Todos los espacios son vitales. La compañía: Una raya al cielo, dirigida por el Maestro Gabriel Pascual en el Centro Cultural Xavier Villaurrutia.
Todo espacio teatral es sagrado o debiera serlo. En este caso, una clara muestra en: “Pepe o arráncame la vida”, pieza tragicómica que se presentó el último viernes de noviembre en el Centro Cultural alojado en los locales de la Glorieta del metro Insurgentes de la Ciudad de México y que forma parte de la propuesta de espacios comunitarios y redes de la Secretaría de Cultura del Gobierno de la Ciudad de México.
Una raya al cielo, la compañía teatral, hace que el hecho escénico acontezca así, aquí. Como no lo vemos acontecer en un sin fin de espacios institucionales o de teatro comercial. Sin duda, en esta puesta en escena ocurre ¿Por qué?
Porque a pesar de que el elenco esté disparado en cuanto a tono por evidentes distintas formaciones, niveles, procesos, maduraciones o registro; la cohesión se desencadena interesante como mecanismo poderoso por el tema planteado, por el cómo está planteado. Se torna metáfora de quienes estamos atestiguando de modo voyerista y al mismo tiempo encontramos esta polifonía sin sentido como la propia realidad con su descarnada intersubjetividad, cuando como en esta trama, la muerte no sale al paso con un diagnóstico.
En el intercambio posterior a la función de la compañía con el público, uno de los jóvenes actores menciona con entrañabilidad y convicción a Brecht, y sí. Este montaje se consolida gracias a la distancia representativa. De esta como categoría, si vamos desde un plano general en lo estético, se mide entre quien representa y lo representado, es esa ilusión de la realidad que se vuelve profunda en la medida en que nos plantea una sobre representación, como es el caso de la personificación del mal, aquí abstracta pero al mismo tiempo antropomorfa, excelente desde la dirección apuntada como citadina y urbana; el ángulo en que se mira es lo más importante en el caso de la distancia representativa.
De la autoría de Alejandro Licona, quien como dramaturgo es un histórico, por lo que su propia estética trasciende, además de la precisión en cuanto a sus construcciones con gancho, persé en la mirada de las más y los más jóvenes, además de que específicamente sigue sorteando colonialidades instituidas. En “Pepe o arráncame la vida”, es la amistad esa potencia que nos ayuda a refrendar el deseo del presente, atesorar el pasado y no idealizar el futuro.
La belleza de este trabajo radica en los detalles, ahí su verdad, en el “a pesar de todo”. Cecilia Vázquez, notable; Casandra Aguilar, si estabiliza la estridencia y va sobre la crisis pasional, será más compleja, gran presencia. José Grim, intenso pero más atento al accidente y su desarrollo sería extraordinario; Donovan Roldán, con más presente en el ritmo interno, daría más brillo a los estereotipos, mucha vis.
Con proceso anterior y temporada que llegó hasta la develación de placa, deseamos siempre como espectadores reflejarnos así. Salir con más expectativas de trascendenciaen la vida cotidiana del teatro con la que entramos. Pronto, atentos a sus próximas funciones.
La cueva de Salamanca, dirigida por Felipe Galván, se presenta en El Primer Festival Internacional de Teatro Barroco y Disección Escénica “Sor Juana Inés de la Cruz”. Este encuentro es organizado por la Secretaría de Cultura del Gobierno de México, a través del Centro Cultural Helénico, en colaboración con la Universidad del Claustro de Sor Juana A.C.
En el marco del 330 aniversario luctuoso de la Décima Musa, llegan ocho funciones (cuatro en cada sede), siete clases magistrales con especialistas nacionales e internacionales, y cuatro mesas de disección.
Del 11 de noviembre al 4 de diciembre de 2025, se profundiza sobre el impacto artístico de dicho periodo y acerca a nuevos públicos a sus principales obras clásicas.
La Secretaría de Cultura del Gobierno de México, a través del Centro Cultural Helénico, en colaboración con la Universidad del Claustro de Sor Juana A.C., presenta el Primer Festival Internacional de Teatro Barroco y Disección Escénica “Sor Juana Inés de la Cruz”, del 11 de noviembre al 4 de diciembre de 2025, en el Auditorio Divino Narciso y el Aula Magna, así como en el Teatro Helénico, recintos de ambas instituciones convocantes.
Con el objetivo de profundizar sobre el impacto artístico de dicho periodo y acercar a nuevos públicos a sus principales obras clásicas, nace el encuentro que es un espacio para la escenificación de obras de autores clásicos desde una mirada contemporánea, la disección de las piezas, con la participación de especialistas nacionales e internacionales, así como clases magistrales sobre el tema.
Desde una visión escénica moderna, cada pieza tendrá una disección para reflexionar sobre su construcción, significado y vigencia; es el análisis minucioso lo que diferencia al festival de otros en el mundo.
Para la ocasión, se exhibirán cuatro montajes: Segismunda, de La máquina poética; La cueva de Salamanca, de Elenco Teatral Guerrerense. Este montaje, bajo la dirección del Maestro Felipe Galván, brinda una conversación en exclusiva para Los Reporteros MX.
¿Cómo eliges maestro este texto de Juan Ruiz de Alarcón?
Para engalanar las Jornadas alarconianas 2025, decidimos en 2024 montar un Alarcón, eligiendo “La cueva de Salamanca” partiendo de la edición crítica recién impresa por la UACJ (Universidad Autónoma de Cd. Juárez).
¿Cómo nos interpela Juan Ruiz de Alarcón en el contexto actual desde la cueva de Salamanca?
Los personajes estudiantiles son provocadores, hijos de papi en busca de emociones extremas, como hijos juniors de nuestro tiempo. La identidad novohispana se manifiesta con el sabio Enrico, traído para resolver las inundaciones de Ciudad de México.
De la producción juanruizesca, esta es la que mejor acerca a su identidad novohispana de entonces o mexicana de hoy.
¿Cómo ha sido el proceso de montaje con este elenco guerrerense?
Un encierro de tarde de viernes, sábado y domingo de trabajo intensivo por mes en sedes itinerantes, con actores de diversas geografías y trabajos en sus ubicaciones con sus grupos. El elenco es una especie de selección de actores de Taxco, Iguala, Chilpancingo, Acapulco, Zumpango y Tepecuacuilco, con el que trabajamos nueve meses, de septiembre 2024 a mayo 2025 hasta estreno en las Alarconianas 2025.
¿Qué representa para ti presentarse en el Auditorio Divino Narciso del Claustro de Sor Juana?
Primero, nacionalizar teatro guerrerense más allá de la entidad. Del Divino Narciso al Helénico; aspiramos posteriormente al Siglo de Oro del Chamizal y al mismo e importante Almagro. Poner a Juan Ruiz en la catedral sorjuaniana es unificar a nuestros dos únicos dorados; es un beneplácito y orgullo que fortalece nuestro trabajo cotidiano en el Estado de Guerrero.
¿Como dramaturgo, cuáles son las influencias o la inspiración que te provoca la obra?
Juan Ruiz es nuestro arranque nacional dramatúrgico y continúa vigente. Ejercitarlo, reconocerlo, divulgarlo y practicarlo es motor potente para desarrollar la dramaturgia propia, esperando ubicar propuestas tan universales como esta “Cueva…”
¿Qué opinas de esta convocatoria hecha en conjunto por Centro Cultural Helénico y Claustro de Sor Juana?
Es un enorme acierto. Ojalá se amplíe.
También se presentarán en esta primera emisión: Fuente Ovejuna. Breve tratado sobre las ovejas domésticas, de La oveja negra, y Tempo Barroco, de Oír Trío Ensamble. Los tres primeros retoman textos de los dramaturgos Lope de Vega, Juan Ruiz de Alarcón y Pedro Calderón de la Barca, mientras que el último es un concierto escénico con elementos distintivos del Barroco.
Las funciones se llevarán a cabo a las 19 h los martes 11, 18 y 25 de noviembre y el 2 de diciembre, en el Auditorio Divino Narciso, de la Universidad del Claustro de Sor Juana, en el siguiente orden: Segismunda, La cueva de Salamanca, Fuente Ovejuna. Breve tratado sobre las ovejas domésticas y Tempo Barroco. Mientras que los jueves 13, 20 y 27 de noviembre y el 4 de diciembre, en el mismo horario, la programación se presentará en el Teatro Helénico.
A su vez, las mesas de disección de cada proyecto se realizarán en el Auditorio Divino Narciso los miércoles 12, 19, 26 de noviembre y 3 de diciembre, a las 11 h, con la participación de invitados internacionales, como Barbara Fuchs, Karen Stolley, Margaret Boyle y Bruce Burningham, y nacionales, entre ellos Fernanda del Monte, Lydia Margules, Claudio Valdés Kuri, Germán Cárdenas, Alberto Rosas y Araceli Rebollo; figuras clave en los estudios sobre el teatro español del Siglo de Oro.
En la misma línea académica, se ofrecerán siete clases magistrales en el Aula Magna del Claustro tituladas:
“Nuevos lenguajes escénicos para repensar el teatro áureo en México”
“La disección y diseño del ‘Divino Narciso’”
“Los Empeños de Sor Juana y la cuestión de performance”
“La música en el teatro barroco”
“Sor Juana Inés de la Cruz en el siglo XVIII: la imitatio performativa en el convento”
“Mujeres en la escena áurea. Dramaturgia, presencia y agencia femenina”
“Adaptaciones renacentistas hoy en día: Sor Juana y sus futuros”
Se impartirán los días 12, 18, 20, 21, 27 y 28 de noviembre, y el 4 de diciembre.
Con la asistencia, al menos al 80 por ciento de las sesiones, se obtendrá una constancia de valor curricular que emitirá la Universidad del Claustro de Sor Juana A.C. Para más información, las personas interesadas se pueden comunicar a difusioncultural@elclaustro.edu.mx.
Con el Primer Festival Internacional de Teatro Barroco y Disección Escénica “Sor Juana Inés de la Cruz” se da el primer paso para llevar al público representaciones escénicas que, aun en el siglo XXI, repercuten en el presente.
Para más información, consulta las páginas: helenico.gob.mx, elclaustro.mx y mexicoescultura.com.
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El 2 de noviembre de 1906 marcó un hito en la vida de Lev Davídovich Bronstein, mejor conocido como León Trotsky.
Y es que este hombre de talla mediana –media 1.76– que durante cinco años se declaró un apátrida (de 1932 a 1937), fue deportado a Siberia.
Y aunque aquella no era su primera deportación a Siberia, sí fue la que estuvo fraguada para que, a sus 27 años, fuera percibido como el enemigo público número uno del zarismo, aunque, paradójicamente, aquello mismo terminaría sirviéndole para catapultarlo como un genio de la fuga y la tenacidad revolucionaria.
Pero ofrezcamos algunos datos duros y hechos que nos ayudarán a comprender mejor de qué hablamos:
Meses antes, el 16 de diciembre de 1905, el Soviet de Delegados Obreros de San Petersburgo, el primer germen de un poder popular, fue desmantelado.
Trotsky y unos 300 revolucionarios de diversas facciones (mencheviques, socialistas revolucionarios e independientes, con una notable minoría bolchevique) fueron arrestados.
Tras el juicio de septiembre y octubre de 1906, solo catorce acusados fueron seleccionados para recibir la pena más severa: la pérdida de derechos civiles y la deportación de por vida a Siberia, bajo vigilancia.
Trotsky encabezaba la lista. El destino no era otro que Obdorsk, una remota y gélida colonia penal en el Círculo Polar Ártico, a 1,600 km de la estación de tren más cercana.
La intención de las fuerzas zaristas era clara: asegurar su desaparición política.
El viaje fue una odisea de 52 soldados de escolta y refuerzos constantes, un testimonio del gran temor que el zarismo sentía ante la figura de Trotsky.
El exilio forzoso –que era una táctica común del zarismo (el “sistema Gulag” avant la lettre)– cumplía el propósito de aislar a los disidentes. Sin embargo, en la práctica y sin proponérselo, terminó forjando la identidad colectiva y el capital social de los líderes revolucionarios.
Como bien se sabe, el muy riesgoso viaje de huida tuvo un feliz desenlace: Lev Davídovichllegó por fin a buen puerto, reencontrándose con Natalia y su pequeño hijo Lev, para salir en familia a un exilio que se prolongó durante diez años.
Ahora bien, lo cierto es que Trotsky consideraba que había debido su buena fortuna en ese viaje de escape, no a los humanos, sino a seres que él calificó de “extraordinarios”: los renos.
Y es que estos animales fueron los que, en situación de cautiverio y sin ser consultados, tiraban incansablemente del trineo, y entregaban su vida para proveer de pieles a los viajeros del frío para que se protegieran del frío, y de carne para que se alimentaran durante el trayecto.
Pero ninguno de estos hechos y episodios les interesó a los autores del (pésimo) documental que, en 2017, hizo Netflix sobre Trotsky.
Este bodrio, que se narra a través de flashbacks, está preñado de mentiras, tergiversaciones e inexactitudes históricas.
La serie intenta que el público descuidado se trague el cuento de que Trotsky fue un líder cruel y megalómano que orquestó la Revolución de Octubre, recurriendo a muchos de los estereotipos antisemitas utilizados por el movimiento blanco anticomunista durante la Guerra Civil Rusa.
¡Una auténtica dosis de ideología anticomunista y antirevolucionaria.
Y no es gratuito.
Konstantin Ernst, el productor de esta serie, es director ejecutivo de Canal Uno Rusia, y el encargado de denostar a Trotsky por órdenes de Putin (que, por cierto, siempre ha despreciado a Lev).
Su deleznable objetivo –y el de Netflix– era promover y difundir esta narrativa, globalizándola y comercializándola, utilizando la influencia de ese medio –¿de desinformación?– para legitimar una versión histórica sesgada.
Lo cierto es que hoy, el público ya no se traga esta clase de productos chatarra y sabe perfectamente que Lev Davídovich Bronstein fue uno de los pocos a quienes no les tembló la voz al criticar la hipocresía de los líderes viles y corruptos. “Que Stalin alcanzase su posición fue la suprema expresión de la mediocridad del aparato”, dijo alguna vez León Trotsky.
Más de 7 mil participantes recorrerán el Bosque de Chapultepec hasta el Zócalo con carrozas, catrinas y comparsas que celebran la tradición y la cosmovisión mexica.
La CDMX se prepara para uno de sus eventos más emblemáticos: el Desfile del Día de Muertos 2025, que comenzará este sábado 1 de noviembre a las 14:00 horas, partiendo de la Puerta de los Leones del Bosque de Chapultepec y concluyendo en la Plaza del Zócalo con un gran espectáculo de luces, música y danza.
El desfile contará con más de 7 mil participantes, incluyendo artistas, bailarines, artesanos y voluntarios, quienes llevarán a las calles carrozas monumentales, catrinas gigantes y performances teatrales que narran la vida, la muerte y la espiritualidad desde la cosmovisión mexicana.
🎊 ¡Es hoy, es hoy! 🎉
🏵️ Estamos a punto de vivir el Gran #DesfileDeDíaDeMuertos, ese momento donde la ciudad se viste de flores, música y tradición para honrar la memoria y celebrar la vida. 💀🕯️💫
📍 De Puerta de los Leones al Zócalo capitalino 🕒 A partir de las 14:00 h
Este año, el recorrido estará organizado en siete bloques temáticos, que representan un viaje simbólico hacia el Mictlán:
La consagración del camino: homenaje a Tenochtitlan y su historia
El llamado divino: guía simbólica de Huitzilopochtli.
Iconografía mexica: memoria viva del arte y la cultura.
Guardianes del inframundo: pruebas del viaje al más allá.
Guardianes de los cuatro rumbos y elementos: diversidad y fuerza espiritual.
Vida y transformación: tributo a la herencia cultural mexicana.
Ponte Pila: cierre con energía y espíritu comunitario.
Debido al evento, la SSC y el OVIAL CDMX implementarán cierres en Paseo de la Reforma, Avenida Juárez, Eje Central, Calle 5 de Mayo y alrededores del Zócalo. Se recomienda llegar temprano, usar ropa cómoda y transporte público.
El Desfile del Día de Muertos, declarado Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO, combina rituales prehispánicos y católicos, reafirmando la identidad cultural de México y proyectando al mundo la riqueza de sus tradiciones.
“Si coloco la fotografía de mi hija María Elena en la ofrenda, siento que ella todavía está aquí, que me acompaña, que me viene a visitar y que no ha olvidado lo mucho que la extrañamos en la casa”, confiesa con la voz estrangulada por la emoción y la nostalgia doña Patricia Ortiz.
Pero María Elena no es una voz aislada. En realidad, es el eco de millones de hombres y mujeres que, con el corazón de par en par abierto, tratan de honrar a sus difuntos (y la ausencia que les comporta) a través de la geografía sagrada del altar.
Y es que la ofrenda mexicana, ese arco iris de colores y sabores, no es un simple adorno culinario en la tradición nacional; es un mapa estelar que guía a las almas.
Foto: Getty Images
Pero hay algo más: es el resultado de un largo peregrinaje histórico y cultural que ha cruzado centurias hasta llegar al punto en el que lo vemos –y disfrutamos– hoy.
Le platico un poco: aunque las raíces de la visión mesoamericana sobre la muerte son profundas y poderosas, lo cierto es que las fechas que hoy conocemos, el 1 y 2 de noviembre, realmente llegaron con el incienso y la espada de la conquista española.
Vayamos a fondo: desde la Europa medieval, la Iglesia Católica instituyó el 1 de noviembrecomo el Día de Todos los Santos, una fiesta que intentaba abrazar en un solo homenaje a los beatos, canonizados y, sobre todo, a los mártires anónimos, para que ninguna alma bienaventurada quedara sin su merecido tributo.
El 2 de noviembre, por su parte, fue consagrada a los Fieles Difuntos, una jornada de súplicas por aquellos que reposaban sin haber alcanzado aún la vida eterna, las almas que permanecían en el Purgatorio, apegadas todavía al lastre de la vida material.
Pero la riqueza –y la genialidad cultural de México– no consistió en desechar lo nuevo o lo viejo, sino en entrelazar ambas hebras.
¿Y sabe por qué? Porque las fiestas católicas, que convenientemente coincidían con el final de la cosecha del maíz (entre septiembre y noviembre, de acuerdo con las antiguas celebraciones mexicas), se fundieron con la esencia ancestral: convivir y compartir el fruto de la tierra con los ausentes que han de regresar.
Foto: Getty Images
Un dato duro al calce: en 2008, la UNESCO declaró a la “Festividad indígena dedicada a los Muertos en México” como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad. Este sello impulsó su valor turístico y simbólico global.
Ahora bien, en cada uno de estos días, el 1 y el 2 de noviembre, el altar –la ofrenda– se convierte en un portal de frutas, platillos y nostalgias.
Y ahí, con mucho amor y algo más de melancolía, se colocan los elementos que evidencian esta rica mixtura de creencias y, sobre todo, el amor que cada familia imprime en su arreglo: el agua para el viajero sediento, la sal para purificar su tránsito, el pan de muerto con su “hueso” circular, la fotografía que rompe la bruma del tiempo, y las flores de cempasúchil, cuyo color de sol y aroma intenso trazan un camino efímero, un puente dorado que une el mundo de los vivos con el reino de la memoria.
Foto: Tasting History
Bien visto, el pan de muerto no solo es un alimento, es un osario dulce, una dulce burla ritual a la fragilidad humana.
De una u otra manera, la ofrenda es la arquitectura simbólica –que no se ha estudiado suficiente en las aparatosas cátedras académicas– donde los mexicanos intentamos neutralizar (y paliar) la angustia existencial de la muerte.
Y doña Patricia Ortiz lo sabe bien. La foto de María Elena, su hija, no está en el altar por dogma ni por recuento genealógico, sino por la profunda convicción del corazón de que el amor acaso sea el único visado para cruzar la frontera final.
Un estudio científico midió el ritmo cardíaco y las reacciones fisiológicas de 250 espectadores para determinar qué filmes realmente provocan miedo.
El miedo ya no solo se mide por los gritos del público, sino por los latidos del corazón. El proyecto Science of Scare analizó las reacciones fisiológicas de 250 voluntarios para determinar cuáles son las películas de terror que más alteran el cuerpo humano, y el resultado fue claro: “Sinister” (2012), dirigida por Scott Derrickson, se coronó como la más aterradora.
El estudio registró un aumento promedio del 34% en el ritmo cardíaco de los espectadores, con picos de hasta 131 pulsaciones por minuto durante sus escenas más intensas. De acuerdo a los investigadores, esta cinta, que narra la historia de un escritor que descubre filmaciones de asesinatos vinculadas a una entidad demoníaca, provoca la mayor respuesta fisiológica de miedo registrada hasta ahora.
La investigación, que combinó la frecuencia cardíaca y la variabilidad del ritmo cardíaco (HRV), creó un índice denominado “Scare Score”, con el que “Sinister” obtuvo 96 puntos sobre 100. Le siguieron “Host” (2020), filmada íntegramente por Zoom durante la pandemia, y “Skinamarink” (2022), una propuesta experimental que genera terror a través del silencio y la sugestión.
El top 10 de las películas más terroríficas incluye también Insidious, El Conjuro, Hereditary, Smile 2, Smile, El exorcismo de Emily Rose y Háblame. La presencia de títulos recientes sugiere que el terror moderno apuesta por estímulos más directos, sonidos agresivos y una edición rápida que intensifica la respuesta corporal del espectador.
Aunque clásicos como El Exorcista o Psicosis siguen siendo referentes culturales, la ciencia muestra que ya no encabezan los picos de miedo. Las nuevas generaciones de películas logran mayor impacto fisiológico con estrategias visuales más inmersivas y un manejo preciso de la tensión.
En palabras de los investigadores, “no es solo lo que se ve, sino cómo se ve lo que provoca el miedo”. Este hallazgo redefine la forma en que entendemos el terror cinematográfico: una experiencia no solo emocional, sino biológica, capaz de activar el sistema nervioso y poner el cuerpo en estado de alarma.
En una grabación perdida de 1975, Lennon revela su temor a ser vigilado por el gobierno estadounidense y reflexiona sobre su música y vida personal.
Casi 45 años después de su muerte, John Lennon vuelve a acaparar titulares. El periódico británico The Guardian publicó esta semana una entrevista inédita del exintegrante de The Beatles, realizada en 1975 por el DJ Nicky Horne, donde el músico expresaba su preocupación por ser espiado por el gobierno de Estados Unidos.
Lennon, conocido por su activismo contra la Guerra de Vietnam y por haber enfrentado un proceso legal para evitar su deportación bajo la administración de Richard Nixon, relató que sentía que su teléfono estaba intervenido y que era seguido por hombres sospechosos en Nueva York. Incluso señaló que observó reparaciones sospechosas en el sótano del edificio Dakota, donde vivía con Yoko Ono.
“Sé la diferencia entre que el teléfono esté normal y que cada vez que lo levanto haya muchos ruidos”, confesó el compositor de Strawberry Fields Forever, agregando: “Abría la puerta y había hombres al otro lado de la calle; me subía a un coche y me seguían en otro, sin esconderse”.
La charla también dejó ver la faceta vulnerable de Lennon. Admitió que estuvo a punto de desechar su álbum Walls and Bridges (1974) por miedo al fracaso. Además, compartió su deseo de seguir vivo y creando música durante décadas: “Salvo por fuerza mayor, seguiré vivo otros 60 años y seguiré haciendo música hasta que me caiga”, dijo.
La entrevista fue hallada por Horne en su propio sótano, olvidada durante casi medio siglo. Este hallazgo arroja luz sobre la persecución que Lennon percibía del gobierno estadounidense, y revive las teorías conspirativas que han circulado desde su asesinato en 1980 frente al edificio Dakota, donde fue abatido por Mark David Chapman.
Hoy, Lennon sigue siendo un símbolo de rebeldía artística y política, y esta grabación refuerza su legado como músico que no solo revolucionó la música, sino que también enfrentó las sombras del poder con su arte y voz.
¡Por fin! Después de muchos años, la desprestigiada Academia Sueca ha premiado a la literatura. Ya hacía falta. Después de años de senderos extraviados y torpes decisiones, los atareados –y casi siempre extraviados– jurados de Estocolmo han tratado de redimir su prestigio.
El húngaro László Krasznahorkai, sin ir más lejos, es el Premio Nobel de Literatura 2025.
El fallo de Estocolmo ha sido contundente: le otorgan el premio “por su obra convincente y visionaria que, en medio del terror apocalíptico, reafirma el poder del arte”.
Aciertan esta vez. La obra de Krasznahorkai se levanta como un faro que alumbra y resiste con su luz pétrea ante la densa oscuridad del mercado.
En este caso, no solo se trata de un galardón, es la aclamación a una obra que se niega a la prisa, a un estilo que ha cincelado catedrales de prosa sobre la decadencia del espíritu humano.
Krasznahorkai es, desde hace tiempo, un autor de culto, un profeta apocalíptico.
Su obra, hay que decirlo de una vez, no consuela: expone con belleza espectral las grietas del mundo.
Ayer, en un breve mensaje en su red social de Facebook, el escritor y crítico literario Luis Bugarini apuntaba, con voz profética, que tenía esperanza en que ganaran el Nobel César Aira o László Krasznahorkai.
Su esperanza se convirtió en premonición. Ganó el autor de “Guerra y Guerra”.
Habemos quienes pensamos que la literatura que se escribe desde el fondo de las vísceras es aquella que se atreve a mirar de frente al vacío. Y la obra del húngaro lo hace. Cada uno de sus textos se plantan frente al lector como un espejo melancólico que refleja sus pesadillas y sus miserias, y donde la civilización asiste, con cierto regusto morboso, a su propio declive con una mezcla de horror y tedio.
En una de sus novelas esenciales, Melancolía de la resistencia, asoma la semilla de su universo filosófico: “la razón no era una dolorosa carencia de mundo, sino parte de este, hasta el punto de ser su sombra”.
El camino de Krasznahorkai hacia la “consagración literaria” –cuyo término quizá le merezca una estentórea risotada– no fue el sendero pavimentado. El tipo nació en 1954 en Gyula, al sur de Hungría y, desde muy temprana edad, abrió sus ojos y su desencanto ante el paisaje de una utopía comunista en ruinas, donde los ideales se le desvanecieron en el gris monocromo de la realidad cotidiana.
Su espíritu, esencialmente inconformista, se negó a ser encasillado: abandonó los estudios de Derecho y abrazó la intemperie, trabajando como minero, como vigilante de seguridad. Estas labores, tan distantes del atril desde donde pontifican los académicos que lo han premiado, forjaron un alma que se rebela contra la forma y la convención. Su prosa es un acto de resistencia frente a la simplificación.
Krasznahorkai –digámoslo a fuerza de lugares comunes– es un arquitecto del lenguaje, un constructor de frases e ideas que fluyen como un río caudaloso y sinuoso. Desprecia la tiranía de la frase corta, a la que ha calificado de artificial, porque el pensamiento humano, argumenta, es un torrente indetenible.
De ahí nace su inconfundible sello: un estilo denso, melancólico y luctuoso, donde la puntuación a menudo se disuelve, exigiendo al lector una inmersión total, casi hipnótica. Sus distopías, pobladas por el fin del mundo, son narradas con una ironía sutil y un humor tan negro que roza lo sublime.
Hace diez años, en 2015, la belleza de su terror y su estética mohína fue reconocida, cuando le concedieron el Premio Internacional Man Booker. El jurado de entonces celebró su capacidad de describir la realidad con imágenes a la vez bellas, aterradoras y cómicas.
Sin embargo, el mejor reconocimiento se lo había largado, como a muchos otros grandes de la literatura, la gran Susan Sontag, quien colocó a László en el panteón de los inmortales al compararlo con las visiones oscuras de Gogol y Herman Melville.
Hoy, el Nobel sella esa profecía. Es el triunfo de la lentitud, de la profundidad, del arte que persiste en el rincón más oscuro, reafirmando que la literatura, cuando es verdadera, es la única que tiene el poder de trascender el abismo. O habitarlo.
Hay premios que honran a los autores. Pero definitivamente hay autores que honran a los premios. Y esto último es lo que ha ocurrido al galardonar la obra de László Krasznahorkai.
El Nobel 2025 es el triunfo de la lentitud sobre el fast-food literario. Y nos devuelve, por un momento, la esperanza en las letras.