La presidenta Claudia Sheinbaum defendió la eliminación del PREP al sostener que fue capturado durante años por redes conservadoras con influencia mediática y empresarial, y que su reforma electoral busca devolver certeza, rapidez y control público a los resultados electorales.
Durante años, el Programa de Resultados Electorales Preliminares (PREP) fue presentado por el Instituto Nacional Electoral como un mecanismo técnico, neutral y confiable para informar a la ciudadanía la misma noche de la jornada electoral. Sin embargo, diversas investigaciones periodísticas han documentado que el PREP terminó operando bajo una lógica política, dominado por intereses conservadores que utilizaron su carácter “preliminar” para construir narrativas electorales favorables a la derecha.

Uno de los trabajos más contundentes sobre este fenómeno es el del periodista Ricardo Sevilla, quien expuso cómo el INE abrió sus puertas a personajes ligados a organizaciones empresariales, think tanks y medios de comunicación abiertamente opositores a los gobiernos de izquierda, particularmente aquellos vinculados al empresario Claudio X. González.
De acuerdo con estos señalamientos, el Comité Técnico Asesor del PREP (COTAPREP) fue integrado en procesos electorales anteriores por perfiles con vínculos directos con organizaciones como Mexicanos Contra la Corrupción y la Impunidad, el IMCO, así como con revistas y medios como Nexos y Letras Libres, lo que comprometió seriamente la percepción de imparcialidad del sistema. Aunque el INE defendió estos nombramientos bajo el argumento de la “capacidad técnica”, la subordinación laboral, ideológica y mediática de varios de sus integrantes encendió alertas legítimas.
Este antecedente explica por qué la propuesta de reforma electoral presentada por la presidenta Claudia Sheinbaum no surge en el vacío, sino como respuesta a un modelo que permitió la captura de un instrumento clave del proceso electoral por redes disfrazadas de “sociedad civil”. Para el nuevo gobierno, el PREP dejó de ser un mecanismo informativo y se convirtió en una herramienta de presión política y mediática, especialmente en elecciones cerradas.
En este contexto, la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo defendió su iniciativa ante las críticas del propio INE y de su presidenta, Guadalupe Taddei, quien advirtió que cualquier modificación debía garantizar información oportuna el día de la elección. Desde La Mañanera del Pueblo, Sheinbaum fue enfática: “no es una ocurrencia”, sino una propuesta bien trabajada, analizada y construida a partir de foros ciudadanos realizados en todo el país.

La mandataria explicó que si el cómputo distrital comienza desde el cierre de la jornada electoral, el país podrá contar con resultados oficiales más rápidos, sin depender de un sistema preliminar que, en el pasado, fue utilizado para instalar percepciones antes de que concluyera el conteo legal. A ello se sumaría el conteo rápido, que seguiría cumpliendo una función informativa sin sustituir la validez jurídica del cómputo.
Sheinbaum subrayó que la diferencia de fondo no es técnica, sino política, pues la reforma busca desmontar estructuras heredadas del periodo neoliberal, cuando el INE, bajo presidencias como la de Lorenzo Córdova Vianello, permitió la infiltración de intereses empresariales y mediáticos en órganos estratégicos del proceso electoral.
Por su parte, el INE ha señalado que, mientras no se conozca el articulado final de la iniciativa, mantendrá una postura de “prudencia institucional”. No obstante, para el gobierno federal, el debate ya está planteado: continuar con un PREP marcado por su pasado conservador o avanzar hacia un modelo donde la voluntad popular no esté mediada por narrativas preliminares impulsadas desde la derecha.
La reforma electoral, insistió la presidenta, busca fortalecer la democracia, no debilitarla, y cerrar definitivamente la puerta a la manipulación informativa que durante años acompañó al PREP.

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