La noticia de la muerte de Nemesio Oseguera Cervantes, alias El Mencho, ha generado inmediatamente un festín de titulares sensacionalistas. Para algunos, es el final de una figura temida; para otros, la posibilidad de un “mejor futuro”. Pero cuando despojamos el relato de sus adornos mitológicos, hay una verdad mucho más incómoda y profunda: El Mencho fue otra víctima del mismo sistema económico y político que dice combatir.
No hablo aquí de justificar sus crímenes —nadie con dos dedos de frente puede relativizar el sufrimiento de las miles de familias destrozadas por la violencia vinculada al narcotráfico—, sino de entender cómo ese fenómeno crece y muere en un terreno que no es ajeno a nuestra sociedad: el capitalismo salvaje en su forma más perversa.
El Mencho no surgió de la nada. Nació, como muchos otros, en un México desigual donde la pobreza, la falta de oportunidades reales y la violencia cotidiana son el pan de cada día. En ese caldo de cultivo, la economía ilegal no es solo una alternativa: es una válvula de escape para quienes no encuentran otra puerta abierta.
Si el capitalismo premia la acumulación de riqueza a cualquier costo, ¿por qué nos escandaliza que quienes están fuera de los circuitos legales busquen su propia acumulación? El mercado —legal o ilegal— siempre ha sido un terreno fértil para quienes mejor negocian los márgenes de riesgo y violencia.
La muerte del Mencho es, en términos históricos, un síntoma más de un sistema que no solo tolera la violencia, sino que la estructura y la rentabiliza. Cada operativo, cada enfrentamiento, cada líder que cae, alimentan un ciclo donde hay ganancias privadas para unos pocos y pérdidas irreparables para la mayoría.
Porque en este sistema:
- La pobreza es estructural, no accidental.
- La marginación social genera economías paralelas.
- La violencia se administra como un insumo más.
- Y el costo humano siempre lo paga el pueblo.
Mientras no transformemos las raíces económicas y sociales que hacen posible el nacimiento de figuras como El Mencho, estaremos condenados a ver caer piezas de un tablero sin tocar jamás el tablero mismo. La violencia no es un enemigo externo a nuestras estructuras: es una consecuencia lógica de un modelo que convierte todo —vidas incluidas— en mercancía.
Redes sociales
- Facebook https://www.facebook.com/chaarlie.brown.5
- Twitter @CarlitosMarx5
- TikTok https://www.tiktok.com/@carlosmendoza1111
Hacemos comunicación al servicio de la Nación y si así no lo hiciéramos, que el chat nos lo demande.

Deja un comentario