrazado de política exterior, buscaba cortar el sustento energético de la nación, demostrando que no había límite para la coerción.

    Pero la verdadera escalada llegó con la intervención directa en Venezuela. El operativo que llevó al secuestro de Nicolás Maduro, al bombardeo de Caracas y a la muerte de cientos de civiles, fue leído en Washington como una victoria que envalentonaba sus ansias de poder. Con Venezuela doblegada y su petróleo bajo control, Trump y su círculo más cercano creyeron haber asestado el golpe mortal a Cuba. El cálculo era simple y perverso: si la única fuente significativa de energía de la isla era Venezuela, y Venezuela ya no podía proveerla, la resistencia cubana colapsaría por inanición económica y energética en cuestión de semanas. Lo que olvidaron en sus cálculos es la historia de un pueblo que ha aprendido a resistir y a reinventarse bajo las condiciones más adversas. Cuba ha soportado un bloqueo que quebraría cualquier otra economía en los primeros tres meses, una resiliencia forjada en la dignidad y la necesidad.

    Sin embargo, la lógica del imperio no se detiene ante la resistencia. Cuando el flujo desde Venezuela se interrumpió, la vida en la isla encontró un respiro gracias a la solidaridad, principalmente desde México. Barcos con combustible y suministros lograron burlar el cerco, ofreciendo un salvavidas a la población. Pero la sombra de la Doctrina Donroe se alargó hasta el país azteca. Trump, usando la misma táctica de la amenaza y la coerción, presionó al gobierno mexicano con la imposición de aranceles devastadores si continuaba el envío de petróleo a Cuba. Ante la amenaza de una guerra comercial que México no podía permitirse, el flujo energético oficial tuvo que retroceder. A pesar de todo, y como un gesto de humanidad que desafía la geopolítica, la ayuda humanitaria y algunos envíos esporádicos continúan, demostrando que la solidaridad del pueblo mexicano no se doblega fácilmente ante las presiones imperiales.

    Hoy, el estrangulamiento que sufre el pueblo cubano es casi total. La pregunta que flota en el aire es si alguien puede detenerlo. En un mundo bipolarizado, la respuesta lógica apuntaría a Moscú o Pekín. Solo una intervención decidida de estas potencias, ya sea en forma de financiamiento masivo, suministro energético constante o, en un escenario extremo, el establecimiento de una disuasión creíble mediante el envío de misiles hipersónicos apuntando a Miami y Washington, podría cambiar la correlación de fuerzas. Sin embargo, ese escenario parece, por ahora, una quimera. El gran reparto del mundo, los acuerdos tácitos y las líneas rojas no escritas entre las grandes potencias, dejan a Cuba atrapada en lo que Washington considera su patio trasero, su zona de influencia directa e incuestionable.

    A pesar de esta realidad geopolítica, la victoria de Trump sobre Cuba es, en esencia, pírrica. El costo de esta victoria no se mide en tanques de petróleo o barriles de combustible, sino en la erosión moral y estratégica de Estados Unidos. El mundo observa, con una mezcla de impotencia e indignación, las atrocidades que se cometen de forma impune contra un pueblo pequeño y bloqueado. Cada barco interceptado, cada sanción impuesta, cada amenaza lanzada, es una factura que se acumula en la conciencia histórica del imperio. Puede que hoy celebren el control y la asfixia, pero esa deuda moral, ese sufrimiento causado, es un pasivo que algún día, de una forma u otra, se pagará muy caro. La resistencia digna de Cuba no es solo un acto de supervivencia, es la prueba viviente de que la factura de la historia siempre termina por llegar.