En la política mexicana los gestos pesan tanto como los decretos. Y esta semana estuvo marcada por tres escenas que, aunque distintas, comparten un mismo hilo conductor: poder, narrativa y control del momento.
El episodio de Max Arriaga
El caso de Max Arriaga, funcionario vinculado a la estructura educativa federal, dejó más preguntas que respuestas. Tres días atrincherado en su oficina no es una escena normal en la administración pública mexicana. Es, por decir lo menos, una imagen incómoda.
En un sistema donde la institucionalidad debe prevalecer, ese tipo de episodios obligan a revisar protocolos, responsabilidades y decisiones internas. Cuando un funcionario decide encerrarse ante una crisis, no estamos frente a un simple diferendo administrativo; estamos ante un síntoma.
Más allá de juicios anticipados, lo prudente es que instancias como la ASF o incluso la FGR, en el ámbito que corresponda, aclaren cualquier arista. La transparencia no es castigo, es oxígeno para la legitimidad.
Salma Hayek y el mensaje político
En contraste, la escena pública protagonizada por Salma Hayek fue un golpe mediático perfectamente ejecutado.
La actriz veracruzana no solo habló de apoyo institucional; lanzó un mensaje político con nombre y apellido. Reconoció públicamente el respaldo de la presidenta Claudia Sheinbaum, y extendió elogios a la gobernadora de Veracruz, Rocío Nahle García, así como a la mandataria de Yucatán.
No es menor. En tiempos donde la narrativa femenina en el poder está consolidándose, estos respaldos cruzados construyen una imagen de bloque, de cohesión y de liderazgo compartido. No se trata solo de flores políticas; se trata de posicionamiento estratégico.
México vive un momento donde las mujeres no solo ocupan espacios, sino que están marcando agenda. Y cada acto público es parte de esa arquitectura simbólica.
El fantasma del huachicol fiscal
En el ámbito judicial, el nombre de Francisco García Cabeza de Vaca vuelve a sonar con fuerza ante versiones sobre posibles órdenes de aprehensión.
El tema del llamado “huachicol fiscal” ha sido una sombra persistente en la conversación pública. Si las investigaciones avanzan, deberán hacerlo con rigor técnico, pruebas sólidas y debido proceso. En casos de alto perfil, la línea entre justicia y narrativa política es delgada.
Cabeza de Vaca ha mantenido presencia mediática y litigios en Estados Unidos, lo que añade una dimensión internacional al asunto. En política, la información es poder. Y cuando un exgobernador asegura tener datos sensibles, el tablero se vuelve más complejo.
Textura del momento
Lo que vemos no son hechos aislados. Son señales de reacomodo. Un funcionario cuestionado. Una actriz enviando mensajes políticos de alto nivel. Un exgobernador bajo la lupa.
México está entrando en una fase donde las definiciones serán más duras, las investigaciones más visibles y la narrativa más estratégica.
Y en ese contexto, algo es claro: el poder hoy se disputa no solo en tribunales y oficinas, sino en la opinión pública. La historia apenas comienza.
Hacemos comunicación al servicio de la Nación y si así no lo hiciéramos, que el chat nos lo demande.

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