Éxito global, pero mercancía ausente: la historia recurrente del entretenimiento

Por Oscar Martínez y Nathael Pérez

El éxito inesperado de K-Pop Demon Hunters, fenómeno global de Netflix, provocó un vacío comercial que fue rápidamente ocupado por el mercado informal. Aunque la película se convirtió en un hito del streaming y la música en 2025, la falta de mercancía oficial durante meses impulsó la venta masiva de productos no licenciados, especialmente muñecas y “artículos de colección” los cuales no son oficiales. 

La producción y distribución de mercancía oficial, a cargo de marcas como Mattel y Hasbro, no logró responder de inmediato a la demanda. Los procesos de licenciamiento, fabricación y logística retrasaron el lanzamiento, pese a que las preventas fueron anunciadas desde noviembre de 2025 tras obtener el impacto en los espectadores. Las primeras entregas, están previstas hasta después del primer semestre de 2026, dejando sin oferta formal al mercado durante la temporada decembrina del año 2025.

Este desajuste se produjo en paralelo al crecimiento exponencial de la franquicia, pues las Guerreras K-Pop superaron las 325 millones de visualizaciones en 91 días, alcanzaron el primer lugar histórico en Netflix y extendieron su impacto a la industria musical, donde el tema “Golden” se consolidó como el número uno en el Billboard Hot 100. Pese a ello, la oferta comercial no estuvo a la altura del fenómeno.

Ante la alta demanda, comerciantes informales ampliaron su catálogo con versiones pirata que hoy dominan mercados y calles del Centro Histórico de la Ciudad de México, ofreciendo opciones inmediatas y de menor costo. 

Sin embargo, este no ha sido el único caso en el que una película se queda sin mercancía debido a un éxito inesperado.

El estreno de Star Wars en 1977 tomó a Hollywood por sorpresa, ya que la película no solo conquistó la taquilla: desató una fiebre infantil sin precedentes. Sin embargo, los estantes vacíos fueron parte de la experiencia, dado que la productora subestimó el impacto cultural y Kenner, la empresa licenciada, no alcanzó a fabricar juguetes a tiempo. La imagen de niños recibiendo en Navidad una caja sin figuras —el célebre Early Bird Certificate, el cual prometía que enviarían los juguetes después— se volvió un símbolo de época. La escasez, lejos de dañar a la marca, contribuyó a construir el mito.

Dos años después, Star Trek: The Motion Picture, el debut cinematográfico del Capitán Kirk y el Comandante Spock, representó el extremo opuesto. Confiado en la lealtad de su base de seguidores, el estudio apostó por una producción masiva de juguetes y mercancía, sin embargo, el cálculo falló. La película, a diferencia de las aventuras de Luke Skywalker, fue solemne, contemplativa y enigmática, por lo que no conectó con el público infantil, y los productos quedaron varados en bodegas y remates. El entusiasmo comercial chocó con una realidad incómoda: Star Trek no funcionó igual que Star Wars como fenómeno de consumo.

La lección fue tan costosa que marcó el rumbo de la siguiente entrega, pues para Star Trek II: The Wrath of Khan, el estudio optó por la prudencia y redujo drásticamente la mercancía. Esta vez, el error fue inverso, ya que la película revitalizó la saga, ganó prestigio y entusiasmo popular, pero los juguetes simplemente no estaban ahí. La demanda superó a la oferta y los pocos artículos existentes se transformaron, con el tiempo, en piezas de culto.

Así, entre escasez, exceso y cautela mal calibrada, estas historias dejaron una enseñanza duradera: el éxito cultural no siempre se puede prever, y en ocasiones, los errores comerciales terminan escribiendo una parte esencial de la leyenda.

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