Meterse el pie como estrategia

Si algo deja claro el zafarrancho de Marx Arriaga y Mario Delgado en la SEP, es que los cuatroteros dominan el arte de la comunicación fallida y el escándalo controlado donde todo arde para que nada arda. Me dirán que no hay que buscarle tres pies al gato, que simplemente la 4T tiene un terrible problema de comunicación. No me sorprende, asumir que la cuatrote es más maquiavélica que Maquiavelo, que comunica mal como estrategia para regular el debate público, que parece que deja la mesa puesta a la oposición para que los ataque, pero que lo único que hace es levantar polvo, demanda dosis altas de sospechosismo.

Los cuatreros superan a Maquiavelo, quien insistía en que el príncipe debe gobernar la percepción de sus actos mediante acciones espectaculares y bien calculadas, en pocas palabras, que debe controlar la narrativa.

Nadie controla la narrativa como la cuatrote, la controla dándole una vuelta de tuerca que la hace ver descontrolada. Los cuatreros producen sus peligros de forma espectacular y bien calculada, permiten que —lo de la SEP es solo un ejemplo— Marx Arriaga detone una serie de bombas y no dicen nada, dejan que acuse de traición a los traidores y no dicen nada, dan espacio para que monte un escandaloso escándalo durante días y no dicen nada. Luego, cuando las aguas están más agitadas, cuando se ha levantado tanto polvo que resulta imposible distinguir algo, cuando todo parece venirse abajo, salen tranquilos para presentar los oficios y los libros en cuestión, para desmentir lo que se pudo desmentir desde el minuto uno.  

¡Autosabotaje! ¡Incapacidad! Nada de eso, la cuatrote pone y la cuatrote quita de la mesa los temas que quiere que se discutan. Domina el arte de controlar lo que se ve de ella —como también sugería Maquiavelo. No permite que la oposición dormida y soporífera discuta nada que a la cuatrote no le interese que se discuta. Si va a ser criticada, será criticada por lo que ella quiere que se critique, si va a ser atacada, será atacada por lo que ella quiere que se ataque. Y en cuanto ella quiere, la crítica y el ataque desaparecen y se diluyen en el olvido más olvidado, dejando que el polvo se asiente ahí donde se asienta el polvo.

Entrados en gastos

No es que la cuatrote controle la narrativa de forma totalitaria, como burdamente sostienen quienes sostienen lo burdo (con perdón de Alazraki y compañía), es que la cuatrote opera de forma omnipresente, cuenta con los perfiles más incendiarios de los incendiarios, como Arriaga, Taibo o El Fisgón, y con los más pro empresariales de los pro empresariales, como Ebrard o Delgado. Gracias a ello, abarca el pantone político de derecha a izquierda y de libertarismo a estatismo, lo que le permite ser tan neoliberal como quiera, o tan radical como se necesite.

  • Carlos Bortoni es escritor. Su última novela es Historia mínima del desempleo.

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