Por Nathael Pérez
El sexenio de Vicente Fox (2000–2006) generó grandes expectativas de cambio democrático, pero terminó marcado por omisiones, promesas incumplidas, escándalos políticos y pésimas decisiones que dejaron efectos duraderos en el país.
Uno de los principales señalamientos fue el incumplimiento del tan prometido cambio, ya que Fox llegó a la Presidencia con un discurso de transformación profunda, pero no logró concretar reformas estructurales clave, especialmente en materia fiscal, energética y política. La falta de acuerdos con el Congreso derivó en seis años de estancamiento, lo que frenó muchas oportunidades de crecimiento y modernización institucional.
Otra polémica central fue el caso “Amigos de Fox”, un escándalo de financiamiento irregular de su campaña presidencial por la que no enfrentó consecuencias penales directas Este episodio dañó severamente la credibilidad de su discurso anticorrupción y evidenció debilidades en la fiscalización electoral.
En política exterior, Fox llevó una pésima gestión de la relación con EUA tras los atentados del 11 de septiembre de 2001, cuando México no logró avances significativos en un acuerdo migratorio, perdiendo margen de negociación en un momento clave.
Un capítulo bastante controversial fue la represión en San Salvador Atenco y Oaxaca en 2006, cuando operativos federales y estatales derivaron en violaciones graves a derechos humanos, incluyendo detenciones arbitrarias y abusos sexuales, lo que manchó la imagen internacional de México y evidenció la falta de capacidad del gobierno para lidiar con conflictos sociales.
Fox también generó una fuerte crisis política el intento de desafuero de Andrés Manuel López Obrador, entonces jefe de Gobierno del Distrito Federal, visto por distintos sectores como una maniobra política para sacarlo de la contienda presidencial, lo que fue considerado una falta a la democracia.
A ello se suman polémicas posteriores que impactaron su imagen pública, como el hecho de que tardó 35 años en titularse de la licenciatura que cursó en la Universidad Iberoamericana, obteniendo su título hasta 1999. Este dato cobró especial relevancia luego de que descalificara a la UNAM, lo que evidencia una contradicción entre su discurso y su propia trayectoria académica.
A pesar de lo anterior, Vicente Fox se atreve hoy a criticar la reforma electoral impulsada por Claudia Sheinbaum, acusándola de dañar la democracia, cuando su propio gobierno no logró fortalecer instituciones, ni ampliar derechos políticos, e incluso pecó también de lo que señala.
Paradójicamente, la iniciativa de Sheinbaum plantea aspectos positivos como la reducción de costos electorales, la revisión del aparato burocrático y el debate abierto sobre la representación y la transparencia, temas que el expresidente prometió atender y nunca concretó.
¡Y aún así se cree el político indicado para juzgar!


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