El evasor fiscal quiso subirse al tren cripto sin poner efectivo y terminó aprendiendo —tarde— que ni el apellido Astor ni los contratos kilométricos garantizan sentido común.
El evasor fiscal Ricardo Salinas Pliego volvió a ser noticia internacional, pero no por su visión empresarial, sino por un fraude de casi 400 millones de dólares que lo dejó atrapado entre acciones vendidas, bitcoins soñados y ejecutivos inexistentes, según una investigación de Financial Times. Sí, el mismo Salinas que presume olfato financiero… cayó en una trampa digna de manual.
Corría 2021 y el auge del Bitcoin sedujo al magnate, quien decidió invertir fuerte sin vender acciones. La solución “brillante”: empeñar títulos de Grupo Elektra para obtener liquidez vía un préstamo lombardo. El problema fue creer en Astor Capital, un fondo supuestamente respaldado por linajes históricos y registrado en Bahamas, porque ¿qué podría salir mal?

Salinas firmó un contrato de más de 30 páginas —con sellos en números romanos incluidos— usando 416 millones de acciones como garantía. El resultado: las acciones fueron vendidas sin su autorización, él recibió apenas 104 millones de dólares, y el resto se evaporó entre intermediarios y cuentas vinculadas al prestamista. “El fraude perfecto”, dijo después el evasor, como si nadie le hubiera avisado que leer la letra chiquita también es parte del capitalismo.
Para rematar, los “ejecutivos” resultaron ser personajes con múltiples alias y antecedentes, lo que convirtió la operación en una tragicomedia financiera. Aun así, los implicados aseguran que todo fue legal y que, si alguien no entendió el contrato, fue problema del prestatario. Vaya sorpresa.
El caso ya llegó a la High Court of London, donde Salinas intenta frenar la venta de sus acciones y recuperar algo del golpe. Mientras tanto, Elektra sufrió desplomes bursátiles y el episodio quedó como advertencia global: ni los multimillonarios están a salvo cuando confunden audacia con soberbia.

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