El 2 de junio y las ‘Derrotas de Campañas anunciadas”

Consolidada la victoria de Claudia Sheinbaum Pardo por encima de la coalición Fuerza y Corazón por México, tras recibir hasta el casi 60% del total de los sufragios registrados en los cómputos distritales, las posturas de oposición han oscilado entre: los apocalípticos, los sorprendidos y, los menos, que asumen la derrota y reconocen la estrategia de Sigamos Haciendo Historia.

Sin embargo, un punto en común entre ellos es repensar si la estrategia del bloque opositor, y sus líderes Marko Cortés, Alejandro Moreno y Jesús Zambrano, realmente fue bien planteada. La respuesta es obvia ante los resultados obtenidos, pero ¿plantearon este resultado?, es decir, ¿presupuestaban esta derrota?

Una revisión simple entre las encuestas presidenciales de julio de 2023 a junio de 2024, marcan que la virtual presidenta nunca perdió las preferencias. Seguramente esto también lo tenían bien claro los analistas del PAN, PRI y PRD, no por nada para enero de 2024, los dirigentes encabezaron la lista para asegurar su escaño en el senado. Nunca pensaron, quizá, en formar parte del gabinete de su candidata o candidato presidencial. 

La inercia de la popularidad presidencial, por arriba también del 60% de aceptación; la estabilidad económica del país, con crecimiento de hasta el 22 por ciento de la inversión extranjera al cierre del 2023, fortaleza del peso frente al dólar, y niveles mínimos de desempleo; aunado a la aceptación generalizada de los programas sociales, seguramente le hizo tener a la clase política de oposición una proyección nada alentadora. 

Esto se acentuó cuando los principales perfiles que deseaban para encabezar una candidatura presidencial en busca de conseguir algunos cargos públicos, como Mauricio Vila, Alejandro Murat en su momento, Santiago Creel, o la misma Beatriz Paredes, rechazaron o terminaron declinando por Xóchitl Gálvez, único perfil que decidió protagonizar la ‘Derrota de una Campaña Anunciada’. 

La senadora hidalguense se había distinguido por protagonizar escenas simbólicas en la cámara alta, como dormirse en las instalaciones para protestar, asistir vestida con una botarga de dinosaurio, trasladarse en bicicleta y exigir en Palacio Nacional a López Obrador su derecho de réplica. Irreverencia que, aparentemente, le valió para ser lanzada por el bloque opositor a esta batalla que ellos mismos, con sus actos, daban por perdida desde el inicio. 

En todo el proceso electoral, el discurso y las propuestas parecieron ir para un lado, el otro y a ningún lado. A la vez que Gálvez atacaba al presidente y sus políticas gubernamentales, prometía que no quitaría muchas de ellas y que, al contrario, las incrementaría, como es el caso de los programas sociales. A la vez quería hablarle al “pueblo”, también prometía que fomentaría más la inversión privada en sectores estratégicos para el país, como en la salud. 

La narrativa incongruente de la oposición buscaba que su candidata se despegara de los partidos para no acarrear con el rechazo a estas organizaciones, resaltando su origen “ciudadano”, pero abundaban los spots, lonas y eventos donde ella era asociada tanto al PRI, PAN como al PRD. 

La indefinición ocasionó que el respaldo a Sheinbaum fue mayor entre votantes que se describieron como de clase social baja y de la media-alta, según encuesta de salida de El Financiero; además de triunfar entre todas las profesiones y grupos de edades. 

El punto cumbre de la indefinición se siguió exhibiendo entre el PAN, PRI, PRD horas después de que los 56 millones 107 mil 873 de mexicanos ejercieran su sufragio. Patéticamente pidieron a Xóchitl declarar victoria, luego reconocer la derrota y, 24 horas después, que apelara a un voto por voto. 

Para Claudia Sheinbaum, todas esas imprecisiones en la campaña opositora le permitieron un camino a la victoria claro: apegarse al contenido programático de los partidos que la respaldaron, cerrar posibles heridas al interior y no caer en el juego de su rival, lleno de ataques propagandistas. Indudablemente, su experiencia política en movimientos sociales y gobierno de la CDMX salió a relucir. 

El golpe de realidad ahora es fuerte para los cientos de estrategas políticos dentro del bloque opositor que fallaron. Ni hablar, las tendencias artificiales en redes sociales no se traducen en votos, mucho menos las calumnias, ofensas, y “durísimas” opiniones en X, antes Twitter. 

Confiar en el supuesto “oficio político” de partidos como el PRI, PAN y PRD, a punto de quedar sin registro nacional, ya es algo caduco. En ese sentido, Movimiento Ciudadano logró un crecimiento mayor apelando a la juventud, jingles pegajosos y culpar a los “políticos de siempre”. Ahora, MC es ya la tercera fuerza política del país. 

Para los apocalípticos que se atemorizan con la falta de contrapesos políticos, parecen desconocer que ni todo el poder de representación anula la acción social. Es decir, dan por hecho que ahora Morena y sus aliados, si lo deseasen, pueden conducir al país a lo que mejor les convenga, ignorando que ya nuestro país ha transitado por votaciones de castigo, rechazo, y estallidos sociales que sin duda brotarían en caso de no estar de acuerdo con su gobierno. 

Deben reconocer, cuando menos, que las preferencias políticas de los mexicanos son y serán, cuando menos ya durante 12 años, priorizar a los más necesitados, la soberanía nacional, asumir un tono menos acartonado para tratar asuntos públicos, y la emergencia de nuevos medios, canales y voces en la comunicación. De otro modo, seguirán impulsando “Derrotas de campañas anunciadas”.

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