El gobierno de Israel confirmó su incorporación a la llamada “Junta de Paz”, organismo impulsado por Trump, para supervisar el proceso de reconstrucción en Gaza tras meses de conflicto armado.
En un contexto de alta tensión regional y crisis humanitaria persistente en la Franja de Gaza, el proyecto lanzado por Trump que supuestamente “supervisa la paz” en Gaza, creado como mecanismo para supervisar la reconstrucción de la Franja y coordinar esfuerzos multilaterales. Quiere involucrar a múltiples países, algunos interesados en invertir dinero o tropas en la región, y tendrá su primera reunión en Washington el 19 de febrero de 2026.
Sin embargo, la integración de Israel, actor central en el conflicto, ha generado cuestionamientos que advierten conflictos de interés. La principal crítica radica en que una de las partes directamente involucradas en la confrontación participe en un órgano que, en teoría, debe supervisar y promover condiciones de paz.
La ausencia de representación palestina formal dentro de la estructura del organismo podría limitar su legitimidad y capacidad de generar acuerdos duraderos. El diseño del consejo privilegia la coordinación entre aliados estratégicos de Estados Unidos, dejando en segundo plano la construcción de consensos multilaterales más amplios.
El contexto humanitario añade complejidad al escenario. La guerra en Gaza ha dejado miles de víctimas, desplazamientos masivos y severos daños en infraestructura civil. En ese entorno, la efectividad de cualquier mecanismo de reconstrucción dependerá no solo de recursos financieros, sino también de garantías políticas, acceso humanitario y condiciones de seguridad sostenibles.
Desde Washington, la administración Trump ha defendido la iniciativa como un paso concreto hacia la estabilización de la región. No obstante, la Junta podría convertirse más en un instrumento de alineamiento geopolítico que en un foro imparcial de resolución de conflictos.
La incorporación de Israel, por tanto, no solo representa un movimiento diplomático relevante, sino que termina con la credibilidad de este mecanismo en uno de los conflictos más prolongados del escenario internacional.

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