No es solo un dicho: México tiene hoy una presidenta con reconocimiento y peso político. En tiempos donde el escenario internacional se ha vuelto áspero, fragmentado y profundamente pragmático, que el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, dirija un mensaje público a los mexicanos no es un gesto menor. En política real, el reconocimiento no se regala; se concede cuando existe interlocución, fuerza y respeto mutuo.
Como bien lo ha expresado la máxima autoridad del país, a muchos les va a doler. Y es que el mensaje es claro: en el país vecino se ha comenzado a entender una verdad compleja. El combate al narcotráfico no es una tarea sencilla; ha sido históricamente difícil, costosa y prolongada, pero es una labor que se está dando y cuyos resultados, aunque graduales, existen. No se trata de soluciones inmediatas, sino de procesos que requieren constancia, coordinación y voluntad política.
Ya sea por realismo estratégico, por ajustes en la política de seguridad o por una nueva forma de cooperación entre gobiernos, el discurso ha evolucionado. Hoy se habla menos de promesas grandilocuentes y más de control, contención, inteligencia y fortalecimiento institucional. El enfoque ha cambiado, pero la responsabilidad permanece.
Esto no debe interpretarse como desinterés hacia México. Por el contrario, el trato, los gestos y los símbolos reflejan una relación distinta. El respeto hacia México no solo se expresa en declaraciones oficiales, sino también en actos y mensajes que reconocen su peso regional, su cultura y su papel estratégico. México pesa, influye y se hace notar en la relación bilateral.
En el ámbito interno, mientras tanto, el país enfrenta decisiones que también marcan época. La reciente corrección de los ministros de la Suprema Corte de Justicia de la Nación respecto a la devolución de vehículos blindados abre un debate delicado pero necesario: la seguridad de quienes toman las decisiones judiciales más trascendentales del país. En un entorno de alta exposición y riesgo, reducir esquemas de protección no es un asunto administrativo, sino un tema de seguridad nacional.
Blindar un vehículo hoy no es simple ni barato. Las exigencias técnicas, el peso adicional, la necesidad de motores de alta potencia y plataformas especializadas hacen que, incluso bajando de categoría, cualquier unidad supere fácilmente el millón de pesos. Pretender soluciones simplistas en un contexto de violencia estructural es ignorar la realidad operativa que enfrentan jueces y ministros.
México vive una etapa de definiciones. En el exterior, se le reconoce con pragmatismo y respeto; en el interior, se le exige coherencia entre discurso, decisiones y consecuencias. Hoy la conducción del país no se mide por consignas ni aplausos, sino por la capacidad de asumir costos políticos, sostener procesos complejos y avanzar, paso a paso, en la construcción de un país más seguro y más justo.
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