Bill Gates y Jeffrey Epstein tenían planeado “deshacerse” de los pobres, revelan archivos

Un mensaje incluido en los recientes archivos del Departamento de Justicia sugiere una inquietante conversación sobre “cómo deshacerse de los pobres”; mientras Gates predica donar su fortuna, su cercanía con círculos de poder deja más preguntas que respuestas.

Un correo electrónico incluido en los más recientes archivos del caso Jeffrey Epstein, liberados por el Departamento de Justicia de Estados Unidos, ha encendido nuevamente la polémica sobre las élites poderosas y su discurso sobre pobreza y filantropía.

En un mensaje de 2011, una persona cercana a Epstein advierte haber pensado “mucho en esa pregunta que le hiciste a Bill Gates: ‘¿Cómo nos deshacemos de los pobres en general?’” y propone conversar al respecto.

El archivo no aporta contexto, ni confirma que Gates pronunciara o aprobara esa frase, pero el simple hecho de que figure vinculada con él en correos relacionados con Jeffrey Epstein, financista convicto y acusado de abusos, pone en tela de juicio la narrativa pública del multimillonario.

Por años, Bill Gates ha promovido la idea de donar la mayor parte de su enorme fortuna a causas benéficas, enfocándose en salud global, erradicación de enfermedades y reducción de la pobreza a través de la Bill & Melinda Gates Foundation. Gates ha dicho que planea dedicar décadas a distribuir gran parte de sus recursos para “salvar vidas” y mejorar condiciones de vida en países pobres.

Pero este contraste —entre un discurso público de altruismo y la presencia de frases tan crudas en comunicaciones de su círculo— expone la paradoja de la filantropía de élite: grandes fortunas que prometen “salvar al mundo” mientras consolidan estructuras de poder que perpetúan grandes desigualdades. La filantropía global de figuras como Gates no se da en un vacío: opera dentro de un sistema donde la riqueza extrema y las conexiones con poderosos (como Epstein) generan desconfianza y sospechas.

Además, los expertos señalan que donar grandes sumas no necesariamente corrige las causas estructurales de la pobreza —como la distribución desigual de la riqueza o las políticas económicas que mantienen a millones en precariedad—, y muchas veces favorece agendas tecnocráticas y declaraciones simbólicas más que soluciones profundas.

La pregunta plasmada en ese correo, aunque posiblemente fuera retórica o sacada de contexto, ilustra la percepción pública de que la élite puede hablar de pobreza como si fuese una cuestión técnica a resolver desde arriba, sin abordar las raíces del problema.

A la luz de estas revelaciones, la retórica de “donar tu fortuna para ayudar al pobre” deja de sonar noble para muchos, y se convierte en un eco contradictorio frente a relaciones y preguntas inquietantes que aparecen en archivos judiciales. El contraste entre discursos públicos y sombras privadas vuelve a poner en jaque la confianza en esos modelos de filantropía global.

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