Por: María Ángel Torres
El mundo está cambiando de manos. Las reglas que conocíamos están desapareciendo mientras las grandes potencias pelean por las riendas del siglo XXI. En este escenario, México no puede sentarse a esperar ni confiar en una “hermandad” idealista o en leyes internacionales que los más poderosos ignoran cuando les conviene.
Hoy, la verdadera independencia se basa en el Realismo Político: una visión donde la política no se hace con buenos deseos, sino entendiendo cómo funciona el poder y los intereses reales. Nuestra estrategia debe ser de supervivencia: lograr que México sea tan necesario para el mundo que a nadie le convenga que nos vaya mal.
El capital como nuestro mejor escudo
Tradicionalmente, la fuerza de un país se medía solo por sus ejércitos. Hoy, México debe evolucionar su Soft Power (Poder Blando). El Soft Power es la capacidad de un país para influir en otros a través de su prestigio, su cultura y su diplomacia, en lugar de usar la fuerza. Para nosotros, este poder debe ser una “diplomacia de negocios” de alto nivel.
El objetivo es lograr una Interdependencia Estratégica: crear lazos tan fuertes con los inversionistas más grandes del mundo que nuestra estabilidad sea inseparable de su prosperidad. Si los dueños de los capitales más influyentes ven que sus intereses corren peligro si México se desestabiliza, ellos mismos se convertirán en nuestros defensores. La mejor defensa contra el intervencionismo extranjero será siempre un inversionista en Wall Street que sabe que, si México sufre, su bolsillo también.
Poner la casa en orden: Nuestra mayor fortaleza
Para que este escudo funcione, debemos ser autocríticos: si nuestras instituciones son débiles, somos vulnerables. El capital busca entornos predecibles; por eso, un país que no respeta sus propias leyes invita a otros a interferir.
Fortalecer el Estado de Derecho y asegurar la rectoría pública sobre recursos clave —comola energía y el litio— no es un favor para un grupo político, es un acto de soberanía. Un México con reglas claras y orden interno proyecta una fuerza que nadie se atreve a desafiar. La ley no es solo un código de conducta, es nuestra mejor herramienta técnica de defensa.
México como la “llave” de la estabilidad regional
Debemos usar nuestra ubicación geográfica con inteligencia de cirujano. México es la “llave” que mantiene el equilibrio en América del Norte. Nuestra cooperación en temas de seguridad y migración debe entenderse como un ejercicio de corresponsabilidad: colaboramos para que la región esté en paz, pero manteniendo siempre el control de la palanca de mando. Debemos demostrar que nuestra estabilidad es el ingrediente que evita que las fronteras vecinas colapsen.
Un llamado a la madurez nacional
El futuro se ve difícil; estamos en medio de un choque de gigantes. Ante este riesgo, la sociedad mexicana debe trascender los pleitos internos que solo nos debilitan.
Nuestra única salida es el realismo: fortalecer las instituciones para proyectar seguridad y usar nuestra relevancia económica como escudo. En la geopolítica contemporánea, la soberanía no se hereda ni se pide por favor; se mantiene haciendo a México indispensable para los intereses del más fuerte.
“En la geopolítica contemporánea, la soberanía no se hereda ni se pide por favor; se mantiene haciendo a México indispensable para los intereses del más fuerte.”
Nota: Este análisis es una visión de Estado fundamentada en el realismo político. Ser soberanos en el siglo XXI no significa estar aislados, sino estar tan sólidos por dentro y tan bien conectados por fuera que el sistema global necesite la estabilidad de México para funcionar correctamente.
Referencias Bibliográficas:
● Keohane, R. O. & Nye, J. S. Power and Interdependence. (Sobre cómo los países
se necesitan mutuamente).
● Krasner, Stephen D. Sovereignty: Organized Hypocrisy. (Sobre los desafíos reales
de la soberanía).
● Mearsheimer, John J. The Tragedy of Great Power Politics. (Sobre la lucha de
poder entre potencias).
● Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos. Artículos 25, 27 y 28.


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