We do not suffer by accident.
Jane Austen, Pride and Prejudice
Hace unos días con un grupo de estudiosos del alma humana comentaba un texto de la psicoanalista británica Jane Temperley alusivo al concepto de posición depresiva construido por Melanie Klein (1882-1960). El tema llevó fatalmente al asunto del suicidio. Algunos mencionaron determinadas tendencias; por ejemplo, que es más común que los hombres atenten contra su propia vida que las mujeres, y algo se dijo también dijo acerca de la manera diferenciada en la que se presenta el fenómeno en los diferentes tramos de la vida: ciertamente, ahora es más raro que se suicide la gente mayor y más común que lo hagan los jóvenes. Causalidades de la vida, ese mismo día, pero muy temprano por la mañana, el INEGI dio a conocer las cifras preliminares de las Estadísticas de Defunciones Registradas correspondientes al período que va de enero a septiembre de 2024. ¿Qué dicen los datos duros más recientes?
En principio hay que decir que afortunadamente el suicidio —“lesiones autoinfligidas intencionalmente” se denomina oficialmente— no aparece como una de las principales diez causas de muerte en este país. Las tres primeras causas de muerte son las mismas tanto para hombres como para mujeres: en un primerísimo lugar están las enfermedades del corazón: de enero a septiembre de 2024 se registraron casi 145 mil fallecimientos debido a ellas. En segundo sitio está la temible diabetes mellitus, con poco más de 84 mil registros, y enseguida, con 71.3 mil muertes, los tumores malignos, el pérfido cáncer. En el cuarto peldaño encontramos a las enfermedades del hígado (30,263 muertes registradas). Hasta aquí, pues, las principales procedencias de la mortalidad en nuestro país son enfermedades no transmisibles.
Sin embargo, la quinta causa de muerte en México se clasifica como “externa” y corresponde a eventos que, por definición, no debieron haber ocurrido: accidentes. De enero a septiembre del año pasado se registró que 29,585 hombres y mujeres dejaron este mundo en México accidentalmente. No estoy afirmando, claro, que dichos óbitos ocurrieron sin que existieran las condiciones respectivas —quien murió porque se rompió la cabeza porque se cayó de un caballo, andaba a caballo en un sitio en el cual la ley de la gravedad manda—, retrotraigo sólo lo obvio: un accidente es precisamente un suceso eventual que altera el orden regular de las cosas, y andar a caballo no tiene por esencia romperse la crisma. Aplica aquí una frase que tristemente uno escucha muchas veces en los velorios: No debió ocurrir. Por lo demás cualquiera puede intuir que en la enorme mayoría de dichos accidentes no estuvo involucrado un equino ni cualquier otro cuadrúpedo, sino, seguramente, un automóvil de combustión interna. No sólo, me temo que quien esté leyendo esto tendrá el prejuicio de que, tratándose de accidentes, los varones somos mucho más propensos a cometerlos que las damas. Si es su caso, permítame decirle que su prejuicio es certero: 78 de cada 100 muertes por accidente tuvieron como víctima a un masculino.
Las dos siguientes causas de muerte, sexta y séptima, son también enfermedades: influenza y neumonía —estas sí transmisibles— y padecimientos cerebrovasculares. En octavo lugar —no debería estar en ninguno— se ubican los asesinatos: 23,334, 88% de los cuales fueron perpetrados en contra de un hombre. Finalmente, en los dos últimos sitios de las diez principales causas de muerte se hallan las enfermedades pulmonares obstructivas crónicas y la insuficiencia renal.
Únicamente hasta que segmentamos el total de las defunciones registradas por grupos de edad aparece, lamentabilísimamente, el suicidio. Si bien no encontramos este flagelo entre las diez primeras causas de muerte en los grupos etarios hasta los nueve años, en el grupo de niños y niñas de 10 a 14 años las lesiones autoinfligidas intencionalmente se posicionan como la cuarta causa de muerte. En el siguiente grupo de edad, 15 a 24 suben un escalón, para quedar sólo por debajo de los accidentes y los homicidios: estamos hablando de 1,443 jovencitas y jovencitas que se quitaron la vida. En adelante, el suicidio va desplazándose: entre la gente de 25 a 34 años fue la quinta causa de muerte; de 35 a 44 años, la séptima; de 45 a 54, la décima, y después de los 55 ya no aparece entre las diez primeras. Y vale la pena subrayarlo: en cambio, no hay un solo momento de la vida en la cual los accidentes no estén ubicados entre las diez principales causas de muerte en México —de hecho, de 0 a 54 años, siempre entre las cinco primeras—.
En fin, hay que cuidarse; de por sí, estar vivo siempre es mortal.
- @gcastroibarra
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