La gratuidad de la Educación Superior no es suficiente

La reforma constitucional del Artículo 3º realizada en mayo del 2019 estableció la Educación Superior como un derecho humano, la Ley General de Educación Superior de 2021 establece que las cuotas serán eliminadas gradualmente. Esto se vive como una modificación que busca mayor acceso a la educación y mitigar la desigualdad de ciertos sectores a este nivel educativo. Además se han implementado programas sociales que se enfocan en los egresados, como el programa Jóvenes construyendo el futuro, grandes esfuerzos que por desgracia no son suficientes. 

El pasado 2025 que estuve en contacto con estudiantes de universidad  pública me dio elementos para desarrollar una breve y nada sistemática tipología que no sindica las condiciones que poseen. El primer grupo son los estudiantes que poseen recursos materiales suficientes para realizar sus estudios, un subgrupo de estos son los que tienen que recorrer grandes distancias, por lo regular desde el Estado de México, la mayoría de los estudiantes. El segundo grupo posee recursos superiores a los necesarios y acuden de las zonas mas cercanas a la universidad. Las condiciones de estudio son regulares, viven una experiencia universitaria, usan los servicios que hay y socializar con sus colegas. 

El tercer grupo son los estudiantes que padecen de recursos económicos, pero que no realizan largos recorridos a la universidad. Para ellos las condiciones se juegan en utilizar lo mas que pueden los recursos universitarios como libros, impresiones, cafetería. Pero además hay compañeros que cuentan con pocos recursos y viven en lugares lejanos, produce un gasto diario mayor. El Estado de México aún sigue siendo un lugar “caro” para estos estudiantes, ya que el costo del transporte público es alto lo que les deja en un proceso de alta vulnerabilidad. Esto se suma a que los ingresos económicos familiares son bajos y fluctuantes, comerciantes principalmente. 

El contexto les impide tener constancia en las actividades universitarias, si salimos para realizar una práctica en algún lugar de la CDMX no asisten, porque les implica un gasto mayor al habitual, en ocasiones faltan a clases y en la UAM Xochimilco es algo que merma en su calificación. Las “bajas calificaciones” reproducen por faltas no entregar actividades y repercute en que no puedan tener acceso a la beca universitaria de la misma institución porque no tienen el promedio mínimo necesario; una desventaja en comparación con los demás estudiantes. 

Sobre esta desigualdad se agregan los conflictos entre los equipos de trabajo. Las inasistencias son leídas como una falta de responsabilidad, son mal vistos por sus compañeros y suelen dejarlos fuera a mitad del curso, en ocasiones se les atribuye consumo de sustancias por el aspecto físico. En diciembre pasado corroboré que ese aspecto puede llegar a ser falta de alimento. Uno de mis estudiantes puso en su diario de campo “le dije a mi mamá que me dolía la cabeza y en cuanto comí se quitó, sólo era hambre”. La gratuidad no basta, necesitamos pensar cómo brindar condiciones para que ninguno se quede atrás.

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