La senadora plurinominal panista lamenta que el líder del CJNG no fuera capturado y extraditado a Estados Unidos; desde Palacio Nacional le responden que su teoría del “narcoEstado” es absurda.
La confirmación del abatimiento de Nemesio Oseguera Cervantes, alias “El Mencho”, desató una nueva confrontación política. Lejos de reconocer el golpe contra el crimen organizado, la senadora panista Lilly Téllez salió a lamentar que el líder del CJNG no haya sido capturado con vida.
Según la legisladora, el capo era “más útil vivo que muerto”, pues —en su versión— debía terminar en una cárcel de Estados Unidos declarando contra supuestas redes de complicidad en México. Para Téllez, las Fuerzas Armadas tenían capacidad suficiente para ejecutar un “operativo quirúrgico” y detenerlo, no abatirlo.
La panista incluso insinuó que el Gobierno federal habría preferido silenciarlo antes que permitir una eventual extradición. Y como ya es costumbre en su narrativa, habló de “narcoEstado”, aunque sin presentar una sola prueba concreta. Porque claro, en el mundo de Téllez, todo es conspiración… menos sus propios desatinos.

Desde Palacio Nacional, la presidenta Claudia Sheinbaum respondió con firmeza y calificó de “absurda” la acusación. Aseguró que la neutralización de uno de los criminales más buscados por México y Estados Unidos representa un avance en materia de seguridad y no un encubrimiento, como pretende instalar la oposición.
Sheinbaum sostuvo que la narrativa del “narcogobierno” se cae por su propio peso y acusó a sus detractores de recurrir a teorías sin sustento ante la falta de propuestas reales. El cruce evidencia la polarización en torno a la estrategia de seguridad: mientras el oficialismo defiende el operativo como un golpe estructural al crimen organizado, el PAN intenta convertirlo en sospecha política.
El debate sobre si “El Mencho” debía ser capturado o abatido también toca la relación bilateral con Estados Unidos, donde casos como el de Genaro García Luna marcaron precedentes. Sin embargo, convertir cada acción de seguridad en novela de intrigas parece más un recurso mediático que un análisis serio.
Una vez más, Lilly Téllez prefirió el micrófono y la estridencia antes que la responsabilidad. Porque cuando se trata de reflectores, la senadora nunca pierde la oportunidad… aunque pierda el sentido común.

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