Por: Jesica Ochoa
Con El ejército ciego, novela ganadora del Premio Alfaguara de Novela 2026, David Toscana construye una fábula oscura sobre la violencia, el poder y la dignidad de los derrotados. En entrevista exclusiva para Los Reporteros MX, el autor regiomontano reflexiona sobre la escritura como aventura, la política velada en la literatura y el lugar del pasado para pensar el presente.
Cuando David Toscana leyó por primera vez el testimonio que inspira El ejército ciego, supo que no estaba frente a un dato histórico más, sino ante una historia digna de imaginar. Hace más de mil años, húngaros y bizantinos libraron una batalla: los bizantinos vencieron y el emperador ordenó dejar ciegos a 15 mil prisioneros. Ese acontecimiento se convirtió en el parteaguas para su novela.
“Leí el único testimonio que existe de ese evento y me quedé años con la imagen en la cabeza. No quería narrarlo como crónica, sino como leyenda. Quise darle a ese ejército otra dimensión, otra dignidad y también cierto toque de locura”, explica Toscana.
Para el autor, en la lectura se multiplican los sentidos y las resonancias con el presente.
“La novela no se va a leer igual en México que en Bulgaria. Cada lector encontrará sus propias claves: el poder, el destino, la justicia, la palabra. Eso es lo maravilloso de la literatura”, señala.
Toscana insiste en que no escribe sobre la actualidad de manera directa. Su estrategia es más oblicua: mirar el presente desde el espejo del pasado.
“Yo nunca escribiría sobre el presente; mis novelas siempre ocurren en el pasado. Pero a través de ese pasado podemos interpretar el mundo actual. Espero incluso sorprenderme con lo que los lectores descubran en mi propio libro.”
En cuanto a lo político, menciona que toda novela tiene un pulso político, aunque no sea directo.
“Hay novelas deliberadamente políticas y otras donde todo es sutileza. Y yo me pinto más en el área de la sutileza y el descubrimiento.”
En México, dice, los escritores no enfrentan la persecución que padecen algunos colegas en Centroamérica.
“Hay escritores que han pagado con su vida por escribir, como Sergio Ramírez en Nicaragua. En México no persiguen a los escritores, pero sí a los periodistas.”
“Le pregunté a un amigo si escribiría narconovela y me dijo: ‘los narcos no leen’. La literatura permite imaginar alegorías y metáforas para hablar del presente sin nombrarlo directamente”, mencionó.
Antes de ser novelista, Toscana estudió Ingeniería Industrial y de Sistemas en el ITESM, ante este tránsito nos comentó: “La ingeniería, como la medicina o el derecho, puede darte un modo de vida. Pero la literatura no se escribe por dinero; se escribe por necesidad interior. Eso es vocación, no profesión.”
El premio Alfaguara lo coloca hoy en el centro de la conversación literaria, sin embargo Toscana subraya que en el contexto actual de la literatura en Latinoamérica nunca se sabe cómo lo leerán en el futuro: “Hoy me leen; mañana quizá no. Estoy en las nubes ahora, pero dentro de dos años tal vez nadie se acuerde de mí.”
Para finalizar, David Toscana, dio un consejo a todos como lectores: leer más. “Hay que leer y hay que escribir, sea cual sea la profesión. Leer historia, filosofía, poesía, novela. La literatura no compite con ningún oficio: lo enriquece. Si tenemos más libros y menos pantallas, estaremos mejor.”

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