En un momento de alta carga política y social, la presidenta de México, Claudia Sheinbaum, envió un mensaje claro de institucionalidad y responsabilidad pública al tender su mano al alcalde de Reynosa, Carlos Peña Ortiz, durante un mitin de impacto directo para la población: la entrega de las Casas del Bienestar a sus beneficiarios.
El gesto no es menor. En tiempos de polarización, la coordinación entre niveles de gobierno más allá de colores o diferencias es una señal positiva cuando el objetivo central es el bienestar social. En el caso de Reynosa, las viviendas entregadas destacan por su buena ejecución y funcionalidad, cumpliendo con el propósito de ofrecer soluciones dignas a quienes más lo necesitan.
A este hecho se suma algo igualmente relevante: los cambios que comienzan a percibirse en la ciudad. En un recorrido reciente por Reynosa fue posible observar mejoras graduales pero constantes en infraestructura urbana: nuevos semáforos, señalización vial renovada y alumbrado público en distintos puntos, particularmente en el centro. Son acciones que, aunque básicas, impactan directamente en la seguridad, la movilidad y la imagen urbana.
Reynosa empieza a mostrar una transformación que contrasta con la percepción de abandono que durante años acompañó a muchas ciudades fronterizas. El avance es paulatino, pero visible. En ese contexto, resulta pertinente reconocer el trabajo que se viene realizando.
Cuando hay coordinación institucional y enfoque en resultados, la diferencia se nota. Por ello, el reconocimiento tanto al equipo de la presidenta como a la administración municipal es válido. El reto, sin duda, será mantener el rumbo y convertir estos avances iniciales en una transformación sostenida que responda a las expectativas de la ciudadanía.
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