Capos del narco que han sido abatidos en operativos militares

Enfrentamientos entre fuerzas federales y líderes del narcotráfico han dejado una estela de capos abatidos que han querido evitar la captura.

En México, varios líderes del narcotráfico han encontrado su final en enfrentamientos armados contra fuerzas federales. Estos operativos, caracterizados por el uso de inteligencia militar y despliegues conjuntos del Ejército, la Marina y la Guardia Nacional, han dejado un saldo de cabecillas que se resisten a la captura.

Rubén Oseguera Cervantes, “El Mencho”
Este 22 de febrero  en Tapalpa, Jalisco, marcó uno de los golpes más significativos contra el Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG), cuando Fuerzas Especiales del Ejército Mexicano localizaron al líder del grupo criminal. Esto derivó en un enfrentamiento armado luego de que el grupo delictivo respondiera con agresión, donde ocho sicarios murieron en el lugar y tres más resultaron gravemente heridos, entre ellos Oseguera Cervantes, quien falleció durante su traslado aéreo a la Ciudad de México.

Arturo Beltrán Leyva
El 16 de diciembre de 2009, un operativo conjunto de la Secretaría de Marina y el Ejército en el complejo residencial Altitude, en Cuernavaca, Morelos, culminó con la muerte de Arturo Beltrán Leyva, líder del cártel que llevaba su apellido y seis de sus escoltas murieron tras resistirse a la captura.

Antonio Ezequiel Cárdenas Guillén, “Tony Tormenta”
El 5 de noviembre de 2010, en Matamoros, Tamaulipas, la Marina desplegó cientos de elementos, helicópteros y vehículos blindados para capturar al líder del Cártel del Golfo. El combate se extendió durante horas y paralizó la ciudad. Finalmente, “Tony Tormenta” fue abatido junto con varios integrantes de su organización.

Julián Loisa Salinas, “El Comandante Toro”
En la madrugada del 22 de abril de 2017, en Reynosa, Tamaulipas, se localizó a Julián Loisa Salinas, jefe regional del Cártel del Golfo. La operación de la Marina desencadenó bloqueos con vehículos incendiados, persecuciones y balaceras. Tras el intercambio de disparos, Loisa Salinas murió junto a otro delincuente.

Estas bajas y enfrentamientos evidencian la capacidad de reacción de los grupos delictivos, pero también muestran avances en la localización de sus liderazgos y cooperación entre instituciones mexicanas. El verdadero reto consiste en complementar estas acciones con políticas de prevención, fortalecimiento institucional y atención a las causas sociales de la violencia.

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