Etiqueta: Adultos

  • Vapeo juvenil encuentra puerta abierta en mercado ilegal

    Vapeo juvenil encuentra puerta abierta en mercado ilegal

    México prohíbe la venta de vapeadores, pero estos dispositivos siguen fácilmente disponibles en el mercado negro y se han consolidado como una alternativa de consumo popular entre jóvenes, ofreciendo sabores llamativos y accesibilidad sin filtros sanitarios.

    El consumo de vapeadores entre jóvenes mexicanos, ha ganado terreno como una alternativa al tabaco tradicional, pero su prohibición ha generado un mercado negro en expansión que facilita su acceso especialmente a adolescentes y adultos jóvenes, que los ven como una opción moderna, económica y fácilmente disponible pese a las restricciones legales.

    A pesar de la reciente prohibición de venta y promoción de vapeadores y cigarros electrónicos en México, estos dispositivos continúan circulando ampliamente en el Centro Histórico de la CDMX, redes sociales y puntos de venta informales, con precios desde 35 pesos y sin controles sanitarios ni de edad que frenan su consumo juvenil. Esta situación se ve agravada por el hecho de que el mercado ilegal se ha vuelto la principal vía de acceso a productos con sabores atractivos para los jóvenes, como piña, sandía o tutti frutti, que facilitan la normalización del hábito entre menores y adultos emergentes.

    El fenómeno no se limita a pequeñas transacciones: el mercado del vapeo ilegal sigue creciendo pese a la industria legal cerrada, generando una amplia red de comercialización clandestina. Además, datos de salud pública muestran que el aumento del vapeo entre adolescentes ha sido significativo, con millones de jóvenes que han probado estos dispositivos al menos una vez y un porcentaje considerable involucrado en su uso recurrente. El acceso sin regulación implica riesgos adicionales, pues la ausencia de estándares de calidad permite la circulación de productos con sustancias tóxicas o niveles desconocidos de nicotina.

    Especialistas y sectores sociales advierten que la ruta actual de prohibición sin regulación efectiva, no solo ha fallado en frenar el uso entre la juventud, sino que ha empujado a estos usuarios hacia circuitos ilegales inseguros. 

  • Adultos tóxicos

    Adultos tóxicos

    La semana pasada tuve la necesidad de fungir como mediadora en el conflicto que tenía uno de los equipos de estudiantes universitarios con los estoy trabajando en este curso. El equipo está constituido por tres chicas y un chico que está recursando el módulo. El joven, por cuestiones personales, dejó de comunicarse con sus compañeras. Esto le trajo consecuencias, por ejemplo, en la otra clase, donde también trabajan en grupo, el profesor les había permitido a las chicas eliminar del grupo al compañero. 

    Resulta que la situación con el otro profesor le arrastró al joven el mismo proceso de exclusión dentro de las actividades de mi clase. Entonces él buscaba que pudieran permitirle sus compañeras seguir realizando las actividades que se necesitaban y tuve que intervenir por algunas inconsistencias por parte de las estudiantes. Planteo de forma general el problema para contextualizar la forma en que los jóvenes están construyendo formas tóxicas de ser adulto. 

    Tuve una reunión virtual con todos los miembros del equipo para mediar y que se solucionaran las cosas, ya que las chicas me habían dicho que el colega no había trabajado con ellas en la otra clase. El joven me decía que les había preguntado cómo podía participar en la entrega del reporte de una práctica a la que había “faltado”. Después me enteré de que, las muchachas no se tomaron la molestia de avisarle al compañero sobre la actividad y ahora lo estaban segregando por no haber asistido a una actividad en la cual no había sido convocado. 

    En medio de la charla una de las compañeras dijo que no habían invitado al joven a la práctica porque él no había dado señales de comunicación y que “como ya son adultos y ya, cada quien sabe qué tienen que hacer” decidieron no decirle nada. Ya cuando llegó el momento de entregar el trabajo le dijeron adiós al colega. Esa idea de ser adulto es grotesca y conveniente para los objetivos maquiavélicos de quien segrega, excluye y permite que el otro se vea mal cuando uno es la persona que cumple, la buena estudiante; la víctima de la irresponsabilidad de alguien que no me gusta para trabajar. 

    La situación me pareció muy desafortunada, primero por someter al estudiante a una situación donde las chicas jamás le informaron claramente que ya no querían trabajar con él. Primero le dicen que sí puede continuar con el trabajo, sin haberle socializado sobre los compromisos que tenían y sin notificar a las familias con quienes trabajaron que el chico formaba parte del equipo. Me parece cuestionable cómo estamos formando a nuestros adultos basados en prácticas tan violentas como lo que en mi tiempo conocíamos como la “ley del hielo”, que implicaba dejar de hablar con una persona sometiéndola al estrés de la búsqueda del otro sin saber qué sucede. 

    Por otro lado, está la falta de empatía e involucramiento sobre los conflictos personales, sociales, emocionales de los demás; escuchar al otro es permitir acompañar sin el compromiso de solucionar. No sabemos qué le sucede al otro, no nos interesa, estamos a gusto relacionándonos con el mundo sin saber los contextos que cada uno necesita sortear. Y pasa en todos los ámbitos, en este caso estamos hablando del trabajo escolar de un curso de la universidad, pero ¿sabemos qué les sucede a nuestros colegas de trabajo? ¿Nos interesamos por la persona que falla? Por qué no nos importa estar con el otro cuando somos seres sociales que requieren quizá, sólo bajar la tensión de las obligaciones, de la presión de alguna enfermedad propia o de las personas cercanas. 

    La individualidad nos está llevando a quedar cada vez más solos y estamos tan acostumbrados que lo único que podemos hacer es aislarnos. Algunos días después de solucionar el conflicto de los estudiantes tuve una conversación con el chico objeto de todo el conflicto y además de exigirle más compromiso de su parte con sus compañeras, pude comprender sus dificultades. Una vez más comprobé que no todos tenemos las mismas oportunidades, que para algunos es más difícil, en este caso, estudiar una carrera; pero sobre todo cambió la actitud del estudiante al ser mirado por alguien. 

    Lo que encuentro es que nuestros jóvenes, incluso nosotros mismos estamos aislados, difícilmente nos involucramos con las personas que compartimos un trabajo, la escuela o una actividad que implique estar con personas. Eso es lo que estamos enseñando a las nuevas generaciones; no involucrarnos, perder el interés por los otros y esto nos deja en medio de urbes llenas de gente importándonos qué sucede alrededor y cada vez más aislados. Hemos perdido la solidaridad con el otro, que considero como un valor fundamental de los seres humanos que tendríamos que retomar. Esta historia es sólo un ejemplo de muchas experiencias que me encuentro a diario en las aulas. Podemos retomar nuestro sentido humano de socialización para construir relaciones más sanas con nuestro entorno, sólo necesitamos un poco de disposición.