La victoria de los Seattle Seahawks sobre los New England Patriots en el Super Bowl LX será recordada por ser el momento en que dos jugadores con raíces mexicanas tocaron la gloria.
Julian Love se convirtió en la pesadilla del quarterback novato de los Patriots, Drake Maye. El safety de 27 años, nacido en Chicago pero de madre con raíces mexicanas y cubanas, demostró por qué es el ancla de la defensiva de Seattle.
En el último cuarto, los Patriots estaban intentando una remontada desesperada, Julian Love leyó perfectamente un pase profundo de Drake Maye, logrando una intercepción que selló la victoria para los Seahawks.
Durante la semana previa al Super Bowl LX, Julian Love fue tendencia al compartir historias de su infancia, donde creció comiendo arroz con frijoles y empanadas, honrando el legado de su abuelo, quien llegó a Estados Unidos en los años 60.
Al terminar el juego, Julian Love envió un mensaje a los jóvenes en México: “Si sigues divirtiéndote con el deporte, puedes estar en el escenario más grande”.
Elijah Arroyo, el ala cerrada de los Seattle Seahawks, representa el vínculo más directo con el territorio mexicano.
Aunque nació en Florida, Elijah Arroyo pasó gran parte de su infancia en Cancún, Quintana Roo. Sus primeros pasos en el fútbol americano fueron en campos de tierra y piedras donde los padres debían recoger vidrios y botellas antes de cada partido.
A pesar de haber llegado al Super Bowl en la lista de lesionados (tras una cirugía de rodilla en diciembre), Elijah Arroyo fue parte fundamental del ánimo del vestidor durante toda la temporada regular, donde acumuló recepciones clave y un touchdown antes de su lesión.
Al levantar el trofeo Vince Lombardi, reafirmó su identidad: “Tener un apellido mexicano y representar a mi gente significa todo”. Su ascenso desde los Troyanos de Cancún hasta la Universidad de Miami y ahora campeón de la NFL representa la consagración de talento con raíces mexicanas.
Durante el festejo, ambos jugadores fueron vistos celebrando con banderas de México en el terreno de juego, mientras en las bocinas del Levi’s Stadium aún resonaba el eco del show de Bad Bunny, cerrando una noche histórica para México y la comunidad latinoamericana.
– A.P.R.

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