Categoría: Keny Martínez

  • El relevo generacional ¡va!

    El relevo generacional ¡va!

    Formamos parte de un proyecto que no tiene fronteras, que crece de latitud a latitud y, con ello, nos lleva como la corriente de un río que crece con las lluvias, o como el mar que lleva de puerto en puerto a un barco. 

    Ahora nos tocó conocer a  compañeros de Chiapas,  que como el verde de sus paisajes, demostró que la organización de nuestro movimiento se fortalece y tapiza a todo ese bello estado.

    Anita, como muchos otros jóvenes de Chiapas, trabaja para sacar adelante a su nena de 2 años. A su corta edad, evidenciada por sus facciones, tiene claridad del futuro que desea heredarle a su hija. 

    Al escuchar de propia voz de Anita preguntarme con un evidente entusiasmo que ¿cómo le habíamos hecho para que puros jóvenes estuvieran coordinando una actividad del partido del “viejito”? Y añadiendo que ella también estaba interesada en participar; entendí que nuestro trabajo había tenido resultados. 

    En primera, reflexioné que gradualmente la presencia de las y los jóvenes iba tomando más relevancia y con mucho mayor notoriedad, pero no solamente eso, sino que las juventudes comienzan a tener presencia al frente de proyectos importantes, contagiando el liderazgo a otros. 

    Adicional a ello, el relevo generacional existe. Hombres y mujeres jóvenes de Oaxaca y Chiapas demostramos que, en unidad, nada nos detiene y que tenemos la capacidad de asumir grandes responsabilidades.

    Jóvenes como Belinda, Tito y muchos más, le han regalado su juventud a nuestro movimiento. Todos ellos representan el sentir de las juventudes que nacimos y crecimos con el objetivo de transformar el país.

    Como Anita, muchas otras personas han notado nuestra labor, y con ello, la esencia de la juventud que, en algún  momento de la historia, fue censurada, perseguida, violentada y hasta asesinada. 

    Por consecuencia, hoy es importante abrazar nuestros logros, sentirnos orgullosos de ellos y mantenernos en constante evolución, porque ¡para atrás, ni para agarrar vuelo!

  • El fin y el comienzo de un nuevo ciclo

    El fin y el comienzo de un nuevo ciclo

    Hay experiencias que refuerzan el rumbo de nuestras vidas y, para mí, Morena significó eso.

    ¿Qué puede hacer una joven en política, que lo único que tiene es un enorme entusiasmo por cambiar las cosas? Mucho, tal vez no se nota, como se nota de manera tangible el esfuerzo de una arquitecta en una obra o una ingeniera terminando la carretera que tanto se necesita.

    Hoy, después de haber transcurrido 8 años del día en el que la encomienda estatal se nos delegara, puedo decir con firmeza ¡Se logró mucho!

    De la mano de compañeras y compañeros dirigentes, caminamos en búsqueda de #ElLugarQueNosCorresponde,  el camino no fue fácil.

    Después de caminar por todo el estado y de pasar de ser la joven tímida a quienes pocos escuchaban. Después de emprender giras por todo Oaxaca, conociendo la geografía y vomitando por la falta de experiencia en las carreteras; de escuchar las preocupaciones, las necesidades y requerimientos, regresé a casa pensando en todo lo que se tenía que cambiar y todo el trabajo por hacer, pero también regresé motivada por todas las muestras de amor y solidaridad con aquellos soñadores andantes, que con una mochila en la mano y un periódico, fuimos construyendo la transformación soñada.

    Sentí frustración, sí, por no poder darle de comer a aquellos niños con los que jugué en mi primer campaña,  por no poder comprarle  sus patines a Toñito, cuya mamita luchaba contra el cáncer para poder cumplirle después el sueño a su hijo, por aquellos abuelitos que lo perdieron todo y solo vivían de la venta de semilla tostada.

    Sufrí cuando los viejos políticos me dijeron el pensamiento retrógrada de: los jóvenes no sirven; y que solo me relegaran a asuntos poco trascendentales.

    Sufrí cuando me enteré que aquel equipo, por el que yo me enfrasqué en conflictos políticos, solo me utilizó como moneda de cambio y que, innecesariamente, me generó los problemas que siguen pesando dentro de mi carrera.

    Me enojé del oportunismo de muchos que, de manera tan fácil, les resulta a algunos ocuparlo sin discriminación, sin remordimiento.

    Sufrí, pero entendí el mensaje, uno no se hace valiente sin la experiencia, uno no mejora como persona sin la vivencia de los errores, uno no reflexiona sin vivirlo.

    Hoy sigo siendo aquella mujer que soñó con hacer una política diferente, que ama el trabajo de campo, la visita a Doña Pipí, a Doña Conchita, aquella joven que, con mochila en mano, agarra camino en búsqueda de una transformación real.

    Quienes nacimos y crecimos con Morena, estamos seguros que hemos ofrecido un gran aporte a nuestro país, con nuestro trabajo, le dimos la oportunidad a un gobierno de demostrar que nuestros abuelitos son prioridad, que nuestros jóvenes son el presente y el futuro del país, que la tierra se trabaja y que los frutos siempre llegan.

    Hoy puedo decir que estoy muy satisfecha con el trabajo que realicé, que la secretaría fue el pretexto perfecto para entender que necesitamos estar en política, que los cambios son posibles, pero que aquel que tiene sueños colectivos es necesario que salga a este mundo tan frío y difícil a demostrar que no todos somos iguales.

    Porque tenemos que seguir aquí hasta lograr #ElLugarQueNosCorresponde, ahora desde una nueva trinchera, una trinchera llamada Keny Martínez.

  • DECISIONES QUE CAMBIAN LA VIDA

    DECISIONES QUE CAMBIAN LA VIDA

    “Hay proyectos que cambian la vida, unos pa’ bien, y otros que nos hacen buscar salir a delante porque no nos queda de otra y porque tenemos que hacer las cosas diferentes”. Fue lo que externó nuestro amigo de tan solo 21 años, quien hoy sirve en su comunidad como agente municipal suplente. 

    Axel vive en donde el verde es el color que predomina, en donde las aves cantan al caer el sol después de un día en el que el sudor no faltó, por las altas temperaturas; en donde la tichinda comienza a escasear y en donde un aroma comienza a hacer notar que algo anda mal en la Laguna de Chacahua. 

    Cuando Axel era niño, en las noches, con la ausencia de la luna, acompañaba a su padre a pescar camarón y a disfrutar de las estrellas. Hasta que un proyecto en el sexenio de Fox, mal ejecutado, vino a cambiarles la vida por completo a los habitantes de dichas comunidades: 3 estigones o escolleras que fueron creadas para mejorar la vista y alargar la permanencia de la bahía, trajo consigo la poca oxigenación de la bahía por la nula salida del agua hacia el mar.

    Cientos de familias como la de Axel, que vivían de la pesca, tuvieron que migrar a otras profesiones para salir adelante. Hoy Axel y los pobladores de la comunidad, tienen la solución, sin embargo, se necesita una gran inversión económica para revertir lo que con la mano en la cintura y bajo la estructuración de algunos ingenieros, iba a traer riqueza y bienestar a los tututepecanos.

    Así son a veces las políticas de los gobiernos, desconocedoras de la cotidianidad de la gente, en Chacahua no sólo afectaron la laguna y la naturaleza, en Chacahua la gente volvió a nacer por necesidad, porque cuando las autoridades no surgen del pueblo, suelen vivir ante una realidad que sólo ellas logran ver.

  • La “política” y la política

    La “política” y la política

    “Yo no sé de política, pero lo que sí sé es que a mí no me gusta ser mentiroso”, externó un señor cuando pidió la palabra en una reunión en la que se buscaba el apoyo de la gente para una jornada de elecciones próxima. Su rostro evidenciaba el paso de la vida en él; era de una edad en la que ya no se miente y lo que se dice ha sido forjado por experiencias duras.

    Hoy toca contarles sobre el sentir de un maestro de la Sierra oaxaqueña que es, tal vez, el retrato del pensamiento de muchas buenas personas que han sido excluidas de ese círculo infranqueable llamado política.

    Un día cualquiera, un hombre tocó la puerta de nuestro amigo, en el calendario corrían los días de los años 80. Lo buscaban para pedirle ayuda para competir por la diputación de una de las dos hermosas sierras de Oaxaca. La persona que tocaba a la puerta vió en él un compañero de batallas porque poseía lo mínimo necesario para poder competir: un poco de dinero, un vehículo, valor y liderazgo. El profesor aceptó, tenía profunda esperanza de poder llegar a ese lugar donde se toman las decisiones y se ayuda a la gente. Sin embargo, pasó lo que a muchas personas les ha pasado: Aquel personaje que lo buscó en su casa, al tiempo que se hizo de la curul, se olvidó de quién le ayudó a llegar.

    El hombre, que se hizo notar con un <<yo no sé de política>>,  habló de su propia idea de política: La búsqueda de una vida mejor para todas las personas desde el trabajo en colectivo. Sin decirlo, la política de este amigo, y la de muchas personas como él, encarna en la solidaridad y la franqueza; ésta poco se parece a la política de la desilusión que causan las personas como aquel personaje que tocó a la puerta del maestro para aprovecharse de sus ideales y su buena voluntad.

    Ya no creo en los políticos, me dijo, no entiendo cómo se endurece su corazón hasta el punto de no sentir empatía por los demás. Se preguntaba cómo serían sus días, si llevaban el peso de la traición a las personas que confiaron en ellos, y la desilusión de un pueblo. 

    Me contó: “Un día quise salirme de esto y dedicarme a lo mío, con los problemas que el día a día trae consigo y dejar de preocuparme por los demás, ser feliz, pero no pude y aquí estoy; sigo buscando construir un futuro mejor para mis nietos”. 

    Me confesó: “Aún creo en las personas, aún creo que mis ojos verán la verdadera democracia, espero ser parte de ese equipo de trabajo que brinque de alegría después de una contienda electoral en la que se le gane a la avaricia, al hambre de poder y de dinero”.

    La política no es, ni debería ser, aquello de lo que nadie conoce, o eso a lo que sólo los avariciosos se acercan para volverse ricos y poderosos. La política de verdad es la misma que describió nuestro amigo, y como él, somos muchas las personas que seguimos en su búsqueda.

  • Recordatorio del origen

    Recordatorio del origen

    A pocos metros de una de las tantas carreteras federales del estado de Oaxaca, encontramos una comunidad en la que el calor ha secado las hojas del parque y ha hecho suspirar a mi acompañante, quien a pesar de estar acostumbrado a este clima, no deja de padecerlo. 

    San Pedro Tututepec se llama este paraíso en la costa oaxaqueña. 

    La pobreza es diferente aquí: De los árboles del patio cuelgan ciruelas, listas para cortar y comerlas en la noche por aquello de que “caen pesadas recién cortadas”, según la creencia popular, a la cual hicimos caso y no quisimos retar. 

    En los suelos hay mangos tirados de una cáscara dura que saben a gloria y, estirando la mano, hemos cortado una almendra amarilla carnosa que hemos comido a mordidas. 

    En la casa hay niños jugando a todo, menos “Free fire” y “Fornite”, en primera, porque la prioridad a leguas se ve que no es tener el celular más caro para que agarren tales juego; en segunda, porque la señal de teléfono e internet, que para nosotros pudiera ser más que indispensable, tiene muchas fallas y ofrece un pésimo servicio; y la última, no menos importante, porque aquí los niños viven una infancia diferente. 

    Hace ya varios años la escuela Emiliano Zapata, escuela que todos sabían era de inclinación de izquierda y en donde estudiaban “los indios”, según lo que se escuchaba en el municipio, vio crecer a un hombre que con sus manos ha creado mundos, eligiendo los colores de la naturaleza para representar lo que su pueblo y cosmovisión indígena representan a través de lienzos de tela que une a su cuerpo con un telar de cintura que teje no solo con hilos, sino también con el alma, dando así soltura a su historia mixteca.

    Amar las raíces puede parecer algo muy romántico, pero para nuestro amigo no fue nada fácil. A él le tocaron los años de lucha de la “identidad indígena” en donde era necesario hablar español para no ser señalado, pero que en casa, si se atrevía a mencionar una palabra en español, era severamente castigado, siendo así un recordatorio de su origen. 

    Por el contrario, en la escuela la maestra reprendía al niño con el conocido reglazo, correctivo que provenía por escuchar decir una palabra en mixteco en su clase. 

    Un niño que no comprendía el idioma que tenía que hablar, sabiendo sólo que ambos significaban reprimenda por parte de sus mayores, sin tener la menor idea de que compartía y convivía con dos mundos distintos. 

    Así fue para Adán, nuestro amigo, intérprete y compañero de batallas, quien a su corta edad tuvo que entender que la vida nunca ha sido fácil, y menos cuando se trata de un joven con ansias de crecimiento y con amor a su pueblo. 

    Hoy, su lengua padece paulatinamente la extinción, estragos de muchas personas que, como su maestra, “buscaban lo mejor para el alumnado”, pero por otro lado, como sus padres, orillaron a muchos a detestar sus orígenes debido lo ortodoxo de los métodos por preservarlos.

  • Una #chida para la eternidad

    Una #chida para la eternidad

    La pandemia trajo consigo cambios en todo el mundo y nunca pensé que con ese virus conocería lo que es una amistad para la eternidad. Aquella mujer traga años, revolucionaria y soñadora, que encontró en la política una forma de vida a la cual amar, llegó para regalarnos sabiduría.

    Ella era madre, hija, tía, hermana, pareja, amiga y política, su amor a la vida la llevó a hacerse madre de sus sobrinas porque esa misma vida que ella amaba, le había arrebatado a su hermana. Con ello, indudablemente su vida se transformó, pero jamás se arrepintió de ello.

    El encierro de la pandemia se interrumpía con las reuniones dominicales, eran la oportunidad de socializar con el mundo exterior y seguir haciendo política en ese tiempo en donde no veíamos la luz ni esperanza de recuperar nuestras vidas. Y a pesar de las condiciones tan difíciles que enfrentamos en las primeras olas, ella siempre se atrevió, contagió esperanza, ella demostró que el trabajo en equipo es el único que nos lleva lejos.

    Ella forma parte de esa camada de jóvenes que hicieron historia y le regalaron sus mejores años a la construcción de un mundo mejor, de aquellos jóvenes de izquierda que jamás vendieron su dignidad, siempre leales a sus principios. Ella siempre será parte de quienes se cansaron de ser sólo la mano de obra de los mismos de siempre, de los que a pesar de no haber nacido en cuna de oro, se arman la cooperacha para llevar esa esperanza de trasformación de casa en casa. Ella era indudablemente de los chidos, de los que no se cansan de soñar.

    ¿Su sueño? lograr que la vida de los suyos cambiara. Los suyos: aquellos viejitos de la casa de adobe de su comunidad, los enfermos que tienen que viajar en búsqueda de un doctor y medicamentos, de los campesinos de sus alrededores y de aquellos compañeros de izquierda con los que visitaba las comunidades en ese carrito viejo que había escuchado infinidad de historias de campaña, de ilusión y desilusión, de traición y de alegría.

    Algunas personas han dicho que cometió un error grave al cuestionar el actuar de políticos de su entorno, al no guardar silencio para caer bien a quien repartía las candidaturas y los espacios de poder. Pero su determinación y su incansable lealtad a sus causas demuestran que jamás hubiera concedido razón a tal “error”.

    Quizá el único “error” cometido, fue vivir en una comunidad rural en donde la pandemia nos arrebató hasta el último suspiro, en donde las élites se han empeñado en que los sueños sean precisamente eso, sólo sueños.

    A tu memoria, querida amiga, vives en nuestros corazones.

  • El lugar que nos corresponde

    El lugar que nos corresponde

    El salón de clases tenía el aroma a café que sólo en Coatepec o Xico se produce. Los sueños y utopías sobre un mundo mejor recorrían las paredes del salón de aquella universidad pública a la que el destino me condujo. El café formaba parte de la rutina de mi profesor así como lo hacía su rotunda oposición al gobierno, al capitalismo y a la política. Yo, una mujer con sueños e ideales de izquierda, que decidió salir de casa en búsqueda de una razón de ser y que  eligió a la Antropología, en lugar del derecho o la medicina como profesión, como lo habría querido papá. Yo, en ese salón, me fui a encontrar de frente con la razón clarificada para elegir el quehacer de la política como camino de vida. 

    -Quien se dedica a la política termina siendo igual que todos, corrupto y fiel al dinero – dijo mi maestro de la universidad, -si  quieres ayudar al mundo hazlo desde otra trinchera.

    Una parte de mí entendía su forma de ver el mundo. ¿Cómo creer en la política, si vivió aquel año 68, cuando tantos hombres y mujeres jóvenes fueron asesinados por órdenes directas de aquellos hombres que se auto nombraban políticos, algunos de ellos elegidos por el pueblo para dirigir el gobierno.

    Y aunque una parte de mí lograba empatizar con la desconfianza de aquel profesor, no pude evitar reprocharle desde el pensamiento sobre la consecuencia en la que aquella situación desembocaba: esos espacios seguirían siendo ocupados por personas incompetentes, abusivas e insensibles, si nadie más les compite los espacios de decisión que aquellos ocupaban. La vida del anciano que se ha quedado solo en aquella casa que ya nadie visita,  de la madre soltera que busca un trabajo que le ayude a sacar adelante a sus hijos, del joven indígena que migra para escapar de las limitantes que las condiciones de vida de su comunidad le a marcado como ley de vida, todas esas vidas, seguirán siendo decididas por políticos infames si quienes tenemos hambre de justicia no alzamos la voz por aquellos que se cansaron de luchar, tenemos que estar ahí por los que se fueron de esta vida preocupados por el futuro de los suyos, tenemos que estar ahí por los que vienen y vendrán. 

    Pude entender en ese momento que mis sueños y utopías podían ser también los de otras tantas mujeres y hombres llenos de ansias por transformar la vida de todo un país. Por supuesto, en ese momento también alcancé a advertir que ese camino no sería fácil debido a las condiciones, a todas luces carentes de privilegios, que una mujer originaria de uno de los estados más pobres del país y sin ningún apadrinamiento de integrantes de las élites del poder, enfrenta en un país tan clasista, racista y machista como México.

    Inicié este camino hace 15 años, años con la certeza de que para que los malos, los incompetentes, los abusivos y los insensibles dejen de decidir sobre nuestras vidas, quienes nos preocupamos por la vida de las personas que nos rodean debemos tomar los lugares de aquellas personas para nunca dejarlos volver.