A pocas horas de encabezar el espectáculo del medio tiempo del Super Bowl LX, el artista puertorriqueño Bad Bunny se ha convertido en el centro de una narrativa que trasciende la música y el deporte: por un lado, Puerto Rico espera orgulloso su actuación como símbolo cultural global, y por otro, su presencia en el evento genera críticas de figuras políticas en Estados Unidos, incluida una abierta desaprobación del presidente Donald Trump.
En las calles de San Juan y otros municipios de la isla caribeña la anticipación por el show del 8 de febrero en el Super Bowl es palpable. Espectadores esperan en la participación del intérprete una representación de Puerto Rico en uno de los escenarios más vistos del mundo, valorando no solo su éxito musical, sino también su identidad latina plasmada en el espectáculo. “Que una persona de aquí esté en uno de los eventos más importantes de Estados Unidos es un orgullo para todo puertorriqueño”, señaló un residente local, destacando el impacto simbólico para la isla.
La expectación en la isla incluye iniciativas comunitarias como transmisiones masivas del partido y el medio tiempo en plazas públicas y cines locales, lo que ha impulsado a localidades como Vega Baja a invitar a sus habitantes a ver el show en pantalla gigante, reforzando el ambiente festivo y familiar alrededor de la presentación.
La elección de Bad Bunny, quien llevará un repertorio íntegramente en español al descanso del Super Bowl, ha sido interpretada como un hito de la representación latina en un evento tradicionalmente dominado por artistas anglófonos, donde la NFL ha respaldado su participación en medio de crecientes audiencias latinas en Estados Unidos.
Sin embargo, la actuación no está exenta de controversia. Figuras políticas conservadoras, incluido el presidente Donald Trump, han criticado la decisión de la liga y la presencia de artistas como Bad Bunny en el espectáculo, calificándola de “elección terrible” y afirmando que “solo siembra odio”, lo que llevó a Trump a anunciar que no asistirá al partido este año tras haber estado presente anteriormente.
Mientras tanto, el contexto migratorio en Estados Unidos ha avivado la controversia: en los últimos días, operativos del ICE (Immigration and Customs Enforcement) y redadas contra comunidades latinas han generado protestas y llamados al boicot de eventos masivos, incluido el Super Bowl. Organizaciones proinmigrantes han cuestionado que la NFL celebre la diversidad latina en el escenario mientras miles de familias enfrentan detenciones y deportaciones, mientras que sectores conservadores han usado el tema para acusar al artista de “politizar” el espectáculo.
Este choque entre celebración cultural y debate político refleja el momento polarizado que vive Estados Unidos en torno a temas de identidad, inmigración y expresión artística, mientras el espectáculo del medio tiempo se perfila como uno de los más comentados en la historia reciente.

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