Las Reinas Chulas tomaron el Congreso de la Ciudad de México abriendo un debate, pero también consolidando al cabaret como una herramienta de crítica social y participación cultural al acercar el arte escénico al espacio público para promover la reflexión ciudadana desde el humor y la sátira.
La noche del miércoles, el Congreso de la Ciudad de México se convirtió en un foro cultural con la llegada de Las Reinas Chulas, una de las compañías emblemáticas del cabaret político nacional, reconocida por su capacidad para traducir el contexto social en espectáculo profundamente crítico.
Como parte del programa Noche de Museos, el recinto abrió sus puertas al público para su función de casi dos horas, en la que la música, humor y referencias a la vida pública se combinaron con un lenguaje accesible, diseñado para provocar risa así como una reflexión sobre el poder, la democracia y la participación ciudadana.
La obra utilizó la sátira como forma válida de expresión artística, recordando que el cabaret ha sido históricamente un espacio de cuestionamiento político. La recreación de acontecimientos recientes de la vida legislativa, incluido un momento inspirado en un altercado entre las diputadas Xóchitl Gálvez y Lilly Tellez, se presentó como una crítica teatral que evidenció las tensiones reales dentro de la política.
Las reacciones de la oposición no tardaron en hacerse presentes, calificando el acto como una falta de respeto al recinto. Sin embargo, para muchos asistentes el espectáculo representó un ejercicio de libertad artística que rompió con la rigidez tradicional de los espacios de poder.
En este contexto, la función de Las Reinas Chulas no sólo activó la conversación política, sino que respaldó al cabaret como una forma de expresión popular capaz de incomodar al poder, cuestionar narrativas y acercar la cultura a espacios históricamente cerrados, dejando claro que la sátira también es una herramienta de participaciòn demócrata y conciencia social.

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