Discurso violento puente de la invasión

El neomacartismo mundial creó los puentes mediáticos necesarios para que el secuestro de Maduro se aprecie como un acto de justicia.

La derecha en México, cree haber revivido ante su inminente deceso, pero eso no suma militantes al PAN ni razón de vivir al PRI, ni al remedo de líderes juveniles de MC.

La versión de una fantasía que tiene como propósito manipular, porque también se manipula con la verdad, impera en un sector de la población en nuestro país que da por un hecho que son un infierno los países que no coinciden con la idea absurda de Trump, por el simple hecho de ser calificados de “comunistas”, y si necesitan argumentos ante la carencia total de opuestas acuden a mencionarlos como el destino final de México.

Estados Unidos clasifica la maldad según sus intereses, producto de una visión alterada, como Venezuela, donde sucede lo que la Casa Blanca quiere que suceda y secuestra a los presidentes electos legítimamente por el pueblo, cuando se le da la gana.

El extemporáneo macartismo mexicano es muestra de una desinformación convertida en religión de derecha basada en dogmas de fe y no en la realidad, que se convierte en una pandemia que no deja de contagiar a los menos preparados.

La visión del macartismo mexicano no se limita a la política sino a la moral y a la delincuencia, porque siendo los espacios destinados a los pecadores incluye todo lo malo que puede haber en este mundo, aunque en realidad la derecha esté más involucrada en la ilegalidad que los supuestos comunistas.

Todo fanatismo acusa ignorancia y la derecha en México es tan repetitiva que, en su limitado vocabulario, menor al de cualquier guion de Viruta y Capulina, muestra sus deficiencias en conocimientos de la historia y la legalidad.

La propia existencia de quienes practican el macartismo mexicano está estancado en el pasado, sus gustos estéticos, su pasión por las telenovelas, su dependencia de los noticiarios televisivos, sus títulos y diplomas de universidades privadas y extranjeras, en fin, una serie de ineficiencias que en algún momento se consideraban atributos propios de la “gente bien” y que nunca sirvieron de nada, a juzgar por la manera en que gobernaron.

México vivió una larga temporada basada en la mentira, con intelectuales que no lo eran, con medios mentirosos, políticos corruptos, con impunidad creciente, etc.

Esas son las frágiles bases del macartismo mexicanos que lejos de desaparecer se mantiene y en tiempos electorales aumenta. Afirman sus fantasías, convencidos de decir la verdad que contagian como si fuera rabia.

El macartismo mexicano es de pena ajena, pero desde el momento en que surge en una plática tiene garantizada su impunidad, porque no hay quien contradiga los dogmas.

Sin los medios ese macartismo se hubiera diluido desde hace muchos años. McCarthy, un abogado mediocre, murió en 1957, hace 70 años. Y nunca fue un filósofo, ni un intelectual, un simple senador de mente extraviada, fascista y poco preparado académicamente, por ideas producto de la ignorancia que identifica a gran parte del pueblo estadounidense.

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