La brecha arancelaria entre Estados Unidos y sus socios comerciales impulsa a México como uno de los países más favorecidos frente a China, con tarifas de apenas 5%, atrayendo inversión y fortaleciendo al peso.
México está fortaleciendo su prestigio como destino estratégico para abastecer al mercado estadounidense, impulsando por una brecha arancelaria que hoy lo coloca en una posición más competitiva que China dentro del comercio manufacturero. De acuerdo con análisis de Bank Of America, mientras las tarifas aplicadas a productos chinos escalaron a rangos de 30 y 40 por ciento, las de México se mantienen alrededor de 5%, un diferencial que redefine las cadenas de suministro en Norteamérica.
Este nuevo escenario marca un giro respecto a hace una década, cuando ambos países operaban con aranceles prácticamente en cero. Ahora, aunque las tarifas aumentaron para todos, el impacto ha sido mucho más severo para China, lo que abre una oportunidad para México en sectores industriales clave y en la atracción de inversión extranjera orientada al mercado estadounidense.
El entorno financiero también juega a favor del país. Inversionistas internacionales perciben a México con un perfil de riesgo más estable frente a economías como Brasil y Colombia, respaldado por su condición de grado de inversión otorgado por evaluadoras como Standard and Poor’s, Moody’s y Fitch, factor que mantiene al peso mexicano entre las monedas más demandadas a nivel global.
Sin embargo, el panorama estructural revela un problema persistente, la productividad nacional ha caído 8% acumulado en los últimos 10 años, mientras que en el mismo periodo China creció 22% y Estados Unidos 5%. México pasó a tasas cercanas al 1%, con una previsión de apenas 1.25 de crecimiento del PIB para 2026, tras un modesto de 0.4% en 2025.
El freno estructural también se refleja en el bienestar económico, en la última década, el PIB per cápita de México permaneció prácticamente estancado, mientras que China creció 70%, Estados Unidos 20% y Chile 10%, ampliando la brecha de desarrollo; a ello se suma la incertidumbre por las revisiones del T-MEC a partir de julio que podrían resolverse anuales y llevar al peso a cerrar el año alrededor de 18.25 pesos por dólar, pese a su condición de moneda de alta demanda internacional por mantener grado de inversión.

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