Por: Nathael Pérez
La Organización de las Naciones Unidas (ONU) enfrenta posiblemente su mayor crisis financiera en décadas. El secretario general Antonio Guterres alertó a los 193 Estados miembros sobre un “colapso financiero inminente” si no se normalizan las contribuciones de los países o se reforman las reglas presupuestarias. Cuotas impagadas, un modelo de financiamiento rígido y el desfinanciamiento de su principal financiador —Estados Unidos—, ponen en riesgo a la institución.
Causas:
La advertencia de Guterres no surge de la nada, pues en su carta del 28 de enero a los embajadores describe una crisis de liquidez que ha ido escalando con el tiempo, pero que hoy tiene carácter urgente.
1. Cuotas impagadas y retrasos crónicos
Al cierre de 2025, la ONU acumuló una cifra récord de aproximadamente $1,568 millones en contribuciones impagadas, más del doble que el año anterior. Estas cuotas son aportaciones obligatorias que los países se comprometen a pagar según una fórmula basada en su capacidad económica.
2. Estados Unidos: el mayor contribuyente que retiene pagos
Estados Unidos representa cerca del 22% del presupuesto regular de la ONU y de más del 25% de los fondos de mantenimiento de paz. Sin embargo, la administración de Donald Trump ha reducido drásticamente el financiamiento voluntario y se ha negado a honrar pagos obligatorios en tiempo y forma.
3. Reglas presupuestarias obsoletas
Otro factor agravante es una regla interna que obliga a la ONU a devolver dinero no gastado a los Estados miembros, incluso si los ingresos nunca fueron recibidos. Guterres calificó esta situación como “ciclo kafkiano”. Este diseño, carente de flexibilidad en tiempos de escasez, limita la capacidad de gestionar liquidez y obliga a la organización a depender casi exclusivamente de la puntualidad de los pagos.
Consecuencias
1. Paralización de programas y misiones
Si la ONU se queda sin recursos —posiblemente en julio de 2026—, la organización no podrá financiar completamente su presupuesto aprobado para ese año de aproximadamente $3 mil 450 millones, lo que afectará desde programas de desarrollo hasta misiones de mantenimiento de paz.
2. Debilitamiento del multilateralismo
La crisis refleja una erosión más profunda: la retirada de Estados Unidos de múltiples organismos multilaterales y su creciente escepticismo hacia estructuras globales. La creación de iniciativas paralelas como la llamada “Junta de Paz” por parte de la administración estadounidense, vista por críticos como un rival a la ONU, añade un componente geopolítico a la crisis financiera.
3. Reducción de influencia global
Un financiamiento irregular no solo limita la operatividad de la ONU, sino también la influencia diplomática de sus mayores financiadores. Países que no honran sus compromisos pierden peso en negociaciones clave y reducen su capacidad de liderar agendas globales, desde derechos humanos hasta cambio climático.
¿Reformar o rescatar?
Guterres plantea dos caminos: o los Estados pagan íntegramente y puntualmente, o se emprende una revisión profunda de las normas financieras del organismo.
Reformar implica repensar un sistema que, en su actual forma, no soporta interrupciones prolongadas en la financiación. Pero también exige voluntad política real y un consenso difícil en un contexto de tensiones geopolíticas profundas entre potencias como Estados Unidos, China y Rusia, todos miembros permanentes del Consejo de Seguridad.
Conclusión
La advertencia sobre un posible colapso financiero va mucho más allá de un problema de números: expone la fragilidad del actual orden multilateral. La ONU, concebida tras la Segunda Guerra Mundial para evitar conflictos y articular respuestas colectivas a los grandes desafíos globales, hoy funciona con un sistema de financiamiento que no ha evolucionado al ritmo que evoluciona el mundo.Sin una reacción inmediata —ya sea mediante pagos puntuales o reformas profundas—, la organización corre el riesgo de caer en una crisis de liquidez que no solo limitará su capacidad para garantizar la seguridad y promover el desarrollo, sino que también debilitará a los países que dependen de un multilateralismo funcional para proteger sus intereses.


Deja un comentario